miércoles, 12 de marzo de 2014

LA FÍSICA DE LA SINCRONICIDAD (Fragmento de ‘Coincidance’ de Robert Anton Wilson)


LA FÍSICA DE LA SINCRONICIDAD

(Fragmento de ‘Coincidance’ de Robert Anton Wilson)

 

Traducción: Mazzu

 
 


El siguiente artículo apareció originalmente en Science Digest e inspiró una acalorada refutación de un tipo escondido detrás de un seudónimo (no recuerdo si se hacía llamar Dr. Crypton o Dr. Matrix, pero era algo así.) Este tipo emocional, excitado, y agitado estaba muy ofendido por mis ideas - o mi manera de popularizar las ideas de varios físicos prominentes - y por lo tanto afirmó que yo era irracional. Si mal no recuerdo, dijo que estaba "arrastrándome con horror" ante "dioses inescrutables" o algo por el estilo. Dejo que el lector decida si hay dioses inescrutables invocados aquí o si la polémica fue sólo otro ejemplo de las ansiedades histéricas que acosan a los racionalistas cuando sus dogmas se ven socavados.

 

 

Los eventos sincrónicos han fascinado a los científicos más importantes. ¿Son estos acontecimientos inesperados...

 

MERA COINCIDENCIA?

 

Desde hace más de 100 años, varios científicos heréticos han estudiado los llamados sucesos paranormales - eventos extraños atribuidos a la percepción extrasensorial, la precognición o la telequinesis. Y, en cada paso del camino, esta la investigación ha sido atacada por críticos que explican los resultados positivos como "mera coincidencia" o (aún peor) "pura coincidencia". Ahora parece haber una posibilidad de que la coincidencia pueda ser más importante científicamente - y que pueda cambiar nuestro paradigma científico de manera mucho más radical de lo que lo haría la telepatía. La coincidencia puede ser más trascendental que la telequinesis. Han habido coincidencias tan dramáticas, tan simbólicas o tan locamente improbables que han despertado sentimientos de asombro en científicos y laicos por igual durante generaciones.

 

¿Podrían estas cosas suceder por azar? Para algunos, debería haber una lógica subyacente a estas extrañas yuxtaposiciones de eventos en el tiempo y el espacio. Entre los que han considerado seriamente la lógica de la coincidencia estaba Paul Kammerer, el biólogo alemán que fue uno de los últimos evolucionistas de Lamarck. (Kammerer se suicidó poco después de que se descubriera que uno de sus experimentos cruciales para demostrar la evolución de Lamarck era un fraude. Einstein, sin embargo, quedó impresionado con el trabajo de Kammerer sobre la coincidencia, que calificó de "original y para nada absurdo") Otros científicos interesados ​​han sido Carl Gustav Jung, discípulo de Freud y uno de los grandes psicólogos del siglo, que mapeó la mente inconsciente con la vista puesta en lo místico; y Wolfgang Pauli, el premio Nobel de física y descubridor del neutrino, que, en palabras de Arthur Koestler en Las Raíces de la Coincidencia, "extendió el principio de los acontecimientos no causales de la microfísica (donde era reconocida su legitimidad) a la macrofísica (donde no era reconocida)".

 

Examinemos algunos casos, pasando gradualmente de lo moderadamente peculiar a lo cada vez más bizarro.

 

1. La novelista inglesa Rebecca West estaba escribiendo una historia en la que una niña encuentra un erizo en su jardín. Mientras West escribía este pasaje, fue interrumpida por sus sirvientes para  informarle que acababan de encontrar un erizo en el jardín.

 

2 . Cuando Norman Mailer comenzó su novela Costa Bárbara no había ningún espía ruso en ella. Mientras la iba desarrollando, un espía ruso se convirtió en un personaje menor. A medida que el trabajo progresaba, el espía fue convirtiéndose en el personaje dominante. Después de finalizar la novela, el Servicio de Inmigración arrestó a un hombre que vivía en el piso de abajo del de Mailer en el mismo edificio. Era el coronel Rudolf Abel, caratulado como el más prominente espía ruso en los Estados Unidos en ese momento.

 

¿Descifrando el código?

 

3 . Mientras los aliados estaban planeando la invasión de Normandía el 6 de junio de 1944, utilizaron las siguientes palabras en código (uno de los secretos mejor guardado de la guerra): Utah y Omaha, para las playas donde desembarcarían las tropas estadounidenses, Mulberry, el puerto artificial que se usaría después del desembarco; Neptune, el plan de operaciones navales; Overlord, para toda la invasión. El 3 de mayo de 1944, la primera palabra de código, Utah, apareció como una de las respuestas al crucigrama del London Daily Telegraph. El 23 de mayo, apareció Omaha. El 31 de mayo apareció Mulberry. Y el 2 de junio, cuatro días antes de la invasión, aparecieron Neptune y Overlord.

 

La Inteligencia británica investigó ampliamente este asunto. Descubrieron que el hombre que había creado los crucigramas era inocente de espionaje, no tenía conocimiento de la invasión y estaba tan perplejo como ellos mismos. Veredicto: simple coincidencia.

 

4 . Mientras Hart Crane vivía en Brooklyn Heights, decidió escribir un poema sobre el puente de Brooklyn, que podía ver desde su ventana. Es su poema más recordado. Un año más tarde Crane descubrió que la dirección en la que había vivido al escribir El puente era la dirección en la que había vivido Washington Roebling, ingeniero en jefe en la construcción del puente.

 

5 . En 1909 Sigmund Freud y Carl Jung estaban en el estudio de Freud, discutiendo acerca de la percepción extrasensorial. Vale la pena señalar que Freud era el héroe de Jung, prácticamente su padre sustituto en ese momento. A medida que la discusión se iba caldeando, las emociones chisporroteaban. De repente, y sin ninguna razón obvia, hubo un ruido explosivo en la biblioteca.

 

"Ahí está", dijo Jung, "ese es un ejemplo del denominado fenómeno catalizador."

 

"¡Oh, vamos!" exclamó Freud. "Eso es pura palabrería."

 

"No lo es", respondió Jung, preso de una extraña certeza que no podía explicar. "Se equivoca usted, Herr profesor. Y para demostrar mi punto, ahora predigo que en un momento habrá un golpe más fuerte"

 

¡Boom! Sucedió tal como Jung había predicho. Freud estaba horrorizado, y Jung fue invadido por un sentimiento de culpa inexplicable.

 

6 . Secuela de lo anterior: En 1972, el Dr. Robert Harvie, psicólogo de la Universidad de Londres, estaba leyendo en voz alta la anécdota de Jung a un amigo. Cuando Harvie llegó a la segunda explosión en el estante de libros de Freud, inexplicablemente una lámpara cayó con gran estrépito.

 

7 . Segunda secuela: Margaret Green, de Londres, iba en un tren leyendo Las raíces de la coincidencia de Arthur Koestler. Cuando llegó al relato de Koestler sobre la estantería ruidosa de Freud, la ventana del tren repentinamente estalló como si alguien hubiera arrojado una piedra contra ella. Tengamos en cuenta que incluso si hubiera habido un lanzador de rocas, es inquietante que lanzara su misil justo en ese instante, como para demostrar que "las raíces de la coincidencia" están en todas partes.

 

8 . Yo estaba hablando sobre las secuelas de Harvie y Green del incidente de Jung y Freud con mi esposa en un restaurante. Me parecía divertido que había hablado y escrito sobre el tema muchas veces sin provocar ninguna reacción explosiva. En ese momento, mi mujer derramó su vaso de agua. El camarero se apresuró a limpiar la mesa y accidentalmente derramó mi vaso.

 

Presencia Inesperada

 

9 . Un paciente le estaba contando a Jung un sueño en el que aparecía un escarabajo pelotero egipcio. Esto era de gran interés para Jung, ya que creía que los sueños a menudo contienen imágenes del inconsciente colectivo, y el escarabajo pelotero era sagrado para los antiguos egipcios. En ese momento, algo que golpeaba contra la ventana llamó la atención de Jung. Era un escarabajo pelotero, una especie bastante rara en Zurich, donde vivía Jung.

 

10 . El propio Jung más tarde tuvo un sueño acerca de Liverpool, Inglaterra, el cual consideró tan importante que lo analizó y escribió sobre él en detalle. (Consideraba que Liverpool era un juego de palabras de ‘piscina de la vida’ – pool of life -, significando renacimiento.) Años más tarde, Peter O'Halligan, del World Coincidence Center de Berkeley, analizó el sueño con más cuidado y decidió que los detalles coincidían con una sola intersección de calles en Liverpool. En ese lugar estaba el café donde los Beatles habían tocado por primera vez (Beatles es un juego de palabras entre Beetle – escarabajo -, y Beat – ritmo; nota del traductor). Y en el mismo lugar, más tarde, estuvo el Science-Fiction Theatre of Liverpool, donde se interpretó la versión teatral de mi novela Illuminatus. Una gran parte de la obra se desarrolla a bordo de un submarino amarillo, inspirado en una canción de los Beatles. Y el propio Jung es un personaje de la obra.

 

11 . Mientras vivía en Tánger en 1958, el novelista William Burroughs tuvo una conversación con un tal capitán Clark, quien mencionó que había estado navegando 23 años seguidos sin accidentes. Ese día, el capitán Clark tuvo su primer accidente grave. Por la noche, mientras pensaba en esto, Burroughs encendió la radio y escuchó un boletín acerca de un accidente de un avión de pasajeros. El número de vuelo era 23 y el piloto también era un tal capitán Clark.

 

12 . Secuela: más tarde Burroughs decidió escribir un guión sobre el gángster de la época de la Ley Seca, Dutch Schultz. Durante la investigación se encontró con el número 23 una y otra vez. Schultz se la había jurado a un rival, Vicente Coll "Mad Dog", y Coll fue asesinado en la calle 23 de Manhattan cuando tenía 23 años. El mismo Schultz fue asesinado a balazos el 23 de octubre 1935.

 

13 . Cuando la versión teatral de Illuminatus debutó en esa calle de Liverpool tan extrañamente vinculada con coincidencias entre Jung-escarabajos-Beatles, el estreno fue el 23 de noviembre. El dramaturgo británico Heathcote Williams hizo una aparición especial como extra. Más tarde, Williams y yo hablamos sobre otros escritores que conocíamos, y Burroughs fue mencionado junto con las coincidencias del 23 que había recolectado (unas pocas de las cuales se mencionan más arriba). Me dijo que cuando conoció Burroughs surgió este tema porque Williams le había comentado que tenía 23 años en aquél momento. Cuando Williams regresó a su apartamento aquella noche (se había mudado hacía poco), se dio cuenta por primera vez de que el edificio al otro lado de la calle era el número 23.

 

14 . Después de que Las Raíces de la Coincidencia de Koestler fuera publicada, el profesor Hans Zeisel, de la escuela de leyes de la Universidad de Chicago, escribió a Koestler sobre toda una cadena de 23s que habían permeado su vida: vivió en el nº 23 de la calle Rossaurerlaende en Viena, tenía un despacho de abogados en el nº 23 de Gonzagagasse, su madre vivía en el nº 23 de Alserstrasse. Cierta vez la madre de Zeisel recibió una novela, Die Liebe der Jeanne Ney, y la llevó consigo a Monte Carlo. En el libro, el personaje gana mucho dinero apostando al 23 en la ruleta. La madre de Zeisel decidió también apostar al 23 en la ruleta. El veintitrés salió en el segundo intento.

 

15 . Como si todo esto no fuera ya lo suficientemente extraño, tomó aspectos aún más exóticos después de un célebre experimento de Robert Harvie y el biólogo Sir Alister Hardy que trataba de demostrar la realidad de la telepatía de manera tal que hasta el último escéptico se viera abrumado. El experimento, llevado a cabo en Londres en 1967, involucraba 110 pruebas con 20 sujetos en cada una. Utilizando todas las garantías posibles para asegurar la rigurosidad, Harvie y Hardy obtuvieron resultados maravillosos. Los sujetos, que trataban de adivinar o leer "telepáticamente" cartas que no podían ver, lograron una puntuación muy por encima lo que podría esperarse del azar.

 

Entonces, como revisión, Harvie y Hardy mezclaron aleatoriamente hojas de las respuestas. Es decir, en lugar de comparar las respuestas de 20 personas que se encontraban tratando de "ver" una carta invisible, como en el experimento propiamente dicho, Harvie y Hardy formaron grupos de 20 hojas de respuestas de diferentes personas en diferentes pruebas. Esto, esperaban, probaría que el azar por sí solo no podía dar cuenta de los resultados de las pruebas de telepatía.

 


Correlaciones Impactantes

 

Lo que surgió fue más impactante que lo que salido de los experimentos iniciales. Nuevamente encontraron correlaciones por encima del azar - correlaciones que estaban muchísimo más allá de lo que se podía esperar según la teoría de la probabilidad.

 

Lo que tenemos aquí es peor que la telepatía del punto de vista ortodoxo. La aleatoriedad debería haber producido un número menor de correlaciones, de acuerdo a una aplicación de la segunda ley de la termodinámica, que dice que el desorden siempre aumenta en los procesos aleatorios. Aquí la aleatoriedad produjo más orden en lugar de menos.

 

Hardy y Harvie sólo pudieron sugerir que la probabilidad y la coincidencia debían ser reexaminadas.

 

En realidad, este nuevo examen se había iniciado ya en 1919 en un libro llamado La Ley de las Series, del Dr. Paul Kammerer. Como biólogo, Kammerer no sólo estudió las coincidencias extrañas, sino que además desarrolló una taxonomía de ellas. Por ejemplo, su cuñado fue a un concierto en el que tenía el asiento número 9 y su número de ticket del guardarropa era 9. Por sí mismo, eso sería una "serie del primer orden", en la terminología de Kammerer. Al día siguiente, sin embargo, el cuñado fue a un concierto y obtuvo el asiento 21 y el ticket de guardarropa nº 21. Esto sería una "serie del segundo orden."

 

Kammerer continúa enumerando y dando ejemplos de las series del tercer orden, cuarto orden, etc. También proporciona una morfología que implica grados (número de paralelos en una coincidencia) y una tipología (coincidencias de números, nombres, eventos).

 

Concluyó que la coincidencia representa un principio no causal en la naturaleza, a diferencia de los principios de causalidad que la ciencia había estudiado hasta ese momento. Él comparó el principio de coincidencia no causal (PCNC, lo llamaremos para abreviar) con la gravedad, y señaló que la gravedad actúa sobre la masa, mientras que el PCNC actúa sobre la forma y la función. Llegó a la conclusión, en palabras que presagiaban algunas especulaciones actuales en la física cuántica, "por ende arribamos a la imagen de un mundo-mosaico. . . el cual, a pesar de las mezclas y reordenamientos constantes, también se encarga de reunir a los análogos".

 

Jung finalmente colaboró ​​con el Nobel en física Wolfgang Pauli en el desarrollo de una teoría de las coincidencias que llamaron sincronicidad. Pauli se sentía atraído por el tema porque él mismo estaba siendo perseguido por una serie de coincidencias desafortunadas, tal es así que sus colegas físicos lo llamaban en broma "el efecto Pauli". Como físico teórico, a diferencia de un físico experimental, Pauli no pasaba mucho tiempo en el laboratorio. Sin embargo, sucedía - con más frecuencia de la que la mera casualidad podría explicar - que cuando Pauli estaba en un laboratorio algo se rompía o se estropeaba. No era que él fuera torpe; dichos accidentes por lo general pasaban a varios metros de distancia de él.

 

Dos Conexiones

 

Lo que Jung y Pauli sugirieron es que hay dos tipos de principios conectivos en la naturaleza. El primer principio de conexión es la causalidad normal, que es lo que la ciencia suele estudiar. La causalidad se estructura linealmente en el tiempo: si A causa B, entonces A debe producirse en el tiempo antes que B. El otro principio conectivo es no causal, como Kammerer creía (aunque ni Jung ni Pauli parecen haber leído su libro). Jung y Pauli llamaron sincronicidad al PCNC (principio de coincidencia no causal) porque asumieron que era perpendicular a la causalidad y estructurado en el espacio, no en el tiempo. Es decir, la sincronicidades (del griego, syn, juntos, y chronos, tiempo) ocurren al mismo tiempo.

 

La relación entre los eventos sincrónicos, según Jung, es básicamente psicológica. La lógica, en otras palabras, es la lógica de la psique profunda, que junto a Freud había encontrado en los sueños y los mitos.

 

Barbara Honegger, una estudiosa líder de estos asuntos, ha señalado un defecto básico en la teoría de Jung-Pauli. Las manifestaciones del PCNC no son de ninguna manera sólo sincrónicas. A menudo están separadas por días o incluso años.

 

Una nueva luz fue arrojada sobre el PCNC en 1964 por el físico escocés John Bell. El teorema de Bell sostiene que si la física cuántica es correcta, las partículas que alguna vez estuvieron en contacto seguirán influyendo sobre las otras, no importa cuán lejos se encuentren. Esta influencia es instantánea, según Bell, incluso si las partículas se encuentran en extremos opuestos del Universo.

 

Esto significa un problema desagradable para los físicos, ya que la conclusión de Bell contradice directamente a la relatividad especial de Einstein, que sostiene que cualquier influencia entre las partículas debe requerir una transferencia de energía, y la energía no se puede mover de forma instantánea. La energía sólo se mueve a la velocidad de la luz o a una velocidad menor. El teorema de Bell proporciona un posible mecanismo a nivel cuántico para la interacción no causal de acontecimientos aparentemente no relacionados. Que pueda aplicarse más allá del extraño mundo de las partículas subatómicas es una cuestión sin una respuesta firme hasta ahora.

 

Cuatro experimentos han confirmado la teoría de Bell, dos arrojaron dudas sobre el mismo; la investigación continúa. Mientras tanto, algunos físicos han comenzado a reflexionar sobre cómo conciliar a Bell con Einstein, si ambos tienen razón. El Dr. Evan Harris Walker ha sugerido que la "influencia" en la conexión de Bell no involucra a la energía y por lo tanto no contradice a Einstein. La influencia, propone Walker, es la conciencia misma.

 

El Dr. Jack Sarfatti ofrece una interpretación diferente. El medio de la interconexión de Bell, dice, no es la conciencia, sino la información. Pero bien, la información es muy abstracta en la teoría de la comunicación: es el recíproco negativo de la entropía, lo cual más o menos significa que es lo contrario al desorden. Sería casi lo que en el habla cotidiana llamamos sistema u organización. La información, propone Sarfatti, no está limitada por las mismas leyes que la energía y por lo tanto no está sujeta a límites de Einstein.

 

Esto explicaría gran parte de las manifestaciones del recogidas por Jung, Kammerer, Koestler y otros; incluso podría explicar el experimento de Hardy-Harvie, en el que la aleatoriedad produjo más orden y no más desorden. Y lanza todos los datos de la parapsicología a una nueva perspectiva: en vez de habilidades paranormales separadas como la PES, la precognición y la telequinesis, tal vez sólo podría ser un PCNC - principio de coincidencia no causal - apareciéndosenos en distintas formas a las que les hemos dado esos nombres.

 

Otro ángulo del problema proviene de la  teoría de la variable oculta del Dr. David Bohm, desarrollada a partir de algunas ideas de Einstein. Según Bohm , por debajo del nivel cuántico hay un mundo subcuántico de variables ocultas. Esto es una metáfora. Bohm no quiere decir ‘por debajo’ en el sentido normal de la palabra, sino que, en un sentido lógico, lo que Bohm quiere decir es que el mundo del espacio-tiempo observado en la física es un epifenómeno, un fenómeno causado por otro fenómeno; y lo que subyace es un dominio sin espacio y sin tiempo del que emergen los acontecimientos de la realidad ordinaria. Bohm utiliza esta teoría para explicar o trascender la notoria indeterminación del dominio cuántico (donde la causalidad ordinaria se descompone), pero también podría explicar las coincidencias no causales que estamos discutiendo.

 

Así tomemos la interpretación de Bell de la mecánica cuántica o la de Bohm, parece que llegamos a un mundo en el cual todas las cosas están conectadas íntimamente, no importa cuán lejos y aparentemente desconectadas puedan parecer en el espacio y el tiempo ordinario. Esto puede sonar al budismo o a otras enseñanzas místicas, pero diferentes teóricos cuánticos han llegado a conclusiones similares por otras vías. El premio Nobel Erwin Schrodinger decidió, ya en 1945, que la única explicación cuerda de la mecánica de las ondas cuánticas era que "La mente... es algo que simplemente no podemos concebir como plural."

 

Barbara Honegger tiene un modelo que une todos estos enfoques con la neurología actual. El cerebro tiene dos hemisferios. El hemisferio izquierdo aparentemente hace todo el monólogo (excepto en los sueños y la esquizofrenia), y es la sede del ego consciente. El hemisferio derecho es a menudo llamado el hemisferio silencioso porque habla mucho menos. También es muy activo durante la hypoexcitation (trance yóguico profundo), y la hiperexcitación (los viajes de LSD, bailes salvajes, etc.) cuando se escucha música.

 

Honegger cree que la conciencia del ego del hemisferio derecho está continuamente tratando de afirmar su existencia y comunicarse con el ego del hemisferio izquierdo, que los adultos occidentales consideran su único ego. El ego derecho por lo general se comunica a través de los sueños, como señalaron Freud y Jung, pero si el ego izquierdo permanece sordo a estos mensajes, el hemisferio derecho crea actos fallidos o síntomas histéricos para llamar la atención del ego. Y, si nada de esto funciona, se produce una manifestación del PCNC. Lo hace, sugiere Honegger, por medio de principios de conexión tales como los sugeridos por Bell y Bohm. Según Honegger, debemos analizar estas manifestaciones del PCNC de la manera en que Freud y Jung analizaban los sueños para ver qué mensajes inconscientes contienen.

 

Espacio -Tiempo Ilimitado

 

Lo ominoso, entonces, es simplemente la manera del hemisferio derecho de capturar nuestra atención de forma violenta.

 

Por supuesto, la evidencia reciente sugiere que la dicotomía hemisferio derecho/hemisferio izquierdo no es tan absoluta como antes se creía; el modelo de Honegger es sólo la última palabra por el momento, no la palabra final sobre este tema. Pero la creciente convergencia de datos de los cazadores de coincidencias y las últimas teorías de la física cuántica sugieren que el modelo que unirá todo esto será mucho más revolucionario de lo que sería la prueba de la existencia de fantasmas o de los ovnis o incluso de la transferencia de pensamiento. Parece que estamos tratando con una fuerza que es, como dijo Kammerer, tan universal como la gravedad y sin limitaciones espaciotemporales.

 

 


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