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jueves, 13 de marzo de 2014

Izquierda y Derecha: Una Perspectiva No-Euclidiana (por Robert Anton Wilson)


Izquierda y Derecha: Una Perspectiva No-Euclidiana

 

Robert Anton Wilson

 

 Publicado originalmente en Critique: A Journal of Conspiracies and Metaphysics # 27 - 1988

 Reimpreso en Email al Universo

 Traducción: Mazzu
 
 

Nuestro estimado editor, Bob Banner, me ha invitado a contribuir con un artículo sobre si mi ideología política es de "izquierda" o de "derecha", porque evidentemente algunos habitantes de Planilandia insisten en clasificarme como de izquierda y otros, igualmente euclidianos, argumentan que obviamente soy una especie de derechista.

 

Naturalmente, este debate me intriga. El Poeta rogaba que algún poder nos diera el don de vernos como nos ven los demás; pero todo escritor publicado tiene ese dudoso privilegio. Fui llamado "machista" (por Arlene Meyers) y "un feminista… un tonto mequetrefe pollerudo" (por L.A. Rollins), "uno de los grandes pensadores de la edad moderna" (por Barbara Marx Hubbard) y "estúpido" (por Andrea Chaflin Antonoff), "genio" (por SOUNDS, de Londres ) y "mentalmente perturbado" (por Charles Platt), "místico" y "charlatán" (por la organización escéptica Bay Area Skeptics) y "materialista" (por un caballero anónimo en Seattle, que también me lanzó un pastelazo), uno de mis libros, incluso, ha sido llamado "la más científica de todas las novelas de ciencia-ficción" (por John Gribbon, editor de New Scientist) y "despotricador" (Neal Wilgus). También a menudo soy llamado "satanista" en algunas de las cartas divertidas, iletradas y por lo general anónimas de los fundamentalistas protestantes.

 

Sólo puedo concluir que de hecho soy como un visitante de dimensiones no euclidianas cuyos contornos son desconcertantes para los habitantes euclidianos dogmáticos de diferentes Planilandias. O bien Lichtenstein tenía razón cuando dijo que un libro "es un espejo. Cuando un mono se mira en él, no va a reflejar a un filósofo". Estamos viviendo en un espacio curvo (como señaló Einstein); eso debería advertirnos que las metáforas euclidianas son siempre engañosas. La ciencia también ha descubierto que puede haber más de un universo, lo que nos debería volver recelosos de cualquier opción del tipo una cosa/u otra. Hay ocho teorías o modelos en la mecánica cuántica, cada una de las cuales utiliza las mismas ecuaciones, pero que tienen significados filosóficos radicalmente diferentes; los físicos han aceptado el enfoque multi-modelo (o "agnosticismo de modelos") desde hace más de 60 años. En la matemática y la lógica moderna, además de la lógica de dos valores (sí/no) de Aristóteles y Boole, hay varias lógicas de tres valores (por ejemplo, el sí, no y tal vez de la lógica cuántica de von Neumann, el sí, no y po del psicólogo Edward de Bono, etc), al menos una lógica de cuatro valores (el verdadero, falso, indeterminado y carente de sentido de Rapoport) y una lógica de valor infinito (Korzybski). Yo mismo he presentado una lógica multi-valuada en mis seminarios de neurociencia; el esqueleto de este sistema se puede encontrar en mi libro, La Nueva Inquisición. Las opciones euclidianas de dos valores - izquierda o derecha de una línea imaginaria - no me parecen muy "reales", en comparación con la versatilidad de la ciencia y la matemática moderna.

 

En realidad, antes era fácil clasificarme en la topología euclidiana simple. Parafraseando un artículo publicado recientemente por el genial Michael Hoy [Critique # 19/20], yo tenía una Contestadora Automática instalada en mi cerebro cuando era muy joven. Era una Contestadora Automática de derecha en general y católica en particular. Fue instalada por monjas, que eran muy buenas en la creación de este tipo de máquinas y en su implantación en niños indefensos. Al momento de salir de la escuela primaria, en 1945, tenía la respuesta correcta para cada cosa, y era la respuesta correcta que hoy en día oirían, por ejemplo, de William Buckley, Jr.

 

Cuando entré a la Brooklyn Technical High School, me encontré con muchos jóvenes brillantes y simpáticos que no eran católicos y no tenían ningún tipo de idea de derechas. Al principio, naturalmente, me enfurecían. (Esa es la función de las Contestadoras Automáticas: hacerte tener un subidón de adrenalina - en vez de un pensamiento nuevo - cuando te enfrentas a opiniones diferentes.) Pero estos brillantes jóvenes no católicos - protestantes, judíos, agnósticos, incluso ateos – me fascinaron de cierta manera. El resultado fue que empecé a leer a todos los autores contra los cuales me habían advertido las monjas - especialmente a Darwin, Tom Paine, Ingersoll, Mencken y Nietzsche.

 

Me encontré flotando en el vacío de la incertidumbre, una sensación que no conocía y por lo tanto incómoda. Me retraje de nuevo al robotismo optando por instalar una nueva Contestadora Automática en mi cerebro. Resultó ser una Contestadora Automática trotskista, adquirida gracias al Partido Internacional de la Juventud Socialista. Elegí esta Contestadora, creo, porque las Contestadoras Automáticas alternativas disponibles por entonces eran menos "papistas" (autoritarias) y por lo tanto más incómodas para mi mente adolescente, aún moldeada por las buenas monjas.

 

(¿Por qué fui inmune a la religión secular igualmente papista del estalinismo? Creo que la respuesta era mi juventud. Los únicos estalinistas que quedaban en los EE.UU. a fines de los años 40 eran de mediana edad y "cristalizados", como decía Gurdjieff. Los más jóvenes podíamos ver claramente que el estalinismo no era muy diferente del hitlerismo. La alternativa trotskista me permitió sentirme "radical" y moderno, sin llegar a ser un idiota al negar el totalitarismo de la URSS, y me brindó un nuevo mártir redentor como el que tuve en mi infancia católica).

 

Después de un año, la Contestadora Automática trotskista comenzó a parecerme un fastidio. Empecé a sospechar que los trotskistas eran como clones seculares del Vaticano, lo supieran o no, y que el dogma de la infalibilidad papal no era ni un ápice más absurdo que la sumisión trotskista al Comité Central. Se me hizo claro que había dejado una Iglesia dogmática y me había unido a otra. Incluso sospeché que si Trotsky se hubiera consolidado en el poder, podría haber sido tan dictatorial como Stalin.

 

En realidad, lo que más me irritaba de los trotskistas (y lo que ahora me parece más divertido) es que yo ya tenía cierta tendencia hacia el individualismo, o a la rareza, o a la herejía; a veces cuestionaba la Línea del Partido. Esto siempre se tradujo en ser denunciado por tener "tendencias burguesas." Eso era irritante entonces, y es divertido ahora, porque yo era realmente el único miembro de esa célula trotskista que no provenía de una familia de clase media. Vengo de una familia de clase trabajadora y era el único "proletario" verdadero entre todos esos marxistas de café.

 

A la edad de 18 años, entonces, volví al vacío de la incertidumbre. Empecé a sentirme casi cómodo allí, y empecé a regocijarme en mi agnosticismo. Comenzó a hacerme sentir superior a los dogmáticos de todo tipo, y los adolescentes aman sentirse superiores a todo el mundo (especialmente a sus padres - ¿habían notado eso?). Casi al mismo momento de mi periodo trotskista, empecé a leer a los primeros historiadores revisionistas, sobre los cuales había sido advertido por mis maestros de ciencias sociales de la secundaria en tono grave y terrible, como si aquellos hombres hubieran matado un gato en la sacristía. Mis profesores eran demasiado liberales como para decirme que iría al infierno por leer esos libros (como me habían dicho las monjas de Darwin, por ejemplo), pero dejaron bien en claro que los revisionistas eran malvados, horribles, inefables y que probablemente eran una especie de peones del diablo.

 

Me di cuenta nuevamente de la técnica de control del pensamiento, por lo que leí a todos los revisionistas que pude encontrar. Ellos me convencieron de que los liberales del New Deal habían mentido deliberadamente, manipulando a los EE.UU. para entrar a la Segunda Guerra Mundial y que siguieron mintiendo sobre lo que habían hecho una vez finalizada la guerra. (De hecho, todavía siguen mintiendo.)

 

El revisionista que más me impresionó fue Harry Elmer Barnes, un liberal clásico que era un tanto marxista (en su metodología) - es decir, en su manera de buscar factores económicos detrás de las acciones políticas. Me hizo gracia y me disgustó el intento de las pandillas del New Deal de desprestigiar al profesor Barnes tildándolo de reaccionario de derecha. Barnes, de hecho, fue un defensor de las ideas progresistas en la educación, la economía, la política, la criminología, la sociología y la antropología toda su vida, pero el New Line Party lo había mancillado tanto que algunas personas sólo lo conocían como el crítico cascarrabias de Roosevelt y asumían que era un republicano de Taft o incluso un pro-nazi. De hecho Barnes apoyó la mayor parte de las políticas domésticas del New Deal, y sólo disintió con el dogma liberal en su oposición a la difusión del aventurismo y el militarismo americano por todo el mundo.

 

Charles Beard, otro gran historiador de principios liberales clásicos, coincidió en que Roosevelt deliberadamente nos había mentido en la Segunda Guerra Mundial y fue calumniado en la misma manera que el profesor Barnes. Esto no me animó a tener fe en las líneas partidarias, aunque se autodenominasen modernas, liberales, o progresistas.

 

(Sin embargo, nunca me convencieron los revisionistas del Holocausto, simplemente porque he conocido a un gran número de testigos del Holocausto, o supuestos testigos, en los últimos 40 años. A la mayoría de estas personas las conocí aparentemente por accidente, tanto en Europa como en América. Una conspiración que tiene tantos embusteros plantados en tantos lugares - o que siempre me ha prestado tanta atención especial como para colocar a estos embusteros para que yo me los encontrara - es una conspiración demasiado omnipotente y omnipresente, y por lo tanto demasiado metafísica para que la tome en serio. Una conspiración con poderes tan semejantes a los de Dios podría, en principio, engañarnos acerca de cualquier cosa, y me pregunto por qué los revisionistas del Holocausto todavía creen que la Segunda Guerra Mundial realmente haya sucedido, o que realmente haya acontecido cualquier otro hecho de la historia.)

 

Cumplí 20 años y me convertí en un empleado (es decir, un robot) en la era de McCarthy y los años de Eisenhower; mi agnosticismo se hizo más total y así lo hizo mi sospecha de que la política es un carnaval o una tontería (como dijo Mencken). Parecía obvio que, mientras que el senador Joe era un mentiroso de magnitud estelar, muchos liberales mentían como locos, también, en un intento de ocultar su afición previa al estalinismo. Eso era algo que yo, como ex trotskista, sabía por experiencia. En los círculos intelectuales de la Costa Este, antes de McCarthy, el estalinismo no sólo era mucho más "admisible" que el trotskismo, sino que era casi chic. Si bien sigo considerando abominable la caza de brujas macarthista de los años 50, también recuerdo que algunas de las víctimas habían participado en una caza de brujas similar contra los trotskistas a principio de la década del 40.

 

Probablemente es imposible que un mamífero social sea totalmente "apolítico". Si bien era alérgico a las Contestadoras Automáticas, mi mente seguía buscando algunas ideas sociales generales que pudiera tomar más o menos en serio. Durante un tiempo entré y salí de facultades y de trabajos, y busqué ardientemente algún modelo pragmático de la "verdad" que no estuviera conectado a una Contestadora Automática. Y sin embargo, tanto la derecha como la izquierda continuaron pareciéndome como en bancarrota intelectual.

 

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Viniendo de una familia de clase trabajadora, nunca pude sentir mucha simpatía por el tipo de conservadurismo que se encuentra en los Estados Unidos en este siglo. (Tengo una cierta debilidad por los conservadores liberales clásicos del siglo 18, especialmente Edmund Burke y John Adams.) Después de casarme y tener dos hijos que mantener, las abominaciones del sistema capitalista y la ignominia arrastrada del rol de empleado comenzaron a parecerme prisiones; yo era un mal candidato para la causa conservadora. Por otro lado, estaba convencido que los liberales de FDR habían mentido sobre la Segunda Guerra Mundial; primero disfamaron y luego pusieron en una lista negra a los historiadores que habían dicho la verdad; y se habían subido al carro de la Guerra Fría con una alegría macabra.

 

Yo era anti-guerra por "temperamento" (sea lo que eso sea - ¿Impronta o condicionamiento temprano? ¿Algo genético? no sé la causa exacta de ese sesgo tan profundo y duradero). El dogma marxista me parecía tan estúpido como el dogma católico y tan asesino como el hitlerismo. Ahora me consideraba un agnóstico por principios. No iba a unirme a ninguna otra "iglesia" o someterme a la maldita línea partidaria de nadie.

 

Mi agnosticismo también se intensificó por influencias tales como la lectura de Nietzsche, el existencialismo, la fenomenología, la Semántica General, y la lógica operacional. Siguen siendo mis principales influencias y quiero decir unas pocas palabras acerca de cada una.

 

La filosofía del superhombre de Nietzsche no me atraía cuando era joven; viniendo del proletariado, no podía verme a mí mismo como uno de sus aristocráticos Übermenschen. Por otro lado, su crítica del lenguaje y de las implicaciones metafísicas en los idiomas, me causó una gran impresión;  todavía releo uno o dos de sus libros por año, y obtengo nuevos conocimientos semánticos de ellos. Él es, como se jactaba, un hueso duro de roer de una sola vez.

 

El existencialismo no me llevó de nuevo al marxismo (como lo hizo con Sartre), sino que simplemente magnificó mi desconfianza nietzscheana de los sustantivos con mayúscula y otras abstracciones, y fortaleció mis preferencias por los modos de percepción-concepción sensoriales-sensuales ("existenciales"). Los fenomenólogos - especialmente Husserl y el loco del grupo, Charles Fort - alentaron mi tendencia a sospechar de todas las teorías generales (religiosas, filosóficas, e incluso científicas) y a considerar la experiencia sensorial humana como dato primario.

 

Mis polémicas contra el fundamentalismo materialista en La Nueva Inquisición y la mística aristotélica de la "ley natural" (compartida por los tomistas y algunos libertarios) en Derecho Natural, O No Ponga una Goma en su Salchicha están basados ​​en esta decisión fenomenólogo-existencialista de que voy a "creer" en la experiencia humana, con toda su confusión e incertidumbre, más de lo que jamás "creeré" en abstracciones y los "principios generales".

 

La Semántica General, formulada por Korzybski, incrementó este sesgo anti-metafísico en mí. Korzybski también destacó que los mejores datos sensoriales (según lo revelado por los instrumentos que refinan los sentidos) indican que vivimos en un continuum no aristotélico, no euclidiano y no-newtoniano. He practicado durante 30 años los ejercicios que recomienda Korzybski para descomponer las ideas aristotélicas-euclidianas-newtonianas enterradas en nuestra habla cotidiana y me reentrené para percibir de forma compatible con lo que nuestros instrumentos indican acerca de la realidad.

 

Gracias al entrenamiento neurolingüístico de Korzybski, ahora es "natural" para mí pensar más allá de la lógica de una cosa/u otra, percibir la unidad del observador/observado, considerar los "objetos" como invenciones humanas abstraídas de un continuo integral. Muchos físicos creen que he estudiado más física de la que en realidad he estudiado; simplemente he interiorizado neurológicamente la física que conozco.

 

La lógica operacional (tal como fue formulada por el físico americano Percy Bridgman y recreada por el físico danés Niels Bohr como la interpretación de Copenhague) fue el enfoque científico moderno que más me atrajo en el contexto de los principios funcionales ya mencionados. El método Bridgman-Bohr rechaza las declaraciones que no se refieren a las experiencias concretas de los seres humanos y las considera "sin sentido". (Bridgman fue influenciado por el pragmatismo, Bohr por el existencialismo.) El operacionalismo también se refiere a todas las "leyes" propuestas como simples mapas o modelos que son útiles durante un tiempo determinado. Por lo tanto, el operacionalismo es la "filosofía de la ciencia" que nos aconseja, como Nietzsche y Husserl, usar solamente los modelos cuando son útiles y nunca convertirlos en ídolos o dogmas.

 

Aunque no me gustan las etiquetas, si tuviera que etiquetar mi actitud aceptaría conforme la de existencialista-fenomenólogo-operacionalista, siempre y cuando ninguno de estos tres términos tenga más importancia que los otros dos.

 

A fines de los años 50, empecé a leer mucho de "ciencia" económica (o especulación) de nuevo, un tema que me aburría muchísimo desde que había quitado la Contestadora marxista de mi cerebro diez años antes. Comenzaron a fascinarme una serie de alternativas - o "terceros excluidos" - que trascendían el debate trillado entre el capitalismo monopolista y el socialismo totalitario. Mi favorito entre estas alternativas era, y hasta cierto punto sigue siendo, el anarquismo individualista-mutualista de Proudhon, Jossiah Warren, SP Andrews, Lysander Spooner y Benjamin Tucker. No tengo una verdadera fe de que este sistema vaya funcionar tan bien en la práctica como lo hace en la teoría, pero como teoría, todavía me parece una de las mejores ideas que he encontrado.

 

Esta forma de anarquismo se llama "individualista", ya que se refiere a la libertad absoluta del individuo como el fin supremo a alcanzarse; se llama "mutualista" porque considera que dicha libertad sólo se puede lograr mediante un sistema de consentimiento mutuo, basado en contratos beneficiosos para todos. En esta utopía, la libre competencia y la libre cooperación son alentadas al mismo tiempo; se asume que las personas y los grupos decidirán competir o cooperar sobre la base de las especificaciones concretas de cada caso. (Esto atrae a mi "existencialismo" de nuevo, ya ven.)

 

El monopolio de los terratenientes es disuadido por el anarquismo individualista-mutualista al abolir las leyes estatales que otorgan la propiedad a quienes no ocupan ni usan la tierra; se prevé, entonces, que la "propiedad", sólo será contractualmente reconocida cuando el "dueño" de hecho ocupe y use la tierra, pero no cuando cobre "renta" para que sea ocupada o utilizada. El monopolio del dinero, concedido por el Estado, también se suprime, y cualquier municipio, grupo, sindicato, etc., puede emitir su propia moneda para que compita; se afirma que esto bajará el interés aproximadamente a cero. Con el alquiler en cero y el interés cerca del cero, se argumenta que se logrará el supuesto objetivo del socialismo (la abolición de la explotación) mediante un contrato libre, sin coacción ni estatismo totalitario. Es decir, el modelo individualista-mutualista sostiene que los monopolios de la tierra y del dinero son los factores que impiden a la libre empresa la producción de los maravillosos resultados esperados por Adam Smith. Con los monopolios de tierras y dinero abolidos, se prevé que la competencia (donde no haya un motivo existencial para la cooperación) y la cooperación (cuando sea reconocida como beneficiosa para todos) evitarán que surjan otros monopolios.

 

Ya que las fuerzas policiales monopolizadas son notoriamente corruptas y son la base del poder del Estado para intimidar y coaccionar, los sistemas de protección en competencia estarán disponibles en un sistema individualista-mutualista, y no tendríamos que pagar "impuestos" para apoyar una fuerza de protección corrupta que en realidad nos oprime en lugar de protegernos. Sólo tendremos que pagar las cuotas, cuando se considere prudente, a los organismos de protección que verdaderamente realizan el servicio que podamos desear y necesitar. En general, cada comuna o sindicato hará sus propias reglas de juego, pero la tradición mutualista-individualista sostiene que, mediante la experiencia, la mayoría de los municipios elegirán los sistemas que maximicen la libertad y minimizar la coerción.

 

Siendo receloso de las Contestadoras Automáticas, también estudié y he considerado seriamente otras teorías socio-económicas "utópicas". Todavía soy aficionado al sistema de Henry George (en el que el alquiler no está permitido, pero la libertad de empresa se conserva de otro modo); pero también me gustan las ideas de Silvio Gesell (quien también deroga la renta y todos los impuestos, salvo uno – un impuesto sobre la moneda, que teóricamente debería abolir el interés mediante un truco distinto al de las diferentes monedas en competencia de los mutualistas.)

 

También veo una conveniencia posible en el sistema económico de C.H. Douglas, quien inventó el Dividendo Nacional - últimamente reemergente, algo mutado, en el Salario Anual Garantizado de Theobold y / o el Impuesto Negativo de Friedman. Y estoy intrigado por la propuesta del Papa León XIII de que los trabajadores deben tener la mayoría de las acciones en sus empresas.

 

La más interesante de las últimas utopías para mí es la de Buckminster Fuller donde se deroga el dinero y las computadoras gestionan la economía, programadas con una directriz principal para favorecer a todos sin poner a nadie en desventaja - el mismo objetivo buscado por el sistema mutualista de basar la sociedad por completo en los contratos negociados.

 

Como no tengo la Respuesta Correcta, no sé cuál de estos sistemas funcionaría mejor en la práctica. Me gustaría verlos implementados en diferentes lugares, sólo para ver qué pasa. (Este sistema de múltiples Utopías también fue sugerido por Silvio Gesell, que no estaba convencido de que tuviera una respuesta correcta de la Contestadora, lo cual es otra de las razones por las que me gusta Gesell.) Mi propio sesgo o esperanza o prejuicio es que el anarquismo individualista-mutualista con la ayuda de los ordenadores de Bucky Fuller funcionaría mejor que nada, pero aún carezco de la Fe necesaria para proclamarlo como un dogma.

 

Hay un principio (o perjuicio) que hace que las alternativas anarquistas y libertarias sean atractivas para mí donde el socialismo de Estado es totalmente repugnante para mis genes-o-improntas. Estoy comprometido con la maximización de la libertad del individuo y la minimización de la coerción. No digo que este objetivo sea una exigencia de alguna "Ley Natural" fantasmal o metafísica, sino simplemente que es la meta que yo, personalmente, he elegido - en el sentido existencialista de elección. (En un lenguaje más ocultista, ese objetivo es mi Verdadera Voluntad.) Todo lo que escribo, de una forma u otra, pretende socavar los sistemas metafísicos y lingüísticos que parecen justificar a algunas autoridades para limitar la libertad de la mente humana, o en implementar la coerción contra los no coercitivos.

 

...Y luego vino lo que Charles Slack llama "la locura de los años sesenta." Yo fui un temprano experimentador y entusiasta del LSD, el peyote, los hongos mágicos y cualquier otro compuesto que mutara la conciencia. El resultado fue que me volví aún más agnóstico pero menos pedante al respecto. Lo psicodélicos me enseñaron que, al igual que las teorías e ideologías (mapas y modelos) son creaciones humanas y no revelaciones divinas, todas las rejillas perceptuales o túneles de la realidad existenciales también son una creación humana - una obra de arte, consciente o inconscientemente, editada y organizada por el cerebro individual.

 

Empecé un estudio serio de otros sistemas de alteración de la conciencia, incluyendo las técnicas de yoga, zen, el sufismo y la Cábala. Me convertí en una especie de "místico", aunque todavía en el marco del existencialismo-fenomenología-operacionalismo. Pero, claro, el budismo - el movimiento místico organizado que me parece menos objetable - es también existencial, fenomenólogo y operativista...

 

El concepto nietzscheano del Superhombre se convirtió finalmente en algo significativo para mí, aunque no en la forma elitista en que él lo veía. Ahora pienso que la evolución es continua, e incluso que se está acelerando: el cerebro humano está evolucionando a un estado que parece sobrehumano en comparación con a toda nuestra historia previa de primates domesticados. Mi ciencia favorita es la neurociencia, y estoy eternamente fascinado por cada nueva herramienta o técnica que rompa los circuitos robóticos en nuestro cerebro (la Contestadora Automática) y que incentive la creatividad, incremente la inteligencia, expanda la conciencia, y, sobre todo, que acrecente la compasión.

 

No veo ninguna razón para creer que sólo una élite sea capaz de este avance evolutivo, sobre todo porque las nuevas herramientas y técnicas de formación son cada vez más simples. La neurociencia, como toda tecnología, parece seguir la regla de Bucky Fuller de que cada avance nos permite hacer más trabajo con menos esfuerzo y crear más riqueza con menos materia prima.

 

Una vez que me libré del rol de empleado y me volví un escritor autosuficiente, "los horrores del capitalismo" comenzaron a parecerme menos horribles, ya que no tenía que enfrentarlos todos los días. Me lo tomé de manera filosófica, como todas las personas que se liberan de un sufrimiento agudo. Prefiero vivir en Europa en lugar de pagar impuestos para construir los malditos misiles nucleares de Reagan, pero me gusta visitar los EE.UU. regularmente por la estimulación intelectual...

 

Estoy apasionadamente de acuerdo con Maurice Nicoll (un médico que domina tanto el sistema de Gurdjieff como el de Jung) cuando escribió que el propósito principal del "trabajo sobre la conciencia" es "disminuir la cantidad de violencia en el mundo." La principal diferencia entre nuestro mundo y el Swift es que, si bien hemos dejado de matarnos unos a otros por diferencias religiosas (fuera del Oriente Medio e Irlanda del Norte), hemos desarrollado una pasión loca por matarnos unos a otros por diferencias ideológicas. Considero a la Ideología Organizada con el mismo horror que Voltaire tenía por la religión organizada.

 

Concretamente, de hecho soy un feminista, como afirmó L.A. Rollins (...), al igual que todos los libertarios, me opongo a las leyes de delitos sin víctimas, todas las leyes de control de drogas, y todas las formas de censura (ya sea de parte de los reaccionarios o de Comités Revolucionarios o de feministas radicales).

 

Odio apasionadamente a la violencia, pero no soy un pacifista dogmático, ya que no tengo la Contestadora Automática con las Respuestas Correctas de Joan Baez en mi cabeza. Sé que mataría a un agresor armado en una situación de crisis concreta que fuera la única defensa de las vidas concretas de las personas concretas que amo, aunque nunca mataría a una persona o incluso siquiera emplearía la violencia menor, o la coacción física, en nombre de Abstracciones o Gobiernos (que son todos unos malditos mentirosos.) Todas estas son cuestiones de elección existencial de mi parte, y no dogmas revelados a mí por algún dios o algún filósofo/sacerdote de la Ley Natural.

 

Yo prefiero los diferentes sistemas utópicos que he mencionado a la posición conservadora de que la humanidad es incorregible y también creo que si ninguno de los escenarios utópicos son viables, con el tiempo llegará algún sistema mejor que cualquiera que hayamos conocido. Comparto la Visión Jeffersoniana (¿"liberal"?) de que la mente humana puede superar todos los límites anteriores en una sociedad donde la libertad de pensamiento sea la norma y no la excepción.

 

¿Todo esto me convierte en un hombre de izquierda o de derecha? Esa elección se la dejo a los euclidianos. Si tuviera que resumir mi credo social en el espacio más breve posible, me gustaría citar a Alexander Pope en su Ensayo Sobre el Hombre:

 

Por las formas de Gobierno, dejemos que los tontos compitan;

 

Quien administre mejor será el mejor:

 

Por los modos de Fe dejemos que los desgraciados fanáticos luchen;

 

Él no puede equivocarse sobre quién tiene derecho a vivir.
 
 
 
 

viernes, 23 de septiembre de 2011

Nunca Chifles... Parte II (Fragmentos de la 'Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson - 1975)

Segunda y última parte de la recopilación del libro "Nunca Chifles Mientras estás Meando", escrito por Hagbard Celine, personaje de la novela 'La Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson (1975). Aquí termina de definir algunos conceptos expresados en la primera parte...

Traducido por Mazzu Stardust







Hoy en día es teóricamente posible conectar el sistema nervioso humano a una señal radial mediante un micro receptor implantado en el cerebro, de manera tal que el sujeto no pueda distinguir entre los mensajes trasmitidos y sus propios pensamientos. Un transmisor central localizado en la capital de la nación puede trasmitir todo el día lo que las autoridades quieren que la gente crea. El hombre y la mujer común no sospecharían que son robots que reciben órdenes; creerían que lo que escuchan es su propia voz.



Es irónico que la gente considere este concepto como chocante y atemorizante. Al igual que en 1984 de Orwell, no se trata de una fantasía del futuro, si no una parábola del presente. Todo ciudadano de toda sociedad autoritaria posee una especie de “radio” en el cerebro. Dicha radio es esa vocecita que, cada vez que se forma un deseo, pregunta “¿Es seguro? ¿Será aprobado por mi esposa (esposo/jefe/iglesia/comunidad)? ¿Se burlará la gente de mí? ¿Me arrestará la policía?”. Los freudianos la llaman “súper ego”, y Freud mismo lo caracterizó como “el amo severo del ego”. A través de un estudio más funcional, Peris, Hefferline y Goodman describieron este proceso como “un conjunto de hábitos verbales condicionados” en Terapia Gestalt.



Dicho conjunto, relativamente uniforme en cualquier sociedad autoritaria, determina las acciones que ocurrirán y las que no. Consideremos a la humanidad como un biograma (el patrón básico de ADN del organismo humano y sus potenciales) unido a un logograma (aquel conjunto de “hábitos verbales condicionados”). El biograma no ha cambiado después de cientos de miles de años; el logograma es diferente en cada sociedad. Cuando el logograma refuerza al biograma, tenemos una sociedad libertaria, de las cuales aún pueden encontrarse varios ejemplos entre tribus nativas americanas. Análogamente al confucionismo antes de volverse autoritario y rígido, la ética de los nativos americanos está basada en hablar y actuar desde el corazón - es decir - desde el biograma.



Ninguna sociedad autoritaria puede tolerar esto. Toda autoridad está basada en el condicionamiento de los individuos a actuar de acuerdo al logograma creado por los que ejercen el poder.



Los logogramas autoritarios dividen a la sociedad y a los individuos en fracciones alienadas. Los que están en la base, sufren de lo que llamo la carga de la asciencia. La actividad sensorial natural del biograma - lo que la persona ve, oye, huele, saborea, siente, y, sobre todo, lo que el organismo como conjunto o como conjunto potencial desea - es siempre irrelevante e inmaterial. El logograma autoritario es el que determina qué es relevante y material, y no el campo de experiencias sensoriales. Esto es tan cierto para un publicista bien pago, como para un obrero en una fábrica. La persona actúa, pero no guiada por la experiencia personal y las evaluaciones de su sistema nervioso, si no por las órdenes de arriba. La experiencia y el juicio personal se tornan no operativos, por lo tanto, menos “reales”. Existen, si es así, solamente en esa tierra fantástica que Freud llamó el Inconsciente. Como nadie ha demostrado la existencia del Inconsciente freudiano, puede ponerse en duda la existencia de la experiencia y el juicio personal; creer en ellos es un acto de fe. El organismo se ha transformado, como dijo Marx, en “una herramienta, una máquina, un robot”.



Sin embargo, los que están en la cima de la pirámide autoritaria, sufren de una igual y opuesta carga de omnisciencia. Todo lo que está prohibido para las clases serviles - la red de percepción, evaluación y participación del universo sensorial - es exigido a la clase dominante. Deben ver, escuchar, oler, saborear, sentir y tomar decisiones por todo el conjunto social.



La gente deduce que a un hombre armado solamente se le pueden decir cosas que no provocarán su furia. Pero como toda autoridad y gobierno está basado en la fuerza, la clase dominante, con su carga de omnisciencia, enfrenta a la clase servil, con su carga de asciencia, como un conductor en una carretera enfrenta a su víctima. La comunicación solamente es posible entre iguales. La clase dominante nunca extrae la información suficiente de la clase servil como para saber qué es lo que ocurre realmente en el mundo donde transcurre la verdadera producción de la sociedad. Además, el logograma de las sociedades autoritarias permanece prácticamente inflexible mientras que el resto del universo cambia constantemente. El resultado solamente puede ser una desorientación progresiva de los gobernantes. El final es la debacle.



La esquizofrenia del autoritarismo existe tanto a nivel individual como a nivel social.



Yo lo llamo la ley de la SNEBJ (Situación Normal: Estamos Bien Jodidos).


(...)


Hay un amplio espectro de personalidades, que va desde las más rígidas hasta las más flexibles. Éstas últimas, a menos que hayan sido entrenadas en psicodinámica, siempre están en desventaja con respecto a las primeras en el terreno de la interacción social. Los rígidos nunca cambian sus discursos; los flexibles cambian continuamente, en el intento de encontrar una forma constructiva de relacionarse. Eventualmente, los flexibles encuentran una táctica “apropiada”, y posibilitan cierto tipo de comunicación. Pero de esa manera, el dúctil se ubica en el escenario creado por el inflexible y debe actuar siguiendo su guión.



El crecimiento paulatino y exponencial de la burocracia no se debe solamente a la Ley de Parkinson. Al hacerse cada vez más inflexible, el Estado va incorporando a su escenario a un número siempre creciente de personas a las que fuerza a seguir su guión.

(...) 

DEFINICIONES Y DISTINCIONES

MERCADO LIBRE (o Libre Mercado): Condición de la sociedad en la que todas las transacciones económicas son fruto de la elección voluntaria sin coacción.

EL ESTADO: Institución que interfiere con el Mercado Libre por medio del ejercicio directo de la coacción o la concesión de privilegios (respaldados por la coacción).

IMPUESTO: Forma de coacción o interferencia con el Mercado Libre mediante la cual el Estado recauda tributo (impuesto), permitiéndole contratar fuerzas armadas para practicar la coacción en defensa de los privilegios, y también para involucrarse en las guerras, aventuras, experimentos, “reformas”, etc., que le apetezcan, no de su bolsillo, si no a cargo de “sus” sometidos.

PRIVILEGIO: Del latín privi, privado, y lege, ley. Ventaja garantizada por el Estado y protegida por sus poderes de coacción. Ley para el beneficio privado.

USURA: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre en la que un grupo respaldado por el Estado monopoliza la emisión de moneda y de esta manera cobra tributo (interés) directo o indirecto en todas o en la mayoría de las transacciones económicas.

TERRATENIENTISMO: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre en la que un grupo respaldado por el estado “posee” la tierra y de esta manera cobra tributo (renta) a aquellos que viven, trabajan, o producen en dicha tierra.

TARIFA: Forma de privilegio o interferencia con el Mercado Libre mediante la cual se impide a los bienes producidos fuera del Estado competir en igualdad con aquellos producidos dentro del Estado.

CAPITALISMO: Organización de la sociedad que, incorporando elementos de impuesto, usura, terratenientismo y tarifa, deniega el Mercado Libre pretendiendo ejemplificarlo.

CONSERVADURISMO: Escuela de la filosofía que clama lealtad al Mercado Libre mientras apoya la usura, el terratenientismo, las tarifas y en ocasiones los impuestos.

LIBERALISMO: Escuela de la filosofía capitalista que trata de corregir las injusticias del capitalismo añadiendo nuevas leyes a las ya existentes. Cada vez que un conservador hace una ley para crear privilegio, un liberal hace otra ley para modificarla, llevando al conservador a hacer una ley más sutil para recrear el privilegio, etc., hasta que “todo lo no prohibido es obligatorio” y “todo lo no obligatorio está prohibido”.

SOCIALISMO: Intento de abolir todo privilegio devolviéndole todo el poder al agente coactivo detrás del privilegio, el Estado, convirtiendo de esta manera la oligarquía capitalista en monopolio Estatal. Blanquear una pared pintándola de negro.

ANARQUISMO: Organización de la sociedad en la que el Mercado Libre opera libremente, sin impuestos, usura, terratenentismo, tarifas, u otras formas de coacción o privilegio. Los ANARQUISTAS DE DERECHA predican que en el Mercado Libre la gente elegiría voluntariamente competir más comúnmente que cooperar; los ANARQUISTAS DE IZQUIERDA predican que en Mercado Libre la gente elegiría voluntariamente cooperar más comúnmente que competir.



Nunca Chifles... Parte I (Fragmentos de la 'Trilogía Illuminatus' de Robert Shea y Robert Anton Wilson - 1975)



A lo largo de la 'Trilogía Illuminatus' descubrimos que uno de sus protagonistas (el inefable Hagbard Celine, anarquista, contrabandista, capitán del submarino Lief Ericsson, y pontífice discordiano) ha publicado un librillo con el llamativo nombre de "Nunca Chifles Mientras estás Meando". Shea y Wilson van desgranando de a poco el escrito de Celine a lo largo de toda la novela, revelando lentamente la extraña mente del misterioso capitán... Aquí les ofrecemos una recopilación del libro dentro del libro.


Traducido por Mazzu Stardust


Nunca Chifles Mientras estás Meando
Por Hagbard Celine H. S., C. M. 


¿QUIÉN ES
AQUEL QUE ES MÁS CONFIABLE
QUE
TODOS LOS BUDAS
Y LOS SABIOS
??
Si chiflas mientras estás meando, tienes dos pensamientos, dos mentes, cuando una sola ya es suficiente. Si tienes dos mentes, estás en guerra contigo mismo. Y si estás en guerra contigo mismo, para una fuerza externa es fácil vencerte. Por eso Mong-Tse escribió: “Un hombre debe destruirse a sí mismo antes que otros puedan destruirlo”.

Una vez escuché a dos botánicos que discutían sobre una Cosa Maldita que había brotado de manera blasfema en el patio de una universidad. Uno afirmaba que la Cosa Maldita era un árbol, y el otro aseveraba que era un arbusto. Ambos tenían argumentos bien fundamentados, y todavía seguían debatiendo cuando me alejé de ellos.

El mundo engendra constantemente Cosas Malditas - cosas que no son ni árboles ni arbustos, ni peces ni aves, ni blanco ni negro - y el pensador categórico solo puede considerar al pinchudo y zumbante mundo de los hechos sensoriales como un insulto profundo a su sistema de clasificaciones indexadas. Los peores de todos son aquellos hechos que violan el “sentido común”, ese monótono pantano de prejuicios hoscos e inercia lodosa. Toda la historia de la ciencia es la odisea de un archivador enloquecido que navega perpetuamente entre Cosas Malditas haciendo malabarismos desesperados con sus clasificaciones para hacerlas encajar, al igual que la historia de la política es la épica fútil de una larga serie de intentos de alinear a las Cosas Malditas y engatusarlas para que marchen como un regimiento.

Toda ideología es un asesinato mental, una reducción de los procesos dinámicos y vivientes a clasificaciones estáticas, y cada clasificación es una Maldición, al igual que cada inclusión es una exclusión. En un universo ajetreado y dinámico donde no existen dos copos de nieve idénticos, ni dos árboles idénticos, ni dos personas idénticas - y en el que la partícula subatómica más pequeña, aseguran, ni siquiera es idéntica a sí misma de un nanosegundo a otro -, todos los sistemas de clasificación son ilusorios. “O, para expresarlo de manera más benévola”, como dice Nietzsche, “todos somos mejores artistas de lo que creemos”.

Es fácil ver que la etiqueta “judío” era una Maldición en la Alemania nazi, pero en realidad esa etiqueta es una Maldición en todas partes, incluso en los lugares donde no existe el antisemitismo. “Él es judío”, “él es doctor”, y “él es poeta” significa, en el centro clasificador del cerebro, que mi experiencia con él será igual a mi experiencia con otros judíos, otros doctores y otros poetas. Por lo tanto, cuando la identidad es asertiva, la individualidad es ignorada.

En una fiesta, o en cualquier otro lugar donde se topan dos desconocidos, podrán observar este mecanismo en acción. Detrás de las presentaciones amistosas hay desconfianza mientras ambas personas intentan pescar la etiqueta que identificará y Maldecirá a la otra. Finalmente se revela “ah, él es publicista”, “ah, él es obrero en una fábrica”. Ambos participantes se relajan, ya que ahora saben cómo comportarse y qué rol interpretar en el juego. El noventa y nueve por ciento de cada uno de ellos ha sido Maldecido; el otro reacciona al uno por ciento que fue etiquetado por la máquina clasificadora.

Ciertas Maldiciones son social e intelectualmente necesarias, por supuesto. Un pastelazo lanzado al rostro de un comediante es Maldecido por el matemático que lo analiza de acuerdo a las leyes newtonianas del movimiento. Dichas ecuaciones nos dicen todo lo que queremos saber sobre el impacto del pastel en la cara, pero no nos dicen nada sobre el significado humano del pastelazo. Un antropólogo, analizando la función social del comediante como chamán, y como bufón sustituto del rey, explica el pastelazo como una reminiscencia de la Fiesta de los Tontos y al asesinato del doble del rey. Esto Maldice al hecho de otra manera. Un psicoanalista, encontrándolo similar a la castración edípica ritual, lanza una tercera Maldición, y un marxista, viéndolo como una forma de salida de la ira reprimida del trabajador en contra de los jefes, lanza una cuarta. Cada Maldición tiene valor y utilidad, pero seguirá siendo una Maldición a menos que se reconozca su naturaleza parcial y arbitraria.

El poeta que compara el pastelazo en la cara del comediante con la Decadencia de Occidente o con su amor perdido comete una quinta Maldición, pero en este caso el elemento lúdico y la extravagancia del simbolismo son inequívocamente obvios. Al menos eso es lo que uno esperaría; aunque al leer a los Nuevos Críticos surgen ciertas dudas sobre ese punto.

La sociedad humana puede ser estructurada de acuerdo a los estatutos de la Autoridad o de acuerdo a los estatutos de la Libertad. Autoridad es una configuración social estática en la cual la gente actúa en roles superiores e inferiores: una relación sadomasoquista. Libertad es una configuración social dinámica en la cual la gente actúa de igual a igual: una relación erótica. En toda interacción entre personas la Autoridad o la Libertad, son el factor dominante. Las familias, iglesias, logias, clubes, y corporaciones pueden ser más autoritarias que libertarias, o más libertarias que autoritarias.

Mientras avanzamos, se hace evidente que la forma de autoridad más agresiva e intolerante es el Estado, que incluso en la actualidad se atreve a asumir un absolutismo que la Iglesia misma ha abandonado hace tiempo, y a reforzar la obediencia mediante las técnicas de la antigua y vergonzosa Inquisición. Sin embargo, todas las formas de autoritarismo son un pequeño “Estado”, aunque estén formadas solamente por dos integrantes. El comentario de Freud, que el delirio de un solo hombre es una neurosis y que el delirio de muchos hombres es una religión, puede generalizarse: el autoritarismo de un solo hombre es un crimen, y el autoritarismo de muchos hombres es el Estado. Benjamín Tucker lo describió con bastante precisión:

Agresión es simplemente otro nombre del gobierno. Agresión, invasión y gobierno son términos intercambiables. La esencia del gobierno es el control, o el intento de controlar. Aquél que intenta controlar a otro es un gobernador, un agresor, un invasor; y la naturaleza de dicha invasión no cambia: no importa si es cometida por un hombre contra otro - a la manera de un criminal común - o por un hombre contra muchos - a la manera de un monarca absolutista - o por muchos hombres contra uno - a la manera de la democracia moderna.

El uso de la palabra “invasión” por parte de Tucker es notablemente preciso, considerando que escribió esto cincuenta años antes de los descubrimientos básicos de la etología. Todos los actos autoritarios son, de hecho, una invasión al territorio psíquico y físico del otro.

Todos los hechos científicos alguna vez fueron Malditos. Cada invención fue considerada imposible. Todo descubrimiento significó un colapso nervioso para ciertas ortodoxias. Cada innovación artística ha sido denunciada como fraude o locura. La entera red de culturas y “progreso”, y todo aquello que fue hecho por el hombre y no nos fue dado por la naturaleza, son la manifestación concreta de la negación de ciertos hombres a someterse a la Autoridad. No poseeríamos más cosas, no conoceríamos más, y no seríamos más que aquellos primeros primates homínidos de no ser por los rebeldes, por los obstinados y por los intransigentes. Como dijo Oscar Wilde “la Desobediencia fue la Virtud Original del hombre”.

El cerebro humano, que ama leer descripciones de sí mismo que lo definen como el órgano de percepción más maravilloso del universo, es aún más maravilloso como órgano de rechazo. Las razones desnudas de nuestro juego económico son fáciles de descubrir y son innegables una vez que han sido expresadas, pero los conservadores - que usualmente son individuos que se aprovechan de esas razones durante cada uno de los días de su vida - se las arreglan para ignorarlas, o para mirarlas a través de un cristal colorido y tergiversador (de manera similar, el revolucionario ignora el conjunto histórico sobre el curso natural de las revoluciones, desde la violencia al caos, y de vuelta al punto inicial).

Debemos recordar que el pensamiento es una abstracción. En la metáfora de Einstein, la relación entre un hecho físico y nuestra percepción de dicho hecho no es como la relación entre la carne y el caldo de carne, una simple cuestión de extracción y condensación; es más parecida, siguiendo la teoría einsteniana, a la relación entre nuestra gabardina y la boleta que nos dieron cuando la compramos. En otras palabras, la percepción humana implica más codificación que apreciación cruda. La red del lenguaje, o de las matemáticas, o de una corriente artística, o de cualquier sistema humano de abstracción, le proporcionan la estructura a nuestras construcciones mentales, pero no del hecho original, si no del sistema simbólico en el que está codificado, al igual que un cartógrafo colorea un mapa de rojo, no porque ese territorio sea rojo, sino porque sus códigos así lo demandan. Pero cada codificación excluye ciertas cosas, borronea otras, y exagera algunas. La mejor forma de codificar el celebrado salto a través de la ventana de Nijinski durante el clímax de Le Spectre d’une Rose es mediante el sistema de anotación de valet utilizado por los coreógrafos; el lenguaje verbal flaquea al intentar trasmitirlo; la pintura y la escultura pueden capturar la magia de uno de sus instantes, pero de un solo instante del hecho; la ecuación de la física Fuerza=Masa x Aceleración ilumina un aspecto ignorado por todos los otros sistemas de codificación, pero a su vez ignora a todo el resto. Toda percepción está influida, formada, y estructurada por el hábito usual de codificar - hábitos de juegos mentales - del perceptor.

Toda autoridad tiene la función de codificar y de crear las reglas del juego. Los hombres se han sublevado una y otra vez armados con azadones para luchar contra ejércitos armados con cañones; los hombres también se han sometido dócilmente a los opresores más débiles y vacilantes. Todo esto está sujeto al grado de las distorsiones codificadas y al condicionamiento que generan en los reflejos físicos y mentales.

A primera vista, parece que la autoridad no podría existir si todas las personas fueran cobardes o si nadie lo fuera, pero que florece de la manera en que lo hace solo porque la mayoría de la gente es cobarde y algunos son ladrones. En realidad, la dinámica interna de la cobardía y de la sumisión por un lado, y de la rebelión y el heroísmo por el otro, rara vez son percibidas conscientemente tanto por las clases dominantes como por las clases serviles. La sumisión no es identificada con la cobardía, si no con la virtud, y la rebelión no es identificada con el heroísmo, sino con el mal. Para los romanos propietarios de esclavos Espartaco no era un héroe, y los esclavos obedientes no eran cobardes; Espartaco era un villano, y los esclavos obedientes eran virtuosos. Los esclavos obedientes también creían eso. Los obedientes siempre prefieren considerarse virtuosos antes que cobardes.

Si la autoridad implica sumisión, la liberación implica igualdad; la autoridad existe cuando un hombre obedece a otro, y la libertad existe cuando los hombres no obedecen a otros hombres. Por lo tanto, decir que existe la autoridad, es decir que existen las clases, las castas, la sumisión y la desigualdad. Decir que existe la libertad es decir que no existe el clasismo, y es decir que existen la hermandad y la igualdad.

La autoridad, al dividir a la gente en clases, crea dicotomía, disrupción, hostilidad, miedo y desunión. La libertad, al poner a todas las personas a la misma altura, crea asociación, amalgamiento, unión y seguridad. Cuando las relaciones entre las personas están basadas en la autoridad y la coerción se produce disgregación; cuando están basadas en la libertad y la no agresión se produce congregación.

Estos hechos son evidentes y axiomáticos. Si el autoritarismo no poseyera la estructura interna preprogramada y de Doble Nudo del Juego Interminable, la humanidad la habría rechazado hace tiempo y habría recibido al libertarismo.

La queja más común de los pacifistas en contra de la guerra (que los jóvenes son enviados a la muerte por viejos sentados detrás de despachos burocráticos que no corren riesgo alguno), falla en su objetivo. Las demandas de que los viejos luchen sus propias guerras, o de que los líderes de las naciones implicadas sean llevados al frente de batalla, etc., apuntan a un supuesto “sentido de la justicia” que simplemente no existe. Para el típico ciudadano sumiso de una sociedad autoritaria es normal, obvio y “natural” obedecer a los machos mayores y más dominantes, incluso arriesgando su propia vida y la de sus parientes, e inclusive por causas injustas y absurdas.

“La Marcha de la Brigada Ligera” - la historia de un grupo de hombres jóvenes enviados a la muerte por circunstancias estúpidas y porque obedecieron una orden insensata sin detenerse a pensar - ha sido, y continúa siendo, un poema popular porque la obediencia ciega de los machos jóvenes a los machos viejos es el reflejo condicionado más preciado en las sociedades humanas y homínidas.

El mecanismo mediante el cual la autoridad y la sumisión son implantadas en la mente humana es la codificación de la percepción. Aquello que encaja en el código es aceptado; todo lo demás está Maldito. El Maldito es ignorado, es dejado de lado, es pasado por alto, y - si esto falla - el Maldito es olvidado.

La peor forma de Maldición está reservada para aquellas cosas que no pueden ser ignoradas. Son embadurnadas con los prejuicios proyectados del cerebro hasta que, ya irreconocibles, pueden ser introducidas en el sistema, clasificadas, indexadas, y enterradas. Eso es lo que le pasa a cada Cosa Maldita que es demasiado espinosa y pegajosa como para ser excomulgada completamente. Como observó Josiah Warren, “es peligroso comprender las cosas nuevas demasiado pronto”. Casi siempre no las comprendemos. Las asesinamos y momificamos sus cadáveres.

Un monopolio de los medios de comunicación puede definir mejor a la elite dominante mejor que la celebrada fórmula marxista “un monopolio de los medios de producción”. Desde que los seres humanos extendimos nuestros sistemas nerviosos a través de canales de comunicación tales como la palabra escrita, el teléfono, la radio, etc., quien controle los medios controlará parte del sistema nervioso de cada uno de los miembros de la sociedad. El contenido de esos medios se transforma en parte de los contenidos del cerebro de cada individuo.

De este modo, en las sociedades pre-literarias los tabúes sobre la palabra hablada eran más numerosos y draconianos que en cualquier otro nivel complejo de organización social. Con la invención de la palabra escrita - jeroglífica, ideográfica o alfabética -, los tabúes fueron trasladados a ese medio; hay menos preocupación por lo que las personas dicen y más preocupación por lo que escriben (algunas de las primeras sociedades en desarrollar la escritura, como los egipcios y los mayas, guardaron secretos religiosos en sus jeroglíficos cuyo conocimiento solamente podían compartir las altas órdenes de sacerdocio y las familias reales). El mismo proceso se repite interminablemente: cada avance en la tecnología de la comunicación es recargado con más tabúes que el avance anterior. Por lo tanto, en la América de hoy (post-Lenny Bruce), uno rara vez escucha de arrestos por blasfemia u obscenidad hablada; la persecución sobre los libros todavía continúa, pero los tribunales interpretan las leyes de manera cada vez más liberal, y los escritores se sienten más confiados de poder publicar virtualmente cualquier cosa; las películas se están desacralizando tanto como los libros, a pesar de que la lucha todavía es caliente en esa área; la televisión, el medio más nuevo, permanece enjaulada por tabúes neolíticos (cuando algunos críticos de la TV cometieron lese majeste sobre un discurso del por entonces Macho Dominante, un tal Richard Nixon, uno de sus tenientes rápidamente les informó que se habían sobrepasado, y toda la tribu - excepto una minoría disidente - aplaudió la reafirmación de la tradición). Cuando aparezca un medio más eficiente, los tabúes sobre la televisión menguarán.

La individualidad del ser humano es la Cosa más completa e implacablemente Maldita, prohibida, excluida, condenada, olvidada, relegada, ignorada, suprimida, reprimida, robada, violada y disfamada que existe. Ingenieros, estadistas, psicólogos, sociólogos, publicistas, terratenientes, burócratas, dueños de industrias, banqueros, gobernadores, comisarios, reyes y presidentes están perpetuamente forzando a la Cosa Maldita a entrar en categorías cuidadosamente preparadas, y están perpetuamente irritados porque la Cosa Maldita no encaja en el espacio que tiene asignado. Los teólogos le llaman pecador e intentan reformarlo. El gobernador le llama criminal e intenta castigarlo. El psicoterapeuta le llama neurótico e intenta curarlo. Y aún así la Cosa Maldita no encajará en el espacio que tiene asignado.