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jueves, 28 de agosto de 2014

LA BELLE DAME SANS MERCI (Por Robert Anton Wilson)

LA BELLE DAME SANS MERCI

Por Robert Anton Wilson (publicado en Email al Universo)

Traducción: Mazzu



Las cuatro historias más extrañas y atemorizantes sobre drogas que conozco involucran a la belladona, una substancia por la cual ahora siento el mismo respeto sincero que tengo hacia los tigres hambrientos, los terremotos, las inundaciones, los incendios, el IRS, y el Dr. Hannibal Lecter.

La primera historia que contaré viene de un amigo que en los 60s fue un hippie pasado de rosca pero ahora, en 2004, es doctor en psicología. Probó la belladona en 1965 con la impresión de que provocaba casi los mismos efectos que el LSD. Cuando inmediatamente comenzó a tener convulsiones por la intoxicación, sus amigos lo llevaron apresurados al hospital donde el personal de la sala de urgencias le realizó un lavaje de estómago – probablemente salvándole la vida, pero demasiado tarde para salvarlo del delirio, debido a que la belladona ya había ingresado a su torrente sanguíneo.

Cuando retornó a lo que parecía ser el estado consciente normal, se encontró en una cama de hospital, rodeado por pacientes en otras camas con diferentes dolencias. Entonces una hermosa enfermera rubia de tetas enormes entró en la guardia, acompañada por una banda de jazz al viejo estilo de New Orleans.

Mientras mi amigo observaba en trance, la enfermera procedió a realizar un striptease clásico, pleno de coqueteos tentadores, pero la eventual desnudez total fue seguida por más sacudones. La música parecía ser más ruidosa y guarra que cualquier otra forma de jazz que él hubiera escuchado, y alcanzó un clímax dionisíaco cuando la enfermera se metió en la cama de un paciente entusiasmado y procedió a hacerle el amor ruidosa y repetidamente, y haciendo más posiciones que una docena de estrellas porno.

Mi amigo no sospechó para nada que aquello pudiera ser una alucinación. Ni tampoco le pareció que fuera un procedimiento médico innovador. Uno no se hace preguntas filosóficas u ontológicas durante un viaje de belladona en la manera en que usualmente lo hace con las sustancias psicodélicas verdaderas. Recién comenzó a preguntarse si algo de todo aquello habría sido cierto la mañana siguiente.

... Y esa es toda la historia. La belladona borra de nuestra memoria gran parte de lo que uno vio durante el viaje. Él debió tener otras docenas de visiones esa noche pero todo lo que pudo recordar fue a la enfermera de la Clínica Mitchell Brothers para los Terminalmente Calientes. Supongo que yo también la habría recordado.

La segunda historia, aún más desconcertante, viene de otro veterano de los 60s, pero he perdido contacto con él y no tengo idea qué habrá sido de su vida. Me contó que tomó belladona en su cuarto del dormitorio de la universidad a la que asistía y luego esperó a que aparecieran los fuegos psicodélicos y las experiencias trascendentales.

Durante un rato nada sucedió.

Entonces su amigo Joe entró a la habitación y le preguntó qué estaba haciendo. Él le contó a Joe sobre la belladona y le dijo que estaba esperando a que surtiera efecto. Joe le preguntó algo, pero él no le escuchó bien.

Entonces su amigo Joe entró a la habitación y le preguntó qué estaba haciendo. Él le contó a Joe sobre la belladona y le dijo que estaba esperando a que surtiera efecto. Joe le preguntó algo, pero él se distrajo porque había dos Joes en la habitación. Trató de explicar el asunto de los dos Joes, pero entonces uno de ellos se esfumó. Intentó decirle a Joe “oye, tú ya estabas aquí antes de entrar”, pero su lengua parecía incapaz de funcionar y pensó que estaba gruñendo como un cerdo.

Entonces su amigo Joe entró a la habitación y él sintió el Miedo. Huyó del cuarto y saltó sobre su motocicleta para escapar a través del campus hasta la carretera más cercana lo más rápido que diera el motor.

Él ni siquiera tenía una motocicleta. A menudo me pregunto qué habrá pensado la gente en el campus o en la carretera cuando lo vieron pasar a la carrera en su moto fantasma...

Las brujas medievales agregaban belladona a sus pociones, y algunos académicos piensan que esa es la razón por la cual creían que podían volar por el cielo en sus escobas. Las brujas modernas – al menos las que yo he conocido – prudentemente la han sustituido por el cannabis, que es más amable y gentil.

A la mañana siguiente mi amigo retornó a la “realidad consensuada” y se encontró en una acequia a varias millas del campus. No tenía moretones ni heridas – ni tampoco la moto de alguien más – pero habían desaparecido su zapato y calcetín del pie derecho. Nunca los encontró, y nunca pudo recordar nada más de aquella noche.

La historia más larga involucra mi propia experiencia con la belladona en 1962. ¿Qué puedo decir sobre por qué lo hice? Aún no había escuchado las historias que acabo de contar, era joven, era un maldito idiota, y el tipo que me la dio me dijo que era “igual que el peyote”.

Déjenme aclarar que esto sucedió en una granja perdida en medio del bosque.

Unos pocos minutos después de haberla ingerido – la bebí como té, en realidad – mi esposa Arlen desarrolló un severo caso de crecimiento de colmillos y rápidamente se convirtió en una vampiresa hermosa, sexy, y pelirroja con malicia en sus ojos. Inmediatamente corrí al fregadero de la cocina, me metí un dedo en la garganta y me forcé a hacer varias arcadas dolorosas hasta vomitar. Cuando ya no pude vomitar más, le dije a ella – se veía normal nuevamente por el momento: hermosa, sexy, y pelirroja pero amigable, no vampírica – “esto es un mal viaje, pero encontraré el camino de vuelta hacia ti, lo prometo”.

Esas fueron las últimas palabras cuerdas que dije durante las siguientes 12 horas.

Recuerdo haber realizado una larga caminata a través de un bosque de mágicas joyas verdes junto al Leñador de Hojalata de Oz. Después, al día siguiente, se hizo claro que se trataba de Jeff, un amigo al que Arlen telefoneó para ayudarme en la emergencia. Él me estaba paseando alrededor de la cabaña, pensando que el aire fresco me ayudaría.

Recuerdo unos enanos con uniformes nazis tratando de arrastrarme hacia una caldera literalmente “caliente como el Infierno”. Nunca había sentido tanto terror en mi vida.



Espacio en blanco: pérdida de memoria.

Recuerdo haber pensado que lo peor ya había pasado y trataba de decirles a Arlen y Jeff que en realidad algunas partes habían sido bastante buenas. Yo encendía un cigarrillo tras otro, fumando en cadena. Jeff y Arlen me vieron prender el encendedor repetidamente pero nunca tuve un cigarrillo en la boca.

Recuerdo tratar de explicar algo que había descubierto Allá Afuera. Arlen lo anotó. La nota decía “los críticos literarios deberían ser fusilados por culpa de la administración de los Kennedy en el Espacio Exterior del ají Núremberg que explotó”.

No tan buenas como las últimas palabras de Dutch Schultz, diría, pero un poco mejores que lo que William James trajo de vuelta de su aventura con el óxido nitroso: “por encima de todo, hay olor a cebollas fritas”.

Cerca del amanecer tuve que ir al baño, que estaba afuera. Jeff me acompañó para asegurarse de que no me esfumara en la Dimensión Rosada o que desapareciera en medio de las cosas zumbadoras y silbantes del Reino del Batacazo.

Abrí la puerta del baño y descubrí que Jeff ya estaba allí. Cerré la puerta y le dije “no puedo entrar. Tú estás allí dentro”.

Me persuadió razonablemente de que él no estaba adentro sino afuera conmigo, así que volví a abrir la puerta y, no encontrando a nadie allí, me eché una saludable cagada.

Me sentí mucho más cerca de lo “normal” cuando salí, pero entonces vi que King Kong estaba mirándome por encima de las copas de los árboles. Parecía divertido y poco amenazador, y cuando volví a mirar se había convertido en otro árbol más.

Al día siguiente comencé a retornar lentamente al mundo ordinario, y al atardecer me sentía lo suficientemente bien como para ir a ver una película, Los Siete Samuráis de Akira Kurosawa. Disfruté de la primera mitad, especialmente de la técnica innovadora de alternar el blanco y negro con el color, pero durante la segunda mitad la nariz de Toshiro Mifune comenzó a crecer como la de Pinocho y supe que estaba alucinando de nuevo, lo cual me irritó un poco.

No ocurrieron más flashbacks aproximadamente durante un mes y entonces un día toda la gente en el supermercado se transformó en iguanas. Eso duró sólo unos segundos, y ese fue el final del viaje. Nunca volví a probar esta sustancia nuevamente, y espero que ustedes tampoco lo hagan.

La última historia se la escuché al escritor William Burroughs, quien una vez había comprado “morfina” que algún vivillo había cortado con belladona. Él nunca recordó nada de la experiencia, pero un amigo suyo sí: dijo que en cierto momento William se acercó a una ventana, la abrió, y sacó una pierna afuera.

“¿Qué mierda estás haciendo?” le preguntó su amigo.

“Voy a bajar a buscar cigarrillos” respondió William. El amigo lo agarró y lo arrastró de vuelta adentro de la habitación, que estaba en un tercer piso.

“Bella donna”, por cierto, significa mujer bella en italiano. Vaya uno a saber.




martes, 26 de agosto de 2014

ALQUIMIA SEXUAL por Robert Anton Wilson

ALQUIMIA SEXUAL

Fragmento de Email al Universo de Robert Anton Wilson (2005)
Traducción: Mazzu




La Carroza Triunfal del Antimonio de Basilio Valentín (1642) contiene el siguiente pasaje típico de exposición alquímica:

Que el León y el Águila se preparen debidamente como Príncipe y Princesa de la Alquimia – ya que deben estar inspirados. Que la Unión del León Rojo y el Águila Blanca no sea ni fría ni caliente... entonces llegará el momento de poner el elixir en la retorta para ser sometido al calor suave... si se logra la Gran Obra de la transubstanciación entonces el León Rojo se alimentará de la carne y la sangre del Dios, para que el León Rojo a su vez alimente debidamente al Águila Blanca – sí, que la Madre Águila brinde sostén y protección a la vida interior

En general el pasaje precedente es representativo de la límpida claridad de exposición y de la lucidez estilística cristalina que puede encontrarse en la literatura alquímica. Todavía podemos ver por qué tantos historiadores racionalistas han concluido simplemente que los alquimistas se habían chiflado de tanto inhalar vapores narcóticos y/o tóxicos y escribían esas jerigonzas alucinógenas.

Ocultistas de varias escuelas, por supuesto, tienen otras ideas. Todos concuerdan en que la literatura alquímica fue escrita en código – porque “la humanidad aún no está preparada para recibir ciertos conocimientos”, dicen los esotéricos; porque cualquier alquimista que hubiera escrito con claridad hubiera atraído sobre sí toda la ira de la Inquisición, dicen los más pragmáticos. Desafortunadamente, hay unas cuantas docenas de teorías sobre el significado del código. Lo que sigue a continuación es la teoría que yo he encontrado más satisfactoria a lo largo de los años, a pesar de que no soy lo suficientemente listo como para estar absolutamente seguro de que sea la única teoría correcta.

Según Louis T. Culling, Gran Maestro de una logia ocultista llamada G.B.G. (Great Brotherhood of God, Gran Hermandad de Dios), en su Manual de Magia Sexual, los principales términos del código y sus traducciones serían los siguientes:

LEÓN ROJO – el alquimista, el varón o su pene.
ÁGUILA BLANCA – la compañera del alquimista, o su vagina
RETORTA – la vagina y/o el útero.
TRANSMUTACIÓN – (o transubstanciación) un estado alterado de consciencia
ELIXIR – el semen

Aplicando esta clave al párrafo gnómico de Valentín, descubrimos que está instruyendo al alquimista novato para encontrar una pareja apropiada, y asumir una actitud “real” o noble – es decir, él es un Príncipe y ella una Princesa, por ende ya no son gente ordinaria (compárese al eslogan de Tim Leary de los 60s “cada hombre es un sacerdote, cada mujer una sacerdotisa, y cada hogar un templo”)

La unión de la pareja alquímica no debe ser “ni fría ni caliente” – deben sentir pasión, no indiferencia del uno para el otro, ni debe ser algo casual; pero tampoco deben ser demasiado apasionados. Es decir, no deben galopar hacia el clímax en la manera tan típica de nuestra cultura. La comunión sexual, resumiendo, debe ser tántrica, llevándolos a la “transubstanciación” – un estado de consciencia más elevado.

El finado Dr. Francis Israel Regardie, un tipo notable con dos carreras y dos personalidades separadas – como el Dr. Francis Regardie fue un psicoterapeuta reichiano, y como Israel Regardie escribió una serie de libros que han influenciado más al ocultismo americano contemporáneo que el trabajo de ningún otro autor– también enseñaba esta interpretación de la alquimia, pero a diferencia de Culling, sólo a través de los códigos tradicionales. Por ejemplo, en El Árbol de la Vida Regardie ofrece el siguiente consejo sobre cómo puede hacer el mago cabalista para sumar la alquimia a su trabajo:

Aplicando el estímulo de la calidez y el Fuego espiritual al Atanor, se verá una transferencia, un ascenso de la Serpiente desde ese instrumento a la Cucúrbita, usada como retorta. La boda alquímica o la mezcla de las dos corrientes de fuerza en la retorta provocan la corrupción química de la serpiente en el menstruum del Gluten, siendo esto la parte Solve de la fórmula alquímica Solve et Coagula... la operación no debe tomar más de una hora.

El Dr. Regardie ofrece una pista más útil al decir que a pesar de parecer compleja, la operación “no es más difícil que montar en bicicleta”. En una carta, el Dr. Regardie reconoció jovialmente que yo lo había decodificado correctamente. Culling difiere de Regardie principalmente al afirmar que el ascenso de la Serpiente requiere al menos dos horas.

Si algunos lectores todavía no captan las implicancias del acto tántrico prolongado, consideren los amplios indicios siguientes, de una obra de Thomas Vaughn, otro alquimista del siglo XVII más o menos contemporáneo de Basilio Valentín:

El verdadero horno es una simple y pequeña concha... pero casi olvido deciros que aquello que es el todo en el todo, y es lo más difícil de lograr en el arte, es el fuego... la proporción y régimen del mismo son muy escrupulosos, pero la mejor regla a tener en cuenta es aquella del Sínodo: “no dejéis que el ave se vuele de su jaula”. Hacedlo reposar mientras le dais fuego y luego estaréis seguros de vuestro éxito. Para finalizar debo deciros que los filósofos llaman a este fuego su baño, pero es un baño de la Naturaleza, no uno artificial; ya que se bañan sin ninguna clase de agua... en una palabra, sin este baño, nada en el mundo sería generado.

Como señaló Kenneth Rexroth en su introducción a Las Obras de Thomas Vaughn, Vaughn parecía estar menos preocupado en ocultar el secreto que los alquimistas de la antigüedad, y más decidido a esclarecerlo ofreciendo progresivamente más y más indicios amplios. Hay un solo baño en el cual son generadas todas las criaturas y es el baño de los fluidos vaginales, que no es “ninguna clase de agua”. El horno que también es una concha es una bella imagen poética de la anatomía femenina, digna de John Donne – cuyos poemas a veces sugieren que conocía el secreto. Nótese especialmente “Alquimia de Amor”, con su “marmita preñada” y en “Éxtasis”, con claro énfasis tántrico.

El “ave” (“bird”, término jergal en inglés para referirse a la mujer, pero también una referencia cruzada al símbolo tradicional del Águila) debe reposar mientras el alquimista le da fuego. Esto, por supuesto, es la posición tántrica tradicional, que ralentiza la comunión sexual y crea una intimidad y una ternura mucho mayores. De manera similar, los amantes del “Éxtasis” de John Donne se sientan y se hacen “uno en la imagen de los ojos del otro”, haciendo pensar a la mayoría de los comentaristas que no había implicado un contacto sexual, aunque la posición yabyum (sentada) del Tantra también demanda una comunión a través del contacto visual.



John Donne y otros isabelinos que mostraron signos de conocer esta tradición – Sir Philip Sydeney y Sir Walter Raleigh principalmente, aunque también intenten releer los sonetos de Shakespeare con este modelo en mente – probablemente habían sido influenciados por Giordano Bruno de Nola, que dio clases en Oxford cuando Donne estaba allí. Fue durante esos años en Oxford que Bruno publicó Eroica Furioso, que alterna entre poemas de amor con pasajes en prosa sobre la unión del alma con Dios. Usualmente se asume que dichos poemas son alegorías sobre el peregrinaje del alma, pero de la misma manera también pueden ser claves sobre el yoga que produce la unión y comunión máximas. (Incidentalmente, el historiador Frances Yeats cree que Bruno fue el modelo de al menos dos personajes de Shakespeare – Berowne en Trabajos de Amor Perdido y Próspero en La Tempestad.)

Bruno posteriormente retornó a Italia, donde la Inquisición lo mantuvo encerrado en un calabozo durante ocho años para luego quemarlo en la hoguera. La mayoría de los historiadores señalan que el Nolano (como le gustaba llamarse a sí mismo) fue condenado solamente por enseñar la teoría astronómica de Copérnico, pero en realidad había sido acusado de 18 delitos, incluyendo la práctica de Magiak y la organización de sociedades secretas ocultistas dedicadas a derrocar al Vaticano. Frances Yeats sospecha que esto último pudo haber sido cierto y halla mucha influencia de Bruno en los primeros manifiestos rosacruces. Ciertamente, Las Bodas Alquímicas de Christian Rozenkreutz muestran mucho más que un leve tinte del tantrismo de Bruno, y de “aforismos oscuros” como “sólo es en la Cruz que florecerá la Rosa” que sugieren fuertemente tanto el estilo de magiak sexual de Bruno, como su amor por las paradojas (dos de los koans favoritos de El Nolano eran “¡cuánta suciedad en lo sublime, y cuánta sublimidad en la suciedad!” y “triste en la alegría, y alegre en la tristeza”).

La pregunta de cómo fue que llegó esta tradición tántrica a Europa tiene una respuesta poco clara y ambigua. Ezra Pound, en adición a todos sus otros logros e infamias, fue uno de los principales estudiosos en el área de la poesía francesa antigua, y en la edición revisada de 1916 de El Espíritu del Romance incluyó un capítulo donde presentaba evidencias de que había existido un culto tántrico en Provenza durante la época de los Trovadores y que es aludido comedidamente en gran parte de su poesía. En adición a los datos presentados por Pound, debo señalar que la métrica típica de los trovadores, las siete stanzas, podrían referir a los siete “chakras” del yoga tántrico. Ciertamente, no hay nada en la literatura europea previa (aunque sí en el Tantra) que precediera al chocante verso de Pierre Vidal que dice “creo ver a Dios en la desnudez de mi dama”. Eso era una blasfemia escalofriante en el momento en que fue escrito; pero un hermoso verso de Sordelo se adentra más aún en la tradición del Tantra:

Si no huyes, Dama dueña de mi alma,
ninguna otra vista me inspirará pensamientos de belleza

Pound suponía (y admitiendo que estaba haciendo una suposición) que este “yoga de las energías masculinas y femeninas” había salido a la superficie en la edad media en Francia luego de mil años de existencia subterránea como herejía gnóstica. Louis de Rougemont, sin embargo, en El Amor y Occidente, presenta un impresionante cuerpo de evidencia de que el yoga de los trovadores había sido traído por los cruzados de Oriente Medio que lo aprendieron de los místicos árabes, probablemente de los excéntricos sufíes.

Louis Culling, ya citado, afirma que la tradición tántrica en occidente es definitivamente de origen sufí y también que está codificada en las Rubaiyat de Omar Khayaam. Este alegato está basado, lamentablemente, en “enseñanzas internas” de varias órdenes ocultistas y no en fuentes reconocidas por los historiadores. También parece haber un elemento tántrico en Mahmoud Shabistari, un sufí del siglo XIV, que escribió “en cada átomo están contenidos mil seres racionales”.

La Ordo Templi Orientis (de la cual Aleister Crowley fue el Jefe Externo durante un cuarto de siglo) enseña elementos del Tantra en nueve lentos “grados” de iniciación cuidadosamente programados; el primer grado atribuye esta tradición inequívocamente al sufismo en general, y en particular a Mansur el Hallaj – un mártir sufí que fue lapidado por proclamar la eminente doctrina tántrica (y vedanta) “yo soy la Verdad, y dentro de mi turbante no hay otra cosa que Dios” (algunos iniciados de la O.T.O. piensan que la historia real de Mansur es el origen del mito de Hiram de la masonería ortodoxa). En mi libro Sexo, Drogas, y Magiak: un Viaje Más Allá de los Límites, le di cierto crédito a estas historias pero sugiriendo que el papel principal había sido interpretado por Hassan i Sabbah, fundador de la secta ismaelita del Islam, que usó tanto drogas como sexo tántrico para producir experiencias psicodélicas que supuestamente hicieron que muchos creyeran literalmente que tenían el privilegio de estar en el Paraíso en vida.

Este es el punto donde la mayoría de los comentaristas de este Arte suelen tropezar o donde comienzan a agitar los brazos y a aullar de rabia. Algunos piensan que todo lo que hay que hacer es adoptar la “actitud correcta” durante el sexo y ¡presto! uno ya es un alquimista, un mago, o al menos una especie de hermético. Otros proclaman que todo este tipo de yoga es “negro” y del “sendero izquierdo” y sin dudas diabólico. Ya que no puedo esperar disolver los prejuicios de este último grupo en un artículo corto, al menos espero sacudir la ingenuidad del grupo anterior.

El yoga tántrico requiere al menos de tanta disciplina como el hatha yoga y tanta capacidad de dar amor y de entrega como el bhakti yoga. Para ser realmente efectivo, el sexo tántrico debe tener la delicadeza de una compañía de ballet de primera línea y la ternura de la comunión verdadera – en el sentido religioso del término.

Aleister Crowley, el principal proponente de este tipo de yoga en nuestro siglo (y el maestro de Louis Culling, por cierto) dijo que estas prácticas requieren de “las noventa y nueve reglas del Arte”. Crowley ha expresado esto en todos lados a través del mantra  – que tiene muchos significados adicionales más allá del tántrico – “Amor es la ley, Amor bajo Voluntad”. Uno sólo sabe que ha dominado el arte si llega a un estado de consciencia en el cual uno puede comprender inmediatamente, sin dudas ni titubeos, el significado de otro de los aforismos herméticos de Crowley “cada Hombre y cada Mujer es una Estrella”.

El poder del Tantra puede ser apreciado mediante el hecho de que Ezra Pound, que nunca estudió este arte guiado por un maestro, aprendió lo suficiente de sus años de escrutinio de los textos de los trovadores que en su ensayo sobre Guido Cavalcanti de 1933 ya habla de “magnetismos al borde de lo visible” y “la consciencia extendiéndose varios pies más allá del cuerpo”. Estos son signos característicos del pasaje del sexo ordinario al meta-sexo, del acto tosco al que Shakespeare llamó un “truco momentáneo” a la trascendencia tántrica. No vale la pena discutir sobre lo que sucede más allá de esos magnetismos y esa expansión de la consciencia; los que saben, saben – y los que no saben, simplemente no lo creerán.

Uno puede aventurar, sin embargo, que la mezcla de los magnetismos yang y yin tiende a producir un tercero sinérgico que quema o consume los elementos originales. Kenneth Grant, un crowleyano excéntrico obsesionado con la magiak menstrual (“el Misterio del Oro Rojo”), se refiere a esto como la “bisexualización de la pareja”. Más precisamente, uno puede decir que, en términos chinos, el yang activo se convierte en yang pasivo, el yin pasivo se convierte en yin activo, y ambos tienden a fundirse en el Tao para reemerger en nuevas e inesperadas formas. La notoria ecuación de Crowley 2=0, la cual según él explicaba el universo y eventualmente explicaría la mecánica cuántica, al menos es útil como glifo para esta etapa de la mutación alquímica. Y, a pesar de que Crowley amaba jugar al cuco para aterrorizar a los ingenuos y a los nerviosos, uno debería tomar su advertencia con cierta seriedad cuando dice en Magiak:

Se dice que la Copa debe ser llenada con la Sangre de los Santos; es decir, todo santo o mago debe poner hasta la última gota de su sangre vital en esa copa en la verdadera cámara Nupcial de la Rosa Cruz... la copa a llenarse es la copa de una mujer... la Cruz es al mismo tiempo Muerte y Generación, y es en la Cruz donde la Rosa florecerá.

Uno debe tener conocimientos de análisis tanto freudiano como junguiano para comprender esto aunque sea levemente, hasta tener la experiencia. Pero cualquiera que haya probado el LSD en los 60s sabe algo sobre Muerte y Renacimiento; no somos una generación totalmente desprevenida para estos Misterios.

Esto comienza a sonar demasiado metafísico. Los procesos implícitos pueden ser definidos de manera muy materialista en términos de mover el centro de la Consciencia de su dominio usual en el hemisferio izquierdo del cerebro y del sistema nervioso simpático (activo) para balancear ambos hemisferios y lograr una habilidad creciente de relajarse en el sistema nervioso parasimpático (pasivo, receptivo). La vieja terminología mística persiste principalmente porque es poéticamente precisa y psicológicamente muy sugestiva.

Vale la pena citar al Dr. J.W. Brodie-Innes, un iniciado de la Golden Dawn en Inglaterra en la década de 1890 que sobre la relevancia de los conceptos ocultistas tradicionales dijo:

Si los Dioses, las fuerzas Qliphóticas o los Jefes Secretos existen es relativamente irrelevante; el punto es que el universo se comporta como si existieran. En cierto sentido, toda la filosofía de la práctica de la Magiak es idéntica a la posición pragmática de Pierce, el filósofo americano.

En otras palabras, nunca conocemos “el universo” per se; conocemos el universo filtrado a través de nuestra consciencia, y cuando la consciencia se altera, el universo conocido se altera. Crowley definía la Magiak como “el arte de provocar cambios a voluntad”, y Dion Fortune la definió como “el arte de provocar cambios en la consciencia a voluntad”, y ni siquiera era una simplificación o estaba tratando de ser amable. La tradicional “Cortina de Hierro” aristotélica entre la Mente y el Universo no tiene sentido en la magiak, por la misma razón que tampoco lo tiene ya para la física cuántica. Como escribió John Lilly:

... si uno ingresa las creencias apropiadas en los niveles metaprogramáticos (del cerebro)... la computadora entonces construirá (a partir de la miríada de elementos guardados en la memoria) aquellas experiencias posibles que encajen en este conjunto de reglas en particular. Esos programas se ejecutarán y mostrarán lo apropiado para las suposiciones básicas de su programación almacenada.

El puritano que mira a la Playmate del Mes ve algo desagradable, horrible, diabólico, y pecaminoso; Pierre Vidal vería otra manifestación de la gloria de Dios. Todo depende de la programación de la biocomputadora. Pero todos los programas tienden a volverse profecías autocumplidas; un caso clásico es el del hombre triste y melancólico que busca la oscuridad, evita la luz del sol o anda siempre con gafas oscuras, y gradualmente se vuelve aún más sombrío hasta llegar a la depresión clínica. Ha creado el conjunto y el escenario para la depresión.

En cambio, quienes han logrado la Unión Divina con una pareja sexual amada tienden a crear sus propias profecías autocumplidas, y el efecto más común es que todas las cosas se vuelven tan hermosas como la mujer desnuda en la que Vidal vio a Dios; esta transmutación de la experiencia es llamada “multiplicación de la primera materia” y muchos alquimistas dicen con gracia que este “oro”, a diferencia del oro ordinario, no puede ser gastado, porque cuanto más de él le pasa uno a los demás, más tiene.

Todas las religiones predican la caridad y el perdón; pero esas virtudes son difíciles de practicar cuando uno está rodeado de hijos de puta. Cuando se encuentra el “oro” alquímico, cuando la consciencia muta, uno se encuentra rodeado de dioses y diosas, y cuanto más “oro” uno da, más le es devuelto por la cada vez más divina Madre Águila. Es simple, del Tantra al panteísmo hay un paso corto y casi inevitable. No es un accidente que William Blake, quien, al igual que Shabistari, viera “el infinito en un grano de arena”, también escribiera la crítica más aguda al odio puritano y ascético a Eros:

Niños de una edad futura
Al leer esta página indignada
Sabed que en un tiempo pasado
¡Al Amor, al dulce Amor, se le creyó un crimen!