Hola amigos y amigas de La Manzana Dorada. Ando medio desaparecido del blog y me gustaría retomarlo en algún momento, pero sigo sin PC y se hace difícil sin dicho elemento. Cuando consigo una PC de prestado (como ahora que escribo esto), aprovecho para comunicarme a través del blog. Las novedades son que ahora volví al mundo del podcast, no con La Capilla Peligrosa, sino con un nuevo programa llamado El Garage Hermético, que llevo adelante con Christian Giambelluca. Pueden encontrarlo en Ivooxy en Archive.org. Sin mucho más que comentar, les dejo un enorme saludo, gracias por el feedback y la buena onda,
HIPERSTICIÓN –
Una Entrevista con Francisco Jota-Pérez
Por
Mazzu
Francisco
Jota-Pérez
Hace
un tiempo que vengo leyendo sobre la “Hiperstición”: una ficción que se hace
realidad; si bien la noción al principio me pareció un tanto vaporosa e
inasible, a medida que fui leyendo más sobre el tema, más comenzó a interesarme
y empecé a verle cierto paralelismo con varias de las ideas que Robert Anton
Wilson trazó en sus libros.
Buscando
más información, me acerqué a la obra de Francisco Jota-Pérez. Francisco
(Barcelona, 1979) es escritor y guionista. Es autor de las antologías Dionisia Pop! (editorial Grupo AJEC,
2007) y Antifuente (Viaje a Bizancio
Ediciones, 2008), así como de las novelas Hierático
(AJEC, 2009), Cinco Canciones de Cuna,
Orígenes del Lodo, Ciencia Raíz (integrantes de su esencial
Tríptico Linde para la editorial
Aristas Martínez), Aceldama (Origami,
2014) y Pasaje a las Dehesas de Invierno
(editorial Esdrújula, 2015), y del ensayo metaficcional Polybius (Antipersona, 2016), colabora habitualmente en
publicaciones especializadas en literatura de género, teoría cultural y
narrativa experimental tales como Supersonic,
Láudano, Proyecto Hermético o Kokoro.
Primero
leí un par de notas sobre la hiperstición en el blog Magufo Apocalipsis; allí –
en una entrada titulada justamente Hiperstición – hay un link a un video de una
charla de Francisco Jota-Pérez donde explica el término y el concepto de manera
muy clara, y otro link a su blog, donde encontramos la siguiente definición:
Hiperstición:
la superación de la superstición, la profecía autocumplida por el ensalmo del hype, elementos de ficción que se abren
paso a la realidad factible…
El
último segmento, “los elementos de ficción que se abren paso a la realidad
factible”, me resonó fuertemente con el concepto de la Operación Jodementes
(OM, por Operation Mindfuck)
desarrollado por los discordianos a fines de la década de 1960. En 1967, Kerry
Thornley convencido – tal vez – de la inocencia de su amigo Harvey Lee Oswald,
se vio implicado como cómplice en la investigación del asesinato de JFK,
reabierta por el fiscal Jim Garrison. A manera de desquite – y luego de
averiguar que uno de los ayudantes de Garrison creía en los Illuminati –
Thornley y RAW idearon una estrategia de contraofensiva de guerrilla: esparcir
desinformación de manera deliberada mediante cartas anónimas, publicaciones under, panfletos, etc. acusando a los
Illuminati del magnicidio, y señalando a Garrison y a sus ayudantes (y a muchas
otras figuras más, ellos mismos incluidos) como parte del complot. Así nació la
OM, y el germen de lo que sería la novela más conocida de R.A. Wilson
(coescrita con Robert Shea) Illuminatus.
Luego, la OM se les iría de las manos: Thornley terminó creyendo que realmente había formado parte del complot del asesinato de JFK, y Wilson fue acusado
innumerables veces de ser un Illuminatus o de ser un agente de desinformación
de la CIA.
Hace
poco me puse en contacto con Francisco vía Facebook, y le propuse hacer una
entrevista para este blog con el tema de la hiperstición como eje central, y él
accedió gentilmente.
Mazzu: Francisco,
¿podrías aclararnos un poco más este concepto de las “ficciones que se hacen
reales”? ¿Dónde surge el concepto de hiperstición y cómo ha evolucionado en los
últimos tiempos?
Francisco: El mejor modo
de precisar, de buenas a primeras, lo que es la hiperstición, es tirar de
análisis semántico de la palabra misma. “Hiperstición” es un neologismo formado
por el prefjo “Hiper-”, que vendría a significar “más allá de” o “superior a” y
la palabra “Superstición”, que se definiría como un “conjunto de creencias
irracionales”; así pues, la hiperstición refiere al modo en que algo que en
origen es (o parece) irracional va más allá de sí mismo, asciende un peldaño en
una hipotética escala de verosimilitud, para racionalizarse.
Dicho
de manera algo más formal: la hipersitición sería el fenómeno por el cual un
agregado semiótico, un conjunto de creencias, representaciones y construcciones
narrativas supersticiosas, se hace real a sí mismo.
La
expresión esencial de la hiperstición es lo que llamamos “Objetos
Hipersticiosos”, todas aquellas ideas (a las que a me gusta referirme como
“ideas-software”), construcciones y elementos de ficción que dejan de ser
estrictamente ficticios para pasar a formar parte de la realidad consensuada a
través del modo en que nos acercamos a ellos, primero apropiándonoslos
(naturalizándolos), luego ritualizándolos y finalmente validándolos.
En
cuanto al origen del concepto... Todo el asunto parte del Cybernetic Culture
Research Unit (CCRU), un grupo de investigación del departamento de filosofía
de la Universidad de Warwick (UK) formado por gente como Nick Land, Iain
Hamilton Grant, Ray Brassier, Reza Negarestani, Mark Fisher o Anna Greenspan,
allá por los convulsos años noventa del siglo pasado.
El
CCRU eran un puñado de hombres y mujeres ciertamente brillantes,
extraordinariamente influenciados por Deleuze y Guattari, y cuyo principal
objetivo era darle un vuelco a la filosofía y al campo de los estudios
culturales académicos a base de usar la ficción experimental, la física
especulativa, la literatura de género (todos ellos estaban obsesionados con
H.P. Lovecraft, William Gibson, P.K. Dick y Williams Burroughs), las
manifestaciones contraculturales (la performance, las raves, el lenguaje panfletario
de los fanzines), los códigos de los videojuegos, la ética hacker y cualquier
cosa que se encontrase en los márgenes del hecho cultural occidental como arma
con la que herir, si no de muerte al menos con la suficiente gravedad, a esta
cultura moldeada por el totalitarismo y la coerción capitalistas que nos ha
tocado vivir.
Así,
a través de lo que llamaron “Tácticas-K”, que es el conjunto de técnicas
basadas en esas “armas” que acabo de apuntarte y con las que estudiar la
intuición primera de que efectivamente parece que eso que llamamos Realidad
está cosido a base de ficciones autorrealizadas, llegaron a estructurar toda
una teoría, la de la hiperstición, que a día de hoy sigue refinándose y
extendiéndose incluso a campos como la física y la teología.
Mazzu: Robert Anton
Wilson solía hablar de la “realidad” como algo plural, los túneles y los mapas
de la realidad, y que esos túneles y mapas pueden cambiar cuando entramos en la
Capilla Peligrosa: un hecho o una
circunstancia fortuita que no encaja con nuestro concepto de “realidad” y que
nos deja transitoriamente sin mapas ni referencias. Volviendo al tema de la
hiperstición ¿te parece que ese punto dramático que RAW llamaba la Capilla Peligrosa puede actuar como un
‘portal’ para que la ‘ficción’ se vuelva ‘realidad’?
Francisco: Por supuesto,
aunque ni siquiera es necesario que el portal se abra mediante algo que pueda
interpretarse como traumático. Según la teoría de la hiperstición, el Objeto
Hipersticioso es “conjurado” a la Realidad mediante el modo en que nos
acercamos a ello, y esto puede producirse de forma natural y suave, porque esa
ficción sea simplemente eso que conocemos como “síntoma de los tiempos”, de
forma artificial a través de un hype riguroso e interesado, o como resultado de
algún tipo de crisis severa (pensemos, por ejemplo, en cómo la ficción “Tierra
Prometida a los Israelíes” se torna realidad material tras el final de la
Segunda Guerra Mundial y las inversiones económica, políticas y culturales
realizadas para la afirmación de lo que ahora es una Verdad casi absoluta).
Si
bien desde la hiperstición también se afirma que el Objeto Hipersticioso
introduce en Lo Real una serie de ciclos de retroalimentación cultural
potencialmente apocalípticos, entendido este “apocalipsis” en su acepción más
literal, la palabra griega que se traduce como “revelación”, como la
manifestación de una corriente oculta (una corriente histórica, política,
fenomenológica o directamente sobrenatural); y esto, obviamente, siempre es
susceptible de causar un trauma.
Mazzu: y hablando de
‘portales’ y de las cosas extrañas que los atraviesan, he visto que relacionas
a los Mitos de Cthulhu y la ficción lovecraftiana con el concepto de
hiperstición; ¿podrías explicarnos ese vínculo?
Francisco: Como te he
comentado, los padres de la cosa, la gente del CCRU, estaban obsesionados con
Lovecraft.
Una
de las características esenciales del Objeto Hipersticioso es que,
literalmente, funciona como un dispositivo de “llamada a los Primigenios”; la
hipestición pretende devolver la figura del “monstruo” a la filosofía y el
pensamiento en general, siendo este monstruo, al mismo tiempo, una expresión de
la futilidad antropocéntrica, de la absoluta contingencia del hombre en un
universo que en esencia es irracional e inmanente, una expresión de nuestra
incapacidad para acceder al conocimiento y de nuestra inevitable extinción, y
una bestia incognoscible situada al final de la línea histórica del Homo Sapiens Sapiens y que se alimenta
de tiempo y caos y retro-deposita desde el futuro, a lo largo de la misma línea
en cuyo extremo último se encuentra él, gérmenes extraños que percibimos como
“conciencia”, “progreso” e incluso “Historia” para que nunca le falte algo que
echarse a las fauces.
Y
el modo más eficiente hasta la fecha de simbolizar todos estos aspectos de la
criatura, tanto los psicológicos como los metafísicos y los metafóricos, es
mediante esas abominaciones cósmicas insondables y posthumanistas creadas por
el de Providence.
Mazzu: si comprendo
bien la noción, desde el punto de vista de la hiperstición, la propia
‘realidad’ podría ser considerada como una ficción o un conjunto de ficciones
consensuadas (algo muy similar a la perspectiva que Robert Anton Wilson plantea
en casi toda su obra, como decíamos antes) ¿consideras que el hype borronea los límites de la realidad
consensuada para ‘dejar entrar’ ideas que antes se consideraban inverosímiles?
O, preguntándolo de una manera más clara: ¿la hiperstición amplía esos límites
consensuados, o esa realidad consensuada absorbe a la ‘nueva idea’ asimilándola
y ‘normalizándola’ como un elemento más dentro de sus propias fronteras?
Francisco: La
hiperstición plantea, grosso modo,
que existe una esfera Ideal aparte de la esfera Real, y que los Objetos
Hipersticiosos no hacen otra cosa que desdibujar (como efectivamente afirmas,
mediante el hype) los límites entre
ambas. El corolario a esto, claro, lleva a plantear si acaso esa esfera de Lo
Real no será más que un súper conjunto de Objetos Hipersticiosos caídos desde
Lo Ideal, precipitados (entendido en
su acepción química, como ideas que cristalizan a causa de su densidad para
cambiar de estado).
Mazzu: cada tanto me
pongo al día con las teorías conspirativas en boga; algo que se nota a buenas y
primera en estos relatos es la desconfianza en el “relato oficial”, la creencia
de que las noticias (desde la noticia de un atentado hasta la inauguración de
los Juegos Olímpicos) son una fabricación destinada a engañar a la gente y/o
crear miedo para así tener controlada a la población, o que los grandes medios
son una herramienta del Poder para ‘programar’ la ‘realidad consensuada’ que la
mayoría de la gente acepta como la ‘única realidad verdadera’. Si bien no puedo
decir que creo en las teorías conspirativas en sí, no puedo negar que los
medios contienen un sesgo profundo que polariza a la opinión pública de manera
marcada, hypeando el ‘relato oficial’
y aplastando a los ‘relatos alternativos’; ¿podría decirse que los medios
masivos de comunicación (incluyendo a Internet, obviamente) son los principales
creadores de hiperstición en la actualidad?
Francisco: Los medios de
comunicación de masas, especialmente en estos tiempos, son una enorme pieza
básica para el funcionamiento (para la existencia misma, en realidad) del hecho
cultural, por lo que, obvio, son los principales conductores de objetos
hipersticiosos, especialmente aquellos que retroalimentan a otras grandes
hipersticiones como el Objeto Hipersticioso “Occidente Civilizado” (tan en boga
últimamente por su uso como opositor al Objeto “Oriente Bárbaro”) o, siguiendo
con lo sugerido en la respuesta a la anterior pregunta, el mismísimo Objeto
“Hecho Cultural”.
Y
es que, por lo general, un Objeto Hipersticioso no impacta en Lo Real por sí
solo, sino que al cristalizar, por su propia naturaleza de agregado
retroalimentado y acelerador de coincidencias consigo mismo, produce Objetos
más pequeños o derivados del Objeto principal que sirven para aposentarlo.
Por
ejemplo, y siguiendo agarrados a uno de los objetos hipersticiosos más grandes
y evidentes que podamos encontrarnos: el dinero es un pequeño Objeto
Hipersticioso (algo cuyo valor es meramente simbólico hasta que no es
consensuado y mayoritariamente aceptado), como lo son la bolsa de valores (un
sistema especulativo que dicta el valor del dinero), la ética del trabajo
protestante (una construcción ficticia que ha reformulado los ciclos vitales
humanos, cambiando su anterior condición agrícola por la condición industrial),
el biovalor (una ficcionalización de lo humano como sólo un conjunto de
síntomas, algo somático a lo que asociar un producto) o la necropolítica (otra
ficcionalización, ésta para entender lo humano como apenas un producto en sí
mismo), y todos ellos derivan a la vez que dinamizan y se nutren del gran
Objeto “Capitalismo de Libre Mercado”.
Clarísimamente,
los medios de comunicación contemporáneos, liberados de la necesidad de
“hypear” al Gran Objeto ya sobradamente instalado en Lo Real (hasta no hace
demasiado, la misma palabra “Capitalismo” era usada en los medios de forma
insistente y en modo explicativo, aunque sólo fuese en sus últimos días de uso
geralizado, como antónimo deseable del comunismo... Ahora ya no; últimamente se
evita a toda costa, e incluso se la menosprecia como término proveniente de
“otras épocas”...), sirven de vehículo para todos estos objetos hipersticiosos
“nutrientes” y derivados, facilitando que el ciclo de feedback y coincidencia
no se interrumpa o, por la misma esencia última del Objeto que hemos usado de
ejemplo, no desacelere ni deje de implementarse hasta su colapso
definitivo.
Mazzu: al ser un
espacio liminal constituido por personajes reales y ficticios, hechos y
ficciones, supersticiones, leyendas urbanas, etc. ¿consideras al mundo de las
teorías de conspiración como un terreno fértil para la hiperstición? Y ¿hay
algún o algunos ejemplos de ello?
Francisco:
Acogiéndome a la terminología que estoy usando, diría que las teorías de la
conspiración son de momento poco más que supersticiones, construcciones y
agregados semióticos irracionales que aún deben recorrer un trecho para
convertirse en hipersticiones. A pesar de lo que parezca a primera vista, creo
que la conspiranoia aún no ha sido lo suficientemente naturalizada como para
incidir de forma importante en la cultura.
Pero
estamos en ello. Como escritor, me interesan muchísimo las teorías de la
conspiración en forma de herramienta narrativa y suelo incorporar sus
mecanismos a mis novelas y relatos, despojándolos del “acto de fe” o de
“resistencia de fe” en ellos para tratar de racionalizarlos (por contradictorio
que esto pueda parecer) como lo que son, ficciones, y además ficciones con un
potencial vastísimo, susceptibles de ser adoptadas y ritualizadas para volverse
ciertas.
Algo
a tener en cuenta a la hora de establecer si algo es una hiperstición o no es
la cantidad de creencia o descreencia que se le asocia, ya que el Objeto
Hipersticioso se mueve fuera de esos parámetros. Una idea que se hace real a sí
misma es aquella que no necesita que creamos o dejemos de creer en ella, ya que
es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos de nuestra
fe.
De
nuevo, un ejemplo: parte de mi ensayo Homo
Tenuis está construido alrededor de la tesis de que el SlenderMan es un
Objeto Hipersticioso de pleno derecho, una leyenda urbana (por tanto, una superstición)
convertida en algo real por asimilación, a partir del intento de asesinato por parte de dos niñas que pretendían ofrendarle la vida de una compañera a la
criatura. No defiendo esto porque las niñas creyesen que el SlenderMan era
real, sino porque el incidente aceleró las coincidencias con las
características esenciales del mito. El SlenderMan mítico se define
principalmente por acosar a menores y lavarles la mente, “secuestrarlos”
simbólicamente, y por aterrorizar a los adultos ejerciendo conceptualmente de
contenedor de todos los miedos asociados a algo que la mayoría no acaba de
entender del todo como es Internet, los nuevos usos comunicativos y la
velocidad a la que se mueve la información; lo que pasó con aquellas dos niñas,
pues, hizo que ese mito se materializase en la forma de un ente que tanto las
secuestró a ambas como provocó una reacción de pánico en la opinión pública, un
temor irracional causado por las dudas al respecto de cómo estaban asimilando
los niños los modos expresivos de la Red, que llevó incluso a que asociaciones
de padres denunciasen al autor de la foto retocada que inauguró el mito. Unas y
otros, pues, validaron el mito e, insisto, lo naturalizaron mediante
ritualización (la repulsa explícita y la admiración, la denuncia y la
aplicación de regulaciones no son sino formas rituales modernas) hasta hacerlo,
prácticamente sin querer, algo muy, muy real.
Mazzu: haciendo un
loop hacia el comienzo de la entrevista, esta idea del “Objeto Hipersticioso”
me trae muchísimas imágenes a la cabeza: primero (obviamente, ya que
influenciaron a la gente del CCRU) el concepto del ‘rizoma’ al que refieren
Deleuze y Guattari en Mil Mesetas,
pero también la idea de la Supermente y la aceleración hacia el Objeto
Trascendental al Fin de los Tiempos de Terence McKenna, el concepto de VALIS de
Philip K. Dick (que amplía en su póstuma Exégesis),
la ‘realidad daimónica’ de Patrick Harpur, la teoría paraufológica de Jacques
Vallèe del fenómeno OVNI como un sistema de control, una especie de termostato
regulado por el inconsciente colectivo, y hasta incluso la idea de Charles H.
Fort de que las ideas ‘están en el aire’ y se manifiestan a sí mismas;
¿podríamos trazar un paralelismo entre estas nociones y la teoría de la
hiperstición?
Francisco: Por supuesto.
Una parte especialmente interesante de la teoría de la Hiperstición es cómo
postula una figura denominada Régimen Cultural Especulativo Contemporáneo
(RCEC), un meta-órgano regulador teórico de la viabilidad de una construcción
supersticiosa para hacerse Objeto Hipersticioso. Al ser el RCEC algo
esencialmente incognoscible, que va mucho más allá de nuestra limitada
capacidad de acceder a ello o entenderlo directamente, éste sólo puede
teorizarse a base de metáforas (como la del Monstruo en el final de la Historia
del que ya te he hablado, o el Inconsciente Colectivo junguiano), y tanto la
Onda Temporal Cero como VALIS como la “mecánica daimónica” son modelos
metafóricos del todo válidos para aproximarnos conceptualmente a lo que diablos
sea eso que, de algún modo, “supervisa” o valida la hiperstición, otras formas
de acercarse a lo mismo con otras palabras.
Mazzu: Aleister
Crowley, al comienzo de su Liber O,
postulaba: “En este libro se habla de las Sephiroth y de los Senderos; de
Espíritus y Conjuros; de Dioses, Esferas, Planos y muchas otras cosas que
pueden o no existir. Es irrelevante si existen o no. Haciendo ciertas cosas, se
obtienen ciertos resultados; los estudiantes quedan severamente advertidos
antes de atribuirle realidad objetiva o filosófica a cualquiera de ellos”. Esto
me suena muy parecido a lo que tú decías sobre la hiperstición: “una idea que
se hace real a sí misma, y que no necesita que creamos o dejemos de creer en
ella, ya que es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos
de nuestra fe”.
La
noción de un Objeto Hipersticioso que genera objetos hipersticiosos más
pequeños que a su vez lo retroalimentan y generan coincidencias me remonta a
los conceptos de la magia(k) crowleyana pero también a la sincronicidad
junguiana. Quienes hemos practicado diferentes formas de alteración de la
consciencia (meditación, magia ritual, utilización de sustancias psicoactivas,
etc.), hemos podido percatarnos que dichos métodos y las sincronicidades están
íntimamente unidas (al menos desde la experiencia personal); desde un tiempo a
esta parte vengo haciéndome una pregunta retórica (dada la naturaleza esquiva y
subjetiva de ambas): ¿la magia(k) genera las sincronicidades (que en realidad,
o mejor dicho, según Jung, son “acausales”) o simplemente amplía nuestra
conciencia de manera tal que nos hace capaces de percibir lo que ya estaba ahí?
Podría decirse que la magia(k) y las sincronicidades son un Gestalt o un
conjunto sinérgico imposible de desenredar, y volvemos a la idea de la profecía
autocumplida: ¿crees que este Gestalt es un ‘precipitador’ de hipersticiones (o
al menos de hipersticiones a nivel personal y subjetivo)? Y en todo caso, ¿hay
tales ‘niveles de hiperstición’ – personal, grupal, y colectivo?
Francisco: Personalmente,
no le presto ninguna atención a si hay o no niveles, o algún tipo de grado,
dentro la hiperstición como fenómeno. Por supuesto, hay Objetos Hipersticiosos
con mayor impacto sobre Lo Real que otros, Grandes Objetos que han llevado
incluso a cambiar la morfología del planeta y otros que se producen sólo en la
intimidad del hogar, entre grupos de amigos o dentro las dinámicas familiares,
pero me resisto a establecer una jerarquía porque aún considero que
prácticamente todo es importante (o prácticamente nada lo es, depende del
día...), de algún modo, por cuanto sirve para coser el tejido contextual en el
que debemos movernos a diario.
En
cuanto a lo que decías sobre la magia, soy muy aficionado a soltar cada vez que
tengo oportunidad mi definición favorita de esta, dada por el mismo Crowley,
aquella fórmula que reza que la magia es “la ciencia y arte de causar cambio en
conformidad con la Voluntad”; la clave ahí estriba en que esa Voluntad, con V
mayúscula, está atravesada de muchísimos procesos (de las sincronicidades a las
peculiaridades psicológicas, pasando por un montón de supersticiones, varias
hipersticiones en las que inevitablemente nos hallamos inmersos, condicionantes
físicos, condicionantes esotéricos, cosas que escapan a nuestra comprensión, daimones
susurrándonos al oído y un larguísimo etcétera), efectivemente casi imposibles
de desenredar.
Mazzu: hemos visto en
Facebook que estás realizando charlas y presentando tu nuevo libro Homo Tenuis;
¿Cuáles son tus proyectos actuales?
Francisco: Ahora mismo
estoy centrado en la presentación de los dos libros que han visto la luz este
año, Polybius (que publicó el pasado
febrero la editorial Antipersona) y Homo
Tenuis (que saldrá el próximo 12 de octubre en la colección Pop Kills de la
editorial GasMask), ambos ejercicios de teoría-ficción alrededor de la
hiperstición y el terrorismo ontológico, y también en la promoción de Nuestra amiga la luna, el cortometraje
irreal-ocultista que he co-escrito con el cineasta César Velasco Broca, y a la
espera de que se pongan a la venta un par de antologías en las que he
colaborado con dos nuevos relatos y de que se concrete el plan editorial para
mi última novela, que me gustaría que apareciese el año que viene.
Mazzu: ¡Mil gracias
por tu tiempo Francisco! Y ¡Salve Discordia!
Francisco: Gracias a ti.
Ha sido un gustazo responder a tus preguntas. ¡Hail Eris!
Cuando
se produjo el primero de mis ataques de parálisis del sueño a principios de la
década de 1990, yo no tenía ni idea de que era el inicio de un período que después
llegaría a reconocer o a caracterizar como una iniciación espontánea de tipo
chamánico a través de las pesadillas. Yo no sabía que aquello iba a hacer
añicos las hipótesis psicológicas, espirituales, ontológicas, metafísicas, e
interpersonales que habían sido el cimiento de mi visión del mundo y de mi
experiencia diaria durante tanto tiempo que había olvidado que eran supuestos
en vez de hechos. Terence McKenna, entre otros, ha argumentado que, de acuerdo
con el mismo principio que mantiene a un pez ajeno a la existencia de agua, la
perturbación de la conciencia es necesaria para que lleguemos a ser conscientes
de la realidad de la conciencia como tal. Para mí esto se confirmó con un
impacto duradero mediante la experiencia de despertar de un sueño muy profundo
y encontrar un contorno oscuramente luminoso con una vaga forma humana, un ser
situado sobre mí a los pies de la cama que brillaba con rayos chisporroteantes
de sombra, y que representaba un agujero negro atronador y sui generis - destinado exclusivamente para mí - de una
singularidad negativa, una presencia cuya sola razón de ser era chupar y
aniquilar mi esencia. A la manera de los sueños y los daemones, la experiencia
era tanto cognitiva y emocional, a la vez que perceptual. No había separación
entre estas categorías generalmente discretas. Tampoco había una separación
entre las categorías del yo y lo otro, entre “yo” y la presencia atacante. El
horror era, literalmente, todo lo que había, todo lo que existía, todo lo que
era real - no como una reacción a una experiencia, sino como una simetría
orgánica e inevitable del ser. Yo no estaba horrorizado. La experiencia era
pura y simplemente horror.
Cuando
descubrí que esto no era un episodio aislado, sino una crisis en curso que
abarcó un período de meses y años, y cuando los efectos psíquicos comenzaron a
filtrarse en el mundo diurno y a contaminar la vida cotidiana con un distinguible
fondo estático, ineludible, e insidioso de pesadilla, supe que había sucedido algo
terrible. Había cruzado una especie de umbral, y el vocabulario más adecuado
para pensar y hablar sobre ello era el vocabulario del horror cósmico, que
había sido inculcado en mí por los años de lectura obsesiva de Lovecraft, de la crítica lovecraftiana, y de las
obras de toda una serie de autores asociados. Como he explicado anteriormente,
uno de los resultados de esta confluencia fue mi novela corta de terror “Teeth”
(Dientes).
Había,
sin embargo, otro vocabulario que podría haber utilizado, y habría
complementado al del horror cósmico de manera mutuamente iluminadora. Era el
vocabulario del cambio de conciencia y de alta rareza paranormal codificado en
la idea de la Capilla Peligrosa explicada por Robert Anton Wilson. Pero esto no
se me ocurrió hasta mucho más tarde.
*
* *
Al
momento en que estas cosas sucedieron, ya hacía años que estaba fascinado por el
encanto de los libros, la onda, y la guerrilla ontológica de Wilson. Illuminatus, la Trilogía del Gato de Schrödinger, The Illuminati Papers, The
Historical Illuminatus Chronicles, El
Ascenso de Prometeo, La Nueva
Inquisición, Psicología Cuántica,
Disparador Cósmico, y varios más de
sus libros eran textos canónicos para mí. Así que estaba muy bien informado sobre
su concepto de la Capilla Peligrosa, que era un tema central, y tal vez el tema central, no sólo en sus
escritos, sino en su vida. Y sin embargo, de alguna manera, no logré hacer la conexión
obvia entre ella y la espiral de mi crisis existencial-espiritual.
En
el prólogo de Disparador Cósmico
(publicado en 1977), titulado “Pensar en lo Impensable”, Wilson, cuyo nombre ya
había llegado a ser asociado con la idea de conspiraciones ocultas mundiales
debido a su coautoría de la trilogía Illuminatus!
- que él y Robert Shea escribieron con intención satírica épica - anunciaba “ya
no descreo en los Illuminati, pero tampoco creo en ellos”. A continuación
explicaba exactamente qué quería decir con esta afirmación extraña, y en el
proceso ofrece una definición o descripción de un estado particular de la mente
y el alma al que llama la Capilla Peligrosa, término que acuñó para referirse a
este estado, y ya es una parte regular del léxico de los buscadores espirituales
desde entonces:
En
la investigación de conspiraciones ocultas, finalmente uno se enfrenta a una
encrucijada de proporciones míticas (llamada la Capilla Peligrosa en el
ambiente). Uno sale de ella totalmente paranoico, o agnóstico; no hay un tercer
camino. Yo salí agnóstico.
La
Capilla Peligrosa, al igual que la misteriosa entidad llamada “Yo”, no puede
ser ubicada en el espacio-tiempo; es ingrávida, inodora, insípida e
indetectable por instrumentos ordinarios. De hecho, como el Ego, incluso es posible
negar su existencia. Y sin embargo, aún más similar al Ego, una vez que estás
dentro de ella, no parece haber ninguna salida hasta que pronto descubres que
ha sido traída a la existencia por el pensamiento y que no existe fuera del
pensamiento. Todo lo que uno teme está esperando con mandíbulas babeantes
dentro de la Capilla Peligrosa, pero si uno va armado con la vara de la
intuición, la copa de la simpatía, la espada de la razón y el pentáculo del valor,
encontrará allí (según las leyendas) la Medicina de los Metales, el Elixir de
la Vida, la Piedra Filosofal, la Verdadera Sabiduría y la Felicidad Perfecta.
Eso
es lo que siempre dicen las leyendas y el lenguaje del mito es poéticamente
preciso. Por ejemplo, si entras a ese reino sin la espada de la razón, perderás
la cordura, pero al mismo tiempo, si sólo tomas la espada de la razón sin la
copa de la simpatía, perderás el corazón. Incluso más notable, si te acercas
sin la vara de la intuición, puedes estar parado frente a la puerta durante décadas
y nunca darte cuenta que has llegado. Probablemente pensarás que sólo estás
esperando un autobús, o vagando de una habitación a otra buscando tus cigarrillos,
viendo un programa de televisión, o leyendo un libro críptico y ambiguo. La
Capilla Peligrosa es engañosa en esa forma.
Wikipedia
tiene un breve artículo sobre la Capilla Peligrosa que define el término en su
uso psicológico como “un término ocultista en referencia a un estado
psicológico en el que un individuo no puede tener la certeza de si es ayudado u
obstaculizado por una fuerza fuera de la esfera del mundo natural o si lo que
parecía ser la interferencia sobrenatural era un producto de su propia
imaginación”.
Hay
otra explicación en Maybe Logic, el
documental de 2003 sobre la vida y el pensamiento de Wilson, como se ve en este
fragmento esclarecedor:
En
el minuto 01:40, Wilson explica que
La
Capilla Peligrosa es una etapa en la búsqueda mágicka en la que los mapas
resultan ser totalmente inadecuados para el territorio, y uno está completamente
perdido. Y en ese punto obtienes un aliado que te ayuda a encontrar tu camino
de vuelta a algo que puedes entender. Y después de eso, durante el resto de tu
vida, te haces esta pregunta: ¿Ése aliado era un ayudante sobrenatural, o fue
sólo una parte de mi propia mente tratando de salvarme de volverme totalmente
loco con estas cosas? Entre las personas que conozco que han tenido este tipo
de experiencias, muy pocos de ellos han llegado a una conclusión absolutamente
certera sobre eso.
En
otro momento de la película, Wilson comparte algunos de los antecedentes
personales de su descubrimiento sobre la naturaleza ontológica y epistemológicamente
indeterminada de los encuentros con lo que parecen ser inteligencias y
entidades sobrenaturales y/o paranormales:
Alrededor
de 1973 estuve convencido durante un tiempo que estaba recibiendo mensajes
desde el espacio exterior. Pero entonces una lectora psíquica me dijo que en
realidad estaba canalizando a un antiguo filósofo chino, y otra lectora
psíquica me dijo que estaba canalizando a un bardo irlandés medieval. En ese
momento empecé a leer sobre neurología, y decidí que simplemente era mi cerebro
derecho hablando con mi cerebro izquierdo. Pero luego fui a Irlanda y me enteré
de que en realidad era un conejo blanco de 1,80 m de altura. Lo llaman el
Pooka, y los irlandeses saben todo al respecto.
De
nuevo, en Disparador Cósmico Wilson
escribió que cuando entras en este estado, cuando cruzas el umbral de la
Capilla Peligrosa y descubres que a pesar de que innegablemente están sucediendo
todo tipo de cosas extrañas y aparentemente imposibles, eres completamente
incapaz de decidir si son objetivamente reales o puramente imaginarias, “uno
sale de ella totalmente paranoico, o agnóstico; no hay un tercer camino”.
En
cierto sentido, sin embargo, nadie sale realmente de la Capilla Peligrosa. El
recuerdo de ella se convierte en una parte viva y presente de tu experiencia
cotidiana. Cuando Wilson dice que él personalmente salió siendo agnóstico, está
diciendo que salió con una comprensión y un sentido de las cosas permanentemente
alterados. La mayoría de las personas que se dicen agnósticas en realidad sólo son
racionalistas hedonistas, materialistas científicos, filisteos filosóficamente
sordos, y/o intelectualmente perezosos. Su supuesto agnosticismo es un fenómeno
puramente cerebral, a veces sincero, a veces simplemente frívolo, y en cualquier
caso no llega a sus núcleos. El agnosticismo de Wilson, por el contrario, era
existencial.
No
me daba cuenta en ese momento, pero mis experiencias de ataques aparentemente
sobrenaturales/demoníacos representaban una especie de sacudón epistemológico
que estaba calibrado para dar lugar exactamente a la misma comprensión de la indeterminación
ontológica, metafísica, y cosmológica. Y no fue hasta que realmente comencé a entender
y dominar este hecho, algunos años más tarde, gracias a estudios y lecturas de
amplio rango combinadas con varias conversaciones e interacciones en línea y en
persona, que descubrí que había una contracultura espiritual y filosófica existente
- gran parte de ella directamente asociada con el flamante movimiento del
neo-chamanismo, como vibrando en concordancia profunda con el renacido
movimiento psicodélico - cuyos miembros ya sabían todo acerca de este tipo de
cosas. Yo resulté ser el último en enterarse.
*
* *
El
término “Capilla Peligrosa” viene de Le
Morte d'Arthur de Sir Thomas Malory, que contiene un episodio en el que Sir
Lancelot visita dicha capilla y se resiste exitosamente a los intentos de
seducción de una hechicera llamada Hellawes. Aunque la historia de Malory es
aparentemente el primer lugar donde la Capilla Peligrosa es llamada así explícitamente,
este tipo de escenario - una capilla misteriosa donde un héroe se somete a una prueba
o tentación, mientras cumple con una misión sagrada - ya era un elemento básico
de las leyendas del Grial en la época en que Malory escribió y compiló su colección
ya clásica de cuentos del rey Arturo en el siglo XV.
En
1922 T.S. Eliot incorporó la Capilla Peligrosa al apocalíptico páramo cósmico
de La Tierra Baldía y, en las notas
que acompañan al poema, de forma explícita refiere al lector a otro libro para
explicar y comentar su uso central del motivo del Grial. “No sólo el título,”
escribió, “sino también el plan y una buena parte del simbolismo incidental del
poema fue sugerido por el libro de la señorita Jessie L. Weston sobre la
leyenda del Grial: From Ritual to Romance”.
Publicado
en 1920, From Ritual to Romance es
una obra emblemática de la erudición antropológica y mitológica en el que la
señora Weston, una investigadora y folclorista independiente especializada en
textos medievales artúricos, revela ostensiblemente vínculos entre los diversos
componentes de las leyendas del Grial y los mitos, creencias y rituales de los antiguos
cultos mistéricos pre-cristianos de Europa. Ella se centra especialmente en el
cuento del Rey Pescador, que en su forma primigenia/arquetípica implica a un
rey cuyo reino queda desolado cuando él mismo cae gravemente enfermo o se
vuelve impotente, y por eso envía un valiente caballero - Percival en algunas
versiones, Gawain en otros, o a veces algún otro - para encontrar el Santo
Grial, que restaurará la salud a todos. Hacia el final de la misión, el
caballero tropieza con la pesadilla Capilla Peligrosa (que, como se señaló
anteriormente, no siempre se llamó así, y a veces no es una capilla, sino un
Cementerio Peligroso), donde se somete a una prueba severa para finalmente
resurgir y traer a casa el Grial.
Los
comentarios y análisis de la señora Weston en de estas cuestiones son
oscuramente evocativos. Ella dedica sus energías a desarrollar la idea de que
las antiguas raíces de la leyenda del Grial en general, y la experiencia de la Capilla
Peligrosa en particular, residen en las historias más antiguas sobre una
iniciación terrible que implica una zambullida en el otro mundo, con consecuencias
posiblemente terribles que se extienden al reino físico:
Esta
es la historia de una iniciación (o quizás sería más correcto decir la prueba
de aptitud para una iniciación) llevada a cabo en el plano astral, que
reacciona con resultados fatales sobre el [plano] físico. (...) El ritual del Misterio
estaba compuesto por una iniciación doble, la más baja, a los misterios de la
generación, es decir, de la vida física; la más alta, a la Vida Espiritual Divina,
donde el hombre se hace uno con Dios. (...) La prueba para la iniciación
primaria, aquella iniciación a las fuentes de la vida física, probablemente
consistiera en un contacto con los horrores de la muerte física, de allí que la
tradición de la Capilla Peligrosa, que sobrevive en los romances del Grial en forma
confusa y contaminada, fuera una reminiscencia de la prueba para esta
iniciación inferior.
En
un momento ella reprende a algunos de sus colegas académicos por centrarse
exclusivamente en las supuestas raíces celtas de la tradición en cuestión, y
argumenta que tiene un pedigrí mucho más profundo y más amplio, tanto histórica
como espiritualmente, de lo que muchos estaban acostumbrados a imaginar:
Las
visitas al Otro Mundo no siempre son derivaciones del folclore celta. Si no me
equivoco la raíz de este tema está mucho más profundamente enterrada que en las
arenas movedizas de los cuentos populares y las leyendas de hadas. Yo creo que
es esencialmente una tradición de los Misterios; el Otro Mundo no es un mito,
sino una realidad, y en todas las épocas ha habido almas que han estado
dispuestas a enfrentar a la gran aventura y a arriesgarlo todo por la
oportunidad de traer de vuelta con ellos cierta seguridad para la vida futura.
Naturalmente tales aventuras pasaron a la tradición junto con los hombres que las
realizaron. Las primeras razas de los hombres se convirtieron en semimíticas,
sus creencias y sus experiencias fueron relegadas a una tierra brumosa, donde
sus figuras asumieron contornos fantásticos, y el registro de sus obras se fue
separando cada vez más y más de la precisión histórica.
Los
poetas y soñadores tejieron sus redes mágicas, y un mundo separado del mundo de
la experiencia real vino a la vida. Pero no era todo mito, ni todo fantasía; había una base de verdad y realidad
en los cimientos del desarrollo místico y la verdadera crítica no se contentará
con vagar en estas tierras encantadas, y con considerar todo lo que se reúne
como el resultado de la imaginación humana (...) Los romances del Grial reposan
finalmente, no en la imaginación de un poeta, sino sobre las ruinas de un
antiguo y augusto ritual, un ritual que en otras épocas era el guardián
acreditado de los secretos más profundos de la Vida. Expulsado de su alto estatus
por la fuerza implacable de la evolución religiosa - después de todo Adonis,
Attis y sus congéneres, no eran más que ‘semidioses’ que debieron ceder el
lugar cuando ‘los Dioses’ mismos arribaron – se negó a desaparecer; abiertamente,
en la práctica popular, dondequiera que el bienestar de la tierra pueda ser
asegurado; en secreto, en lo impenetrable de una cueva o montaña, o en el
aislamiento de una isla, donde los que ansían un contacto más razonable (no
necesariamente sensual) con las invisibles fuerzas Espirituales de la Vida que
el que ofrece el desarrollo ortodoxo del cristianismo, pudo - y así lo hizo -
encontrar satisfacción.
Toda
la leyenda del Grial, entonces, al menos de acuerdo a este análisis, puede leerse
como una historia codificada sobre una iniciación a veces terrible a realidades
sobrenaturales, con implicaciones que se extienden a lo físico, y la Capilla
Peligrosa es el lugar simbólico primario de este momento decisivo de prueba y
de transición.
Pero
- y esto es crucial - ¿es la Capilla Peligrosa necesariamente un lugar al que
vas, o quizás puede ser algo que viene a
ti? En Realidad Daimónica,
Patrick Harpur escribe provocativamente sobre varios tipos de iniciación a
realidades daimónicas/liminales /sobrenaturales, incluyendo no sólo las
habituales (pero demoledoras) experiencias chamánicas de muerte-y-renacimiento,
sino también el poder de la iniciación espontánea de los sueños, que está abierto a todo el mundo. Entonces, de repente pasa
a considerar un tipo separado de iniciación, que es cualitativamente distinta
del resto, y que ilustra haciendo referencia a la vida y obra de John Keel,
autor de The Mothman Prophecies y
muchos otros. Las palabras de Harpur, y lo que señalan, son impresionantes:
Consideraré
otra forma de iniciación. Cuesta describirla, y de hecho puede que no sea nada
apropiado llamarla “iniciación”, puesto que aparentemente no implica la experiencia
de muerte y renacimiento de los viajes chamánicos subterráneos y celestes. Pero
implica un cambio, en ocasiones dramático, en el receptor, a menudo en forma de
un desarrollado sentido del Otro Mundo y un mayor grado de sabiduría a la hora
de relacionarse con él.
A
diferencia de la experiencia chamánica del Otro Mundo como un reino daimónico
penetrado durante estados alterados de conciencia, este otro tipo de iniciación
sucede a la inversa: el Otro Mundo penetra en este mundo. Nuestra realidad
cotidiana es realzada, repleta de sincronicidades extraordinarias, trascendencias
y sucesos paranormales. Las personas que investigan lo daimónico son
particularmente proclives a ella, aunque puede ocurrirle a cualquiera que se dedique
a la persecución de algún tipo de conocimiento o verdad (¡todos los estudiosos
saben, por ejemplo, que el libro que necesitan puede caer a sus pies desde la
estantería!).
Termina
con una declaración que resuena y resuena con las leyendas del Grial con su terrible escenario iniciático daimónico
de la Capilla Peligrosa: “En otras palabras, es un tipo de iniciación orientada
hacia un objetivo y, como tal, podría decirse que es una búsqueda”.
Esto
es fascinante. Esto es revolucionario. Sin embargo, basado en mi propia
experiencia, y también en la de un puñado de amigos y conocidos, así como en el
testimonio de la ficción del horror cósmico con su vibrante y venerable tropo
de los inesperados y desagradables descorrimientos y rasgamientos del velo de
la realidad (ver Los Sauces y El Wendigo de Blackwood, La llamada de Cthulhu y La música de Erich Zann de Lovecraft La Secta del Idiota y Nethescurial de Ligotti, Los Sucesos en la Granja de Poroth y El Negro del Cuerno, de Klein) - sobre
la base de todo esto, me pregunto si el tipo de iniciación que Harpur describe,
en la que el Otro Mundo irrumpe en éste, podría no suceder porque alguien la
busca sino simplemente porque aquello
quiere suceder: espontáneamente, de forma inesperada, inevitablemente, e
irremediablemente.
Tengo
que preguntarme si sucede no como el resultado de una búsqueda, no porque uno lo
ha estado buscando, sino porque aquello
lo persigue a uno.
*
* *
Como
dice en esta grabación, Terence McKenna, al hablar de la socavación y
transmutación psicodélica de la experiencia de la realidad de una persona (tal
era la misión de toda su vida), brinda una explicación realmente idónea
de la Capilla Peligrosa:
Robert
Anton Wilson (...) acuñó el término Capilla Peligrosa. Esto es cuando sucede algo
en tu vida y todo comienza a encajar y a tener sentido, demasiado sentido, ya
que parece venir desde el exterior y parece querer decir que o estás perdiendo
tu cordura o de alguna manera eres el foco central de una conspiración
universal que está llevándote hacia algún avance inimaginable. En el camino al
misterio pasas por etapas de amar a todo el mundo, campos geométricos coloridos
en movimiento, vidas pasadas, lo que sea. Pero estos son sólo hitos en el camino.
Cuando finalmente llegas a “la cosa”, la forma en que sabes que has llegado es
que te quedas mudo de asombro. Vas a decir: “¡Dios mío, esto es imposible. Esto
es inherentemente imposible. Si la palabra imposible se inventó por algo es por
esto. Esto no puede ser!”. Ahí nos encontramos en la cancha. Estamos en
presencia de la verdadera coincidentia
oppositorum.
En
julio de 2012 fue revelado, a través de una lectura pública de un fragmento del
libro de las memorias de Dennis McKenna de próxima publicación, The Brotherhood of the Screaming Abyss: My
Life with Terence McKenna, que su hermano Terence sufrió una horrible
experiencia durante un viaje de hongos psicodélicos en 1988 o 1989, el cual resultó
ser tan traumático que lo hizo abandonar las drogas psicodélicas, a excepción
de pequeñas dosis en ocasiones poco frecuentes, por el resto de su vida. Esto
cayó como una bomba en la considerable comunidad que presta atención a este
tipo de cosas, ya que Terence fue conocido por defender dosis “heroicas” de
psicodélicos durante muchos años después en sus libros y charlas, y dado a que
Dennis afirmara en el extracto del libro que muchas de las cosas que Terence
continuó patrocinando en sus últimos años, incluyendo la mayor parte de sus
especulaciones más locas sobre el 2012, la Onda de Tiempo Cero, las
inteligencias alienígenas del hipermundo psicodélico, y la organización
espontánea futura de la inteligencia orgánica a través de la Internet global -
en otras palabras, las cosas por las que era más popular – eran sólo parte de un
show, simplemente una performance filosófica que le servían para pagar las
cuentas. El extracto fue leído en voz alta por Bruce Damer a una audiencia en
el Instituto Esalen, en un evento organizado por Damer y Lorenzo Hagerty
(anfitrión y creador del podcast Psychedelic
Salon) y titulado “Un Chapuzón Profundo en la Mente de Terence McKenna”.
Pero entonces, sorprendentemente, fue sacado de la página Web del podcast, y
Lorenzo puso una nota explicando que “a petición de Dennis McKenna y la familia
McKenna este podcast permanecerá fuera de línea de forma indefinida. También
han solicitado que los comentarios sean borrados... Por desgracia, dicho material
de su próximo libro era parte de un primer borrador y no será incluido en la
edición publicada del libro”.
Así
es como Dennis McKenna, en ese pasaje ahora perdido de The Brotherhood of the Screaming Abyss - que al menos alguien
astuto ha conservado en la forma de una transcripción parcial - describe la
horrible ordalía que cambió la vida de su hermano:
La
crisis fundamental y existencial de Terence llegó abruptamente, en algún
momento de 1988 u ‘89. Todo lo que pasó después de ese evento fueron efectos
colaterales. No sé exactamente cuándo sucedió, ni exactamente qué fue lo que
sucedió; Estoy reconstruyéndolo a través de lo que Kat [su esposa en aquél
momento] me ha dicho, pero ella me ha ofrecido pocos detalles, y yo me resisto
a sondear.
Sucedió
mientras vivían en la Isla Mayor (Hawái), y fue durante un viaje de hongos que compartieron
que fue absolutamente aterrador para Terence. Fue aterrador porque, por alguna
razón, el hongo se volvió en su contra. El espíritu gentil, sabio, y humorístico
del hongo que él había llegado a conocer y en el que confiaba como un aliado y un
maestro se arrancó la careta para revelar un abismo de desesperación
existencial absoluta. Terence repetía, al menos por lo que Kat me dijo, que se
trataba de “una ausencia de todo sentido, una ausencia de todo sentido”. Y esto
indujo pánico en Terence, y probablemente, especulo, la sensación de que se
estaba volviéndose loco. No pudo manejarlo. Los esfuerzos de Kat para
tranquilizarlo fueron infructuosos. Después de esa experiencia, él nunca volvió
a tomar hongos, y tomó otras drogas psicodélicas, como DMT y ayahuasca, sólo en
raras ocasiones y con gran renuencia.
Sea
cual sea el contenido específico de aquella experiencia psicodélica, debió
provocar el colapso cognitivo de la visión del mundo de Terence y precipitó su
crisis existencial, y lo más notable fue que él no lo vio venir. No lo vio venir.
- De Dennis McKenna, The Brotherhood of the Screaming Abyss: My Life with Terence McKenna,
fragmento ahora extirpado
Esto
me pareció extraordinariamente fascinante, no sólo porque es una mirada
reveladora a un lado hasta ahora desconocido de Terence McKenna, cuya vida y
sabiduría se han vuelto muy importantes para mí en los últimos años, sino
porque encaja con una especie de perfección irritante con lo que describí en mi
novela Teeth como el efecto psicológico/espiritual
ampliamente envolvente que experimenta el narrador cuando se inicia a la fuerza
en una experiencia de terror cósmico sobrenatural. Varios días después del
evento desencadenante, que ocurre cuando el narrador observa un mandala y lo ve
como una apertura hacia un abismo infernal de dientes devoradores, él se hace
consciente de un cambio catastrófico en su psique:
¿Cómo
había llegado a esto en tan poco tiempo? Poco menos de dos semanas antes, había
estado llevando una vida bastante satisfactoria con un futuro brillante en el mundo
académico. Hallaba placer en mi trabajo y en mi modesta vida social, incluyendo
romances ocasionales. Había poseído una intensidad intelectual y emocional
brillante que granjeaba elogios de mis profesores. Y sin embargo, todo eso se
había torcido y socavado en un tiempo sorprendentemente corto. Cuando intenté
considerar mi futuro no vi nada, excepto un túnel negro interminable orlado de experiencias
dolorosas y sin sentido. El futuro era un camino oscuro y vacío que serpenteaba
a través de un paisaje maldito hacia las ruinas de una ciudad muerta. El viaje
era una pesadilla y el destino un infierno. Mis antiguas metas y placeres
cubrían mi psique como los cadáveres secos de mis seres queridos, y no quería
nada más que hundirme en el olvido, no importaba si era el sueño o la muerte.
¿Todo
esto era realmente cierto? ¿Era mi vida, era la existencia misma, de verdad lo
que ahora percibía?: nada más que un breve interludio en una serie ininterrumpida de horror, un sueño a veces entretenido
pero en última instancia vano que estaba destinado a terminar con un terrible
despertar a la permanente realidad del caos, de la locura, de la pesadilla,
de...
-
Matt Cardin, Teeth
Que
esto describiera esencialmente el estado interno de mi propio mundo real cuando
lo escribí - un estado que había evolucionado inexorablemente de aquellos ataques
nocturnos y (aparentemente) sobrenaturales que drenaban mi alma - y que hoy,
unos diecisiete años después de que escribiera esa historia, se haga manifiesto
que Terence McKenna, representante del recientemente maduro y prometedor
renacimiento psicodélico, y una figura cada vez más importante en mi propio
panteón intelectual, puede haber tenido un encuentro transformador con
semejante vacío succionador de almas de la total y horrible ausencia de sentido
mientras estaba en comunión con su amada planta maestra - que todo esto sea
cierto no sólo me alarma, sino que refuerza la sospecha que ha crecido en mí a
través del tiempo, a pesar de que he encontrado mi manera de salir de ese infierno
mental-emocional-filosófico:
Todos
estamos jugando con fuego, aquellos que perturbamos activamente la conciencia, y
también aquellos que experimentamos este tipo de perturbaciones inducidas por poderes
externos a nuestro conocimiento y control. En palabras de la narración de
cierre de una clásica serie de terror semanal de TV, el aspecto pesadillesco de
la realidad daimónica, el aspecto al que los grandes escritores de ficción de horror
cósmico han accedido e ilustrado en sus obras “siempre está ahí, esperando a
que entremos en él, y a la espera para entrar en nosotros”. Esto no es una mera
expresión poética, ni es mero entretenimiento estético o intelectual para
aquellos atraídos por el lado oscuro de la ficción, el cine, la filosofía y la
espiritualidad. Esta es mortalmente real.
Wilson
habló de la Capilla Peligrosa en cuanto a la percepción de la llegada de un
aliado espiritual que nos ayuda a atravesar una crisis. Pero hay otro pasillo
de la Capilla donde los aspectos del aliado son decididamente más oscuros, y
dónde es terriblemente difícil de verlo y entenderlo como un aliado. El hecho
de que el aliado clásico en las tradiciones esotéricas y ocultistas
occidentales sea nuestro propio demonio, genio, o Santo Ángel Guardián, hace
que este aspecto oscuro de la experiencia sea aún más preocupante; este “yo
superior”, es un demonio o daimón que, de acuerdo con la antigua comprensión
occidental, representa el plan y diseño divino para nuestra vida - y que, en el
contexto de hoy en día podemos metaforizar como la “mente inconsciente”, sobre
todo en sentido junguiano – entonces: ¿qué significa cuando ésta, la más íntima y personal de todas
las posibles realidades psicológicas/espirituales aparece en la forma de una
presencia demoníaca para agredirte?