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domingo, 10 de octubre de 2021

EL GARAGE HERMÉTICO

 Hola amigos y amigas de La Manzana Dorada. Ando medio desaparecido del blog y me gustaría retomarlo en algún momento, pero sigo sin PC y se hace difícil sin dicho elemento. Cuando consigo una PC de prestado (como ahora que escribo esto), aprovecho para comunicarme a través del blog. Las novedades son que ahora volví al mundo del podcast, no con La Capilla Peligrosa, sino con un nuevo programa llamado El Garage Hermético, que llevo adelante con Christian Giambelluca. Pueden encontrarlo en Ivoox y en Archive.org. Sin mucho más que comentar, les dejo un enorme saludo, gracias por el feedback y la buena onda,

Mazzu 




martes, 4 de octubre de 2016

HIPERSTICIÓN – Una Entrevista con Francisco Jota-Pérez

HIPERSTICIÓN – Una Entrevista con Francisco Jota-Pérez

Por Mazzu



Francisco Jota-Pérez


Hace un tiempo que vengo leyendo sobre la “Hiperstición”: una ficción que se hace realidad; si bien la noción al principio me pareció un tanto vaporosa e inasible, a medida que fui leyendo más sobre el tema, más comenzó a interesarme y empecé a verle cierto paralelismo con varias de las ideas que Robert Anton Wilson trazó en sus libros.

Buscando más información, me acerqué a la obra de Francisco Jota-Pérez. Francisco (Barcelona, 1979) es escritor y guionista. Es autor de las antologías Dionisia Pop! (editorial Grupo AJEC, 2007) y Antifuente (Viaje a Bizancio Ediciones, 2008), así como de las novelas Hierático (AJEC, 2009), Cinco Canciones de Cuna, Orígenes del Lodo, Ciencia Raíz (integrantes de su esencial Tríptico Linde para la editorial Aristas Martínez), Aceldama (Origami, 2014) y Pasaje a las Dehesas de Invierno (editorial Esdrújula, 2015), y del ensayo metaficcional Polybius (Antipersona, 2016), colabora habitualmente en publicaciones especializadas en literatura de género, teoría cultural y narrativa experimental tales como Supersonic, Láudano, Proyecto Hermético o Kokoro.

Primero leí un par de notas sobre la hiperstición en el blog Magufo Apocalipsis; allí – en una entrada titulada justamente Hiperstición – hay un link a un video de una charla de Francisco Jota-Pérez donde explica el término y el concepto de manera muy clara, y otro link a su blog, donde encontramos la siguiente definición:

Hiperstición: la superación de la superstición, la profecía autocumplida por el ensalmo del hype, elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible…

El último segmento, “los elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible”, me resonó fuertemente con el concepto de la Operación Jodementes (OM, por Operation Mindfuck) desarrollado por los discordianos a fines de la década de 1960. En 1967, Kerry Thornley convencido – tal vez – de la inocencia de su amigo Harvey Lee Oswald, se vio implicado como cómplice en la investigación del asesinato de JFK, reabierta por el fiscal Jim Garrison. A manera de desquite – y luego de averiguar que uno de los ayudantes de Garrison creía en los Illuminati – Thornley y RAW idearon una estrategia de contraofensiva de guerrilla: esparcir desinformación de manera deliberada mediante cartas anónimas, publicaciones under, panfletos, etc. acusando a los Illuminati del magnicidio, y señalando a Garrison y a sus ayudantes (y a muchas otras figuras más, ellos mismos incluidos) como parte del complot. Así nació la OM, y el germen de lo que sería la novela más conocida de R.A. Wilson (coescrita con Robert Shea) Illuminatus. Luego, la OM se les iría de las manos: Thornley terminó creyendo que realmente había formado parte del complot del asesinato de JFK, y Wilson fue acusado innumerables veces de ser un Illuminatus o de ser un agente de desinformación de la CIA. 

Hace poco me puse en contacto con Francisco vía Facebook, y le propuse hacer una entrevista para este blog con el tema de la hiperstición como eje central, y él accedió gentilmente.




Mazzu: Francisco, ¿podrías aclararnos un poco más este concepto de las “ficciones que se hacen reales”? ¿Dónde surge el concepto de hiperstición y cómo ha evolucionado en los últimos tiempos?

Francisco: El mejor modo de precisar, de buenas a primeras, lo que es la hiperstición, es tirar de análisis semántico de la palabra misma. “Hiperstición” es un neologismo formado por el prefjo “Hiper-”, que vendría a significar “más allá de” o “superior a” y la palabra “Superstición”, que se definiría como un “conjunto de creencias irracionales”; así pues, la hiperstición refiere al modo en que algo que en origen es (o parece) irracional va más allá de sí mismo, asciende un peldaño en una hipotética escala de verosimilitud, para racionalizarse.

Dicho de manera algo más formal: la hipersitición sería el fenómeno por el cual un agregado semiótico, un conjunto de creencias, representaciones y construcciones narrativas supersticiosas, se hace real a sí mismo.

La expresión esencial de la hiperstición es lo que llamamos “Objetos Hipersticiosos”, todas aquellas ideas (a las que a me gusta referirme como “ideas-software”), construcciones y elementos de ficción que dejan de ser estrictamente ficticios para pasar a formar parte de la realidad consensuada a través del modo en que nos acercamos a ellos, primero apropiándonoslos (naturalizándolos), luego ritualizándolos y finalmente validándolos.

En cuanto al origen del concepto... Todo el asunto parte del Cybernetic Culture Research Unit (CCRU), un grupo de investigación del departamento de filosofía de la Universidad de Warwick (UK) formado por gente como Nick Land, Iain Hamilton Grant, Ray Brassier, Reza Negarestani, Mark Fisher o Anna Greenspan, allá por los convulsos años noventa del siglo pasado.

El CCRU eran un puñado de hombres y mujeres ciertamente brillantes, extraordinariamente influenciados por Deleuze y Guattari, y cuyo principal objetivo era darle un vuelco a la filosofía y al campo de los estudios culturales académicos a base de usar la ficción experimental, la física especulativa, la literatura de género (todos ellos estaban obsesionados con H.P. Lovecraft, William Gibson, P.K. Dick y Williams Burroughs), las manifestaciones contraculturales (la performance, las raves, el lenguaje panfletario de los fanzines), los códigos de los videojuegos, la ética hacker y cualquier cosa que se encontrase en los márgenes del hecho cultural occidental como arma con la que herir, si no de muerte al menos con la suficiente gravedad, a esta cultura moldeada por el totalitarismo y la coerción capitalistas que nos ha tocado vivir.

Así, a través de lo que llamaron “Tácticas-K”, que es el conjunto de técnicas basadas en esas “armas” que acabo de apuntarte y con las que estudiar la intuición primera de que efectivamente parece que eso que llamamos Realidad está cosido a base de ficciones autorrealizadas, llegaron a estructurar toda una teoría, la de la hiperstición, que a día de hoy sigue refinándose y extendiéndose incluso a campos como la física y la teología.



Mazzu: Robert Anton Wilson solía hablar de la “realidad” como algo plural, los túneles y los mapas de la realidad, y que esos túneles y mapas pueden cambiar cuando entramos en la Capilla Peligrosa: un hecho o una circunstancia fortuita que no encaja con nuestro concepto de “realidad” y que nos deja transitoriamente sin mapas ni referencias. Volviendo al tema de la hiperstición ¿te parece que ese punto dramático que RAW llamaba la Capilla Peligrosa puede actuar como un ‘portal’ para que la ‘ficción’ se vuelva ‘realidad’?

Francisco: Por supuesto, aunque ni siquiera es necesario que el portal se abra mediante algo que pueda interpretarse como traumático. Según la teoría de la hiperstición, el Objeto Hipersticioso es “conjurado” a la Realidad mediante el modo en que nos acercamos a ello, y esto puede producirse de forma natural y suave, porque esa ficción sea simplemente eso que conocemos como “síntoma de los tiempos”, de forma artificial a través de un hype riguroso e interesado, o como resultado de algún tipo de crisis severa (pensemos, por ejemplo, en cómo la ficción “Tierra Prometida a los Israelíes” se torna realidad material tras el final de la Segunda Guerra Mundial y las inversiones económica, políticas y culturales realizadas para la afirmación de lo que ahora es una Verdad casi absoluta).

Si bien desde la hiperstición también se afirma que el Objeto Hipersticioso introduce en Lo Real una serie de ciclos de retroalimentación cultural potencialmente apocalípticos, entendido este “apocalipsis” en su acepción más literal, la palabra griega que se traduce como “revelación”, como la manifestación de una corriente oculta (una corriente histórica, política, fenomenológica o directamente sobrenatural); y esto, obviamente, siempre es susceptible de causar un trauma.

Mazzu: y hablando de ‘portales’ y de las cosas extrañas que los atraviesan, he visto que relacionas a los Mitos de Cthulhu y la ficción lovecraftiana con el concepto de hiperstición; ¿podrías explicarnos ese vínculo?

Francisco: Como te he comentado, los padres de la cosa, la gente del CCRU, estaban obsesionados con Lovecraft.

Una de las características esenciales del Objeto Hipersticioso es que, literalmente, funciona como un dispositivo de “llamada a los Primigenios”; la hipestición pretende devolver la figura del “monstruo” a la filosofía y el pensamiento en general, siendo este monstruo, al mismo tiempo, una expresión de la futilidad antropocéntrica, de la absoluta contingencia del hombre en un universo que en esencia es irracional e inmanente, una expresión de nuestra incapacidad para acceder al conocimiento y de nuestra inevitable extinción, y una bestia incognoscible situada al final de la línea histórica del Homo Sapiens Sapiens y que se alimenta de tiempo y caos y retro-deposita desde el futuro, a lo largo de la misma línea en cuyo extremo último se encuentra él, gérmenes extraños que percibimos como “conciencia”, “progreso” e incluso “Historia” para que nunca le falte algo que echarse a las fauces.

Y el modo más eficiente hasta la fecha de simbolizar todos estos aspectos de la criatura, tanto los psicológicos como los metafísicos y los metafóricos, es mediante esas abominaciones cósmicas insondables y posthumanistas creadas por el de Providence.



Mazzu: si comprendo bien la noción, desde el punto de vista de la hiperstición, la propia ‘realidad’ podría ser considerada como una ficción o un conjunto de ficciones consensuadas (algo muy similar a la perspectiva que Robert Anton Wilson plantea en casi toda su obra, como decíamos antes) ¿consideras que el hype borronea los límites de la realidad consensuada para ‘dejar entrar’ ideas que antes se consideraban inverosímiles? O, preguntándolo de una manera más clara: ¿la hiperstición amplía esos límites consensuados, o esa realidad consensuada absorbe a la ‘nueva idea’ asimilándola y ‘normalizándola’ como un elemento más dentro de sus propias fronteras?

Francisco: La hiperstición plantea, grosso modo, que existe una esfera Ideal aparte de la esfera Real, y que los Objetos Hipersticiosos no hacen otra cosa que desdibujar (como efectivamente afirmas, mediante el hype) los límites entre ambas. El corolario a esto, claro, lleva a plantear si acaso esa esfera de Lo Real no será más que un súper conjunto de Objetos Hipersticiosos caídos desde Lo Ideal, precipitados (entendido en su acepción química, como ideas que cristalizan a causa de su densidad para cambiar de estado).

Mazzu: cada tanto me pongo al día con las teorías conspirativas en boga; algo que se nota a buenas y primera en estos relatos es la desconfianza en el “relato oficial”, la creencia de que las noticias (desde la noticia de un atentado hasta la inauguración de los Juegos Olímpicos) son una fabricación destinada a engañar a la gente y/o crear miedo para así tener controlada a la población, o que los grandes medios son una herramienta del Poder para ‘programar’ la ‘realidad consensuada’ que la mayoría de la gente acepta como la ‘única realidad verdadera’. Si bien no puedo decir que creo en las teorías conspirativas en sí, no puedo negar que los medios contienen un sesgo profundo que polariza a la opinión pública de manera marcada, hypeando el ‘relato oficial’ y aplastando a los ‘relatos alternativos’; ¿podría decirse que los medios masivos de comunicación (incluyendo a Internet, obviamente) son los principales creadores de hiperstición en la actualidad?

Francisco: Los medios de comunicación de masas, especialmente en estos tiempos, son una enorme pieza básica para el funcionamiento (para la existencia misma, en realidad) del hecho cultural, por lo que, obvio, son los principales conductores de objetos hipersticiosos, especialmente aquellos que retroalimentan a otras grandes hipersticiones como el Objeto Hipersticioso “Occidente Civilizado” (tan en boga últimamente por su uso como opositor al Objeto “Oriente Bárbaro”) o, siguiendo con lo sugerido en la respuesta a la anterior pregunta, el mismísimo Objeto “Hecho Cultural”.

Y es que, por lo general, un Objeto Hipersticioso no impacta en Lo Real por sí solo, sino que al cristalizar, por su propia naturaleza de agregado retroalimentado y acelerador de coincidencias consigo mismo, produce Objetos más pequeños o derivados del Objeto principal que sirven para aposentarlo.



Por ejemplo, y siguiendo agarrados a uno de los objetos hipersticiosos más grandes y evidentes que podamos encontrarnos: el dinero es un pequeño Objeto Hipersticioso (algo cuyo valor es meramente simbólico hasta que no es consensuado y mayoritariamente aceptado), como lo son la bolsa de valores (un sistema especulativo que dicta el valor del dinero), la ética del trabajo protestante (una construcción ficticia que ha reformulado los ciclos vitales humanos, cambiando su anterior condición agrícola por la condición industrial), el biovalor (una ficcionalización de lo humano como sólo un conjunto de síntomas, algo somático a lo que asociar un producto) o la necropolítica (otra ficcionalización, ésta para entender lo humano como apenas un producto en sí mismo), y todos ellos derivan a la vez que dinamizan y se nutren del gran Objeto “Capitalismo de Libre Mercado”. 

Clarísimamente, los medios de comunicación contemporáneos, liberados de la necesidad de “hypear” al Gran Objeto ya sobradamente instalado en Lo Real (hasta no hace demasiado, la misma palabra “Capitalismo” era usada en los medios de forma insistente y en modo explicativo, aunque sólo fuese en sus últimos días de uso geralizado, como antónimo deseable del comunismo... Ahora ya no; últimamente se evita a toda costa, e incluso se la menosprecia como término proveniente de “otras épocas”...), sirven de vehículo para todos estos objetos hipersticiosos “nutrientes” y derivados, facilitando que el ciclo de feedback y coincidencia no se interrumpa o, por la misma esencia última del Objeto que hemos usado de ejemplo, no desacelere ni deje de implementarse hasta su colapso definitivo.  

Mazzu: al ser un espacio liminal constituido por personajes reales y ficticios, hechos y ficciones, supersticiones, leyendas urbanas, etc. ¿consideras al mundo de las teorías de conspiración como un terreno fértil para la hiperstición? Y ¿hay algún o algunos ejemplos de ello?

Francisco: Acogiéndome a la terminología que estoy usando, diría que las teorías de la conspiración son de momento poco más que supersticiones, construcciones y agregados semióticos irracionales que aún deben recorrer un trecho para convertirse en hipersticiones. A pesar de lo que parezca a primera vista, creo que la conspiranoia aún no ha sido lo suficientemente naturalizada como para incidir de forma importante en la cultura.

Pero estamos en ello. Como escritor, me interesan muchísimo las teorías de la conspiración en forma de herramienta narrativa y suelo incorporar sus mecanismos a mis novelas y relatos, despojándolos del “acto de fe” o de “resistencia de fe” en ellos para tratar de racionalizarlos (por contradictorio que esto pueda parecer) como lo que son, ficciones, y además ficciones con un potencial vastísimo, susceptibles de ser adoptadas y ritualizadas para volverse ciertas.

Algo a tener en cuenta a la hora de establecer si algo es una hiperstición o no es la cantidad de creencia o descreencia que se le asocia, ya que el Objeto Hipersticioso se mueve fuera de esos parámetros. Una idea que se hace real a sí misma es aquella que no necesita que creamos o dejemos de creer en ella, ya que es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos de nuestra fe.



De nuevo, un ejemplo: parte de mi ensayo Homo Tenuis está construido alrededor de la tesis de que el SlenderMan es un Objeto Hipersticioso de pleno derecho, una leyenda urbana (por tanto, una superstición) convertida en algo real por asimilación, a partir del intento de asesinato por parte de dos niñas que pretendían ofrendarle la vida de una compañera a la criatura. No defiendo esto porque las niñas creyesen que el SlenderMan era real, sino porque el incidente aceleró las coincidencias con las características esenciales del mito. El SlenderMan mítico se define principalmente por acosar a menores y lavarles la mente, “secuestrarlos” simbólicamente, y por aterrorizar a los adultos ejerciendo conceptualmente de contenedor de todos los miedos asociados a algo que la mayoría no acaba de entender del todo como es Internet, los nuevos usos comunicativos y la velocidad a la que se mueve la información; lo que pasó con aquellas dos niñas, pues, hizo que ese mito se materializase en la forma de un ente que tanto las secuestró a ambas como provocó una reacción de pánico en la opinión pública, un temor irracional causado por las dudas al respecto de cómo estaban asimilando los niños los modos expresivos de la Red, que llevó incluso a que asociaciones de padres denunciasen al autor de la foto retocada que inauguró el mito. Unas y otros, pues, validaron el mito e, insisto, lo naturalizaron mediante ritualización (la repulsa explícita y la admiración, la denuncia y la aplicación de regulaciones no son sino formas rituales modernas) hasta hacerlo, prácticamente sin querer, algo muy, muy real.  

Mazzu: haciendo un loop hacia el comienzo de la entrevista, esta idea del “Objeto Hipersticioso” me trae muchísimas imágenes a la cabeza: primero (obviamente, ya que influenciaron a la gente del CCRU) el concepto del ‘rizoma’ al que refieren Deleuze y Guattari en Mil Mesetas, pero también la idea de la Supermente y la aceleración hacia el Objeto Trascendental al Fin de los Tiempos de Terence McKenna, el concepto de VALIS de Philip K. Dick (que amplía en su póstuma Exégesis), la ‘realidad daimónica’ de Patrick Harpur, la teoría paraufológica de Jacques Vallèe del fenómeno OVNI como un sistema de control, una especie de termostato regulado por el inconsciente colectivo, y hasta incluso la idea de Charles H. Fort de que las ideas ‘están en el aire’ y se manifiestan a sí mismas; ¿podríamos trazar un paralelismo entre estas nociones y la teoría de la hiperstición?

Francisco: Por supuesto. Una parte especialmente interesante de la teoría de la Hiperstición es cómo postula una figura denominada Régimen Cultural Especulativo Contemporáneo (RCEC), un meta-órgano regulador teórico de la viabilidad de una construcción supersticiosa para hacerse Objeto Hipersticioso. Al ser el RCEC algo esencialmente incognoscible, que va mucho más allá de nuestra limitada capacidad de acceder a ello o entenderlo directamente, éste sólo puede teorizarse a base de metáforas (como la del Monstruo en el final de la Historia del que ya te he hablado, o el Inconsciente Colectivo junguiano), y tanto la Onda Temporal Cero como VALIS como la “mecánica daimónica” son modelos metafóricos del todo válidos para aproximarnos conceptualmente a lo que diablos sea eso que, de algún modo, “supervisa” o valida la hiperstición, otras formas de acercarse a lo mismo con otras palabras. 

Mazzu: Aleister Crowley, al comienzo de su Liber O, postulaba: “En este libro se habla de las Sephiroth y de los Senderos; de Espíritus y Conjuros; de Dioses, Esferas, Planos y muchas otras cosas que pueden o no existir. Es irrelevante si existen o no. Haciendo ciertas cosas, se obtienen ciertos resultados; los estudiantes quedan severamente advertidos antes de atribuirle realidad objetiva o filosófica a cualquiera de ellos”. Esto me suena muy parecido a lo que tú decías sobre la hiperstición: “una idea que se hace real a sí misma, y que no necesita que creamos o dejemos de creer en ella, ya que es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos de nuestra fe”.

La noción de un Objeto Hipersticioso que genera objetos hipersticiosos más pequeños que a su vez lo retroalimentan y generan coincidencias me remonta a los conceptos de la magia(k) crowleyana pero también a la sincronicidad junguiana. Quienes hemos practicado diferentes formas de alteración de la consciencia (meditación, magia ritual, utilización de sustancias psicoactivas, etc.), hemos podido percatarnos que dichos métodos y las sincronicidades están íntimamente unidas (al menos desde la experiencia personal); desde un tiempo a esta parte vengo haciéndome una pregunta retórica (dada la naturaleza esquiva y subjetiva de ambas): ¿la magia(k) genera las sincronicidades (que en realidad, o mejor dicho, según Jung, son “acausales”) o simplemente amplía nuestra conciencia de manera tal que nos hace capaces de percibir lo que ya estaba ahí? Podría decirse que la magia(k) y las sincronicidades son un Gestalt o un conjunto sinérgico imposible de desenredar, y volvemos a la idea de la profecía autocumplida: ¿crees que este Gestalt es un ‘precipitador’ de hipersticiones (o al menos de hipersticiones a nivel personal y subjetivo)? Y en todo caso, ¿hay tales ‘niveles de hiperstición’ – personal, grupal, y colectivo?

Francisco: Personalmente, no le presto ninguna atención a si hay o no niveles, o algún tipo de grado, dentro la hiperstición como fenómeno. Por supuesto, hay Objetos Hipersticiosos con mayor impacto sobre Lo Real que otros, Grandes Objetos que han llevado incluso a cambiar la morfología del planeta y otros que se producen sólo en la intimidad del hogar, entre grupos de amigos o dentro las dinámicas familiares, pero me resisto a establecer una jerarquía porque aún considero que prácticamente todo es importante (o prácticamente nada lo es, depende del día...), de algún modo, por cuanto sirve para coser el tejido contextual en el que debemos movernos a diario.



En cuanto a lo que decías sobre la magia, soy muy aficionado a soltar cada vez que tengo oportunidad mi definición favorita de esta, dada por el mismo Crowley, aquella fórmula que reza que la magia es “la ciencia y arte de causar cambio en conformidad con la Voluntad”; la clave ahí estriba en que esa Voluntad, con V mayúscula, está atravesada de muchísimos procesos (de las sincronicidades a las peculiaridades psicológicas, pasando por un montón de supersticiones, varias hipersticiones en las que inevitablemente nos hallamos inmersos, condicionantes físicos, condicionantes esotéricos, cosas que escapan a nuestra comprensión, daimones susurrándonos al oído y un larguísimo etcétera), efectivemente casi imposibles de desenredar.

Mazzu: hemos visto en Facebook que estás realizando charlas y presentando tu nuevo libro Homo Tenuis; ¿Cuáles son tus proyectos actuales?

Francisco: Ahora mismo estoy centrado en la presentación de los dos libros que han visto la luz este año, Polybius (que publicó el pasado febrero la editorial Antipersona) y Homo Tenuis (que saldrá el próximo 12 de octubre en la colección Pop Kills de la editorial GasMask), ambos ejercicios de teoría-ficción alrededor de la hiperstición y el terrorismo ontológico, y también en la promoción de Nuestra amiga la luna, el cortometraje irreal-ocultista que he co-escrito con el cineasta César Velasco Broca, y a la espera de que se pongan a la venta un par de antologías en las que he colaborado con dos nuevos relatos y de que se concrete el plan editorial para mi última novela, que me gustaría que apareciese el año que viene. 

Mazzu: ¡Mil gracias por tu tiempo Francisco! Y ¡Salve Discordia!

Francisco: Gracias a ti. Ha sido un gustazo responder a tus preguntas. ¡Hail Eris!



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Mazzu, 04 octubre 2016



jueves, 28 de enero de 2016

El Horror Cósmico y La Capilla Peligrosa - por Matt Cardin

Iniciación a través de la Pesadilla
El Horror Cósmico y La Capilla Peligrosa



Por Matt Cardin

Traducción: Mazzu



Cuando se produjo el primero de mis ataques de parálisis del sueño a principios de la década de 1990, yo no tenía ni idea de que era el inicio de un período que después llegaría a reconocer o a caracterizar como una iniciación espontánea de tipo chamánico a través de las pesadillas. Yo no sabía que aquello iba a hacer añicos las hipótesis psicológicas, espirituales, ontológicas, metafísicas, e interpersonales que habían sido el cimiento de mi visión del mundo y de mi experiencia diaria durante tanto tiempo que había olvidado que eran supuestos en vez de hechos. Terence McKenna, entre otros, ha argumentado que, de acuerdo con el mismo principio que mantiene a un pez ajeno a la existencia de agua, la perturbación de la conciencia es necesaria para que lleguemos a ser conscientes de la realidad de la conciencia como tal. Para mí esto se confirmó con un impacto duradero mediante la experiencia de despertar de un sueño muy profundo y encontrar un contorno oscuramente luminoso con una vaga forma humana, un ser situado sobre mí a los pies de la cama ​​que brillaba con rayos chisporroteantes de sombra, y que representaba un agujero negro atronador y sui generis - destinado exclusivamente para mí - de una singularidad negativa, una presencia cuya sola razón de ser era chupar y aniquilar mi esencia. A la manera de los sueños y los daemones, la experiencia era tanto cognitiva y emocional, a la vez que perceptual. No había separación entre estas categorías generalmente discretas. Tampoco había una separación entre las categorías del yo y lo otro, entre “yo” y la presencia atacante. El horror era, literalmente, todo lo que había, todo lo que existía, todo lo que era real - no como una reacción a una experiencia, sino como una simetría orgánica e inevitable del ser. Yo no estaba horrorizado. La experiencia era pura y simplemente horror.

Cuando descubrí que esto no era un episodio aislado, sino una crisis en curso que abarcó un período de meses y años, y cuando los efectos psíquicos comenzaron a filtrarse en el mundo diurno y a contaminar la vida cotidiana con un distinguible fondo estático, ineludible, e insidioso de pesadilla, supe que había sucedido algo terrible. Había cruzado una especie de umbral, y el vocabulario más adecuado para pensar y hablar sobre ello era el vocabulario del horror cósmico, que había sido inculcado en mí por los años de lectura obsesiva de  Lovecraft, de la crítica lovecraftiana, y de las obras de toda una serie de autores asociados. Como he explicado anteriormente, uno de los resultados de esta confluencia fue mi novela corta de terror “Teeth” (Dientes).

Había, sin embargo, otro vocabulario que podría haber utilizado, y habría complementado al del horror cósmico de manera mutuamente iluminadora. Era el vocabulario del cambio de conciencia y de alta rareza paranormal codificado en la idea de la Capilla Peligrosa explicada por Robert Anton Wilson. Pero esto no se me ocurrió hasta mucho más tarde.



* * *

Al momento en que estas cosas sucedieron, ya hacía años que estaba fascinado por el encanto de los libros, la onda, y la guerrilla ontológica de Wilson. Illuminatus, la Trilogía del Gato de Schrödinger, The Illuminati Papers, The Historical Illuminatus Chronicles, El Ascenso de Prometeo, La Nueva Inquisición, Psicología Cuántica, Disparador Cósmico, y varios más de sus libros eran textos canónicos para mí. Así que estaba muy bien informado sobre su concepto de la Capilla Peligrosa, que era un tema central, y tal vez el tema central, no sólo en sus escritos, sino en su vida. Y sin embargo, de alguna manera, no logré hacer la conexión obvia entre ella y la espiral de mi crisis existencial-espiritual.

En el prólogo de Disparador Cósmico (publicado en 1977), titulado “Pensar en lo Impensable”, Wilson, cuyo nombre ya había llegado a ser asociado con la idea de conspiraciones ocultas mundiales debido a su coautoría de la trilogía Illuminatus! - que él y Robert Shea escribieron con intención satírica épica - anunciaba “ya no descreo en los Illuminati, pero tampoco creo en ellos”. A continuación explicaba exactamente qué quería decir con esta afirmación extraña, y en el proceso ofrece una definición o descripción de un estado particular de la mente y el alma al que llama la Capilla Peligrosa, término que acuñó para referirse a este estado, y ya es una parte regular del léxico de los buscadores espirituales desde entonces:

En la investigación de conspiraciones ocultas, finalmente uno se enfrenta a una encrucijada de proporciones míticas (llamada la Capilla Peligrosa en el ambiente). Uno sale de ella totalmente paranoico, o agnóstico; no hay un tercer camino. Yo salí agnóstico.

La Capilla Peligrosa, al igual que la misteriosa entidad llamada “Yo”, no puede ser ubicada en el espacio-tiempo; es ingrávida, inodora, insípida e indetectable por instrumentos ordinarios. De hecho, como el Ego, incluso es posible negar su existencia. Y sin embargo, aún más similar al Ego, una vez que estás dentro de ella, no parece haber ninguna salida hasta que pronto descubres que ha sido traída a la existencia por el pensamiento y que no existe fuera del pensamiento. Todo lo que uno teme está esperando con mandíbulas babeantes dentro de la Capilla Peligrosa, pero si uno va armado con la vara de la intuición, la copa de la simpatía, la espada de la razón y el pentáculo del valor, encontrará allí (según las leyendas) la Medicina de los Metales, el Elixir de la Vida, la Piedra Filosofal, la Verdadera Sabiduría y la Felicidad Perfecta.

Eso es lo que siempre dicen las leyendas y el lenguaje del mito es poéticamente preciso. Por ejemplo, si entras a ese reino sin la espada de la razón, perderás la cordura, pero al mismo tiempo, si sólo tomas la espada de la razón sin la copa de la simpatía, perderás el corazón. Incluso más notable, si te acercas sin la vara de la intuición, puedes estar parado frente a la puerta durante décadas y nunca darte cuenta que has llegado. Probablemente pensarás que sólo estás esperando un autobús, o vagando de una habitación a otra buscando tus cigarrillos, viendo un programa de televisión, o leyendo un libro críptico y ambiguo. La Capilla Peligrosa es engañosa en esa forma.

Wikipedia tiene un breve artículo sobre la Capilla Peligrosa que define el término en su uso psicológico como “un término ocultista en referencia a un estado psicológico en el que un individuo no puede tener la certeza de si es ayudado u obstaculizado por una fuerza fuera de la esfera del mundo natural o si lo que parecía ser la interferencia sobrenatural era un producto de su propia imaginación”.

Hay otra explicación en Maybe Logic, el documental de 2003 sobre la vida y el pensamiento de Wilson, como se ve en este fragmento esclarecedor:



En el minuto 01:40, Wilson explica que

La Capilla Peligrosa es una etapa en la búsqueda mágicka en la que los mapas resultan ser totalmente inadecuados para el territorio, y uno está completamente perdido. Y en ese punto obtienes un aliado que te ayuda a encontrar tu camino de vuelta a algo que puedes entender. Y después de eso, durante el resto de tu vida, te haces esta pregunta: ¿Ése aliado era un ayudante sobrenatural, o fue sólo una parte de mi propia mente tratando de salvarme de volverme totalmente loco con estas cosas? Entre las personas que conozco que han tenido este tipo de experiencias, muy pocos de ellos han llegado a una conclusión absolutamente certera sobre eso.

En otro momento de la película, Wilson comparte algunos de los antecedentes personales de su descubrimiento sobre la naturaleza ontológica y epistemológicamente indeterminada de los encuentros con lo que parecen ser inteligencias y entidades sobrenaturales y/o paranormales:

Alrededor de 1973 estuve convencido durante un tiempo que estaba recibiendo mensajes desde el espacio exterior. Pero entonces una lectora psíquica me dijo que en realidad estaba canalizando a un antiguo filósofo chino, y otra lectora psíquica me dijo que estaba canalizando a un bardo irlandés medieval. En ese momento empecé a leer sobre neurología, y decidí que simplemente era mi cerebro derecho hablando con mi cerebro izquierdo. Pero luego fui a Irlanda y me enteré de que en realidad era un conejo blanco de 1,80 m de altura. Lo llaman el Pooka, y los irlandeses saben todo al respecto.

De nuevo, en Disparador Cósmico Wilson escribió que cuando entras en este estado, cuando cruzas el umbral de la Capilla Peligrosa y descubres que a pesar de que innegablemente están sucediendo todo tipo de cosas extrañas y aparentemente imposibles, eres completamente incapaz de decidir si son objetivamente reales o puramente imaginarias, “uno sale de ella totalmente paranoico, o agnóstico; no hay un tercer camino”.

En cierto sentido, sin embargo, nadie sale realmente de la Capilla Peligrosa. El recuerdo de ella se convierte en una parte viva y presente de tu experiencia cotidiana. Cuando Wilson dice que él personalmente salió siendo agnóstico, está diciendo que salió con una comprensión y un sentido de las cosas permanentemente alterados. La mayoría de las personas que se dicen agnósticas en realidad sólo son racionalistas hedonistas, materialistas científicos, filisteos filosóficamente sordos, y/o intelectualmente perezosos. Su supuesto agnosticismo es un fenómeno puramente cerebral, a veces sincero, a veces simplemente frívolo, y en cualquier caso no llega a sus núcleos. El agnosticismo de Wilson, por el contrario, era existencial.

No me daba cuenta en ese momento, pero mis experiencias de ataques aparentemente sobrenaturales/demoníacos representaban una especie de sacudón epistemológico que estaba calibrado para dar lugar exactamente a la misma comprensión de la indeterminación ontológica, metafísica, y cosmológica. Y no fue hasta que realmente comencé a entender y dominar este hecho, algunos años más tarde, gracias a estudios y lecturas de amplio rango combinadas con varias conversaciones e interacciones en línea y en persona, que descubrí que había una contracultura espiritual y filosófica existente - gran parte de ella directamente asociada con el flamante movimiento del neo-chamanismo, como vibrando en concordancia profunda con el renacido movimiento psicodélico - cuyos miembros ya sabían todo acerca de este tipo de cosas. Yo resulté ser el último en enterarse.

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El término “Capilla Peligrosa” viene de Le Morte d'Arthur de Sir Thomas Malory, que contiene un episodio en el que Sir Lancelot visita dicha capilla y se resiste exitosamente a los intentos de seducción de una hechicera llamada Hellawes. Aunque la historia de Malory es aparentemente el primer lugar donde la Capilla Peligrosa es llamada así explícitamente, este tipo de escenario - una capilla misteriosa donde un héroe se somete a una prueba o tentación, mientras cumple con una misión sagrada - ya era un elemento básico de las leyendas del Grial en la época en que Malory escribió y compiló su colección ya clásica de cuentos del rey Arturo en el siglo XV.

En 1922 T.S. Eliot incorporó la Capilla Peligrosa al apocalíptico páramo cósmico de La Tierra Baldía y, en las notas que acompañan al poema, de forma explícita refiere al lector a otro libro para explicar y comentar su uso central del motivo del Grial. “No sólo el título,” escribió, “sino también el plan y una buena parte del simbolismo incidental del poema fue sugerido por el libro de la señorita Jessie L. Weston sobre la leyenda del Grial: From Ritual to Romance”.

Publicado en 1920, From Ritual to Romance es una obra emblemática de la erudición antropológica y mitológica en el que la señora Weston, una investigadora y folclorista independiente especializada en textos medievales artúricos, revela ostensiblemente vínculos entre los diversos componentes de las leyendas del Grial y los mitos, creencias y rituales de los antiguos cultos mistéricos pre-cristianos de Europa. Ella se centra especialmente en el cuento del Rey Pescador, que en su forma primigenia/arquetípica implica a un rey cuyo reino queda desolado cuando él mismo cae gravemente enfermo o se vuelve impotente, y por eso envía un valiente caballero - Percival en algunas versiones, Gawain en otros, o a veces algún otro - para encontrar el Santo Grial, que restaurará la salud a todos. Hacia el final de la misión, el caballero tropieza con la pesadilla Capilla Peligrosa (que, como se señaló anteriormente, no siempre se llamó así, y a veces no es una capilla, sino un Cementerio Peligroso), donde se somete a una prueba severa para finalmente resurgir y traer a casa el Grial.

Los comentarios y análisis de la señora Weston en de estas cuestiones son oscuramente evocativos. Ella dedica sus energías a desarrollar la idea de que las antiguas raíces de la leyenda del Grial en general, y la experiencia de la Capilla Peligrosa en particular, residen en las historias más antiguas sobre una iniciación terrible que implica una zambullida en el otro mundo, con consecuencias posiblemente terribles que se extienden al reino físico:

Esta es la historia de una iniciación (o quizás sería más correcto decir la prueba de aptitud para una iniciación) llevada a cabo en el plano astral, que reacciona con resultados fatales sobre el [plano] físico. (...) El ritual del Misterio estaba compuesto por una iniciación doble, la más baja, a los misterios de la generación, es decir, de la vida física; la más alta, a la Vida Espiritual Divina, donde el hombre se hace uno con Dios. (...) La prueba para la iniciación primaria, aquella iniciación a las fuentes de la vida física, probablemente consistiera en un contacto con los horrores de la muerte física, de allí que la tradición de la Capilla Peligrosa, que sobrevive en los romances del Grial en forma confusa y contaminada, fuera una reminiscencia de la prueba para esta iniciación inferior.

En un momento ella reprende a algunos de sus colegas académicos por centrarse exclusivamente en las supuestas raíces celtas de la tradición en cuestión, y argumenta que tiene un pedigrí mucho más profundo y más amplio, tanto histórica como espiritualmente, de lo que muchos estaban acostumbrados a imaginar:

Las visitas al Otro Mundo no siempre son derivaciones del folclore celta. Si no me equivoco la raíz de este tema está mucho más profundamente enterrada que en las arenas movedizas de los cuentos populares y las leyendas de hadas. Yo creo que es esencialmente una tradición de los Misterios; el Otro Mundo no es un mito, sino una realidad, y en todas las épocas ha habido almas que han estado dispuestas a enfrentar a la gran aventura y a arriesgarlo todo por la oportunidad de traer de vuelta con ellos cierta seguridad para la vida futura. Naturalmente tales aventuras pasaron a la tradición junto con los hombres que las realizaron. Las primeras razas de los hombres se convirtieron en semimíticas, sus creencias y sus experiencias fueron relegadas a una tierra brumosa, donde sus figuras asumieron contornos fantásticos, y el registro de sus obras se fue separando cada vez más y más de la precisión histórica.

Los poetas y soñadores tejieron sus redes mágicas, y un mundo separado del mundo de la experiencia real vino a la vida. Pero no era todo mito, ni todo  fantasía; había una base de verdad y realidad en los cimientos del desarrollo místico y la verdadera crítica no se contentará con vagar en estas tierras encantadas, y con considerar todo lo que se reúne como el resultado de la imaginación humana (...) Los romances del Grial reposan finalmente, no en la imaginación de un poeta, sino sobre las ruinas de un antiguo y augusto ritual, un ritual que en otras épocas era el guardián acreditado de los secretos más profundos de la Vida. Expulsado ​​de su alto estatus por la fuerza implacable de la evolución religiosa - después de todo Adonis, Attis y sus congéneres, no eran más que ‘semidioses’ que debieron ceder el lugar cuando ‘los Dioses’ mismos arribaron – se negó a desaparecer; abiertamente, en la práctica popular, dondequiera que el bienestar de la tierra pueda ser asegurado; en secreto, en lo impenetrable de una cueva o montaña, o en el aislamiento de una isla, donde los que ansían un contacto más razonable (no necesariamente sensual) con las invisibles fuerzas Espirituales de la Vida que el que ofrece el desarrollo ortodoxo del cristianismo, pudo - y así ​​lo hizo - encontrar satisfacción.

Toda la leyenda del Grial, entonces, al menos de acuerdo a este análisis, puede leerse como una historia codificada sobre una iniciación a veces terrible a realidades sobrenaturales, con implicaciones que se extienden a lo físico, y la Capilla Peligrosa es el lugar simbólico primario de este momento decisivo de prueba y de transición.



Pero - y esto es crucial - ¿es la Capilla Peligrosa necesariamente un lugar al que vas, o quizás puede ser algo que viene a ti? En Realidad Daimónica, Patrick Harpur escribe provocativamente sobre varios tipos de iniciación a realidades daimónicas/liminales /sobrenaturales, incluyendo no sólo las habituales (pero demoledoras) experiencias chamánicas de muerte-y-renacimiento, sino también el poder de la iniciación espontánea de los sueños, que está abierto a todo el mundo. Entonces, de repente pasa a considerar un tipo separado de iniciación, que es cualitativamente distinta del resto, y que ilustra haciendo referencia a la vida y obra de John Keel, autor de The Mothman Prophecies y muchos otros. Las palabras de Harpur, y lo que señalan, son impresionantes:

Consideraré otra forma de iniciación. Cuesta describirla, y de hecho puede que no sea nada apropiado llamarla “iniciación”, puesto que aparentemente no implica la experiencia de muerte y renacimiento de los viajes chamánicos subterráneos y celestes. Pero implica un cambio, en ocasiones dramático, en el receptor, a menudo en forma de un desarrollado sentido del Otro Mundo y un mayor grado de sabiduría a la hora de relacionarse con él.

A diferencia de la experiencia chamánica del Otro Mundo como un reino daimónico penetrado durante estados alterados de conciencia, este otro tipo de iniciación sucede a la inversa: el Otro Mundo penetra en este mundo. Nuestra realidad cotidiana es realzada, repleta de sincronicidades extraordinarias, trascendencias y sucesos paranormales. Las personas que investigan lo daimónico son particularmente proclives a ella, aunque puede ocurrirle a cualquiera que se dedique a la persecución de algún tipo de conocimiento o verdad (¡todos los estudiosos saben, por ejemplo, que el libro que necesitan puede caer a sus pies desde la estantería!).

Termina con una declaración que resuena y resuena con las leyendas del Grial con su terrible escenario iniciático daimónico de la Capilla Peligrosa: “En otras palabras, es un tipo de iniciación orientada hacia un objetivo y, como tal, podría decirse que es una búsqueda”.

Esto es fascinante. Esto es revolucionario. Sin embargo, basado en mi propia experiencia, y también en la de un puñado de amigos y conocidos, así como en el testimonio de la ficción del horror cósmico con su vibrante y venerable tropo de los inesperados y desagradables descorrimientos y rasgamientos del velo de la realidad (ver Los Sauces y El Wendigo de Blackwood, La llamada de Cthulhu y La música de Erich Zann de Lovecraft La Secta del Idiota y Nethescurial de Ligotti, Los Sucesos en la Granja de Poroth y El Negro del Cuerno, de Klein) - sobre la base de todo esto, me pregunto si el tipo de iniciación que Harpur describe, en la que el Otro Mundo irrumpe en éste, podría no suceder porque alguien la busca sino simplemente porque aquello quiere suceder: espontáneamente, de forma inesperada, inevitablemente, e irremediablemente.

Tengo que preguntarme si sucede no como el resultado de una búsqueda, no porque uno lo ha estado buscando, sino porque aquello lo persigue a uno.

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Como dice en esta grabación, Terence McKenna, al hablar de la socavación y transmutación psicodélica de la experiencia de la realidad de una persona (tal era la misión de toda su vida), brinda una explicación realmente idónea de la Capilla Peligrosa:

Robert Anton Wilson (...) acuñó el término Capilla Peligrosa. Esto es cuando sucede algo en tu vida y todo comienza a encajar y a tener sentido, demasiado sentido, ya que parece venir desde el exterior y parece querer decir que o estás perdiendo tu cordura o de alguna manera eres el foco central de una conspiración universal que está llevándote hacia algún avance inimaginable. En el camino al misterio pasas por etapas de amar a todo el mundo, campos geométricos coloridos en movimiento, vidas pasadas, lo que sea. Pero estos son sólo hitos en el camino. Cuando finalmente llegas a “la cosa”, la forma en que sabes que has llegado es que te quedas mudo de asombro. Vas a decir: “¡Dios mío, esto es imposible. Esto es inherentemente imposible. Si la palabra imposible se inventó por algo es por esto. Esto no puede ser!”. Ahí nos encontramos en la cancha. Estamos en presencia de la verdadera coincidentia oppositorum.

En julio de 2012 fue revelado, a través de una lectura pública de un fragmento del libro de las memorias de Dennis McKenna de próxima publicación, The Brotherhood of the Screaming Abyss: My Life with Terence McKenna, que su hermano Terence sufrió una horrible experiencia durante un viaje de hongos psicodélicos en 1988 o 1989, el cual resultó ser tan traumático que lo hizo abandonar las drogas psicodélicas, a excepción de pequeñas dosis en ocasiones poco frecuentes, por el resto de su vida. Esto cayó como una bomba en la considerable comunidad que presta atención a este tipo de cosas, ya que Terence fue conocido por defender dosis “heroicas” de psicodélicos durante muchos años después en sus libros y charlas, y dado a que Dennis afirmara en el extracto del libro que muchas de las cosas que Terence continuó patrocinando en sus últimos años, incluyendo la mayor parte de sus especulaciones más locas sobre el 2012, la Onda de Tiempo Cero, las inteligencias alienígenas del hipermundo psicodélico, y la organización espontánea futura de la inteligencia orgánica a través de la Internet global - en otras palabras, las cosas por las que era más popular – eran sólo parte de un show, simplemente una performance filosófica que le servían para pagar las cuentas. El extracto fue leído en voz alta por Bruce Damer a una audiencia en el Instituto Esalen, en un evento organizado por Damer y Lorenzo Hagerty (anfitrión y creador del podcast Psychedelic Salon) y titulado “Un Chapuzón Profundo en la Mente de Terence McKenna”. Pero entonces, sorprendentemente, fue sacado de la página Web del podcast, y Lorenzo puso una nota explicando que “a petición de Dennis McKenna y la familia McKenna este podcast permanecerá fuera de línea de forma indefinida. También han solicitado que los comentarios sean borrados... Por desgracia, dicho material de su próximo libro era parte de un primer borrador y no será incluido en la edición publicada del libro”.

Así es como Dennis McKenna, en ese pasaje ahora perdido de The Brotherhood of the Screaming Abyss - que al menos alguien astuto ha conservado en la forma de una transcripción parcial - describe la horrible ordalía que cambió la vida de su hermano:

La crisis fundamental y existencial de Terence llegó abruptamente, en algún momento de 1988 u ‘89. Todo lo que pasó después de ese evento fueron efectos colaterales. No sé exactamente cuándo sucedió, ni exactamente qué fue lo que sucedió; Estoy reconstruyéndolo a través de lo que Kat [su esposa en aquél momento] me ha dicho, pero ella me ha ofrecido pocos detalles, y yo me resisto a sondear.

Sucedió mientras vivían en la Isla Mayor (Hawái), y fue durante un viaje de hongos que compartieron que fue absolutamente aterrador para Terence. Fue aterrador porque, por alguna razón, el hongo se volvió en su contra. El espíritu gentil, sabio, y humorístico del hongo que él había llegado a conocer y en el que confiaba como un aliado y un maestro se arrancó la careta para revelar un abismo de desesperación existencial absoluta. Terence repetía, al menos por lo que Kat me dijo, que se trataba de “una ausencia de todo sentido, una ausencia de todo sentido”. Y esto indujo pánico en Terence, y probablemente, especulo, la sensación de que se estaba volviéndose loco. No pudo manejarlo. Los esfuerzos de Kat para tranquilizarlo fueron infructuosos. Después de esa experiencia, él nunca volvió a tomar hongos, y tomó otras drogas psicodélicas, como DMT y ayahuasca, sólo en raras ocasiones y con gran renuencia.

Sea cual sea el contenido específico de aquella experiencia psicodélica, debió provocar el colapso cognitivo de la visión del mundo de Terence y precipitó su crisis existencial, y lo más notable fue que él no lo vio venir. No lo vio venir.

- De Dennis McKenna, The Brotherhood of the Screaming Abyss: My Life with Terence McKenna, fragmento ahora extirpado

Esto me pareció extraordinariamente fascinante, no sólo porque es una mirada reveladora a un lado hasta ahora desconocido de Terence McKenna, cuya vida y sabiduría se han vuelto muy importantes para mí en los últimos años, sino porque encaja con una especie de perfección irritante con lo que describí en mi novela Teeth como el efecto psicológico/espiritual ampliamente envolvente que experimenta el narrador cuando se inicia a la fuerza en una experiencia de terror cósmico sobrenatural. Varios días después del evento desencadenante, que ocurre cuando el narrador observa un mandala y lo ve como una apertura hacia un abismo infernal de dientes devoradores, él se hace consciente de un cambio catastrófico en su psique:

¿Cómo había llegado a esto en tan poco tiempo? Poco menos de dos semanas antes, había estado llevando una vida bastante satisfactoria con un futuro brillante en el mundo académico. Hallaba placer en mi trabajo y en mi modesta vida social, incluyendo romances ocasionales. Había poseído una intensidad intelectual y emocional brillante que granjeaba elogios de mis profesores. Y sin embargo, todo eso se había torcido y socavado en un tiempo sorprendentemente corto. Cuando intenté considerar mi futuro no vi nada, excepto un túnel negro interminable orlado de experiencias dolorosas y sin sentido. El futuro era un camino oscuro y vacío que serpenteaba a través de un paisaje maldito hacia las ruinas de una ciudad muerta. El viaje era una pesadilla y el destino un infierno. Mis antiguas metas y placeres cubrían mi psique como los cadáveres secos de mis seres queridos, y no quería nada más que hundirme en el olvido, no importaba si era el sueño o la muerte.

¿Todo esto era realmente cierto? ¿Era mi vida, era la existencia misma, de verdad lo que ahora percibía?: nada más que un breve interludio en una serie  ininterrumpida de horror, un sueño a veces entretenido pero en última instancia vano que estaba destinado a terminar con un terrible despertar a la permanente realidad del caos, de la locura, de la pesadilla, de...

- Matt Cardin, Teeth

Que esto describiera esencialmente el estado interno de mi propio mundo real cuando lo escribí - un estado que había evolucionado inexorablemente de aquellos ataques nocturnos y (aparentemente) sobrenaturales que drenaban mi alma - y que hoy, unos diecisiete años después de que escribiera esa historia, se haga manifiesto que Terence McKenna, representante del recientemente maduro y prometedor renacimiento psicodélico, y una figura cada vez más importante en mi propio panteón intelectual, puede haber tenido un encuentro transformador con semejante vacío succionador de almas de la total y horrible ausencia de sentido mientras estaba en comunión con su amada planta maestra - que todo esto sea cierto no sólo me alarma, sino que refuerza la sospecha que ha crecido en mí a través del tiempo, a pesar de que he encontrado mi manera de salir de ese infierno mental-emocional-filosófico:

Todos estamos jugando con fuego, aquellos que perturbamos activamente la conciencia, y también aquellos que experimentamos este tipo de perturbaciones inducidas por poderes externos a nuestro conocimiento y control. En palabras de la narración de cierre de una clásica serie de terror semanal de TV, el aspecto pesadillesco de la realidad daimónica, el aspecto al que los grandes escritores de ficción de horror cósmico han accedido e ilustrado en sus obras “siempre está ahí, esperando a que entremos en él, y a la espera para entrar en nosotros”. Esto no es una mera expresión poética, ni es mero entretenimiento estético o intelectual para aquellos atraídos por el lado oscuro de la ficción, el cine, la filosofía y la espiritualidad. Esta es mortalmente real.

Wilson habló de la Capilla Peligrosa en cuanto a la percepción de la llegada de un aliado espiritual que nos ayuda a atravesar una crisis. Pero hay otro pasillo de la Capilla donde los aspectos del aliado son decididamente más oscuros, y dónde es terriblemente difícil de verlo y entenderlo como un aliado. El hecho de que el aliado clásico en las tradiciones esotéricas y ocultistas occidentales sea nuestro propio demonio, genio, o Santo Ángel Guardián, hace que este aspecto oscuro de la experiencia sea aún más preocupante; este “yo superior”, es un demonio o daimón que, de acuerdo con la antigua comprensión occidental, representa el plan y diseño divino para nuestra vida - y que, en el contexto de hoy en día podemos metaforizar como la “mente inconsciente”, sobre todo en sentido junguiano – entonces: ¿qué significa cuando ésta, la más íntima y personal de todas las posibles realidades psicológicas/espirituales aparece en la forma de una presencia demoníaca para agredirte?