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sábado, 21 de abril de 2012

LA ABOLICIÓN DE LA ESTUPIDEZ (fragmento de The Illuminati Papers, de RAW)


TheIlluminati Papers es una colección de ensayos y escritos de Robert Anton Wilson publicados por primera vez en 1980. Es como una especie de recopilación de ‘bootlegs’ o ‘inéditos’ de la Trilogía ¡Illuminatus! (y de su 'otra' trilogía, menos famosa, "El Gato de Schrodinger") donde amplía los pensamientos de los personajes que, incluso, son autores (como en este caso) de lo que estamos leyendo. Este recurso no es nuevo; en ¡Illuminatus! hay varios ejemplos de los personajes como autores (Nunca Chifles Mientras estás Meando, de Hagbard Celine, Telémaco Estornudó, de Atlanta Hope, etc.), pero siempre es bueno reencontrarse con ellos y leer sus ideas, o las de su alter ego Mr. RAW…





Traducción: Mazzu Stardust



CAPILLA DEL LIEF ERIKSON, LEGIÓN DE LA DISCORDIA DINÁMICA, ENSAYO DE OPINIÓN

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La Abolición de la Estupidez





Por Hagbard Celine







Dos hombres eminentemente inteligentes, R. Buckminster Fuller y Werner Erhard, han propuesto que podríamos y deberíamos abolir la hambruna para el final de este siglo.



Dicha meta es racional, práctica, y deseable; por lo tanto es denunciada como utópica, fantástica y absurda.



Deseo proponer una meta similar, también racional, práctica, y deseable, y que también será denunciada como utópica, fantástica y absurda.



Sugiero una guerra Mundial contra la Estupidez.



A pesar de que los estúpidos se sentirán resentidos con esto, estas ideas van dirigidas a aquellos que no son totalmente estúpidos, o que no son estúpidos todo el tiempo, es decir, a esos individuos escasos que tienen momentos de lucidez ocasionales.



Los argumentos de esta Idea Revolucionaria son los siguientes:



1 – A pesar de que uno suene satírico al decirlo, este planeta parece estar controlado y habitado ampliamente por personas nada razonables. Tal vez Voltaire exageraba al decir que para comprender el concepto matemático del infinito hay que contemplar los alcances de la estupidez humana; pero la situación es casi tan mala como esa. Para mencionar algunos ejemplos que he vivido: Hitler asesinó a seis millones de judíos por “razones” que eran completamente dementes; Joe McCarthy condujo una loca cacería de brujas contra los comunistas que arruinó a mucha gente inocente y que nunca logró descubrir ni a un solo comunista verdadero; Anita Bryant, en este momento, está haciendo campaña con una cruzada que parece salida del siglo XIII contra los homosexuales; etc.



Casi no es una exageración decir que millones de seres humanos han sido irracionalmente asesinados como chivos expiatorios a lo largo de la historia. Ya que todos pertenecemos a una minoría u otra, cualquiera de nosotros podría ser el blanco de la próxima cacería de brujas, y si nos queman, no hay nada que la criogenia pueda hacer para preservarnos.



La estupidez ni siquiera es una característica exclusiva de los estúpidos; a diferencia del sacerdocio, no necesitas tener “vocación”. Parece ser una perturbación socio-semántica contagiosa que, en algún momento u otro, nos aflige a todos. Se pueden encontrar ejemplos notorios en las vidas de “los Grandes”, tales como Simon Newcomb (el astrónomo que descubrió a Neptuno) quien “demostró” matemáticamente que era imposible que algo más pesado que el aire pudiese volar, o la Academia Francesa negándose a examinar la evidencia de meteoritos durante el siglo XVIII, etc. (Algunos podrán incluir los intentos continuos de Einstein para refutar el factor aleatorio de la mecánica cuántica como otro ejemplo de estupidez en una mente brillante.)



En líneas más generales, como Thomas Kuhn ha mostrado en La Estructura de la Revolución Científica, una medida exacta de la extensión de la estupidez entre los eruditos nos llega a través del hecho de que cada revolución científica parece saltearse toda una generación. Según la exhaustiva documentación de Kuhn, este salto generacional parece ser provocado porque los científicos más viejos casi nunca aceptan un modelo nuevo, por bueno que sea, y la revolución solo puede ser consumada cuando una segunda generación, con menos prejuicios, examina los modelos viejos y los nuevos objetivamente y determina que lo nuevo es más útil.



Entonces si la ciencia, el paradigma de lo racional, está infestada con suficiente estupidez como para causar este salto generacional generalizado, ¿qué podemos decir de la política, la economía y la religión? Los desfases temporales de miles de años parecen ser normales en esas áreas.



En efecto, fue principalmente la contemplación de la historia religiosa lo que llevó a Voltaire a concluir que la estupidez humana se aproximaba a lo infinito. El estudio de la política es a penas poco más inspirador, y cualquier examen de los debates económicos nos sugiere con firmeza que los teólogos de la Edad Media todavía están entre nosotros, operando en una nueva área.



No deseo extenderme más en este tópico, ya que ha sido ampliamente tratado por Jonathan Swift y Mark Twain, entre otros. Resumamos el asunto diciendo que la estupidez ha asesinado y encarcelado a más genios, ha quemado más libros, ha masacrado más poblaciones, y ha bloqueado el progreso con mucha más eficacia que cualquier otra fuerza en la historia. No sería una exageración decir que la estupidez ha matado más gente que todas las enfermedades conocidas por la medicina y la psiquiatría.



Se han ensayado varias curas, por supuesto. Sócrates creyó encontrar la cura en la dialéctica, Aristóteles en la lógica, Bacon en el método experimental, durante el siglo XVIII se creyó que estaba en la democracia y la alfabetización universal, Freud creyó encontrarla en el psicoanálisis, Korzybski en la Semántica General, etc. A pesar de que estas invenciones han sido benéficas para algunos de nosotros durante algún tiempo, no han detenido los rebrotes mundiales de la plaga, y ni siquiera han abolido completamente los lapsos ocasionales de estupidez de sus practicantes más versados (incluyendo con énfasis a quien escribe).



2 – Si se pudiera incrementar la inteligencia, encontraríamos soluciones obvias con mayor rapidez para los escenarios apocalípticos actuales que nos atemorizan.



(A)  Por ejemplo, si cada científico que trabaja sobre el problema de los recursos energéticos pudiese incrementar su inteligencia en un factor de dos, el trabajo a realizar en diez años podría hacerse en cinco.

(B)  Si la estupidez humana general decreciese, habría menos oposición hacia las ideas y perspectivas nuevas sobre nuestros problemas viejos.

(C)  Si la estupidez decreciera, se derrocharía menos dinero en imbecilidades organizadas enormes, tales como la carrera armamentista, y habría más dinero disponible para los proyectos de extensión de la vida humana.



Los mismos argumentos pueden aplicarse a cualquier otra meta valiosa: la abolición del hambre y la pobreza, encontrar curas para el cáncer y la esquizofrenia, etc. No hay nada racionalmente provechoso que no pueda lograrse pronto si se incrementa la razón misma. Esto es virtualmente una redundancia, pero rara vez consideramos el corolario: trabajar para adquirir una inteligencia mayor es trabajar para lograr todas nuestras otras metas.



3 – A pesar de que la dialéctica, la lógica, el método experimental, la “democracia”, el alfabetismo, el psicoanálisis, y la Semántica General no han detenido los rebrotes mundiales de estupidez, han creado ciertas contrafuerzas: enclaves de racionalidad (comparativa) donde los seres humanos funcionan (comparativamente) con menos estupidez que la habitual en esta especie de primates domesticados. “Nosotros”, como especie, hemos aprendido algunas cosas de cada una de estas invenciones.



Aquellos entrenados en dialéctica no serán engañados por la retórica vacía de los demagogos más vulgares. A algunos, la lógica nos protege de las modas “intelectuales” (o anti-intelectuales) más absurdas de la época en que vivimos. El método experimental nos ha demostrado cómo evitar los escollos de la lógica puramente abstracta y conectar nuestra teorización con la realidad.



La democracia y la alfabetización han hecho que estos descubrimientos estén, al menos potencialmente, al alcance de las grandes masas en vez que en manos de pequeñas elites, aunque siga siendo cierto que puedes guiar a un tonto hacia la sabiduría pero no puedes hacerlo pensar. El psicoanálisis nos ha mostrado por qué hasta la persona más “racional” puede estar sujeta al pensamiento irracional compulsivo. La Semántica General ha expuesto los reflejos neurolingüísticos que nos dificultan abandonar un modelo viejo y aceptar uno nuevo, y nos ofrece algunos trucos bastante útiles para romper dichos reflejos.



Pero apenas ha avanzado la psicología desde Freud, la psiconeurología desde Korzybski, y la psicología conductual desde Pavlov. Estamos en el umbral de un gran avance en la guerra contra la estupidez, como también seguramente estamos cerca de alcanzar la Extensión de la Vida humana y la Migración Espacial. Los efectos de la Revolución de la Inteligencia incluso pueden demostrar ser más amplios que los de los saltos cuánticos de la industria espacial y los de la longevidad.



4 – El Dr. Nathan Kline, que podría ser llamado conservador en el área de la neurofarmacología (en la misma escala en la que el Dr. Timothy Leary es radical y el gobierno de EEUU es reaccionario), ha predicho en su libro Drogas Psicotrópicas del Año 2000 que dentro de 20 años tendremos drogas para mejorar la memoria, drogas para borrar recuerdos desagradables, drogas para aumentar o disminuir las emociones, drogas para prolongar o acortar la niñez, drogas para ayudar o impedir la conducta maternal, etc. No se requiere de mucha imaginación para ver que dichos químicos nos permitirán adquirir un mayor control sobre nuestros sistemas nerviosos de lo que jamás se haya considerado. Obviamente, la gente usará y abusará de esas drogas de diferentes maneras, deseables o no, pero los más inteligentes las utilizarán de la manera más inteligente, es decir, para incrementar su propia libertad neurológica, para desprogramarse de patrones irracionales, y en general para expandir su consciencia e incrementar su inteligencia.



El potencial para una revolución neurológica implícito en tales avances psicofarmacológicos debería ser claro para cualquiera que tenga un mínimo conocimiento incluso de un psicodélico tan primitivo como el LSD. (Uno de los hechos menos conocidos sobre el LSD es que el único proyecto de investigación con dicha sustancia en los EEUU, en el Spring Grove Hospital de Maryland, probó un incremento de un 10% en la inteligencia de todos los sujetos; ver Psychedelics Encyclopedia, de Stafford.)



Walter Bowart ha documentado exhaustivamente en Operación Control Mental que la hipnosis con neuroquímicos es más efectiva que la hipnosis ordinaria; que la terapia conductual con neuroquímicos es más efectiva que la terapia conductual ordinaria; y que cualquier técnica de alteración mental es más efectiva con neuroquímicos que sin ellos. La evidencia de Bowart fue tomada de la malversación o perversión de dichas técnicas por parte del ejército de EEUU y la CIA en la investigación sobre el lavado de cerebro, pero no hay motivos por los cuales libertarios y humanistas no puedan utilizar dicho conocimiento para decondicionar y desprogramar en vez de solo reacondicionar y reprogramar. Ya han sido dados principios seguros y cuerdos para ese tipo de expansión mental y liberación de la inteligencia en libros tales como Programming and Metaprogramming in the Human Biocomputer del Dr. John Lilly, Neuropolitics, del Dr. Leary, y LSD: The Problem-Solving Psychedelic, de Stafford y Golightly. Nótese que estos libros tratan solamente de la liberación de la mente vía LSD, pero aquí estamos hablando de sustancias más precisas y predecibles. (Por favor, relea la última oración).



5 – Si la psicofarmacología está comenzando a darnos la opción de programarnos, desprogramarnos, y reprogramarnos a voluntad, estamos entrando a una nueva etapa de la evolución. Más que el psicoanálisis, la Semántica General, el Análisis Transaccional, el est (Erhard Seminars Training, Seminarios de Entrenamiento Erhard), o cualquier otra técnica de alteración mental del pasado, la neuroquímica representa un verdadero salto cuántico hacia un nuevo nivel de libertad: el sistema nervioso humano estudiándose y mejorándose a sí mismo, la inteligencia estudiándose y mejorándose a sí misma.



Para ser aún más específicos y definitivos sobre el tema, consideremos la encuesta McGraw-Hill de octubre de 1975 sobre la opinión científica en lo relativo a los avances que pueden esperarse antes del 2000. La mayoría de los neurocientíficos de la encuesta pronosticaron drogas específicas para incrementar permanentemente la inteligencia humana (ver No More Dying, de Kurzman y Gordon, pág. 4). Guardé esto para mencionarlo después de las predicciones más generales de Kline y así evitar la impresión de que estoy hablando solamente de incrementar el tercer circuito del coeficiente intelectual lineal. Hay otros siete tipos de inteligencia.



6 – Hay un bucle de retroalimentación directa entre la psicofarmacología y las otras ciencias cerebrales, como la electro estimulación cerebral (ESB por sus siglas en inglés electrical stimulation of the brain), y la bio-retroalimentación, etc. Como dice William S. Burroughs “cualquier cosa que puede hacerse químicamente, puede hacerse a través de otros medios”. Jean Millay, y otros, han demostrado que el yoga sumado a la bio-retroalimentación produce el desprendimiento de conjuntos de marcas emotivo-perceptuales de manera más acelerada que con el yoga solo. John Lilly ha reproducido los efectos del LSD con sus tanques de aislamiento. Con ESB, José Delgado ha producido muchos efectos encontrados anteriormente solo con drogas.



Para los alarmistas es trillado advertirnos que el arsenal completo de neurociencias sinérgicamente interconectadas que ahora está evolucionando va a permitir que los gobiernos inescrupulosos le laven el cerebro a poblaciones enteras de manera más efectiva que nunca. Necesitamos comprender que la misma tecnología, utilizada sabiamente por hombres y mujeres inteligentes, nos puede liberar de cualquier forma de rigidez neurótica e irracional, permitiéndonos sintonizar y enfocar nuestros sistemas nerviosos de manera tan simple como sintonizamos y enfocamos nuestros televisores, encendiendo o apagando cualquier circuito a elección.



¿Por qué estar deprimido cuando puedes ser feliz, por qué ser tonto cuando puedes ser listo, por qué estar agitado cuando puedes estar tranquilo? Obviamente, la mayoría de la gente está deprimida, es tonta, y se agita todo el tiempo porque no posee las herramientas para reparar y corregir los circuitos dañados o defectuosos de su sistema nervioso. La Revolución Neurológica (química, eléctrica, de bio-retroalimentación etc.) nos proporciona dichas herramientas. Esta Revolución de la CABEZA tiene al Principio del Placer como combustible. Esto es, cuanto más libertad interna consigues, más quieres; es más divertido ser feliz que estar triste, más disfrutable elegir tus propias emociones que padecerlas gracias a los procesos glandulares mecánicos, es más placentero resolver tus problemas que estancarte en ellos para siempre.



En otras palabras, el Incremento de la Inteligencia significa la inteligencia estudiando a la inteligencia, y lo primero que descubre es que cuanto más inteligente te vuelves, más divertido es el intento de volverte aún más inteligente. (Lo cual es solamente otra forma de decir que, al menos neurológicamente, cuanta más libertad consigues, más divertido es trabajar para conseguir una libertad mayor.) Nadie es más interesante para cualquier persona que ese personaje misterioso al que llamamos “yo”, lo cual expone por qué la autoliberación, la autoactualización la autotrascendencia y etc. son los juegos más excitantes que existen. Esta retroalimentación hedonística explica por qué todos aquellos que han dado el primer paso en el camino hacia la libertad neurológica nunca pueden conformarse al detenerse allí, sino que se proyecta hacia el próximo paso, y al próximo y así hasta la eternidad – o toda la ‘eternidad’ que pueda brindarnos la Extensión de la Vida humana.



7 – Resumiendo, el Incremento de la Inteligencia es deseable, porque cada uno de los problemas que confronta la humanidad es causado directamente, o empeorado considerablemente por la estupidez prevalente de nuestra especie; es asequible porque los avances modernos en los campos de lo químico, eléctrico y otras formas de cambio mental nos están enseñando cómo alterar los reflejos establecidos, condicionados o aprendidos que previamente nos restringían; es hedonístico porque cuanta más libertad adquieres, más ventajas ves en buscar más libertad e incluso más inteligencia. Esto puede acelerar nuestro progreso hacia la Migración Espacial, la Extensión de la Vida, y hacia otras metas racionales, gracias a la creación de una racionalidad superior que trabaje en dichos temas; y puede brindarnos el conocimiento para evitar los resultados “malos” de la Migración Espacial y la Extensión de la Vida sobre los cuales nos advierten los conservadores.



Al igual que la muerte y la pobreza, la estupidez ha estado tanto tiempo rondándonos que la mayoría de la gente no puede imaginar la vida humana sin ella, pero ya se está volviendo obsoleta. A pesar de que muchos grupos con intereses específicos (políticos, clero, anunciantes, etc.) puedan beneficiarse con la estupidez, la humanidad como conjunto se beneficiará mucho más con su abolición. De aquí en adelante, deberíamos medir nuestros progresos hacia nuestras metas personales, y nuestras contribuciones al progreso mundial, en términos de ‘cuánto más listo me he vuelto el año pasado, el mes pasado, la semana pasada, HACE UNA HORA’.




sábado, 24 de septiembre de 2011

¿Neófilo o Neófobo?

Fragmento de Illuminatus Parte I: El Ojo en la Pirámide, Libro Dos: ZWEITRACHT, Cuarto Viaje, o Chesed


 
George le pasó el teléfono a Hagbard. “¿Sabes qué es lo que le sucedió a Joe? ¿Quién atentó contra Confrontación? Lo sabías antes de que yo llamara. Tu gente es muy habilidosa con los explosivos”.



Hagbard sacudió la cabeza. “Todo lo que sé es que la olla estaba hirviendo. Tu editor, Joe Malik, andaba detrás de los Illuminati. Por eso te envió a Mad Dog. Tan pronto como apareciste allí te arrestaron y metieron una bomba en la oficina de Malik ¿Qué piensas?”.




“Pienso que me has dicho la verdad, o una versión de ella. No sé si confiar completamente en ti. Pero obtuve mi prueba. Si los Illuminati Bávaros no existen, algo existe en su lugar. Por lo tanto ¿A dónde nos conduce todo esto?”.




Hagbard sonrió. “Estás hablando como un verdadero homo neophilus, George. Bienvenido a la tribu. Queremos reclutarte porque eres muy crédulo. O sea, crédulo en el buen sentido. Eres escéptico con respecto a los conocimientos tradicionales, pero te atraen las ideas heterodoxas. Una marca inconfundible del homo neophilus. La raza humana no está dividida entre racionales e irracionales, como piensan algunos idealistas. Todos los seres humanos son irracionales, pero hay dos tipos diferentes de irracionalidad: aquellos que aman las viejas ideas pero temen a las nuevas, y aquellos que desprecian las ideas viejas pero abrazan gozosamente las nuevas. Homo neophobus y homo neophilus. Neófoba es aquella parte de la humanidad que apenas ha cambiado luego de un millón de años de historia. Neófila es la mutación creativa que ha estado surgiendo en intervalos regulares durante ese millón de años, dándole pequeños empujones hacia delante a la raza, la especie que hace girar más y más rápido la rueda. Los neófilos cometen un montón de errores, pero se mueven. Viven la vida como debe ser vivida, un noventa y nueve por ciento de errores y un uno por ciento de mutaciones viables. Todos en mi organización son neófilos, George. Es por eso que estamos adelantados al resto de la humanidad. Influencias neófilas concentradas, sin distracciones neófobas. Cometemos un millón de errores, pero nos movemos tan rápido que nuestros propios errores no nos pueden alcanzar. Antes de profundizar más en el tema, George, quisiera que te conviertas en uno de nosotros”.



“¿Qué significa eso?”.



“Que te conviertas en un Legionario de la Legión de la Discordia Dinámica”.


Fragmento de Illuminatus Parte II: La Manzana Dorada, Libro Tres: UNORDNUNG, Sexto Viaje, o Tipareth


(Malaclypse el Más Viejo a Joe Malik) "Como sabes, Chicago es el nervio central de los Illuminati en este hemisferio, así que usaremos esta ciudad para ensayar con el AUM, una nueva droga con propiedades asombrosas, si los científicos del FLE están en lo correcto. Se supone que convertirá a los neófobos en neófilos”.


Simon se golpeó la frente, gritó “¡Guau, man!” y comenzó a reír a carcajadas. Pederastia lanzó un grito sofocado y silbó.


“Parece que Joe está en blanco” dijo Malaclypse. “¿Nadie te explicó que la humanidad está dividida en dos genotipos distintos? Están los neófobos, que rechazan las ideas nuevas y aceptan solamente lo conocido, y los neófilos, que aman las cosas nuevas, los cambios, los inventos, y las innovaciones. Durante los primeros cuatro millones de años de historia de la humanidad, todos los seres humanos eran neófobos, por eso la civilización no se desarrolló. Todos los animales son neófobos. Solamente una mutación puede cambiarlos. El instinto es simplemente el comportamiento natural del neófobo. La mutación neófila apareció aproximadamente hace cien mil años, y se aceleró hace treinta mil años atrás. De cualquier manera, nunca hubo más que un puñado de neófilos en todo el planeta. Los mismos Illuminati nacieron de uno de los conflictos más antiguos que se tengan registros entre neófilos y neófobos”.


“Interpreto que los Illuminati intentaban detener el progreso”, dijo Joe. “¿Es esa su meta?”.


“Todavía piensas como un liberal”, dijo Simon. “A nadie le importa un carajo el progreso”.


“Correcto”, dijo Malaclypse. “Ellos son innovadores en ese punto. Todos los Illuminati fueron y son neófilos. Incluso hoy en día, ellos consideran que su trabajo es progresista. Quieren convertirse en dioses".


viernes, 23 de septiembre de 2011

Nunca Chifles... Parte II (Fragmentos de la 'Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson - 1975)

Segunda y última parte de la recopilación del libro "Nunca Chifles Mientras estás Meando", escrito por Hagbard Celine, personaje de la novela 'La Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson (1975). Aquí termina de definir algunos conceptos expresados en la primera parte...

Traducido por Mazzu Stardust







Hoy en día es teóricamente posible conectar el sistema nervioso humano a una señal radial mediante un micro receptor implantado en el cerebro, de manera tal que el sujeto no pueda distinguir entre los mensajes trasmitidos y sus propios pensamientos. Un transmisor central localizado en la capital de la nación puede trasmitir todo el día lo que las autoridades quieren que la gente crea. El hombre y la mujer común no sospecharían que son robots que reciben órdenes; creerían que lo que escuchan es su propia voz.



Es irónico que la gente considere este concepto como chocante y atemorizante. Al igual que en 1984 de Orwell, no se trata de una fantasía del futuro, si no una parábola del presente. Todo ciudadano de toda sociedad autoritaria posee una especie de “radio” en el cerebro. Dicha radio es esa vocecita que, cada vez que se forma un deseo, pregunta “¿Es seguro? ¿Será aprobado por mi esposa (esposo/jefe/iglesia/comunidad)? ¿Se burlará la gente de mí? ¿Me arrestará la policía?”. Los freudianos la llaman “súper ego”, y Freud mismo lo caracterizó como “el amo severo del ego”. A través de un estudio más funcional, Peris, Hefferline y Goodman describieron este proceso como “un conjunto de hábitos verbales condicionados” en Terapia Gestalt.



Dicho conjunto, relativamente uniforme en cualquier sociedad autoritaria, determina las acciones que ocurrirán y las que no. Consideremos a la humanidad como un biograma (el patrón básico de ADN del organismo humano y sus potenciales) unido a un logograma (aquel conjunto de “hábitos verbales condicionados”). El biograma no ha cambiado después de cientos de miles de años; el logograma es diferente en cada sociedad. Cuando el logograma refuerza al biograma, tenemos una sociedad libertaria, de las cuales aún pueden encontrarse varios ejemplos entre tribus nativas americanas. Análogamente al confucionismo antes de volverse autoritario y rígido, la ética de los nativos americanos está basada en hablar y actuar desde el corazón - es decir - desde el biograma.



Ninguna sociedad autoritaria puede tolerar esto. Toda autoridad está basada en el condicionamiento de los individuos a actuar de acuerdo al logograma creado por los que ejercen el poder.



Los logogramas autoritarios dividen a la sociedad y a los individuos en fracciones alienadas. Los que están en la base, sufren de lo que llamo la carga de la asciencia. La actividad sensorial natural del biograma - lo que la persona ve, oye, huele, saborea, siente, y, sobre todo, lo que el organismo como conjunto o como conjunto potencial desea - es siempre irrelevante e inmaterial. El logograma autoritario es el que determina qué es relevante y material, y no el campo de experiencias sensoriales. Esto es tan cierto para un publicista bien pago, como para un obrero en una fábrica. La persona actúa, pero no guiada por la experiencia personal y las evaluaciones de su sistema nervioso, si no por las órdenes de arriba. La experiencia y el juicio personal se tornan no operativos, por lo tanto, menos “reales”. Existen, si es así, solamente en esa tierra fantástica que Freud llamó el Inconsciente. Como nadie ha demostrado la existencia del Inconsciente freudiano, puede ponerse en duda la existencia de la experiencia y el juicio personal; creer en ellos es un acto de fe. El organismo se ha transformado, como dijo Marx, en “una herramienta, una máquina, un robot”.



Sin embargo, los que están en la cima de la pirámide autoritaria, sufren de una igual y opuesta carga de omnisciencia. Todo lo que está prohibido para las clases serviles - la red de percepción, evaluación y participación del universo sensorial - es exigido a la clase dominante. Deben ver, escuchar, oler, saborear, sentir y tomar decisiones por todo el conjunto social.



La gente deduce que a un hombre armado solamente se le pueden decir cosas que no provocarán su furia. Pero como toda autoridad y gobierno está basado en la fuerza, la clase dominante, con su carga de omnisciencia, enfrenta a la clase servil, con su carga de asciencia, como un conductor en una carretera enfrenta a su víctima. La comunicación solamente es posible entre iguales. La clase dominante nunca extrae la información suficiente de la clase servil como para saber qué es lo que ocurre realmente en el mundo donde transcurre la verdadera producción de la sociedad. Además, el logograma de las sociedades autoritarias permanece prácticamente inflexible mientras que el resto del universo cambia constantemente. El resultado solamente puede ser una desorientación progresiva de los gobernantes. El final es la debacle.



La esquizofrenia del autoritarismo existe tanto a nivel individual como a nivel social.



Yo lo llamo la ley de la SNEBJ (Situación Normal: Estamos Bien Jodidos).


(...)


Hay un amplio espectro de personalidades, que va desde las más rígidas hasta las más flexibles. Éstas últimas, a menos que hayan sido entrenadas en psicodinámica, siempre están en desventaja con respecto a las primeras en el terreno de la interacción social. Los rígidos nunca cambian sus discursos; los flexibles cambian continuamente, en el intento de encontrar una forma constructiva de relacionarse. Eventualmente, los flexibles encuentran una táctica “apropiada”, y posibilitan cierto tipo de comunicación. Pero de esa manera, el dúctil se ubica en el escenario creado por el inflexible y debe actuar siguiendo su guión.



El crecimiento paulatino y exponencial de la burocracia no se debe solamente a la Ley de Parkinson. Al hacerse cada vez más inflexible, el Estado va incorporando a su escenario a un número siempre creciente de personas a las que fuerza a seguir su guión.

(...) 

DEFINICIONES Y DISTINCIONES

MERCADO LIBRE (o Libre Mercado): Condición de la sociedad en la que todas las transacciones económicas son fruto de la elección voluntaria sin coacción.

EL ESTADO: Institución que interfiere con el Mercado Libre por medio del ejercicio directo de la coacción o la concesión de privilegios (respaldados por la coacción).

IMPUESTO: Forma de coacción o interferencia con el Mercado Libre mediante la cual el Estado recauda tributo (impuesto), permitiéndole contratar fuerzas armadas para practicar la coacción en defensa de los privilegios, y también para involucrarse en las guerras, aventuras, experimentos, “reformas”, etc., que le apetezcan, no de su bolsillo, si no a cargo de “sus” sometidos.

PRIVILEGIO: Del latín privi, privado, y lege, ley. Ventaja garantizada por el Estado y protegida por sus poderes de coacción. Ley para el beneficio privado.

USURA: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre en la que un grupo respaldado por el Estado monopoliza la emisión de moneda y de esta manera cobra tributo (interés) directo o indirecto en todas o en la mayoría de las transacciones económicas.

TERRATENIENTISMO: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre en la que un grupo respaldado por el estado “posee” la tierra y de esta manera cobra tributo (renta) a aquellos que viven, trabajan, o producen en dicha tierra.

TARIFA: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre mediante la cual se impide a los bienes producidos fuera del Estado competir en igualdad con aquellos producidos dentro del Estado.

CAPITALISMO: Organización de la sociedad que, incorporando elementos de impuesto, usura, terratenientismo y tarifa, deniega el Mercado Libre pretendiendo ejemplificarlo.

CONSERVADURISMO: Escuela de la filosofía que clama lealtad al Mercado Libre mientras apoya la usura, el terratenientismo, las tarifas y en ocasiones los impuestos.

LIBERALISMO: Escuela de la filosofía capitalista que trata de corregir las injusticias del capitalismo añadiendo nuevas leyes a las ya existentes. Cada vez que un conservador hace una ley para crear privilegio, un liberal hace otra ley para modificarla, llevando al conservador a hacer una ley más sutil para recrear el privilegio, etc., hasta que “todo lo no prohibido es obligatorio” y “todo lo no obligatorio está prohibido”.

SOCIALISMO: Intento de abolir todo privilegio devolviéndole todo el poder al agente coactivo detrás del privilegio, el Estado, convirtiendo de esta manera la oligarquía capitalista en monopolio Estatal. Blanquear una pared pintándola de negro.

ANARQUISMO: Organización de la sociedad en la que el Mercado Libre opera libremente, sin impuestos, usura, terratenentismo, tarifas, u otras formas de coacción o privilegio. Los ANARQUISTAS DE DERECHA predican que en el Mercado Libre la gente elegiría voluntariamente competir más comúnmente que cooperar; los ANARQUISTAS DE IZQUIERDA predican que en Mercado Libre la gente elegiría voluntariamente cooperar más comúnmente que competir.



Nunca Chifles... Parte I (Fragmentos de la 'Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson - 1975)



A lo largo de la 'Trilogía Illuminatus' descubrimos que uno de sus protagonistas (el inefable Hagbard Celine, anarquista, contrabandista, capitán del submarino Lief Ericsson, y pontífice discordiano) ha publicado un librillo con el llamativo nombre de "Nunca Chifles Mientras estás Meando". Shea y Wilson van desgranando de a poco el escrito de Celine a lo largo de toda la novela, revelando lentamente la extraña mente del misterioso capitán... Aquí les ofrecemos una recopilación del libro dentro del libro.


Traducido por Mazzu Stardust


Nunca Chifles Mientras estás Meando
Por Hagbard Celine H. S., C. M. 


¿QUIÉN ES
AQUEL QUE ES MÁS CONFIABLE
QUE
TODOS LOS BUDAS
Y LOS SABIOS
??
Si chiflas mientras estás meando, tienes dos pensamientos, dos mentes, cuando una sola ya es suficiente. Si tienes dos mentes, estás en guerra contigo mismo. Y si estás en guerra contigo mismo, para una fuerza externa es fácil vencerte. Por eso Mong-Tse escribió: “Un hombre debe destruirse a sí mismo antes que otros puedan destruirlo”.

Una vez escuché a dos botánicos que discutían sobre una Cosa Maldita que había brotado de manera blasfema en el patio de una universidad. Uno afirmaba que la Cosa Maldita era un árbol, y el otro aseveraba que era un arbusto. Ambos tenían argumentos bien fundamentados, y todavía seguían debatiendo cuando me alejé de ellos.

El mundo engendra constantemente Cosas Malditas - cosas que no son ni árboles ni arbustos, ni peces ni aves, ni blanco ni negro - y el pensador categórico solo puede considerar al pinchudo y zumbante mundo de los hechos sensoriales como un insulto profundo a su sistema de clasificaciones indexadas. Los peores de todos son aquellos hechos que violan el “sentido común”, ese monótono pantano de prejuicios hoscos e inercia lodosa. Toda la historia de la ciencia es la odisea de un archivador enloquecido que navega perpetuamente entre Cosas Malditas haciendo malabarismos desesperados con sus clasificaciones para hacerlas encajar, al igual que la historia de la política es la épica fútil de una larga serie de intentos de alinear a las Cosas Malditas y engatusarlas para que marchen como un regimiento.

Toda ideología es un asesinato mental, una reducción de los procesos dinámicos y vivientes a clasificaciones estáticas, y cada clasificación es una Maldición, al igual que cada inclusión es una exclusión. En un universo ajetreado y dinámico donde no existen dos copos de nieve idénticos, ni dos árboles idénticos, ni dos personas idénticas - y en el que la partícula subatómica más pequeña, aseguran, ni siquiera es idéntica a sí misma de un nanosegundo a otro -, todos los sistemas de clasificación son ilusorios. “O, para expresarlo de manera más benévola”, como dice Nietzsche, “todos somos mejores artistas de lo que creemos”.

Es fácil ver que la etiqueta “judío” era una Maldición en la Alemania nazi, pero en realidad esa etiqueta es una Maldición en todas partes, incluso en los lugares donde no existe el antisemitismo. “Él es judío”, “él es doctor”, y “él es poeta” significa, en el centro clasificador del cerebro, que mi experiencia con él será igual a mi experiencia con otros judíos, otros doctores y otros poetas. Por lo tanto, cuando la identidad es asertiva, la individualidad es ignorada.

En una fiesta, o en cualquier otro lugar donde se topan dos desconocidos, podrán observar este mecanismo en acción. Detrás de las presentaciones amistosas hay desconfianza mientras ambas personas intentan pescar la etiqueta que identificará y Maldecirá a la otra. Finalmente se revela “ah, él es publicista”, “ah, él es obrero en una fábrica”. Ambos participantes se relajan, ya que ahora saben cómo comportarse y qué rol interpretar en el juego. El noventa y nueve por ciento de cada uno de ellos ha sido Maldecido; el otro reacciona al uno por ciento que fue etiquetado por la máquina clasificadora.

Ciertas Maldiciones son social e intelectualmente necesarias, por supuesto. Un pastelazo lanzado al rostro de un comediante es Maldecido por el matemático que lo analiza de acuerdo a las leyes newtonianas del movimiento. Dichas ecuaciones nos dicen todo lo que queremos saber sobre el impacto del pastel en la cara, pero no nos dicen nada sobre el significado humano del pastelazo. Un antropólogo, analizando la función social del comediante como chamán, y como bufón sustituto del rey, explica el pastelazo como una reminiscencia de la Fiesta de los Tontos y al asesinato del doble del rey. Esto Maldice al hecho de otra manera. Un psicoanalista, encontrándolo similar a la castración edípica ritual, lanza una tercera Maldición, y un marxista, viéndolo como una forma de salida de la ira reprimida del trabajador en contra de los jefes, lanza una cuarta. Cada Maldición tiene valor y utilidad, pero seguirá siendo una Maldición a menos que se reconozca su naturaleza parcial y arbitraria.

El poeta que compara el pastelazo en la cara del comediante con la Decadencia de Occidente o con su amor perdido comete una quinta Maldición, pero en este caso el elemento lúdico y la extravagancia del simbolismo son inequívocamente obvios. Al menos eso es lo que uno esperaría; aunque al leer a los Nuevos Críticos surgen ciertas dudas sobre ese punto.

La sociedad humana puede ser estructurada de acuerdo a los estatutos de la Autoridad o de acuerdo a los estatutos de la Libertad. Autoridad es una configuración social estática en la cual la gente actúa en roles superiores e inferiores: una relación sadomasoquista. Libertad es una configuración social dinámica en la cual la gente actúa de igual a igual: una relación erótica. En toda interacción entre personas la Autoridad o la Libertad, son el factor dominante. Las familias, iglesias, logias, clubes, y corporaciones pueden ser más autoritarias que libertarias, o más libertarias que autoritarias.

Mientras avanzamos, se hace evidente que la forma de autoridad más agresiva e intolerante es el Estado, que incluso en la actualidad se atreve a asumir un absolutismo que la Iglesia misma ha abandonado hace tiempo, y a reforzar la obediencia mediante las técnicas de la antigua y vergonzosa Inquisición. Sin embargo, todas las formas de autoritarismo son un pequeño “Estado”, aunque estén formadas solamente por dos integrantes. El comentario de Freud, que el delirio de un solo hombre es una neurosis y que el delirio de muchos hombres es una religión, puede generalizarse: el autoritarismo de un solo hombre es un crimen, y el autoritarismo de muchos hombres es el Estado. Benjamín Tucker lo describió con bastante precisión:

Agresión es simplemente otro nombre del gobierno. Agresión, invasión y gobierno son términos intercambiables. La esencia del gobierno es el control, o el intento de controlar. Aquél que intenta controlar a otro es un gobernador, un agresor, un invasor; y la naturaleza de dicha invasión no cambia: no importa si es cometida por un hombre contra otro - a la manera de un criminal común - o por un hombre contra muchos - a la manera de un monarca absolutista - o por muchos hombres contra uno - a la manera de la democracia moderna.

El uso de la palabra “invasión” por parte de Tucker es notablemente preciso, considerando que escribió esto cincuenta años antes de los descubrimientos básicos de la etología. Todos los actos autoritarios son, de hecho, una invasión al territorio psíquico y físico del otro.

Todos los hechos científicos alguna vez fueron Malditos. Cada invención fue considerada imposible. Todo descubrimiento significó un colapso nervioso para ciertas ortodoxias. Cada innovación artística ha sido denunciada como fraude o locura. La entera red de culturas y “progreso”, y todo aquello que fue hecho por el hombre y no nos fue dado por la naturaleza, son la manifestación concreta de la negación de ciertos hombres a someterse a la Autoridad. No poseeríamos más cosas, no conoceríamos más, y no seríamos más que aquellos primeros primates homínidos de no ser por los rebeldes, por los obstinados y por los intransigentes. Como dijo Oscar Wilde “la Desobediencia fue la Virtud Original del hombre”.

El cerebro humano, que ama leer descripciones de sí mismo que lo definen como el órgano de percepción más maravilloso del universo, es aún más maravilloso como órgano de rechazo. Las razones desnudas de nuestro juego económico son fáciles de descubrir y son innegables una vez que han sido expresadas, pero los conservadores - que usualmente son individuos que se aprovechan de esas razones durante cada uno de los días de su vida - se las arreglan para ignorarlas, o para mirarlas a través de un cristal colorido y tergiversador (de manera similar, el revolucionario ignora el conjunto histórico sobre el curso natural de las revoluciones, desde la violencia al caos, y de vuelta al punto inicial).

Debemos recordar que el pensamiento es una abstracción. En la metáfora de Einstein, la relación entre un hecho físico y nuestra percepción de dicho hecho no es como la relación entre la carne y el caldo de carne, una simple cuestión de extracción y condensación; es más parecida, siguiendo la teoría einsteniana, a la relación entre nuestra gabardina y la boleta que nos dieron cuando la compramos. En otras palabras, la percepción humana implica más codificación que apreciación cruda. La red del lenguaje, o de las matemáticas, o de una corriente artística, o de cualquier sistema humano de abstracción, le proporcionan la estructura a nuestras construcciones mentales, pero no del hecho original, si no del sistema simbólico en el que está codificado, al igual que un cartógrafo colorea un mapa de rojo, no porque ese territorio sea rojo, sino porque sus códigos así lo demandan. Pero cada codificación excluye ciertas cosas, borronea otras, y exagera algunas. La mejor forma de codificar el celebrado salto a través de la ventana de Nijinski durante el clímax de Le Spectre d’une Rose es mediante el sistema de anotación de valet utilizado por los coreógrafos; el lenguaje verbal flaquea al intentar trasmitirlo; la pintura y la escultura pueden capturar la magia de uno de sus instantes, pero de un solo instante del hecho; la ecuación de la física Fuerza=Masa x Aceleración ilumina un aspecto ignorado por todos los otros sistemas de codificación, pero a su vez ignora a todo el resto. Toda percepción está influida, formada, y estructurada por el hábito usual de codificar - hábitos de juegos mentales - del perceptor.

Toda autoridad tiene la función de codificar y de crear las reglas del juego. Los hombres se han sublevado una y otra vez armados con azadones para luchar contra ejércitos armados con cañones; los hombres también se han sometido dócilmente a los opresores más débiles y vacilantes. Todo esto está sujeto al grado de las distorsiones codificadas y al condicionamiento que generan en los reflejos físicos y mentales.

A primera vista, parece que la autoridad no podría existir si todas las personas fueran cobardes o si nadie lo fuera, pero que florece de la manera en que lo hace solo porque la mayoría de la gente es cobarde y algunos son ladrones. En realidad, la dinámica interna de la cobardía y de la sumisión por un lado, y de la rebelión y el heroísmo por el otro, rara vez son percibidas conscientemente tanto por las clases dominantes como por las clases serviles. La sumisión no es identificada con la cobardía, si no con la virtud, y la rebelión no es identificada con el heroísmo, sino con el mal. Para los romanos propietarios de esclavos Espartaco no era un héroe, y los esclavos obedientes no eran cobardes; Espartaco era un villano, y los esclavos obedientes eran virtuosos. Los esclavos obedientes también creían eso. Los obedientes siempre prefieren considerarse virtuosos antes que cobardes.

Si la autoridad implica sumisión, la liberación implica igualdad; la autoridad existe cuando un hombre obedece a otro, y la libertad existe cuando los hombres no obedecen a otros hombres. Por lo tanto, decir que existe la autoridad, es decir que existen las clases, las castas, la sumisión y la desigualdad. Decir que existe la libertad es decir que no existe el clasismo, y es decir que existen la hermandad y la igualdad.

La autoridad, al dividir a la gente en clases, crea dicotomía, disrupción, hostilidad, miedo y desunión. La libertad, al poner a todas las personas a la misma altura, crea asociación, amalgamiento, unión y seguridad. Cuando las relaciones entre las personas están basadas en la autoridad y la coerción se produce disgregación; cuando están basadas en la libertad y la no agresión se produce congregación.

Estos hechos son evidentes y axiomáticos. Si el autoritarismo no poseyera la estructura interna preprogramada y de Doble Nudo del Juego Interminable, la humanidad la habría rechazado hace tiempo y habría recibido al libertarismo.

La queja más común de los pacifistas en contra de la guerra (que los jóvenes son enviados a la muerte por viejos sentados detrás de despachos burocráticos que no corren riesgo alguno), falla en su objetivo. Las demandas de que los viejos luchen sus propias guerras, o de que los líderes de las naciones implicadas sean llevados al frente de batalla, etc., apuntan a un supuesto “sentido de la justicia” que simplemente no existe. Para el típico ciudadano sumiso de una sociedad autoritaria es normal, obvio y “natural” obedecer a los machos mayores y más dominantes, incluso arriesgando su propia vida y la de sus parientes, e inclusive por causas injustas y absurdas.

La Marcha de la Brigada Ligera” - la historia de un grupo de hombres jóvenes enviados a la muerte por circunstancias estúpidas y porque obedecieron una orden insensata sin detenerse a pensar - ha sido, y continúa siendo, un poema popular porque la obediencia ciega de los machos jóvenes a los machos viejos es el reflejo condicionado más preciado en las sociedades humanas y homínidas.

El mecanismo mediante el cual la autoridad y la sumisión son implantadas en la mente humana es la codificación de la percepción. Aquello que encaja en el código es aceptado; todo lo demás está Maldito. El Maldito es ignorado, es dejado de lado, es pasado por alto, y - si esto falla - el Maldito es olvidado.

La peor forma de Maldición está reservada para aquellas cosas que no pueden ser ignoradas. Son embadurnadas con los prejuicios proyectados del cerebro hasta que, ya irreconocibles, pueden ser introducidas en el sistema, clasificadas, indexadas, y enterradas. Eso es lo que le pasa a cada Cosa Maldita que es demasiado espinosa y pegajosa como para ser excomulgada completamente. Como observó Josiah Warren, “es peligroso comprender las cosas nuevas demasiado pronto”. Casi siempre no las comprendemos. Las asesinamos y momificamos sus cadáveres.

Un monopolio de los medios de comunicación puede definir mejor a la elite dominante mejor que la celebrada fórmula marxista “un monopolio de los medios de producción”. Desde que los seres humanos extendimos nuestros sistemas nerviosos a través de canales de comunicación tales como la palabra escrita, el teléfono, la radio, etc., quien controle los medios controlará parte del sistema nervioso de cada uno de los miembros de la sociedad. El contenido de esos medios se transforma en parte de los contenidos del cerebro de cada individuo.

De este modo, en las sociedades pre-literarias los tabúes sobre la palabra hablada eran más numerosos y draconianos que en cualquier otro nivel complejo de organización social. Con la invención de la palabra escrita - jeroglífica, ideográfica o alfabética -, los tabúes fueron trasladados a ese medio; hay menos preocupación por lo que las personas dicen y más preocupación por lo que escriben (algunas de las primeras sociedades en desarrollar la escritura, como los egipcios y los mayas, guardaron secretos religiosos en sus jeroglíficos cuyo conocimiento solamente podían compartir las altas órdenes de sacerdocio y las familias reales). El mismo proceso se repite interminablemente: cada avance en la tecnología de la comunicación es recargado con más tabúes que el avance anterior. Por lo tanto, en la América de hoy (post-Lenny Bruce), uno rara vez escucha de arrestos por blasfemia u obscenidad hablada; la persecución sobre los libros todavía continúa, pero los tribunales interpretan las leyes de manera cada vez más liberal, y los escritores se sienten más confiados de poder publicar virtualmente cualquier cosa; las películas se están desacralizando tanto como los libros, a pesar de que la lucha todavía es caliente en esa área; la televisión, el medio más nuevo, permanece enjaulada por tabúes neolíticos (cuando algunos críticos de la TV cometieron lese majeste sobre un discurso del por entonces Macho Dominante, un tal Richard Nixon, uno de sus tenientes rápidamente les informó que se habían sobrepasado, y toda la tribu - excepto una minoría disidente - aplaudió la reafirmación de la tradición). Cuando aparezca un medio más eficiente, los tabúes sobre la televisión menguarán.

La individualidad del ser humano es la Cosa más completa e implacablemente Maldita, prohibida, excluida, condenada, olvidada, relegada, ignorada, suprimida, reprimida, robada, violada y disfamada que existe. Ingenieros, estadistas, psicólogos, sociólogos, publicistas, terratenientes, burócratas, dueños de industrias, banqueros, gobernadores, comisarios, reyes y presidentes están perpetuamente forzando a la Cosa Maldita a entrar en categorías cuidadosamente preparadas, y están perpetuamente irritados porque la Cosa Maldita no encaja en el espacio que tiene asignado. Los teólogos le llaman pecador e intentan reformarlo. El gobernador le llama criminal e intenta castigarlo. El psicoterapeuta le llama neurótico e intenta curarlo. Y aún así la Cosa Maldita no encajará en el espacio que tiene asignado.