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martes, 4 de octubre de 2016

HIPERSTICIÓN – Una Entrevista con Francisco Jota-Pérez

HIPERSTICIÓN – Una Entrevista con Francisco Jota-Pérez

Por Mazzu



Francisco Jota-Pérez


Hace un tiempo que vengo leyendo sobre la “Hiperstición”: una ficción que se hace realidad; si bien la noción al principio me pareció un tanto vaporosa e inasible, a medida que fui leyendo más sobre el tema, más comenzó a interesarme y empecé a verle cierto paralelismo con varias de las ideas que Robert Anton Wilson trazó en sus libros.

Buscando más información, me acerqué a la obra de Francisco Jota-Pérez. Francisco (Barcelona, 1979) es escritor y guionista. Es autor de las antologías Dionisia Pop! (editorial Grupo AJEC, 2007) y Antifuente (Viaje a Bizancio Ediciones, 2008), así como de las novelas Hierático (AJEC, 2009), Cinco Canciones de Cuna, Orígenes del Lodo, Ciencia Raíz (integrantes de su esencial Tríptico Linde para la editorial Aristas Martínez), Aceldama (Origami, 2014) y Pasaje a las Dehesas de Invierno (editorial Esdrújula, 2015), y del ensayo metaficcional Polybius (Antipersona, 2016), colabora habitualmente en publicaciones especializadas en literatura de género, teoría cultural y narrativa experimental tales como Supersonic, Láudano, Proyecto Hermético o Kokoro.

Primero leí un par de notas sobre la hiperstición en el blog Magufo Apocalipsis; allí – en una entrada titulada justamente Hiperstición – hay un link a un video de una charla de Francisco Jota-Pérez donde explica el término y el concepto de manera muy clara, y otro link a su blog, donde encontramos la siguiente definición:

Hiperstición: la superación de la superstición, la profecía autocumplida por el ensalmo del hype, elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible…

El último segmento, “los elementos de ficción que se abren paso a la realidad factible”, me resonó fuertemente con el concepto de la Operación Jodementes (OM, por Operation Mindfuck) desarrollado por los discordianos a fines de la década de 1960. En 1967, Kerry Thornley convencido – tal vez – de la inocencia de su amigo Harvey Lee Oswald, se vio implicado como cómplice en la investigación del asesinato de JFK, reabierta por el fiscal Jim Garrison. A manera de desquite – y luego de averiguar que uno de los ayudantes de Garrison creía en los Illuminati – Thornley y RAW idearon una estrategia de contraofensiva de guerrilla: esparcir desinformación de manera deliberada mediante cartas anónimas, publicaciones under, panfletos, etc. acusando a los Illuminati del magnicidio, y señalando a Garrison y a sus ayudantes (y a muchas otras figuras más, ellos mismos incluidos) como parte del complot. Así nació la OM, y el germen de lo que sería la novela más conocida de R.A. Wilson (coescrita con Robert Shea) Illuminatus. Luego, la OM se les iría de las manos: Thornley terminó creyendo que realmente había formado parte del complot del asesinato de JFK, y Wilson fue acusado innumerables veces de ser un Illuminatus o de ser un agente de desinformación de la CIA. 

Hace poco me puse en contacto con Francisco vía Facebook, y le propuse hacer una entrevista para este blog con el tema de la hiperstición como eje central, y él accedió gentilmente.




Mazzu: Francisco, ¿podrías aclararnos un poco más este concepto de las “ficciones que se hacen reales”? ¿Dónde surge el concepto de hiperstición y cómo ha evolucionado en los últimos tiempos?

Francisco: El mejor modo de precisar, de buenas a primeras, lo que es la hiperstición, es tirar de análisis semántico de la palabra misma. “Hiperstición” es un neologismo formado por el prefjo “Hiper-”, que vendría a significar “más allá de” o “superior a” y la palabra “Superstición”, que se definiría como un “conjunto de creencias irracionales”; así pues, la hiperstición refiere al modo en que algo que en origen es (o parece) irracional va más allá de sí mismo, asciende un peldaño en una hipotética escala de verosimilitud, para racionalizarse.

Dicho de manera algo más formal: la hipersitición sería el fenómeno por el cual un agregado semiótico, un conjunto de creencias, representaciones y construcciones narrativas supersticiosas, se hace real a sí mismo.

La expresión esencial de la hiperstición es lo que llamamos “Objetos Hipersticiosos”, todas aquellas ideas (a las que a me gusta referirme como “ideas-software”), construcciones y elementos de ficción que dejan de ser estrictamente ficticios para pasar a formar parte de la realidad consensuada a través del modo en que nos acercamos a ellos, primero apropiándonoslos (naturalizándolos), luego ritualizándolos y finalmente validándolos.

En cuanto al origen del concepto... Todo el asunto parte del Cybernetic Culture Research Unit (CCRU), un grupo de investigación del departamento de filosofía de la Universidad de Warwick (UK) formado por gente como Nick Land, Iain Hamilton Grant, Ray Brassier, Reza Negarestani, Mark Fisher o Anna Greenspan, allá por los convulsos años noventa del siglo pasado.

El CCRU eran un puñado de hombres y mujeres ciertamente brillantes, extraordinariamente influenciados por Deleuze y Guattari, y cuyo principal objetivo era darle un vuelco a la filosofía y al campo de los estudios culturales académicos a base de usar la ficción experimental, la física especulativa, la literatura de género (todos ellos estaban obsesionados con H.P. Lovecraft, William Gibson, P.K. Dick y Williams Burroughs), las manifestaciones contraculturales (la performance, las raves, el lenguaje panfletario de los fanzines), los códigos de los videojuegos, la ética hacker y cualquier cosa que se encontrase en los márgenes del hecho cultural occidental como arma con la que herir, si no de muerte al menos con la suficiente gravedad, a esta cultura moldeada por el totalitarismo y la coerción capitalistas que nos ha tocado vivir.

Así, a través de lo que llamaron “Tácticas-K”, que es el conjunto de técnicas basadas en esas “armas” que acabo de apuntarte y con las que estudiar la intuición primera de que efectivamente parece que eso que llamamos Realidad está cosido a base de ficciones autorrealizadas, llegaron a estructurar toda una teoría, la de la hiperstición, que a día de hoy sigue refinándose y extendiéndose incluso a campos como la física y la teología.



Mazzu: Robert Anton Wilson solía hablar de la “realidad” como algo plural, los túneles y los mapas de la realidad, y que esos túneles y mapas pueden cambiar cuando entramos en la Capilla Peligrosa: un hecho o una circunstancia fortuita que no encaja con nuestro concepto de “realidad” y que nos deja transitoriamente sin mapas ni referencias. Volviendo al tema de la hiperstición ¿te parece que ese punto dramático que RAW llamaba la Capilla Peligrosa puede actuar como un ‘portal’ para que la ‘ficción’ se vuelva ‘realidad’?

Francisco: Por supuesto, aunque ni siquiera es necesario que el portal se abra mediante algo que pueda interpretarse como traumático. Según la teoría de la hiperstición, el Objeto Hipersticioso es “conjurado” a la Realidad mediante el modo en que nos acercamos a ello, y esto puede producirse de forma natural y suave, porque esa ficción sea simplemente eso que conocemos como “síntoma de los tiempos”, de forma artificial a través de un hype riguroso e interesado, o como resultado de algún tipo de crisis severa (pensemos, por ejemplo, en cómo la ficción “Tierra Prometida a los Israelíes” se torna realidad material tras el final de la Segunda Guerra Mundial y las inversiones económica, políticas y culturales realizadas para la afirmación de lo que ahora es una Verdad casi absoluta).

Si bien desde la hiperstición también se afirma que el Objeto Hipersticioso introduce en Lo Real una serie de ciclos de retroalimentación cultural potencialmente apocalípticos, entendido este “apocalipsis” en su acepción más literal, la palabra griega que se traduce como “revelación”, como la manifestación de una corriente oculta (una corriente histórica, política, fenomenológica o directamente sobrenatural); y esto, obviamente, siempre es susceptible de causar un trauma.

Mazzu: y hablando de ‘portales’ y de las cosas extrañas que los atraviesan, he visto que relacionas a los Mitos de Cthulhu y la ficción lovecraftiana con el concepto de hiperstición; ¿podrías explicarnos ese vínculo?

Francisco: Como te he comentado, los padres de la cosa, la gente del CCRU, estaban obsesionados con Lovecraft.

Una de las características esenciales del Objeto Hipersticioso es que, literalmente, funciona como un dispositivo de “llamada a los Primigenios”; la hipestición pretende devolver la figura del “monstruo” a la filosofía y el pensamiento en general, siendo este monstruo, al mismo tiempo, una expresión de la futilidad antropocéntrica, de la absoluta contingencia del hombre en un universo que en esencia es irracional e inmanente, una expresión de nuestra incapacidad para acceder al conocimiento y de nuestra inevitable extinción, y una bestia incognoscible situada al final de la línea histórica del Homo Sapiens Sapiens y que se alimenta de tiempo y caos y retro-deposita desde el futuro, a lo largo de la misma línea en cuyo extremo último se encuentra él, gérmenes extraños que percibimos como “conciencia”, “progreso” e incluso “Historia” para que nunca le falte algo que echarse a las fauces.

Y el modo más eficiente hasta la fecha de simbolizar todos estos aspectos de la criatura, tanto los psicológicos como los metafísicos y los metafóricos, es mediante esas abominaciones cósmicas insondables y posthumanistas creadas por el de Providence.



Mazzu: si comprendo bien la noción, desde el punto de vista de la hiperstición, la propia ‘realidad’ podría ser considerada como una ficción o un conjunto de ficciones consensuadas (algo muy similar a la perspectiva que Robert Anton Wilson plantea en casi toda su obra, como decíamos antes) ¿consideras que el hype borronea los límites de la realidad consensuada para ‘dejar entrar’ ideas que antes se consideraban inverosímiles? O, preguntándolo de una manera más clara: ¿la hiperstición amplía esos límites consensuados, o esa realidad consensuada absorbe a la ‘nueva idea’ asimilándola y ‘normalizándola’ como un elemento más dentro de sus propias fronteras?

Francisco: La hiperstición plantea, grosso modo, que existe una esfera Ideal aparte de la esfera Real, y que los Objetos Hipersticiosos no hacen otra cosa que desdibujar (como efectivamente afirmas, mediante el hype) los límites entre ambas. El corolario a esto, claro, lleva a plantear si acaso esa esfera de Lo Real no será más que un súper conjunto de Objetos Hipersticiosos caídos desde Lo Ideal, precipitados (entendido en su acepción química, como ideas que cristalizan a causa de su densidad para cambiar de estado).

Mazzu: cada tanto me pongo al día con las teorías conspirativas en boga; algo que se nota a buenas y primera en estos relatos es la desconfianza en el “relato oficial”, la creencia de que las noticias (desde la noticia de un atentado hasta la inauguración de los Juegos Olímpicos) son una fabricación destinada a engañar a la gente y/o crear miedo para así tener controlada a la población, o que los grandes medios son una herramienta del Poder para ‘programar’ la ‘realidad consensuada’ que la mayoría de la gente acepta como la ‘única realidad verdadera’. Si bien no puedo decir que creo en las teorías conspirativas en sí, no puedo negar que los medios contienen un sesgo profundo que polariza a la opinión pública de manera marcada, hypeando el ‘relato oficial’ y aplastando a los ‘relatos alternativos’; ¿podría decirse que los medios masivos de comunicación (incluyendo a Internet, obviamente) son los principales creadores de hiperstición en la actualidad?

Francisco: Los medios de comunicación de masas, especialmente en estos tiempos, son una enorme pieza básica para el funcionamiento (para la existencia misma, en realidad) del hecho cultural, por lo que, obvio, son los principales conductores de objetos hipersticiosos, especialmente aquellos que retroalimentan a otras grandes hipersticiones como el Objeto Hipersticioso “Occidente Civilizado” (tan en boga últimamente por su uso como opositor al Objeto “Oriente Bárbaro”) o, siguiendo con lo sugerido en la respuesta a la anterior pregunta, el mismísimo Objeto “Hecho Cultural”.

Y es que, por lo general, un Objeto Hipersticioso no impacta en Lo Real por sí solo, sino que al cristalizar, por su propia naturaleza de agregado retroalimentado y acelerador de coincidencias consigo mismo, produce Objetos más pequeños o derivados del Objeto principal que sirven para aposentarlo.



Por ejemplo, y siguiendo agarrados a uno de los objetos hipersticiosos más grandes y evidentes que podamos encontrarnos: el dinero es un pequeño Objeto Hipersticioso (algo cuyo valor es meramente simbólico hasta que no es consensuado y mayoritariamente aceptado), como lo son la bolsa de valores (un sistema especulativo que dicta el valor del dinero), la ética del trabajo protestante (una construcción ficticia que ha reformulado los ciclos vitales humanos, cambiando su anterior condición agrícola por la condición industrial), el biovalor (una ficcionalización de lo humano como sólo un conjunto de síntomas, algo somático a lo que asociar un producto) o la necropolítica (otra ficcionalización, ésta para entender lo humano como apenas un producto en sí mismo), y todos ellos derivan a la vez que dinamizan y se nutren del gran Objeto “Capitalismo de Libre Mercado”. 

Clarísimamente, los medios de comunicación contemporáneos, liberados de la necesidad de “hypear” al Gran Objeto ya sobradamente instalado en Lo Real (hasta no hace demasiado, la misma palabra “Capitalismo” era usada en los medios de forma insistente y en modo explicativo, aunque sólo fuese en sus últimos días de uso geralizado, como antónimo deseable del comunismo... Ahora ya no; últimamente se evita a toda costa, e incluso se la menosprecia como término proveniente de “otras épocas”...), sirven de vehículo para todos estos objetos hipersticiosos “nutrientes” y derivados, facilitando que el ciclo de feedback y coincidencia no se interrumpa o, por la misma esencia última del Objeto que hemos usado de ejemplo, no desacelere ni deje de implementarse hasta su colapso definitivo.  

Mazzu: al ser un espacio liminal constituido por personajes reales y ficticios, hechos y ficciones, supersticiones, leyendas urbanas, etc. ¿consideras al mundo de las teorías de conspiración como un terreno fértil para la hiperstición? Y ¿hay algún o algunos ejemplos de ello?

Francisco: Acogiéndome a la terminología que estoy usando, diría que las teorías de la conspiración son de momento poco más que supersticiones, construcciones y agregados semióticos irracionales que aún deben recorrer un trecho para convertirse en hipersticiones. A pesar de lo que parezca a primera vista, creo que la conspiranoia aún no ha sido lo suficientemente naturalizada como para incidir de forma importante en la cultura.

Pero estamos en ello. Como escritor, me interesan muchísimo las teorías de la conspiración en forma de herramienta narrativa y suelo incorporar sus mecanismos a mis novelas y relatos, despojándolos del “acto de fe” o de “resistencia de fe” en ellos para tratar de racionalizarlos (por contradictorio que esto pueda parecer) como lo que son, ficciones, y además ficciones con un potencial vastísimo, susceptibles de ser adoptadas y ritualizadas para volverse ciertas.

Algo a tener en cuenta a la hora de establecer si algo es una hiperstición o no es la cantidad de creencia o descreencia que se le asocia, ya que el Objeto Hipersticioso se mueve fuera de esos parámetros. Una idea que se hace real a sí misma es aquella que no necesita que creamos o dejemos de creer en ella, ya que es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos de nuestra fe.



De nuevo, un ejemplo: parte de mi ensayo Homo Tenuis está construido alrededor de la tesis de que el SlenderMan es un Objeto Hipersticioso de pleno derecho, una leyenda urbana (por tanto, una superstición) convertida en algo real por asimilación, a partir del intento de asesinato por parte de dos niñas que pretendían ofrendarle la vida de una compañera a la criatura. No defiendo esto porque las niñas creyesen que el SlenderMan era real, sino porque el incidente aceleró las coincidencias con las características esenciales del mito. El SlenderMan mítico se define principalmente por acosar a menores y lavarles la mente, “secuestrarlos” simbólicamente, y por aterrorizar a los adultos ejerciendo conceptualmente de contenedor de todos los miedos asociados a algo que la mayoría no acaba de entender del todo como es Internet, los nuevos usos comunicativos y la velocidad a la que se mueve la información; lo que pasó con aquellas dos niñas, pues, hizo que ese mito se materializase en la forma de un ente que tanto las secuestró a ambas como provocó una reacción de pánico en la opinión pública, un temor irracional causado por las dudas al respecto de cómo estaban asimilando los niños los modos expresivos de la Red, que llevó incluso a que asociaciones de padres denunciasen al autor de la foto retocada que inauguró el mito. Unas y otros, pues, validaron el mito e, insisto, lo naturalizaron mediante ritualización (la repulsa explícita y la admiración, la denuncia y la aplicación de regulaciones no son sino formas rituales modernas) hasta hacerlo, prácticamente sin querer, algo muy, muy real.  

Mazzu: haciendo un loop hacia el comienzo de la entrevista, esta idea del “Objeto Hipersticioso” me trae muchísimas imágenes a la cabeza: primero (obviamente, ya que influenciaron a la gente del CCRU) el concepto del ‘rizoma’ al que refieren Deleuze y Guattari en Mil Mesetas, pero también la idea de la Supermente y la aceleración hacia el Objeto Trascendental al Fin de los Tiempos de Terence McKenna, el concepto de VALIS de Philip K. Dick (que amplía en su póstuma Exégesis), la ‘realidad daimónica’ de Patrick Harpur, la teoría paraufológica de Jacques Vallèe del fenómeno OVNI como un sistema de control, una especie de termostato regulado por el inconsciente colectivo, y hasta incluso la idea de Charles H. Fort de que las ideas ‘están en el aire’ y se manifiestan a sí mismas; ¿podríamos trazar un paralelismo entre estas nociones y la teoría de la hiperstición?

Francisco: Por supuesto. Una parte especialmente interesante de la teoría de la Hiperstición es cómo postula una figura denominada Régimen Cultural Especulativo Contemporáneo (RCEC), un meta-órgano regulador teórico de la viabilidad de una construcción supersticiosa para hacerse Objeto Hipersticioso. Al ser el RCEC algo esencialmente incognoscible, que va mucho más allá de nuestra limitada capacidad de acceder a ello o entenderlo directamente, éste sólo puede teorizarse a base de metáforas (como la del Monstruo en el final de la Historia del que ya te he hablado, o el Inconsciente Colectivo junguiano), y tanto la Onda Temporal Cero como VALIS como la “mecánica daimónica” son modelos metafóricos del todo válidos para aproximarnos conceptualmente a lo que diablos sea eso que, de algún modo, “supervisa” o valida la hiperstición, otras formas de acercarse a lo mismo con otras palabras. 

Mazzu: Aleister Crowley, al comienzo de su Liber O, postulaba: “En este libro se habla de las Sephiroth y de los Senderos; de Espíritus y Conjuros; de Dioses, Esferas, Planos y muchas otras cosas que pueden o no existir. Es irrelevante si existen o no. Haciendo ciertas cosas, se obtienen ciertos resultados; los estudiantes quedan severamente advertidos antes de atribuirle realidad objetiva o filosófica a cualquiera de ellos”. Esto me suena muy parecido a lo que tú decías sobre la hiperstición: “una idea que se hace real a sí misma, y que no necesita que creamos o dejemos de creer en ella, ya que es competente por sí misma y se realiza más allá de los caprichos de nuestra fe”.

La noción de un Objeto Hipersticioso que genera objetos hipersticiosos más pequeños que a su vez lo retroalimentan y generan coincidencias me remonta a los conceptos de la magia(k) crowleyana pero también a la sincronicidad junguiana. Quienes hemos practicado diferentes formas de alteración de la consciencia (meditación, magia ritual, utilización de sustancias psicoactivas, etc.), hemos podido percatarnos que dichos métodos y las sincronicidades están íntimamente unidas (al menos desde la experiencia personal); desde un tiempo a esta parte vengo haciéndome una pregunta retórica (dada la naturaleza esquiva y subjetiva de ambas): ¿la magia(k) genera las sincronicidades (que en realidad, o mejor dicho, según Jung, son “acausales”) o simplemente amplía nuestra conciencia de manera tal que nos hace capaces de percibir lo que ya estaba ahí? Podría decirse que la magia(k) y las sincronicidades son un Gestalt o un conjunto sinérgico imposible de desenredar, y volvemos a la idea de la profecía autocumplida: ¿crees que este Gestalt es un ‘precipitador’ de hipersticiones (o al menos de hipersticiones a nivel personal y subjetivo)? Y en todo caso, ¿hay tales ‘niveles de hiperstición’ – personal, grupal, y colectivo?

Francisco: Personalmente, no le presto ninguna atención a si hay o no niveles, o algún tipo de grado, dentro la hiperstición como fenómeno. Por supuesto, hay Objetos Hipersticiosos con mayor impacto sobre Lo Real que otros, Grandes Objetos que han llevado incluso a cambiar la morfología del planeta y otros que se producen sólo en la intimidad del hogar, entre grupos de amigos o dentro las dinámicas familiares, pero me resisto a establecer una jerarquía porque aún considero que prácticamente todo es importante (o prácticamente nada lo es, depende del día...), de algún modo, por cuanto sirve para coser el tejido contextual en el que debemos movernos a diario.



En cuanto a lo que decías sobre la magia, soy muy aficionado a soltar cada vez que tengo oportunidad mi definición favorita de esta, dada por el mismo Crowley, aquella fórmula que reza que la magia es “la ciencia y arte de causar cambio en conformidad con la Voluntad”; la clave ahí estriba en que esa Voluntad, con V mayúscula, está atravesada de muchísimos procesos (de las sincronicidades a las peculiaridades psicológicas, pasando por un montón de supersticiones, varias hipersticiones en las que inevitablemente nos hallamos inmersos, condicionantes físicos, condicionantes esotéricos, cosas que escapan a nuestra comprensión, daimones susurrándonos al oído y un larguísimo etcétera), efectivemente casi imposibles de desenredar.

Mazzu: hemos visto en Facebook que estás realizando charlas y presentando tu nuevo libro Homo Tenuis; ¿Cuáles son tus proyectos actuales?

Francisco: Ahora mismo estoy centrado en la presentación de los dos libros que han visto la luz este año, Polybius (que publicó el pasado febrero la editorial Antipersona) y Homo Tenuis (que saldrá el próximo 12 de octubre en la colección Pop Kills de la editorial GasMask), ambos ejercicios de teoría-ficción alrededor de la hiperstición y el terrorismo ontológico, y también en la promoción de Nuestra amiga la luna, el cortometraje irreal-ocultista que he co-escrito con el cineasta César Velasco Broca, y a la espera de que se pongan a la venta un par de antologías en las que he colaborado con dos nuevos relatos y de que se concrete el plan editorial para mi última novela, que me gustaría que apareciese el año que viene. 

Mazzu: ¡Mil gracias por tu tiempo Francisco! Y ¡Salve Discordia!

Francisco: Gracias a ti. Ha sido un gustazo responder a tus preguntas. ¡Hail Eris!



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Mazzu, 04 octubre 2016



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