domingo, 8 de marzo de 2015

METAPROGRAMACIÓN (por Antero Alli)

METAPROGRAMACIÓN
Cuando el cerebro autoconsciente se programa a sí mismo
por Antero Alli






Fragmento de The Eight-Circuit Brain, de Antero Alli

Traducción: Mazzu




“En la provincia de la mente, lo que uno cree verdadero es verdadero o se vuelve verdadero, dentro de ciertos límites hallados a través de la experiencia y la experimentación. Estos límites son nuevas creencias a ser trascendidas. En la mente, no existen los límites”

- John C. Lilly



“Todos los seres humanos, todas las personas que han alcanzado la adultez en el mundo de hoy, son biocomputadoras programadas. Ninguno de nosotros puede escapar de nuestra naturaleza como entidades programables. Literalmente, cada uno de nosotros puede ser nuestros programas, ni más ni menos. A pesar de la gran variedad de programas disponibles, la mayoría de nosotros tenemos un conjunto limitado de programas. Algunos de ellos son inherentes. En las formas de vida más simples la mayoría de los programas son inherentes, desde el código genético hasta los organismos adultos totalmente desarrollados y capaces de reproducirse.

Los patrones de funcionamiento, de acción y reacción, fueron determinados por las necesidades de supervivencia, de adaptación a los cambios lentos del entorno, y para pasar el código a los descendientes. Eventualmente la corteza cerebral apareció como una nueva y expansiva computadora de alto nivel controlando los niveles estructuralmente más bajos del sistema nervioso, los programas inherentes e inferiores. Por primera vez comenzó a aparecer el aprendizaje y su rápida adaptación a un medioambiente velozmente cambiante. Posteriormente, después de la expansión de esta nueva corteza durante varios millones de años, se alcanzó un tamaño cortical crítico. En este nivel estructural, emergió una nueva capacidad: aprender a aprender

- John C. Lilly
Programación y Metaprogramación de la Biocomputadora Humana

En su libro de 1966, “Programación y Metaprogramación de la Biocomputadora Humana”, John C. Lilly bosqueja un enfoque científico de la reprogramación del sistema nervioso humano a través del uso de LSD y la terapia en tanques de aislamiento, una investigación que después se ramificaría en sus proyectos de comunicación entre especies con los delfines. Lilly acuñó el término “metaprogramación” para referirse al proceso mediante el cual el sistema nervioso central autoconsciente aprende a redefinirse, instruirse, y reimprimirse a sí mismo. Su enfoque vio más allá de la mera capacidad de aprender, memorizar y repetir los datos introducidos y/o las rutinas de actividad. Percibió la infraestructura psíquica subyacente del verdadero proceso del aprendizaje, cómo aprendemos a aprender, y cómo aprendemos nuevas formas de continuar aprendiendo. Este enfoque puntual expandió realmente el campo de juego de la investigación de la consciencia – un punto de inflexión decisivo que no fue obviado por Timothy Leary en su modelo cerebral de 8 circuitos.

Leary utiliza el término “vulnerabilidad de impronta” en sus escritos sobre el modelo cerebral de 8 circuitos para referirse a un estado profundamente maleable y peligrosamente abierto de la psique, donde ésta es capaz de recibir nuevas improntas con nuevos patrones y hábitos de conducta, pensamiento, y creencia. Leary descubrió que la vulnerabilidad de impronta ocurría durante el punto máximo de cualquier experiencia con dosis fuertes de LSD, un momento breve durante el cual nuevos patrones y programas pueden ser introducidos con resultados altamente terapéuticos y transformadores. Su libro “La Experiencia Psicodélica: Un Manual Basado en el Libro Tibetano de los Muertos” (coescrito junto a Richard Alpert y Ralph Metzner) fue pensado como una guía detallada para que quienes utilizaran el LSD de esta manera pudieran cambiar sus vidas con improntas positivas. Aquí un fragmento del “PRIMER BARDO: El periodo de la pérdida del ego o del éxtasis del no-juego”.

La liberación es el sistema nervioso desprovisto de actividad mental-conceptual. El percatarse del Vacio, lo No Realizado, lo No Nacido, lo No Hecho, lo No Formado implica Budeidad, Perfecto Entendimiento, el estado de la mente divina del Buda. Si el sujeto está preparado para diagnosticar los síntomas de pérdida del ego, no necesita ninguna ayuda externa. La persona que está a punto de abandonar su ego no solo debería poder diagnosticar los síntomas tal como vienen, uno por uno, sino que también debería ser capaz de comprender La Clara Luz sin ser confrontada a ella por ninguna otra persona. Si la persona no lo reconoce y acepta el comienzo de la pérdida del ego, puede quejarse de extraños síntomas en el cuerpo. Esto muestra que no ha alcanzado un estado de liberación. Entonces el guía o el amigo deben explicar los síntomas tal como se ha indicado al comienzo de pérdida del ego.

Aquí tenemos una lista de sensaciones físicas que se presentan frecuentemente:

1-      Presión corporal, que los tibetanos llaman hundimiento de la tierra en el agua.
2-      Frío húmedo seguido de un calor febril que los tibetanos llaman hundimiento del agua en el fuego.
3-      Desintegración del cuerpo o explosión en pedazos, llamada hundimiento del fuego con el aire.
4-      Presión en la cabeza y en los oídos que los americanos llaman lanzamiento del cohete al espacio.
5-      Estremecimiento de las extremidades.
6-      Fluir de los sentidos del cuerpo o derretimiento como la cera.
7-      Náusea.
8-      Temblor o agitación, empezando por las regiones pélvicas y extendiéndose por el torso.

Estas reacciones físicas deben ser interpretadas como señales que anuncian la trascendencia. Evitemos tratarlas como síntomas de enfermedad, aceptémoslas, fusionémonos con ellas, disfrutémoslas.

IMPRONTA VS. CONDICIONAMIENTO

Los términos “impronta” y “condicionamiento” se refieren a eventos muy diferentes y sin embargo relacionados. Durante la vulnerabilidad de impronta las estructuras existentes del ego se vuelven más fluidas, maleables y abiertas a nuevas impresiones e improntas. Un shock de impronta puede ocurrir cuando somos expuestos a cualquier experiencia directa con altos niveles de Éxtasis, Incertidumbre, Indivisibilidad, e Impermanencia, ‘choques externos’ que también activan los circuitos 5-8 respectivamente. Cualquiera de estas exposiciones puede desestabilizarnos física, emocional, conceptual y socialmente (circuitos 1-4) hasta que respondemos – nos hacemos responsables – y hacemos los ajustes necesarios para restaurar el balance y comenzar a funcionar a niveles más altos que los previos a la desestabilización de las estructuras de nuestra realidad.

La impronta y el condicionamiento expresan diferentes etapas de la metaprogramación, un proceso utilizado para redefinirse a uno mismo en concordancia con la experiencia directa de nuestras verdades más innatas, en vez de las “verdades” definidas por programas heredados, martillados en nosotros desde la cuna. Por programas me refiero a los códigos morales familiares y religiosos, al condicionamiento sociológico y educativo, y a todos los valores, ideas, y creencias que absorbimos pasivamente de maestros, libros, medios de comunicación, y de la sociedad en toda su extensión. Y por verdades innatas me refiero a nuestras respuestas más honestas y veraces según la sensibilidad y las reacciones naturales de nuestro sistema nervioso central (SNC) ante cualquier estímulo, entrada de información o experiencia. Defínete a ti mismo o sé definido.

Las improntas difieren del condicionamiento – este último perpetúa cualquier acción repetitiva, afirmación, rutina, y programa que sea necesario para mantener y preservar una impronta dada o intenta combatir, desactivar, y quebrar ciertas improntas, como en el caso de el “lavado de cerebro” y otras técnicas de deprogramación. Ejemplos de shocks externos que pueden provocar vulnerabilidad de impronta: embarazo, parto (para todos los infantes y para los padres primerizos), la primera experiencia sexual, la primera pérdida por muerte repentina de un ser amado, la primera consecución de un objetivo o de éxito mundano.

La metaprogramación es un atributo del sexto circuito integrado. El grado en que cualquier SNC despierto absorbe, integra, y transmite las señales neuroelectricas que se originan en sí mismo, puede ser el grado en que el “cerebro autoconsciente” percibe, organiza, y regula su propia realidad. A medida que se experimentan y se integran más procesos y atributos del sexto circuito – segunda atención, premonición, precognición, intuición – la transmisión de dicho circuito puede dar lugar a las así llamadas habilidades psíquicas como la telepatía, psicoquinesis, clariaudiencia, visión remota, y otras capacidades de enlace para conectar entre sí a los adeptos del C-6.

La Actitud, el Escenario y el Sesgo de Leary hacia los Circuitos Superiores

Timothy Leary aplicó el modelo de 8 circuitos como una herramienta de metaprogramación junto al uso terapéutico del LSD, donde su famosa teoría de “la actitud y el escenario” fue puesta a prueba. La “Actitud” se refiere a la actitud mental que cada usuario trae a la experiencia, e incluye sus pensamientos, creencias, sentimientos, actitudes, estados de ánimo, y cualquier complejo psicológico que la persona intente comprender o del que intente liberarse. El “Escenario” se refiere al verdadero entorno físico y social donde ocurre el viaje de LSD. El escenario puede incluir música y utensilios de arte, pero lo más importante es que haya un guía que no haya ingerido LSD y que permanecerá presente durante todo el viaje como una fuente opcional de apoyo espiritual y social. La experiencia del LSD en sí es profundamente influenciada por los elementos específicos de la actitud y al escenario.

En este contexto basado en el LSD, Leary claramente exalta los cuatro circuitos superiores por sobre los cuatro inferiores, reflejando sus sesgos negativos posteriores hacia las realidades de los circuitos más bajos. Estos sesgos imponen una jerarquía de valores entre los circuitos superiores e inferiores que me parece problemática en su suposición implícita de una división entre cuerpo y espíritu, entre nuestras prioridades diarias de supervivencia y la promesa de aventuras post-supervivencia. Aquí es donde mis propios sesgos se despegan de los de Leary y Wilson. Mi experimentación continua con el modelo de 8 circuitos sigue demostrando que la integración de los circuitos inferiores es esencial para tener experiencias más seguras y creativas en los circuitos superiores a través de conexiones verticales específicas entre los circuitos 1 y 5, 2 y 6, 3 y 7, y 4 y 8. He llamado a esta posición el sesgo de la corporización  

El Sesgo de la Corporización  

He hallado que el modelo cerebral de 8-C es especialmente útil en su capacidad para rastrear y ubicar la falta o la ausencia de experiencia e inteligencia. Usado de esta manera, la grilla puede exponer los límites de nuestros conocimientos existentes o nuestra ignorancia – prerrequisitos para cualquier investigación seria sobre la naturaleza de la inteligencia. Si bien el modelo cerebral de 8-C es muy efectivo para los diagnósticos, se queda corto como procedimiento de tratamiento. Si carecemos de la experiencia directa de los estados de consciencia que representan los ocho circuitos, nada puede integrarse de manera verdadera. El esquema se transforma en filosofía de sillón – en el mejor de los casos -, mientras corremos el riesgo de volvernos leyendas pomposas en nuestras propias mentes.

Mis experimentaciones continuas con la metaprogramación han sido aplicadas mayormente sin el uso de drogas en el contexto del parateatro, una tecnología ritual única para la auto-iniciación. Aquí, ocasionalmente hago referencia a los circuitos como una cuadrícula de diagnóstico para medir los grados de mi acceso a las ocho funciones de la inteligencia, sus varias dimensiones de experiencia y el paisaje interno en general. El eje de esta tecnología ritual, que yo llamo la No-Forma, refiere a una práctica del Zazen que puede actuar como catalizador para acercarse a la vulnerabilidad de impronta.

Más allá de mi temprano uso de LSD, peyote, y psilocibina (1967-1977), mis catalizadores primarios para al acercamiento a la vulnerabilidad de impronta han sido de dos formas: orgánicos y sintéticos. Mi conocimiento sintético de la metaprogramación ha sido moldeado por el conocimiento auto-adquirido en los experimentos grupales de parateatro desde 1977. Mi conocimiento orgánico de la metaprogramación llegó a través de las respuestas a los shocks y traumas que la Vida misma proporciona inesperadamente, eventos que resultan en estados intensificados de incertidumbre y conciencia expandida de la impermanencia. La vulnerabilidad de impronta también puede aparecer después de cualquier desestabilización significante de la estructura del ego y su desconexión de las rutinas habituales que mantienen su ilusión de realidad.  La vulnerabilidad de impronta expresa una receptividad maleable y desnuda del sistema nervioso central, temporalmente libre del condicionamiento social, que lo hace capaz de recibir nuevas improntas profundas con nuevos patrones y programas.


(El término “parateatro” fue acuñado por el ya fallecido director polaco de teatro, Jerzy Grotowski (11 de agosto, 1933 – 14 de enero, 1999), para referirse a una fase de su trabajo grupal realizado puertas adentro y también en los bosques de Polonia entre 1970 y 1978. Si vieron el singular filme de Louis Malle “Mi cena con André”, este trabajo es mencionado varias veces por André Gregory, cuya experiencia de primera mano con el parateatro de Grotowski transformó su vida. Hablando en líneas generales, el parateatro se trata de un proceso físicamente orientado de dinámicas grupales privadas, no representativas, que a menudo involucra rigurosos ejercicios y técnicas cinéticas y vocales. Al no tener audiencia, las presiones externas de la actuación se liberan y son reemplazadas por presiones internas autocreadas para realizar acciones con un compromiso total hacia la transformación y refinamiento del instrumento humano)  



1 comentario:

  1. Muchas gracias Mazzu por el trabajo enorme de tus traducciones.De otra manera sería casi imposible acceder al pensamiento discordiano.

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