domingo, 1 de marzo de 2015

CARLOS CASTANEDA el embaucador de verdades, Parte I (Por Adam Gorightly)

EL EMBAUCADOR
DE VERDADES

Carlos Castaneda y el oportunismo académico




Traducción: JFK Tadeo




Parte I: ¿Se lo inventÓ todo?


Probablemente uno de los capítulos más interesantes de Flashbacks de Timothy Leary  (dejando de lado el que trata sobre Mary  Pinchot-Meyer y de cómo esta supuestamente  habría introducido a JFK en el uso de la LSD) discute el periodo que Leary paso en México — tras haber sido expulsado de Harvard — en el aislado Hotel La Catalina en Cuernavaca, donde continuó su proyecto de investigación sobre la LSD, reclutando a intrépidos exploradores para que probasen su mercancía en un favorable entorno de arena y espuma tropicales. La mayoría de los viajes llevados a cabo fueron placenteros y positivos, aunque es recordada una divertida sesión en la que un tipo entró en un estado de enfurecida enajenación creyéndose un simio a lo Viaje alucinante al fondo de la mente, recorriendo la isla como un berseker simiesco y aterrorizando a la población nativa. Otro episodio interesante del capítulo es la visita de Carlos Castaneda unos años antes de que Carlos escribiese sus clásicas crónicas acerca de las enseñanzas chamánicas de don Juan. Parece ser que por aquel entonces Castaneda ya había empezado a asumir su rol como bromista cósmico, llevando a cabo toda clase de dudosas acciones y haciendo circular falsos rumores sobre Leary mientras intentaba — infructuosamente — ser admitido en el hotel psicodélico de Leary y así poder meterse en su cabeza. Pero el doctor Tim no hizo caso de este joven hispano farsante de aspecto conservador, intuyendo correctamente que se hallaría tramando algún tipo de diablura mental. Al conocer a Leary por primera vez Castaneda se presento a sí mismo como un periodista peruano llamado Arana, confundiendo en ese momento a Leary por Richard Alpert. Leary oliéndose algo, informo educadamente a Arana/Castaneda de que en el hotel albergaban una política de "no visitantes". Estrechó la mano de Carlos y se despidió de él, devolviendo a Castaneda en la furgona del hotel que iba hacia el pueblo. Al día siguiente, un empleado del hotel, Rafael, informo al doctor Leary de que su tía, que era una curandera, le había contado una siniestra historia: parece ser que la mujer había recibido la visita de Arana/Castaneda la noche anterior, afirmando ser ahora un profesor de una gran universidad de California. El "profesor" decía ser un "guerrero del alma" y necesitaba la ayuda de la curandera. Decía que sus poderes estaban siendo atacados por un americano (Leary) que poseía una poderosa magia que a su vez había robado de los indios mexicanos. Castaneda — ahora diciendo ser un hispano — quería que la curandera le ayudase a recuperar sus poderes para poder proteger a las gentes mexicanas. Una vez todo quedó dicho, la curandera no quiso tomar parte en la estratagema. Poca idea tenia Castanteda cuando se acercó a ella de que la mayoría de los parientes de la curandera trabajaban en el Hotel La Catalina. Carlos le dijo que este era además el nombre de una malvada bruja que era su enemiga. En respuesta, ella informo a Castaneda de que Leary era un buen hombre bajo su protección, y mandó a Castaneda a tomar viento. (El personaje de "La Catalina" aparece en el primer libro de Castaneda, Las enseñanzas de don Juan).

Al día siguiente Castaneda se presentó de nuevo en La Catalina, usando como antes el alias de Arana. Esta vez Castaneda se disculpo por haber confundido a Leary por Alpert y le ofreció un regalo, el cual dijo provenía de la chaman personal de Gordon Wasson, María Sabina. Cuando Leary sorprendió a Castaneda mintiendo sobre el regalo en cuestión, le volvió a pedir educadamente que se marchase y — tras enérgicas protestas — el "joven hechicero" acepto con reluctancia. (Arana era, de hecho, el apellido paterno de Castaneda, siendo Castaneda el materno. Adecuadamente, "arana" significa también embuste, trampa o estafa, de modo que Carlitos Arana podría entenderse como Carlitos Embuste).

En un artículo reciente de Steam Shovel Press, el célebre investigador psicodélico Tom Lyttle abordó la Sagrada Trinidad de la Psicodelia de los Sesenta: Leary, Castaneda y R.Gordon Wasson, reflexionando sobre cómo estas tres fuerzas seminales influenciaron y dieron lugar a la antropología psicodélica que se puso de moda en esa época. Wasson, un respetado banquero neoyorquino, dejó el mundo de los negocios para dedicar sus últimos años a la persecución de los misterios del hongo mágico viajando a México, lugar en donde fue iniciado en sus maravillas por la curandera-chaman María Sabina, la cual — según Merilyn Tunneshendes — era además intima de don Juan. Lyttle señala las interesantes y mercuriales relaciones que compartían estos tres trotamundos del camino de la iluminación alucinógena, a menudo volviéndose conflictivas dadas sus diferencias perspectivas de la experiencia psicodélica. Wasson creía que Leary a veces era ingenuo e imprudente en su grandioso proselitismo. Del mismo modo, Leary debió pensar que Wasson tenía algo de pomposo académico al que le faltaba algo de flexibilidad mental. Lo divertido de esto es que a su vez los Merry Pranksters veían a Leary de esta guisa desde la vez en que el clan de Kesey intento hacer una incursión en su centro de investigación en Millbrook y el buen doctor rechazó festejar con los Pranksters estando como estaba ocupado en algún tipo de experimento psicodélico académico. Quizá fuera esta misma aprensión la que hizo a Leary darle la espalda a Castaneda; el miedo de estar en compañía de un embaucador involucrado en algún tipo de juego de rol mental. En cuanto a Wasson y Castaneda, ambos se encontraron en un par de ocasiones, para después intercambiar varias cartas a lo largo de los años. A pesar de todo esto, Wasson mantuvo una actitud altamente escéptica acerca de las afirmaciones de Castaneda. Tras la lectura inicial de Las enseñanzas de don Juan, Wasson dijo que «se olía un engaño».

Wasson y el biógrafo de Castaneda, Richard De Mille, aunque admiradores del trabajo de Castaneda se mostraron igualmente críticos sobre su veracidad, particularmente en lo que se refiere al uso del lenguaje a lo largo de obra. Mientras el primer libro presentaba a don Juan hablando un inglés formal, en los últimos libros hace un uso frecuente de jerga inglesa. El problema aquí es que don Juan no hablaba inglés y que sus conversaciones con Carlos fueron transcritas desde el español. En la segunda entrega de los libros de Castaneda, Una realidad aparte, existen varios ejemplos de esto, así como en la tercera parte, Viaje a Ixtlán. Fueron las inconsistencias lingüísticas de esta ultima — frases en una jerga sin equivalencia alguna en el español — las que hicieron que las cejas de Wasson y De Mille se arquearan. Una razón para todo esto pudieran haber sido las restricciones editoriales a las que se hallaba supeditado en University Press, en donde publicó su primer libro, en oposición a la libertad que tuvo más adelante en Simon & Schuster, en donde básicamente se le dio carta blanca y control total sobre subsecuentes manuscritos. Aparentemente Castaneda se acogió a esto para evitar que los editores de S&S revisaran su trabajo en lo posterior. En Castaneda's Journey De Mille señaló los problemas lingüísticos anteriormente comentados y fue incluso más lejos examinando las cronologías de los libros, una vez más descubriendo conflictos dentro de los marcos temporales y la cadena de sucesos.

Al final, Wasson, quien describiera a Castaneda tras su primer encuentro como «un joven obviamente serio y honesto», pasó a considerarlo más tarde como «sencillamente un peregrino perdido en camino de su propio Ixtlán».

A final de los años cincuenta aparecieron una serie de libros firmados por T. Lobsang Rampa, describiendo las aventuras psíquicas de Rampa, un adepto al yoga tibetano. Leí el primero de la serie, El tercer ojo a mediados de los setenta, más o menos en la misma época en la que descubrí a Castaneda, y las historias de Rampa tuvieron el mismo efecto sobre mí que las de don Juan. Más tarde, y a medida que iba leyendo más libros de Rampa — en los cuales las afirmaciones se hacían progresivamente mas fantásticas y descabelladas — empecé a oler a chamusquina bajo la humilde parafernalia y los sencillos hábitos del monje de las altas cumbres. Del mismo modo, tras leer una entrega posterior de Castaneda, Relatos de poder, me volví igualmente escéptico acerca del pequeño Carlos, y de sus cada vez más extravagantes testimonios paranormales. En El tercer ojo, Rampa detallaba sus iniciaciones en el mundo místico de los monjes tibetanos, y la consecuente y dramática apertura de su tercer ojo, a la cual llegó no solo a través de iniciaciones secretas, sino también mediante métodos como perforarse un agujero en la frente con un instrumento de acero, tras lo que se insertaba una astilla de madera en la cabeza y acaecía «un destello cegador»: inmediatamente después, Lobsang era capaz de percibir auras. «Ahora eres uno de nosotros, Lobsang», le explica uno de sus maestros místicos al joven de ocho años. «Por el resto de tu vida veras a la gente por lo que son y no por lo que fingen ser». Así empezaron las extrañas aventuras de T. Lobsang en los alegres parajes de lo oculto. Otros fenómenos divulgados a los lectores de El tercer ojo consisten en una amalgama de fenómenos paranormales como proyección astral, clarividencia, levitación, invisibilidad y regresiones a vidas pasadas. Una escena que encontré particularmente fascinante recordaba a un grupo de monjes quienes — según T. Lobsang — se reunían periódicamente para meditar en grupo y conversar telepáticamente con alienígenas de otro planeta. Incluso el abominable hombre de las nieves hace su aparición en El tercer ojo. Finalmente estos libros fueron expuestos como un fraude: en realidad habían sido escritos por un inglés llamado Cyril Henry Hoskin, el cual mantuvo su engaño a lo largo de al menos dieciocho secuelas. En el mejor de los casos, quizás, los libros de Lobsang pueden calificarse como precursores poco sofisticados de las crónicas de Castaneda.

Pero incluso si los libros de Castaneda y Rampa alias Hoskins son puramente ficticios, etiquetarlos completamente como fraudes podría impedir contemplar una perspectiva más amplia. Quizás estos constructos literarios fueran usados por sus escritores para transmitir elevadas verdades descubiertas por sus autores. Podrían esbozarse otros corolarios literarios, siendo un ejemplo R. Marcus: The Making of an Avatar de Victor Noble. Aunque el enigmático Sr. Noble ha admitido recientemente que su presunto gurú y avatar R. Marcus Christianson es un personaje ficticio, esto no le resta valor al propósito inicial de Noble, el cual es en esencia un intento de poner por escrito — para aquellos interesados — los descubrimientos religiosos que llevó a cabo y que tuvieron en él un fuerte impacto.

Otras cuestionables ofrendas literarias de este tipo provienen de escribas de renombre como Philip K. Dick y Kerry Thornley. Pero donde las afirmaciones de Dick están mas en línea con las más sublimes meditaciones teológicas y metafísicas de un Noble, Rampa o Castaneda, las de Thornley lo sitúan en el escenario de una gran conspiración, en donde representa el rol de un personaje principal atrapado en una red de vastas maquinaciones sobre las que tiene escaso o ningún control; como una hoja en medio de un vendaval sacudida de acá para allá.

Ya temprano en su colorida carrera, Thornley fue coautor del Principia Discordia, el precursor definitivo de vástagos como La Iglesia de los Subgenios, la criatura/bestia de Ivan Stang. Thornley (también conocido como Omar Khayam Ravenhurst) fue al principio un alegre bromista en su rol como autor de esta irónica charada teológica, siendo sus posteriores y autobiográficos despotriques conspirativos considerados por muchos como fantasías manufacturadas con el objetivo de confundir y desconcertar, y al mismo tiempo impartir lecciones fundamentales sobre la paranoia, la política conspirativa y la aparente naturaleza de la realidad. Quizá los escribas sagrados de nuestra sociedad tecnológica hipersaturada de información necesiten ser embaucadores para expresar estas verdades ocultas.

Lo que hace de los logros de Castaneda algo más impresionante es su pericia narrativa y su credibilidad de cara al lector. Esta credibilidad puede deberse a la sinceridad de Castaneda o — de lo contrario — a su propia habilidad como narrador. En los primeros libros (mucho mejores que los últimos) muchas veces parece que la prosa de Castaneda es chapucera y de aficionado: los estilos de prosa del novicio. Pero posiblemente esto es exactamente a lo que estaba tratando de aproximarse: a transmitir la impresión de un tipo cualquiera de la calle que se ve de repente propulsado hacia el dominio destructor de paradigmas de don Juan Matus. Harlan Ellison, un verdadero maestro de la fantasía y la ciencia ficción — y uno de sus críticos mas agudos — situó una vez los libros de Castaneda entre los más preeminentes del genero, una declaración que no es moco de pavo viniendo de alguien como Ellison, notorio por cerrarse ante cualquier cosa que parezca manida o poco original. Pero esto es lo que los buenos escritores hacen: hacen que lo difícil parezca simple. Lo increíble, creíble.

Aunque la autenticidad de los libros de Castaneda se halla en tela de juicio, uno — tras leerlos — no puede negar que hay algo más en ellos que una espiral de fantasía en busca del provecho personal. Incluso si los libros contienen lo que parecen ser inconsistencias, se cuentan desde un ángulo de tono zen y un sentimiento del misterio que adquiere la vida en el camino hacia el conocimiento, que realmente no importa que los hechos ocurrieran realmente; es el viaje al que Castaneda nos manda lo que cuenta; y es lo que traigamos de vuelta lo que realmente importa. Un amigo mío de la UCLA que vio a Castaneda allí una vez me dijo que tenía la mirada de alguien que visto mas allá del velo de la percepción humana normal; la sabiduría tacita de unos ojos que momentáneamente se cruzaron con los de mi amigo al pasar junto a él lo dijo todo.

Pero, ¿quién sabe lo que se oculta realmente bajo la máscara del bufón?



Lo que hace de todo este asunto algo más confuso son los comentarios sobre Castaneda que hizo Merilyn Tunneshead, quien da fe de varias de las afirmaciones de Carlos, aunque a su vez mantiene que en sus últimos años a él se le fue la cabeza, habiendo sido de hecho embaucado por el maestro embaucador, don Juan. Tunneshendes dice ser una hechicera de la misma escuela y linaje de Castaneda, versada en la tradición yaqui de la mano de don Juan y su compinche don Genaro. Según Tunneshendes, Castaneda fue desterrado del mundo de don Juan en 1980, fecha que se corresponde con el mismo marco temporal en el cual el trabajo de Castaneda empezó a ser cuestionado. Desde entonces, asevera Tunneshendes, el viejo Nagual (¿don Juan?) «condenó a Carlos a un espacio energético muy desagradable, y como todo el mundo pudo ver claramente, de ahí en adelante la calidad de sus libros se vio drásticamente deteriorada». Tunneshendes dice que incluso había escuchado rumores de que Carlos había sufrido una crisis nerviosa o un brote psicótico como consecuencia de haber sido excomulgado por sus anteriores maestros, siendo tratado con litio en lo sucesivo. (Por aquel entonces también fue reprendido por la UCLA por respaldar el trabajo de Florinda Donner, miembro del círculo de brujas de Carlos Castaneda). Lo que provocó esta separación de caminos entre Carlos y sus mentores místicos fue la forma en la que Castaneda quiso usar la energía, una forma que el viejo nagual «encontró totalmente aberrante». Es entonces cuando Carlos caería bajo el influjo de un hechicero oscuro llamado Silvio Manuel. Para ser justos con Castaneda, él rechaza estas controvertidas historias, e incluso la existencia de su relación con Tunneshendes, aunque ella alega que «podría describir a la perfección ciertas características de Carlos que no podría haber tenido forma de conocer a no ser que mantuviese un contacto muy "CERCANO" con el». Mira tú por dónde.

En esencia, lo que Tunneshendes dice es que Castaneda y sus asociados — involucrados en los talleres de Tensegridad — son nada menos que vampiros psíquicos, que succionarían cantidades masivas de energía de los ingenuos participantes enrolados en sus seminarios. Carlos es ahora un esclavo del ya mentado Silvio Manuel, igual que los inocentes que atrae a sus talleres, a los cuales extrae su poder. Este poder robado serviría para alimentar a "la Araña" — esto es, Silvio. Asevera Tunneshendes: «él es el que finaliza el proceso de drenaje y esclavización. Él es el que mantiene a Carlos lo suficientemente débil como para controlarlo, energéticamente hablando». En la literatura que he revisado en la que se anuncian los talleres de tensegridad, sus promotores parecen más emprendedores de la Nueva Era que parásitos psíquicos, con Castaneda como testaferro instruyendo a los participantes — que pagan mas de 250$ (!) — en una serie de movimientos similares al Tai Chi supuestamente desarrollados por cazadores/recolectores prehistóricos.

Así que, ¿quién sabe realmente lo que sucede tras la escena de esta red de misterio continuamente en expansión? Puede que esta contienda psíquica/literaria entre Tunneshendes y Castaneda sea tan solo una nube de humo soplada directamente desde las pipas medicinales de don Carlos y Merilyn, quienes — por lo que sabemos — podrían estar conchabándose para enturbiar las aguas de su balsa de locuras.

Mi aproximación al trabajo de Castaneda comprende dosis equivalentes de asombro y de cauteloso escepticismo. En Carlos Castaneda, oportunismo académico y los psicodélicos anos sesenta, Jay Fikes propone el caso de que Castaneda — licencias literarias en mano — tomase prestado su marco conceptual de las experiencias de Peter Furst, Diego Delgado y Barbara Meyeroff, antiguos alumnos graduados en la UCLA, para luego embellecerlas con sus ya de por si imaginativas anotaciones de campo. Al principio de los 60, Furst, Delgado y Meyeroff observaron los rituales de ingesta de peyote entre los indios huichol en México. Fikes afirma que las notas de campo tomadas en dichos rituales fueron posteriormente noveladas para adecuarse al creciente volumen de literatura psicodélica, la cual comenzaba entonces a florecer cual tiernos cogollos de cannabis preparados para ser molidos e inhalados por una nueva generación de buscadores de visiones o emociones fuertes. Muchos creyeron este tipo de sandeces académicas, que — como mucha otra mierda tentadora — habían perpetrado tres estudiantes de antropología; mientras tanto, otros investigadores más experimentados y más críticamente astutos no se dejaron salpicar por la mierda. (¿Hay un lugar mejor para inventar historias extravagantes sobre exóticos hongos que las fértiles cacas de vaca?) Si de hecho Carlos tomo prestadas sus ideas iniciales de estos tres artistas del chanchullo, entonces — como sugiere Tim De Korne — las llevo a otro nivel; un nivel lo suficientemente convincente como para engañar tanto a lectores casuales, buscadores de visiones y académicos experimentados. Al menos por un tiempo.

O quizás Carlos conociera durante sus investigaciones de campo iniciales a ciertos curanderos y curanderas que compartieron con el joven estudiante de antropología sus hongos mágicos y sus visiones sagradas. A partir de estos supuestos encuentros — sugieren algunos — Castaneda habría construido la figura de don Juan Matus, basada tanto en personas reales como ficticias. Estarían sacadas de verdaderas experiencias vitales así como de biografías de místicos y otros locos sagrados. Los primeros libros parecen tener un mayor fundamento en la cultura de los Nativos Americanos, específicamente en lo que respecta al uso del peyote o a la aparición de fenómenos paranormales de metamorfosis, mientras que los últimos se presentan más como una mezcla de confusa ciencia ficción lisérgica. En sus enigmáticos viajes a Sudamérica y otros entornos que no nombra, estoy seguro que Castaneda debió hacer lo posible por relacionarse con todos los chamanes y curanderos posibles. Carlos dijo que antes de encontrarse con don Juan no tenía interés alguno en aéreas metafísicas o filosóficas, aunque su antigua mujer, Margaret, cuenta que esto es de lo único de lo que hablaron durante su breve matrimonio, el cual terminó varios años antes de que don Juan supuestamente entrase en la vida de Carlos. Contrariamente a la leyenda forjada por Castaneda, los días anteriores a su relación con don Juan se parecen más a los de alguien en busca de respuestas y significado ante los eternos misterios que al retrato que se construyo como escéptico y obtuso antropólogo de su tiempo: un joven conservador y soso que no sabía mucho de estos temas y que afirmaba no haber sentido tener interés alguno en ellos hasta que se expuso a las enseñanzas de don Juan. Esto contradice al retrato de Margaret Castaneda de un joven Carlos que pasaba todo su tiempo libre asistiendo a conferencias metafísicas y leyendo libros sobre filosofía y lo paranormal.

Desde mi punto de vista, ciertas escenas de Las enseñanzas de don Juan reverberan con un punto de verdad, dado que se asemejan con bastante detalle a las historias de uso ritual de peyote y de los metamorfos malvados de los que los Nativos Americanos han hablado. Por ejemplo, un conocido mío nativo americano me hablo con gran temor y reverencia de un curandero de su tribu que era conocido por ser capaz de transformarse en una criatura medio hombre, medio lobo — un hombre lobo, si se quiere llamar así — con el objetivo de espiar a sus enemigos, de forma muy parecida a "La Catalina" de Las enseñanzas de don Juan, la cual podía cambiar su apariencia a voluntad. Del mismo modo, las visiones de peyote de mi conocido resultan igualmente fascinantes, conjurándose en ellas arquetipos tan arraigados como ángeles y demonios o — como los llamaba don Juan — enemigos y aliados. El aspecto más importante de estas visiones es que imparten a quien las experimenta una lección, un regalo especial que uno debe ganarse: una experiencia a la que uno no entra a la ligera debido a los daños inherentes en ella — pero cuyas recompensas son incalculables, a menudo prolongándose durante el resto de la vida. Debe haber sido este tipo de historias — y quizá de sus experiencias personales — a partir de las cuales Carlos esbozó sus ideas y fabricó sus personajes, ya se los sacara completamente de la manga; ya se tratase de interpretaciones parciales de sucesos y personas que encontró en su propio "camino del corazón".

Parte II: la mierda como fertilizanTE DEL JARDIN DE LA VERDAD

No obstante, no existe documentación concreta acerca de que Carlos entrase realmente en el mundo no ordinario de don Juan u otros chamanes o curanderos. De hecho, existe evidencia contraria que sugiere que Castaneda obtuvo sus ideas de varias fuentes; no solo de los ya mencionados Meyeroff, Delgado o Furst, sino de gente como Gordon Wasson, Andrija Puharich y Antonin Artaud entre otros. Según la leyenda, Castaneda conoció por primera vez a don Juan el verano de 1960. Según Margaret Castaneda, en 1959 «Carlos y yo leímos el libro de Puharich (The sacred mushroom) y de alguna forma nos cambió». Notó que tras la lectura Carlos «pareció encerrarse en si mismo». Margaret afirma que en esta época Carlos viajó a Mexico para «excavar en búsqueda de huesos». La opinión de su biógrafo, Richard De Mille, es que los extraños "huesos" que Castaneda pasó tiempo "desenterrando" fueron en realidad el trabajo de campo que Gordon y Valentina Wasson habían compilado en sus investigaciones sobre el chamanismo fúngico. En The Sacred Mushroom, Puharich colmaba de fastuosas alabanzas al fundamental Mushrooms, Russia and History, una rara edición en dos volúmenes publicada en 1957, limitada a unas escasas 512 copias. Esta colección de dos volúmenes podría haberle sido accesible a Carlos en la sección de colecciones especiales de la biblioteca de la UCLA, y es allí donde De Mille sitúa a nuestro joven "guerrero" a principios de los 60: sentado discretamente en una esquina, ingiriendo las palabras e imágenes de R. Gordon Wasson cual hongos en miel, plantando las esporas de don Juan en su mente. Durante este período, y de acuerdo con su ex-mujer, Castaneda se encontraría además asistiendo a cursos de escritura creativa.

En un artículo en Entheogen Review titulado La mierda como fertilizante del jardín de la Verdad, Jim De Korne de hecho sugiere que gran parte del trabajo de Castaneda consiste en una pila de mierda apilada sobre otra pila de mierda más. De Korne especula que en algunas ocasiones gente como Meyeroff, Furst o Delgado podrían arrastrar una cantidad considerable de mierda sin ser conscientes de ello, habiendo sido la misma lanzada por los propios indios huichol — mierda que vendría a embellecerse más tarde. En el momento en que Castaneda puso sus astutas manos latinas sobre estas historias, otra capa de colorido caramelo habría sido añadida a la mezcla, dejándonos con tres generaciones de deliciosa caquita recubierta. En Hallucinogens and Culture de Furst se hace referencia a los "enemas de peyote", los cuales son considerados tan anómalos por los etnógrafos que se sospecha que los huicholes estuvieran poniéndole la zancadilla a Furst: «¡Estos gringos se creen cualquier cosa!». Ocurre algo parecido con la mezcla de hongos de don Juan que fumaba Carlos, pues la psilocibina se inactiva cuando se fuma. Todo esto me recuerda a la leyenda urbana que circuló en la contracultura de la droga de los sesenta que decía que las cascaras de plátano, una vez secadas y fumadas, ponían al consumidor en un estado de subidón alucinógeno. El crooner del rock Donovan cantaba sobre esto en su tema Mellow Yellow: "Banana eléctrica/va a ser la nueva movida/Banana eléctrica/va a ser lo próximo". Por supuesto la fiebre de la cáscara de plátano madura obtuvo poco más que una fama warholiana de quince minutos, mientras que Castaneda ha disfrutado de varias décadas de éxito y sigue siendo popular a día de hoy.

The Sacred Mushroom de Puharich parece tan extravagante como cualquier otra cosa en el panteón Castaneda. Trata las bizarras experiencias de Puharich, el psíquico Peter Hurkos y un pequeño grupo de otros psíquicos e investigadores que tropezaron con el misterioso hongo llamado Amanita Muscaria (el cual muchos creen se trataría del soma del templo de Eleusis) en su complejo de investigación al este de Estados Unidos. Su premisa parecía sugerir que no fue mera coincidencia (léase sincronicidad) el que estos hongos místicos pareciesen aparecer de repente allá donde fuera esta banda de intrépidos exploradores, haciéndoles señas para que se acercasen a probar sus frutos prohibidos. Sucumbiendo al cautivador encanto de este extraño elixir fúngico, el grupo fue conducido atrás en el tiempo hasta el antiguo Egipto y otras encarnaciones previas, por no mencionar la vivencia de extraños sucesos paranormales. En pocas palabras, el libro de Puharich teorizaba que la Amanita Muscaria habia estado buscando a su equipo de investigación (ecos de las esporas alienígenas de Mckenna) para reunir a estas almas selectas que habían vivido ya en Egipto y en Grecia como medio para continuar su elevada educación; el sabio y tramposo hongo guiaba a estas almas aventureras a través de sus respectivas ascensiones en los radios de la rueda kármica.

Para aquellos que no lo recuerden, Peter Hurkos fue un legendario psíquico, famoso por su presunta habilidad de transmitir fotografías a una cámara "pensándolas". Siempre he pensado que si esto era un truco — del siempre animado Hurkos — se trataba de uno bastante ingenioso. No recuerdo a ningún debunker duplicando esta hazaña fotográfica o denunciándola como fraude; ni tan siquiera a James Randi, quien una década después expondría públicamente a uno de los últimos protegidos de Puharich, Uri Geller, acusándolo de fraude ante la audiencia de un programa de la TV nacional. Lo cual nos lleva a una de estas tres posibilidades en cuanto a Puharich y sus chifladas afirmaciones: 1) fue embaucado por personas como Hurkos y Geller en la creencia de todos estos extraños sucesos que transpiraban en su extraña compañía: Hurkos con los hongos; Geller con sus extraterrestres. 2) Puharich mismo estaba tras estos fraudes, orquestando este vodevil sobrenatural con la ayuda de sus ilustres compinches psíquicos o 3) toda esta locura cósmica sucedió realmente en un nivel de la realidad u otro. Al igual que con las preguntas sin respuesta acerca de los implantes nazis en el cerebro de Kerry Thornley las sempiternas controversias sobre Castaneda o el affaire Dick/VALIS, probablemente nunca llegaremos al fondo de los ultramundanos esfuerzos de Puharich y sus adláteres masticadores de hongos. Y más ahora cuando Puharich ha abandonado ya su envoltorio mortal y el Sr. Geller ha dejado (casi por completo) de hacer apariciones públicas.

Otro ejemplo de deposición dadaísta elaborada por Castaneda puede encontrarse en un pasaje de Una realidad aparte en el cual don Juan describe como ven los guerreros el aura humana:

Un hombre se ve como un huevo de fibras que circulan. Y sus brazos y piernas son como cerdas luminosas que brotan para todos lados.

Compárese con otro pasaje de un libro escrito en 1903:

El observador psíquico ve el aura humana en forma de nube luminosa, en forma de huevo, surcado por finas líneas como duras cerdas que sobresalen en todas direcciones.

La cita de arriba es del yogui Ramacharaka quien — como si el caprichoso destino lo quisiera así — fue el pseudónimo de un escritorzuelo americano de libros sobre falso misticismo oriental. ¿Podría ser esta una de las fuentes entre la literatura psíquica disponible en la época de la cual Castaneda extrajo sus ideas? Una vez, durante una conferencia en la UC Irvine a finales de los sesenta, un estudiante sacó a colación estas similitudes y Castaneda — siempre con sus rápidos pies de guerrero — respondió que creía que esto se debía a que las formas yaqui de chamanismo provenían originalmente de Asia, de los tiempos en los que las dos masas de los hemisferios norte y sur habían estado conectadas. De acuerdo con Richard De Mille, este era, junto con la adquisición de doctorados en brujería avanzada y la escritura de superventas, otro de los muchos talentos de Castaneda: la habilidad de sacarse de la manga extravagantes explicaciones — y adornos oportunistas — al ser confrontado con preguntas delicadas.

Otro ejemplo de las supuestas argucias de Castaneda citadas frecuentemente proviene de los ya mencionados doctores Meyeroff y Furst, los cuales son ahora respetados en sus campos y dirigen departamentos de antropología universitarios. La Dra. Meyeroff era una antigua conocida de Castaneda, de cuando ambos eran estudiantes universitarios en la UCLA y pasaban juntos los retos y las tribulaciones de escribir sus tesis doctorales y de intentar dejar su huella en el mundo académico. Meyeroff, como Castaneda, era uno de los quinientos estudiantes de antropología que por aquel entonces luchaban por hacerse con un titulo. Esta experiencia compartida — y su interés mutuo en el chamanismo de los nativos americanos y las drogas alucinógenas — creó un vínculo entre ambos que se prolongó muchos años después de su primer encuentro en la primavera de 1966. En aquella época Carlos ya había escrito sobre don Juan por unos cuantos años. Ataviado siempre con un conservador traje negro, Castaneda — el "guerrero impecable" — trabajaba rigurosamente, normalmente ocho horas al día y cinco días a la semana, emplazado religiosamente en uno de los muchos cubículos de la UCLA, escribiendo lo que más tarde se convertiría en Las enseñanzas de don Juan.

Amigos mutuos de Meyeroff y Castaneda habían sugerido durante un año que ambos deberían conocerse, insinuando que tendrían mucho de lo que hablar. Cuando finalmente lo hicieron, Meyeroff sintió que había conocido a un hermano perdido, alguien que estaba recorriendo el mismo sendero de conocimiento que ella; no solo en lo referente a las luchas académicas, sino también en su mutuo interés en las experiencias de primera mano del chamanismo de los nativos americanos: Carlos con sus historias acerca de don Juan y Meyeroff con sus experiencias con su chamán, Rincón, al cual había conocido en el transcurso de su trabajo de campo en México. En su primer encuentro, Meyeroff y Castaneda hablaron durante diez horas, durante las cuales Castaneda la deleitó y la asombró con sus peripecias con don Juan, el misterioso hechicero yaqui. Ella había encontrado al fin no solo un amigo con quien podía conversar de tan elevados temas, sino también alguien con quien podía colaborar y validar sus propias anotaciones de campo.

Más tarde, ese mismo verano, Barbara Meyeroff viajo a Guatemala con su compañero de estudios Peter Furst, en donde pasaron varios días con los indios huichol, grabando cantos y canciones de peyote y escuchando historias alegóricas y explicaciones de los mitos y los rituales de la mano de Ramón Medina. Una tarde Medina — quien estaba preparándose por aquel entonces para convertirse en un chaman-sacerdote huichol — interrumpió su rutina diaria con una imprevista excursión al campo. Como Meyeroff relato más adelante:

Ramón nos condujo a un empinado barranco atravesado por una catarata cayendo en una cascada de unos trescientos metros sobre rocas dentadas y resbaladizas. En el borde del precipicio Ramón se quitó sus sandalias y nos dijo que el lugar era especial para los chamanes. Observamos con estupefacción como avanzó dando brincos a través de la catarata, de roca en roca, deteniéndose frecuentemente, con su cuerpo inclinado hacia adelante, sus brazos desplegados y su cabeza echada hacia atrás, asemejándose a un pájaro, posado inmóvil sobre un pie. Desaparecía, volvía a aparecer, daba saltos y finalmente llegó al otro lado. Los forasteros estábamos aterrados pero los huicholes no parecían estar para nada preocupados.

A finales de agosto, cuando Meyeroff volvió a la UCLA le contó a Carlos las asombrosas acrobacias de Ramón Medina. «Oh», replico un sorprendido Carlos. «¡Lo mismo que don Genaro!». Castaneda se puso entonces a describir las ya legendarias levitaciones en la catarata de don Genaro en Una realidad aparte, las cuales eran notablemente similares a las cabriolas de don Ramón — aunque con un par de proezas paranormales añadidas para dar más efecto. El descenso por la catarata de don Genaro no solo daba cuenta de la gran destreza física del aspirante a chaman Ramón Medina; por momentos este parecía estar andado sobre el agua que se estrellaba sobre las rocas más abajo. Como colofón, el siempre ameno don Genaro ejecutó un salto mortal hacia atrás y desapareció de la vista de don Juan, Carlos, y el resto de la cautivada audiencia yaqui que se había reunido en la orilla de la catarata para ser testigos de tal fenomenal hazaña. Después de que Carlos compartiese su historia acerca de don Genaro y la catarata, Meyeroff sintió que esto validaba inmediatamente su propia investigación: se trataba de una muy necesitada confirmación de las observaciones y las interpretaciones que había observado cuando Ramón atravesó la mágica catarata de Guadalajara, en sintonía además con la interpretación de Castaneda sobre la "danza de la catarata" de don Genaro como un rito — y una iniciación — al secreto mundo del chamanismo.

En la primavera de 1970 Castaneda fue invitado a hablar en una serie de conferencias sobre el uso ritual de alucinógenos a instancias del Dr. Peter Furst, el cual había organizado el evento. Cada cual compartió sus recuerdos de chamanes manifestando agilidad o magia en cataratas mexicanas. Furst, que vio junto a Meyeroff la demostración de Ramón Medina en Guadalajara compartió su informe, seguido de la descripción de Castaneda de las levitaciones acrobáticas de don Genaro. Furst encontró la interpretación de Castaneda «asombrosamente similar» a la suya, pero no insistió en el asunto. Castaneda se había convertido ya en el chico de oro del chamanismo de la Nueva Era, de modo que muchas de sus afirmaciones se daban por buenas sin confrontación alguna. En años posteriores, Meyeroff sospechó que Castaneda se había inventado la versión de don Genaro y la catarata, como relató en una entrevista de mediados de los setenta a Richard De Mille:

De Mille: Incluso aunque inventase sobre la marcha su parte, el sentimiento de mutuo entendimiento permanece.

Meyeroff: Si.

De Mille: Debe tener una habilidad considerable para resonar con las cosas que la gente le cuenta.

Meyeroff: Oh, sí, la tiene.

De Mille: Las historias que inventa encajan exactamente con la persona con la que está hablando.

Meyeroff: Es realidad son espejos. Sucede una y otra vez. Mucha gente describe sus conversaciones con Carlos diciendo «simplemente sé de lo que está hablando». Pero cada uno te cuenta algo diferente, algo que en realidad forma parte de su mundo y que Carlos ha reflejado. «Es todo sexual», dicen, o «es todo psicológico», o «místico» o «chamánico» o lo que sea en lo que estén metidos. Sus alegorías, las historias que cuenta, parecen validar a todo el mundo.

De Mille: En Castaneda's Journey llame a Carlos un hombre Rorschach, un hombre sobre el que la gente proyecta sus mundos interiores.

Meyeroff: Así es, y eso es lo que hizo el primer día que nos conocimos. Le estaba hablando sobre los aspersores de un hospital cerca de la UCLA. Son de estos antiguos que lanzan chorros de agua a presión que brillan al sol. Le contaba cómo iba por la autopista conduciendo deslumbrada por la belleza de la luz del sol sobre el torbellino de agua, casi sintiendo que estaba siendo atraída por todo ello, y entonces se puso a describirme como había visto todo esto desde las alturas, cuando se encontraba sobrevolando el lugar como cuervo.

De Mille: Justo después de que lo dijeras...

Meyeroff: Si. (Riendo).

Aunque De Mille no fue engañado por el canon Castaneda, quizá si lo fuera un poco por Meyeroff y sus asociados, cuyas proezas fraudulentas, aunque carentes de los diestros juegos de mano de Castaneda, casi rivalizan con las del mismo maestro embaucador. Entre otros, los actos de fraude etnográfico y chamánico que posteriormente salieron a la luz bajo escrutinio académico (recuérdese que los hongos crecen mejor en la oscuridad cuando se les alimenta con excrementos) consistían en:

1) Una fotografía que afirma retratar un hechicero indio "volando". El hechicero en cuestión mas tarde resulto ser Ramón Medina en una foto preparada.

2) Furst y compañía caracterizaron a Ramón Medina como un "cantante" sagrado huichol aunque este no era el caso. En tanto que don Juan era una celebridad literaria, intentaron lanzar al mercado a Medina — en carne y hueso — de forma similar.

3) Meyeroff narró varias historias sobre las hazañas y proezas sexuales con miembros del sexo opuesto. En realidad, un verdadero chamán curandero huichol debe vivir una vida totalmente monógama.


Éstas son tan sólo unas cuantas distorsiones y mentiras descaradas a las que dieron rienda suelta en la comunidad académica Meyeroff y compañía, de acuerdo a Fikes. El libro de Fikes llegó a ser tan provocativo y escandaloso que incluso el Dr. Furst amenazó con interponer una demanda por difamación.



Continuará...


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