viernes, 12 de agosto de 2016

LECTURA DE ILLUMINATUS: SEMANA 35

Lectura de Illuminatus semana 35

Por Mazzu

Trilogía Illuminatus

(Desde la página 386 a la 396)




Mientras George Dorn, Harry Coin y Stella Maris quedan bien colocados con el Alamut Negro, repasamos un par de escenas ya conocidas, pero esta vez desde la perspectiva de Hagbard Celine; volvemos también al misterio del asesinato de JFK, y a otras teorías conspirativas; el inspector Danny Pricefixer decide seguir una corazonada y va a consultar a una psíquica: Mamá Sutra...

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Antes que nada, algo que me quedó colgado de la semana anterior: en la escena de la fumata de George Dorn, Harry Coin y Stella Maris a bordo del Leif Erikson, también aparecen otros dos personajes, Calley y Eichmann, dos ex agentes de narcóticos que intentan detener a Hagbard y terminan siendos “rehabilitados” por él. Cuando intentan arrestarlo, Calley dice “esto no es personal; solo seguimos órdenes”. Lo que quería señalar son los nombres: William Laws Calley fue el oficial del Ejército de EEUU hallado culpable de ordenar la matanza de My Lai en Vietnam en 1968 (posteriormente fue indultado por Nixon), y Otto Adolf Eichmann fue teniente coronel de las SS y uno de los responsables directos del holocausto. Tanto William Laws Calley como Otto Adolf Eichmann alegaron, durante sus respectivos juicios, que “sólo estaban siguiendo órdenes”. Esto básicamente ilustra la ley de la SNEBJ de Hagbard:

“El acto de obediencia individual es la piedra angular del poder en una sociedad autoritaria, y también su debilidad”

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Al comienzo del fragmento de esta semana, la técnica narrativa de la acción cambia nuevamente. Hasta este punto era Stella la que contaba las peripecias de Hagbard y las razones por las cuales se había transformado en un proscrito (la derrota de los mohawks en el juicio por sus tierras, el descubrimiento de la ley de la SNEBJ, etc.). Ahora, si bien la narración continúa en tercera persona (como si fuera el Relator Incorpóreo que referíamos en las primeras semanas de lectura), la perspectiva cambia y somos testigos del monólogo interno y los procesos mentales de Hagbard Celine. Creo reconocer una fuerte influencia joyceana en este cambio de estilo narrativo, como en Proteo, el Episodio 3 de Ulises, caracterizado por el monólogo interior de Stephen Dedalus.

Aquí vemos a Hagbard en el pasado, mientras lee el ficticio libro de Adam Weishaupt Über Strip Schnipp-Schnapp: Weltspielen und Funfwiessenschaft (Sobre el Strip Schnipp-Schnapp: Juegos Mundiales y la Ley de los Cincos) sorprendido de que el fundador de los Illuminati hiciera referencia a la historia zen de la “ternura de abuela” (Grossmutterlich Gefalligkeit), ya que en la época en que lo había escrito, 1776, aquella anécdota protagonizada por Lin-Chi (o Linji o Rinzai Zen) aún no había sido traducida a ningún idioma europeo; también le llama la atención que el mago (Zauberer) alemán hubiera comprendido tan tempranamente la ley que él mismo había bautizado la Ley del Bebé de Alquitrán: “quedas pegado a aquello que atacas”. En esta primera versión lo traduje como “Pozo de Alquitrán” al desconocer la historia del Bebé de Alquitrán (Tar Baby); luego en la revisión iba a cambiarlo, pero se me pasó de largo...

El bebé de alquitrán aparece originalmente en la segunda fábula de Uncle Remus Stories de Joel Chandler Harris, publicado en 1881; es un muñeco hecho de brea utilizado para atrapar al Hermano Conejo. Cuanto más lucha el Hermano Conejo contra el Bebé de Alquitrán, más pegado a él queda, y a esto se refiere la ley postulada por Hagbard. De Wikipedia:

En el cuento, el Hermano Zorro moldea un muñeco de alquitrán y lo viste con algunas ropas. Cuando el Hermano Conejo llega, se dirige al “bebé” de alquitrán amigablemente, pero no recibe respuesta. El Hermano Conejo comienza a sentirse ofendido por lo que percibe como una falta de respeto por parte del Bebé de Alquitrán y lo golpea, pero, al hacerlo, queda pegado. Cuanto más golpea y patea el Hermano Conejo al Bebé de Alquitrán en su rabia, más pegado queda.

Ahora que el Hermano Conejo ha sido atrapado, el Hermano Zorro reflexiona sobre cómo acabar con él. El indefenso pero astuto Hermano Conejo suplica: “Haz lo que quieras conmigo – cuélgame, despelléjame, ahógame – pero por favor, Hermano Zorro, no me arrojes a ese matorral de espinos”, lo cual llevó al sádico Hermano Zorro a hacer exactamente eso, creyendo inocentemente que así iba a causarle el máximo dolor al Hermano Conejo. Sin embargo, dado a que los matorrales son el hogar de los conejos, el ingenioso Hermano Conejo utilizó las espinas del matorral para desprenderse y escapar.

El Hermano Conejo y el Bebé de Alquitrán


Volvemos a repasar la misma escena entre Harry y Hagbard que vimos en la semana pasada pero en este caso desde la perspectiva de Hagbard y sus procesos mentales del momento. En el rápido análisis mental que hace Celine de las actitudes de Harry Coin durante la escena del arma, vemos que gran parte de su ‘telepatía’ le debe más a la lectura del lenguaje corporal o cinésica, a la orgonomía reichiana, a la proxémica y a la paralingüística general que a la ‘telepatía’ pura y dura. Sin embargo, esto no quiere decir que los autores descarten de plano el recurso de la telepatía en su sentido ‘clásico’: luego vemos que la cinésica y la paralingüística son complementos para una telepatía con todas las letras, por ejemplo, cuando Celine ‘lee’ en la mente de Harry que cuando su padre lo golpeaba le decía que “se había comportado como si tuviera sangre de negro”; luego vuelve a hacer gala de su dominio de la telepatía cuando se contacta mentalmente con George Dorn para convocarlo a la sala de control del submarino y descubre que George estaba conectado telepáticamente al Dealy Lama sin saberlo (todo esta escena ya la habíamos leído pero desde la perspectiva de George; ver a partir de la página 167) y también después, durante la escena de la lucha contra las naves Illuminati.  

En la escena del arma con Harry Coin, podemos apreciar que Hagbard es un maestro consumado en el arte de la Programación Neurolingüística, disparando frases hechas condicionantes para provocar y captar las respuestas físico-emocionales de Harry, los ‘Simulacros de Incendio Bávaros’ de los que hablaba Simon Moon en la página 199, palabras condicionantes a las que desde niños estamos programados a obedecer sin chistar y que nos provocan una respuesta emocional que se puede transparentar en nuestras actitudes, como las que dice Hagbard: “siéntate derecho”, “te lo diré una sola vez más”, etc.

Otra cosa sobre Hagbard que podemos apreciar gracias a esta nueva perspectiva, o sea, desde su propia mente, es que es un tipo excepcionalmente metódico; descubrimos que ‘el Sistema Celiniano’ al que se refería Stella en la lectura de la semana pasada no solamente existe como tal, sino que además es un método minuciosamente estructurado y con variantes bien definidas (cinco, claro). El Sistema Celiniano es el método utilizado por Hagbard para ‘sacudir’ y despertar a las personas, que consiste – en resonancia con su carácter trickster – en tenderles una “trampa”, de la cual no se puede salir, ya que “no existe una respuesta correcta, salvo desistir”. En el fragmento nos enteramos al menos de dos variantes de su Sistema: la variante nº 1, el Liebestod, el orgasmo-muerte, la técnica con la que inició a George Dorn, y la táctica del arma con la que enfrentó a Harry Coin, que era “la variante nº 2 de la tercer estrategia básica” de su Sistema. Más adelante, Stella dice “Hagbard y FUCKUP han clasificado sesenta y cuatro mil tipos de personalidades, dependiendo de ‘su manera’, su estrategia para relacionarse con los demás”; creo que esto ilustra mejor que nada lo que decía sobre ser ‘excepcionalmente metódico’.



También se revela la razón por la cual la Demostración de Hagbard fracasó. Con el oro de las estatuas atlantes, los Illuminati planeaban financiar una nueva ola de asesinatos similares a los de la década anterior (JFK, RFK, MLK, etc.) – e incluso más sangrientos – por ende, para frustrar sus planes, Hagbard debía llegar y saquear las ruinas antes que ellos. Al no poder anticipárseles, Hagbard tuvo que torpedearlos, matando (presumiblemente) a los tripulantes de las naves ‘arácnidas’, para evitar posteriormente una matanza mayor. De esta manera, su ‘Demostración’ había fracasado:

Lo primero era que debería tener exactamente un balance bancario de $ 0.00, y lo segundo era que nunca mataría a ningún ser humano a través de su Demostración. Lo que quería demostrar (es decir: que el gobierno es una alucinación o una profecía auto cumplida) solamente podía ser demostrado si todo su equipamiento, incluyendo dinero y personal, le llegaba a través del intercambio honesto o por asociación voluntaria. Bajo estas reglas, no podría disparar ni siquiera en defensa propia, porque el biograma de los sirvientes del gobierno debía ser preservado, y lo único que podía desconectar, desactivar y neutralizar eran sus logogramas. El Sistema Celiniano era consistente pero flexible: atacar los reflejos condicionados específicos que obligan a las personas a buscar dirección y fuerza fuera de sí mismos, o sea, en un dios o un gobierno (págs. 385/386).

Hagbard primeramente se resistió a actuar en contra de su sistema – incluso dice que utilizó el truco del arma con Harry con la esperanza de que Coin acabara con él, así no debía tomar la decisión de destruir las naves Illuminati.

La Demostración falló. Era irritante, pero los libros ya le habían prevenido hace mucho tiempo: “Lo que das es lo que recibirás”. Había aplicado el Sistema Celiniano a unas cuantas personas durante casi tres décadas, y ahora él mismo estaba en medio de una clásica Trampa Celiniana. No había una respuesta correcta, salvo desistir.

Una vez pasada la lucha de la Atlántida, Celine piensa “la Demostración ha fallado; todo lo que puedo hacer es recoger las piezas y salvar lo que se pueda. Comenzando por Dorn, aquí y ahora”. Lo que nunca me quedó muy claro es por qué luego lo envía a George para pactar con la Mafia por el asesinato de otras 23 personas vinculadas a los Illuminati... lo más cercano a una explicación es lo que dice Stella en su diálogo con George (pág. 392):

“¿Asesinar?” preguntó George. “Es difícil no pensar en el Bien y el Mal cuando las cosas se ponen así de tremendas”.

“Durante la Kali Yuga,” respondió Stella, “todas las piezas de los juegos que jugamos son carne de cañón, ¿No te habías dado cuenta?

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Cabalísticamente, en el fragmento de esta semana la séfira Hod está representada magistralmente por dos figuras puntuales, Hagbard y Mamá Sutra, y en menor medida, también por Danny Pricefixer.

Recordemos que hace dos semanas decíamos que Hod es

Una fuerza femenina que representa las cualidades superiores de la mente, como la razón y la lógica, pero igualmente simboliza la intuición y la perspicacia, ambas sospechosas a los ojos de los cabalistas. Representa la sabiduría, así como la superchería y la astucia.

Los dos elementos de Hod se repiten a lo largo de todo el pasaje que nos ocupa: las deducciones inteligentes, y la intuición (incluso en forma de telepatía). Como vimos en el segmento de arriba, los procesos mentales de Hagbard demuestran una mezcla de inteligencia aguda e intuición entrenada que lo pintan como un gran ejemplo de Hod. Danny Pricefixer ha demostrado ser un detective con una inteligencia muy penetrante (como en su desempeño en el caso del prof. Marsh) y una gran capacidad lógica; estos por sí mismo podrían ser atributos de Hod, pero creo que lo que más acentúa su carácter circunscrito a esta séfira es la decisión que lo lleva a ver a Mamá Sutra: “finalmente había decidido seguir su corazonada sobre el atentado a la revista Confrontación”: inteligencia e intuición.

Sin embargo, el personaje más representativo de Hod sin dudas es Mamá Sutra. En efecto si a la descripción de Hod que reprodujimos más arriba le cambiamos “los cabalistas” por “la policía”, la frase parece ser un identikit de su personalidad: “una fuerza femenina que representa las cualidades superiores de la mente, como la razón y la lógica, pero igualmente simboliza la intuición y la perspicacia, ambas sospechosas a los ojos de la policía”. Mamá Sutra “había sido investigada varias veces, pero ninguna de sus actividades podía ser considerada como una violación a la ley”, otra demostración de la sagacidad típica de Hod.



Varios símbolos que conectan a Hod con las séfiroth que la circundan aparecen en la descripción de la sala de espera donde Pricefixer aguarda a ser atendido por Mamá Sutra: “un Buda sonriente al lado de una cruz invertida satánica, un símbolo de la paz, un pentágono y un ojo dentro de una pirámide” (pág. 393). En el Árbol de la Vida vemos que el sendero que conecta a Hod con Netzach contiene la letra hebrea peh, פ, “la boca”, y el que la conecta hacia abajo con Malkut tiene a shin, ש, “los dientes”. “La boca” y “los dientes” del Buda sonriente. En el sendero sefirótico que la une a Tiphareth vemos dos símbolos: el arcano mayor del Tarot nº 15, “El Diablo”, y la letra hebrea ayin, ע, “el ojo”: la cruz invertida satánica y el ojo dentro de la pirámide. Veo una resonancia del pentágono en el arcano mayor del tarot “la Torre” (contenida en el sendero entre Hod y Netzach), pero la similitud de la imagen de la torre golpeada por el rayo con el Pentágono es algo que veremos más adelante y no quiero que sea un spoiler. La habitación austera y completamente blanca del consultorio de Mamá Sutra también parece en consonancia con Hod: “El Esplendor”.

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En el fragmento de esta semana los autores parecen volver con contundencia a uno de los pilares de los Mitos de Illuminatus, las teorías conspirativas que – justamente – involucran la ‘mano negra’ de los Illuminati, aglutinadas principalmente en una teoría conspiranoica en particular, la que ciertamente fue parte del origen de la novela de Shea y RAW: el asesinato de J.F. Kennedy.

Sin embargo, antes del fragmento sobre JFK, se delinean otros tejes y manejes supuestamente perpetrados por los Illuminati: Abe Reles era un sicario de la Mafia que luego se convirtió en testigo del gobierno contra sus compañeros y jefes de la Murder Inc. A pesar de que estaba custodiado por cinco policías, en 1941 se “suicidó” arrojándose al vacío desde la ventana del Hotel Half Moon. Reles iba a atestiguar en contra de su jefe, el capo Albert Anastasia. La teoría oficial dice que la Mafia había ofrecido una suma cuantiosa a los guardias para que Reles se “suicidara”; los Mitos de Illuminatus, por supuesto, insinúan que fueron los conspiradores bávaros (vía Drake y Maldonado) quienes pagaron a los oficiales para hacer el trabajo sucio y así evitar que Reles hablara de la relación entre la Mafia y los Illuminati.

Louis “Lepke” Buchalter (que había mandado a matar al Holandés) era uno de los que había sido entregado por Reles, y había sido condenado a la silla eléctrica. Según los Mitos de Illuminatus, Lepke iba a hablar, pero desistió al percatarse de que uno de los oficiales del Departamento de Justicia era un Illuminati Primi, Winifred, el mismo que había sido cómplice y responsable burocrático del Holocausto, al impedir que los informes sobre los campos de concentración llegaran a ser considerados con seriedad en EEUU y fuera de Europa en general (ver página 199); esto, claro, era para que los cabecillas Illuminati pudieran alcanzar la “Iluminación Trascendental” gracias a la muerte de millones de personas. Winifred no le habló mucho al mafioso, pero “Lepke comprendió: como dijo Bela Lugosi, hay cosas peores que la muerte. Fue ejecutado en 1944.

Los autores también insinúan que el aberrante secuestro y asesinato del hijo del aviador Charles Lindbergh Jr. había sido obra de los Illuminati.

el padre del aviador, el congresal Charles Lindbergh Sr., había criticado abiertamente al monopolio de la Reserva Federal… había declarado en el Congreso “bajo el Acta de la Reserva Federal, el pánico es creado científicamente; el pánico actual fue el primero en ser creado de esa forma, y actúa igual que un problema matemático”

Sumado a esto, el propio Charles Lindbergh Jr., una figura muy popular y de gran influencia (fue el primer piloto en cruzar el océano Atlántico en su monoplano Spirit of St. Louis) estaba abiertamente en contra de la intervención de EEUU en la Segunda Guerra. Según los Mitos de Illuminatus, el Acta de la Reserva Federal y la intervención norteamericana en la Guerra eran planes minuciosamente orquestados por los Illuminati (recordemos que el Gran Maestre Winifred le había contado a R.P. Drake sobre estos planes varios años antes de que se implementaran), y la oposición de la familia Lindbergh, al parecer, era una molestia de la cual debían deshacerse...



Luego saltamos al 22 de noviembre de 1963, día en que John Dillinger, el bandido devenido en líder de los discordianos JAMs, acude a Dallas para frustrar los planes de los Illuminati. Allí, según los Mitos de Illuminatus, la sociedad secreta tenía planeado asesinar al presidente John F. Kennedy, y Dillinger – enterado de sus planes –, había viajado para impedirlo (sobre la relación del asesinato de JFK y el génesis de Illuminatus, pueden consultar esta nota de Adam Gorightly en nuestro blog). “El plan original de John era disparar a Harry Coin antes de que pudiera encargarse del joven hegeliano de Boston”, pero el problema es que descubre que hay otros dos francotiradores, y no tendría tiempo de neutralizar a los tres (Harry Coin, Harvey Lee Oswald, y Ben Volpe). “Si Kennedy tenía que morir, cosa que había salido en las cartas y en el I Ching, (...) entonces el ‘salva lo que puedas’, en este caso, se aplicaba a una sola cosa: joder a los Illuminati. Les daría un misterio que nunca podrían resolver”. Decide ser el asesino del Presidente “aunque me descubran y ya no sea un enigma para molestar a los Illuminati, imagino los titulares demenciales: JOHN DILLINGER ASESINÓ AL PRESIDENTE; la gente creerá que los diarios fueron publicados por Orson Welles”. Sin embargo, un quinto francotirador que Dillinger no había visto se adelanta a todos los demás y pone fin a la vida de JFK. Más adelante sabremos de quién se trata... (recuerden las iniciales H.C.)



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Otros dos enigmas que nos quedan de este pasaje, que se develarán más adelante:

Uno es la extraña frase que piensa Hagbard “no voy a decirle (a George) quienes son Stella y Mavis en realidad”.

Y el otro es ¿cómo se había enterado Hagbard de los planes de los Illuminati para así frustrarlos en su intento de robo de las ruinas atlantes?

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Volviendo a Mamá Sutra, el nombre parece un chistecillo de Wilson y Shea, un juego de palabras homófonas con Kama Sutra. El personaje del Oráculo de la trilogía de The Matrix siempre me resultó muy similar a esta vidente de Illuminatus.

Sin embargo, el nombre Mamá Sutra, además del juego de palabras, también puede encerrar otro significado. Sutra es el nombre que se da a los discursos del Buda y a los de sus discípulos más próximos. También es utilizado para designar a los escritos de otras tradiciones orientales como el hinduismo. El término ‘sutra’ proviene del sánscrito, सूत्र, y literalmente significa ‘cuerda’ o ‘hilo’, aunque generalmente se lo traduce como “sermón” o “discurso”. En este sentido, Mama Sutra podría traducirse como el “Hilo Madre”, algo que – como veremos a medida que avancemos en la novela – tiene bastante sentido, ya que la narración o el “hilo” del relato de Mamá Sutra recorre la trama central de Illuminatus. De hecho, en la página 396 Mamá Sutra parece romper un poco la ‘cuarta pared’ y atisbar en la mente de los autores cuando le dice a Pricefixer: “usted ha tropezado con algo que tranquilamente puede implicar tanto al misticismo de James Joyce, como al asesinato del presidente John F. Kennedy” y que ese ‘algo’ tiene que ver con los Lloigor, la Golden Dawn, y Aleister Crowley, es decir el “secreto” de los Illuminati de la novela...

"Mamá Sutra se parecía a María Ouspenskaya..."


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5 y 23s: “La táctica del arma era la variante nº 2 de la estrategia básica del Sistema Celiniano; tenía cinco secuelas” (pág. 388); “Reles estaba custodiado por cinco policías” (pág. 390); “no pudieron creer que cinco policías hubieran sido sobornados por el Sindicato” (pág. 391); Cinco posibles asesinos de Kennedy: Coin, Oswald, el Italiano, Dillinger y un quinto cuya identidad luego será develada (págs.391/392); “un solo Buda sonriente - al lado de una cruz invertida satánica, un símbolo de la paz, un pentágono y un ojo dentro de una pirámidecinco símbolos en total en el ‘consultorio’ de Mamá Sutra, y “la desaparición de los cinco involucrados” (pág. 393); “saben algo que hace que éste caso sea mucho más importante que cinco homicidios simples” (pág. 394); “24 más 22 igual a 46. Dos veces 23, el número ausente entre 24 y 22. Otro enigma. Y 2 por 4 por 2 por 2 es, veamos, 32. La ley de la caída libre. Física de secundaria. 32 pies por segundo. Y 32 es 23 al revés. Delirante” (pág. 396)



jueves, 4 de agosto de 2016

LECTURA DE ILLUMINATUS: SEMANA 34

Lectura de Illuminatus semana 34

Por Mazzu

Trilogía Illuminatus

(Desde la página 375 a la 385)




00005 reaparece en el ‘mundo cotidiano’ pero en Ingolstadt, en la noche de Walpurgis; a bordo del Leif Erikson, George Dorn, Stella Maris, y Harry Coin hablan sobre la historia de Hagbard Celine y leen un fragmento de su libro Nunca Chifles Mientras Estás Meando...

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00005 es enviado nuevamente el “mundo de Maya” por el Dealy Lama; en medio del trip de vuelta a ‘la realidad’, el agente de la Corona oye una charla en alemán entre dos Illuminati del pasado: Johann Wolfgang von Goethe y Adam Weishaupt; el breve diálogo – una chanza de los autores – podría traducirse así:

Weishaupt: “¿Jugamos al Strip Schnipp-Schnapp?”
Goethe: “¿Strip Schnipp-Schnapp? ¿Esa es tu alta hechicería?”.
Weishaupt: “Sí, sí; el fin justifica los medios”.

En alemán, Schnipp-Schnapp aparece tanto como un juego de cartas (por lo tanto el Strip Schnipp-Schnapp sería algo parecido al Strip Póker), como también el juego infantil del adivinador de papel, o come cocos de papel – por ende supongo que en el “Strip Come Cocos” los jugadores se van quitando la ropa por turnos dependiendo de la “respuesta” del adivinador de papel.

Strip Poker


00005 reaparece en Alemania, más precisamente en el cementerio de Ingolstadt donde un momento antes los cuatro Illuminati Primi habían tenido una reunión (ver página 332) y se “alejan hacia el crepúsculo”. “Ingolstadt siempre me recuerda al escenario de alguna maldita película de Frankenstein” dice Chips; sobre la relación entre Frankenstein, Ingolstadt y los Illuminati ya hemos hablado en la entrada de la semana 19. Luego se dice a sí mismo que aquella misión que había comenzado en Fernando Poo iba a ser la más unheimlich de todas. Esta palabra alemana es sinónimo de “siniestro”, “ominoso”, “inquietante”, aunque la traducción más aproximada a lo literal en español sería “inhóspito”. Esto parece una referencia al breve ensayo de Sigmund Freud Das Unheimliche (1919), donde analiza el sentimiento de lo ominoso – entre otras cosas – en relación a los relatos de terror. Aquí saltamos de un horror lovecraftiano a una referencia (posiblemente) freudiana; saliéndonos un poco del tema que nos ocupa, esta extraña conexión Lovecraft/Freud me trae a la memoria que esta misma relación fue señalada unos años después de la publicación de Illuminatus por Stanley Kubrick en The Shining (1980). En una de las pocas entrevistas que Kubrick dio luego del estreno de la película, el director mencionó que – además del libro homónimo de Stephen King en el cual se basa el film – se había inspirado en dos libros (o mejor dicho, dos ensayos): el ya mencionado Lo Siniestro de Freud, y El Horror Sobrenatural en la Literatura (Supernatural Horror in Literature) de H.P. Lovecraft (1927). En dicha entrevista de 1980 con el escritor y cineasta español Vicente Molina Foix, Kubrick dice:

En su ensayo sobre lo siniestro Freud escribió que el sentido de lo siniestro es la única emoción que se expresa con más contundencia en el arte que en la vida, una afirmación que para mí fue muy reveladora; no me ayudó a escribir el guión, pero creo que es una percepción del género muy interesante. Y leí un trabajo del gran maestro H.P. Lovecraft en el que decía que nunca debes intentar explicar lo que ocurre mientras estimule la imaginación de la gente y su sensación de extrañeza, ansiedad y miedo.



Luego 00005 se da cuenta de algo que lo inquieta profundamente (siempre en la página 375):

Aquel maldito Lama, o San Sapo, o alguien, me había robado casi un mes de mi vida. Entré a lo de San Sapo después de la medianoche del 31 de Marzo (o sea, 1 de Abril), y ahora era 30 de Abril o 1 de Mayo. Walpurgisnacht. La fecha en la que salen todos los fantasmas teutones. Y en Londres probablemente ya me consideraran muerto. Y si llamara intentado explicarles lo que me había sucedido, el viejo W se convencería de que estoy totalmente tocado, para el psiquiátrico.

Además de la significativa fecha (Walpurgisnacht), esto me llamó la atención porque me pareció bastante similar al fenómeno del “tiempo perdido” (missing time) que alegan experimentar muchas víctimas de supuestas abducciones extraterrestres, aunque generalmente reportan una amnesia de una o dos horas, y ¡00005 ‘perdió’ todo un mes!; aunque las personas con esquizofrenia (y 00005 tal vez es una de ellas, según la hipótesis de la que hablamos en la Semana 11) “tienen severas dificultades recuperando asociaciones dentro de un contexto, y esto crea una pérdida dememoria generalizada que convierte el día a día en un desafío”... todo puede ser.

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Cabalísticamente estamos en la esfera dominada por Mercurio, es decir Hermes. Hermes, hijo de Zeus y de la ninfa Maya (la mayor de las siete Pléyades), a los pocos minutos de nacer, creció hasta el tamaño de un niño de cuatro años y poco después robó un rebaño de bueyes que era de Apolo. Una vez descubierto, Apolo lo lleva ante el consejo de dioses del Olimpo, donde el pequeño dios demuestra su intrínseco carácter de trickster, según cuenta Robert Graves en Dioses y Héroes de la Antigua Grecia:

Zeus frunció el ceño y preguntó:
— ¿Quién eres, pequeño?
—Tu hijo Hermes, padre —contestó—. Nací ayer.
—Entonces, seguro que eres inocente de este crimen.
—Robó mis bueyes —añadió Apolo.
—Ayer yo era demasiado joven para distinguir entre el bien y el mal —explicó Hermes—. Hoy ya los distingo y te pido perdón. Puedes quedarte con el resto de los bueyes, si es que son tuyos. Maté sólo a dos y los corté en doce partes iguales, para ofrecerlas en sacrificio a los doce dioses.
—¿Doce dioses? ¿Quién es el duodécimo? —preguntó Apolo.
—Yo mismo —dijo Hermes, haciendo una educada reverencia.
Hermes y Apolo regresaron juntos a la cueva; allí, Hermes cogió la lira hecha con el caparazón de tortuga que estaba bajo las pieles de su canastilla y la tocó tan maravillosamente que Apolo exclamó:
—Suelta ese instrumento. ¡El dios de la música soy yo!
—Lo haré, si puedo quedarme con tus bueyes —contestó Hermes.
Se dieron entonces la mano para sellar el pacto, el primero que nunca se haya hecho, y volvieron al Olimpo, donde explicaron a Zeus que el problema ya estaba resuelto.
Zeus sentó a Hermes en sus rodillas.
—Hijo mío, en el futuro debes tener cuidado de no robar y no contar mentiras. Pareces un chico listo. Has solucionado tu pleito con Apolo muy bien.
—Entonces, nómbrame heraldo tuyo, padre —pidió Hermes—. Te prometo que nunca más diré mentiras, aunque a veces pueda ser mejor no decir toda la verdad.

Luego Zeus lo designó como su heraldo personal y mensajero de los dioses, nombrándolo también dios de los caminos y los viajeros, del comercio, y de la magia. Además de las letras del alfabeto (donde recibió ayuda de las tres parcas), Hermes también inventó las matemáticas, la astronomía, las escalas musicales, los pesos y las medidas, el arte del boxeo y la gimnasia.



El carácter embaucador y tramposo de Hagbard Celine nos recuerda mucho al carácter trickster del propio Hermes en su niñez; Hagbard se deshace de todo su dinero y en la página 381 leemos que “tenía una sola razón para haber regalado todos sus ahorros: demostrarse a sí mismo que lo que quería hacer podía realizarse comenzando desde cero” es decir, como un recién nacido, sin ninguna posesión; Hermes, sin otra cosa que su propio ingenio, a poco de nacer logró convencer a Apolo de que le diera todo su rebaño de bueyes a cambio de una lira; Hagbard, sin otra cosa que su inteligencia, consigue un enorme submarino nuclear; el fragmento que se reproduce de Nunca Chifles Mientras Estás Meando, escrito por Celine, hace énfasis en el Logograma y el Biograma, siendo Logos=Palabra Gramma=escrito, letras, y Hermes – según el mito – era el inventor del alfabeto.

En una de las primeras entradas, la de la segunda semana de lectura, decíamos que “varios personajes principales parecen tener un reflejo qlifótico en otros personajes, así como los séfirot del Árbol de la Vida tienen sus reflejos negativos en los qlifot del Árbol de la Muerte. El concepto jasídico respecto a la creación cabalística es que las diez Sefirot fueron creadas cada una con una Qlifá (singular de Qlifot) encapsulada, un concepto muy similar al del Yin-Yang taoísta y – obviamente – al Hodge-Podge discordiano (Mezco-Lanza), en el sentido de que las fuerzas contrarias contienen una semilla de su antípoda y que se equilibran. (...) Un buen ejemplo son Simon Moon y George Dorn. La primera vez que leí Illuminatus solía confundirlos. Ambos son jóvenes pelilargos/hippies, ambos tienen ideas extrañas, pero donde Simon parece tener ideas abiertas aunque delirantes, George parece tener ideas cerradas y rígidas; Simon parece ser optimista y siempre busca soluciones, pero George es pesimista y tiene ataques de pánico, etc”.

Anteriormente, vimos que Simon se percató que estaba teniendo una “filtración mental” o una “gotera psíquica” que, atravesando las limitaciones espaciotemporales, lo conectaba con su reflejo qlifótico, George Dorn (página 127): “yo estaba desarrollando esta nueva noción sobre la valencia total del escenario permanente. Esto significaría que yo debería irme cuando George llegara, o por decir, Marilyn Monroe tuvo que tomar las píldoras y Jayne Mansfield tuvo que sufrir el accidente automovilístico para dejar espacio a las vibraciones de Raquel Welch”. Y en el fragmento de esta semana vemos que George capta una escena salida directamente de la experiencia y la línea espaciotemporal de Simon Moon (pág. 381):

Una viejecita de Chicago entró al cuarto de George llevando una urna que decía: Madres Contra la Fimosis. Le dio unas monedas, y ella agradeció y se fue. Cuando la puerta se cerró, George se preguntó si aquello había sido una alucinación o la mujer había caído en una curva espaciotemporal y había aparecido en el Lief Erikson

Vemos que esta aparición espectral es una filtración psíquica captada “ahora” (en 1975) por George proveniente del pasado – 1968 – cuando Simon, desde Chicago, le escribía una carta a Joe Malik contándole sobre el fenómeno del 23 y era constantemente interrumpido por señoras que buscaban colectas solidarias al estilo “Madres Contra la Polio, Madres Contra la Psoriasis” etc. (ver pág. 189).

Luego vemos la veta trickster o mercurial de Hagbard en acción cuando usa su “magia” (una forma de hipnotismo mediante la disonancia cognitiva) para confundir los logogramas de los dos agentes de narcóticos, Galley y Eichmann. En ese pasaje (pág. 381/382) se pone de manifiesto el carácter de Celine bien enmarcado en la séfira Hod, que “representa las cualidades superiores de la mente, como la razón y la lógica, pero igualmente simboliza la intuición y la perspicacia”, como decíamos en la entrada anterior.

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En la entrada anterior hablábamos sobre el cuento que el Dealy Lama le relató a 00005 de la Manzana Dorada de Eris: la historia de la humanidad vista como una rueda cíclica de tragicomedias de las cuales no podemos escapar debido a la naturaleza binaria de nuestro razonamiento de si/no, bien/mal, blanco/negro, cuerpo/espíritu, cerebro/corazón, etc. Decíamos que dicha dinámica binaria era muy similar a la que describe Freud entre el Superego y el Id o el Ello; en el fragmento de esta semana, Stella Maris les lee a George y a Harry Coin un jugoso pasaje de Nunca Chifles Mientras Estás Meando donde justamente se hace la misma comparación freudiana, y Hagbard les da los nombres de logograma y biograma. Desde la página 379:

Todo ciudadano de toda sociedad autoritaria posee una especie de “radio” en el cerebro. Dicha radio es esa vocecita que, cada vez que se forma un deseo, pregunta “¿Es seguro? ¿Será aprobado por mi esposa (esposo/jefe/iglesia/comunidad)? ¿Se burlará la gente de mí? ¿Me arrestará la policía?”. Los freudianos la llaman “superego”, y Freud mismo lo caracterizó como “el amo severo del ego”. A través de un estudio más funcional, Peris, Hefferline y Goodman describieron este proceso como “un conjunto de hábitos verbales condicionados” en Terapia Gestalt.

Dicho conjunto, relativamente uniforme en cualquier sociedad autoritaria, determina las acciones que ocurrirán y las que no. Consideremos a la humanidad como un biograma (el patrón básico de ADN del organismo humano y sus potenciales) unido a un logograma (aquel conjunto de “hábitos verbales condicionados”). El biograma no ha cambiado después de cientos de miles de años; el logograma es diferente en cada sociedad. Cuando el logograma refuerza al biograma, tenemos una sociedad libertaria, de las cuales aún pueden encontrarse varios ejemplos entre tribus nativas americanas. Análogamente al confucionismo antes de volverse autoritario y rígido, la ética de los nativos americanos está basada en hablar y actuar desde el corazón - es decir - desde el biograma.

Ninguna sociedad autoritaria puede tolerar esto. Toda autoridad está basada en el condicionamiento de los individuos a actuar de acuerdo al logograma creado por los que ejercen el poder.

Los logogramas autoritarios dividen a la sociedad y a los individuos en fracciones alienadas. Los que están en la base, sufren de lo que llamo la carga de la nesciencia. La actividad sensorial natural del biograma - lo que la persona ve, oye, huele, saborea, siente, y, sobre todo, lo que el organismo como conjunto o como conjunto potencial desea - es siempre irrelevante e inmaterial. El logograma autoritario es el que determina qué es relevante y material, y no el campo de experiencias sensoriales. Esto es tan cierto para un publicista bien pago, como para un obrero de una fábrica. La persona actúa, pero no guiada por la experiencia personal y las evaluaciones de su sistema nervioso, si no por las órdenes de arriba. La experiencia y el juicio personal se tornan no operativos, por lo tanto, menos “reales”. Existen, si es así, solamente en esa tierra fantástica que Freud llamó el Inconsciente. Como nadie ha demostrado la existencia del Inconsciente freudiano, puede ponerse en duda la existencia de la experiencia y el juicio personal; creer en ellos es un acto de fe. El organismo se ha transformado, como dijo Marx, en “una herramienta, una máquina, un robot”.

Sin embargo, los que están en la cima de la pirámide autoritaria, sufren de una igual y opuesta carga de omnisciencia. Todo lo que está prohibido para las clases serviles - la red de percepción, evaluación y participación del universo sensorial - es exigido a la clase dominante. Deben ver, escuchar, oler, saborear, sentir y tomar decisiones por todo el conjunto social.

La gente deduce que a un hombre armado solamente se le dicen cosas que no provocarán su furia. Pero como toda autoridad y gobierno está basado en la fuerza, la clase dominante, con su carga de omnisciencia, enfrenta a la clase servil, con su carga de nesciencia, como un conductor en una carretera enfrenta a su víctima. La comunicación solamente es posible entre iguales. La clase dominante nunca extrae la información suficiente de la clase servil como para saber qué es lo que ocurre realmente en el mundo donde transcurre la verdadera producción de la sociedad. Además, el logograma de las sociedades autoritarias permanece prácticamente inflexible mientras que el resto del universo cambia constantemente. El resultado solamente puede ser una desorientación progresiva de los gobernantes. El final es la debacle.

La esquizofrenia del autoritarismo existe tanto a nivel individual como a nivel social.

Yo lo llamo la ley de la SNEBJ (Situación Normal: Estamos Bien Jodidos).

Ahora bien: la semana pasada decíamos que el objetivo del discordianismo y de la obra de RAW era, tal vez, romper con el condicionamiento binario y sus dogmatismos, pero aquí los autores parecen explicarnos el comportamiento sociopolítico de los seres humanos mediante otro conjunto irremisiblemente binario (logograma/biograma). Entonces, ¿en qué quedamos? Son los propios RAW y Shea los que nos responden, mediante la voz de Hagbard, que hay otro elemento en el conjunto (pág. 382):

“Cuando estás en ése lugar que parece la cima de una montaña,” dijo George, “no estás siguiendo el biograma ni el logograma, ¿No? ¿Qué carajo es, entonces?”.

“Un antigrama” explicó Hagbard, todavía solícito.

Este Antigrama como “camino del medio” me lleva a otra cosa del texto que nos ocupa: Stella sigue relatando la historia de Hagbard – o al menos la historia que Hagbard le contó a ella – y comenta que para realizar su “Demostración” (es decir: demostrar que el gobierno es una alucinación en la mente de los gobernantes o una profecía auto cumplida) su balance bancario debía ser exactamente de $ 0.00 y que “todo su equipamiento, incluyendo dinero y personal, debía llegarle a través del intercambio honesto o por asociación voluntaria” (pág. 385); en consecuencia Hagbard quemó sus documentos de ciudadanía estadounidense, sus papeles de servicio en el ejército, y regaló todo su dinero. Si bien esta es una forma de llevar a la práctica las ideas anarquistas de Celine, también nos recuerda mucho a la ‘Gran Renuncia’ del Buda Siddhārtha Gautama, quien luego del incidente de los “cuatro encuentros” (un viejo, un enfermo, un cadáver, y un asceta) rechazó su jerarquía real, su palacio y sus riquezas para así llevar una vida mendicante, para luego descubrir el “camino del medio” (el antigrama, si seguimos la lógica celiniana) entre el ascetismo extremo (el logograma, el superego) y la indulgencia extrema (el biograma, el ello).



Asimismo, luego vemos una “demostración práctica”: en una línea temporal previa, Hagbard pone a Harry Coin en un predicamento tal, similar a los koans del zen, que Harry no puede elegir entre sí y no, sólo puede no-hacer, es decir, alcanzar el antigrama, el camino medio. Este “problema” es parecido – en cierta medida – al koan del ganso en la botella que analizamos en una entrada anterior: no tiene solución, ya que no es un acertijo; la única manera de ‘resolverlo’ es saliéndose de las pautas establecidas del pensamiento binario, a lo cual Harry Coin accede luego de agotar sus posibilidades mientras Celine le apunta con un arma: “por primera vez en su vida, Harry Coin conoció la paz mientras se relajaba para morir” (pág. 384). Si bien el violento método celiniano tiene poco que ver con el budismo ortodoxo – se asemeja un poco más a ciertas formas de budismo zen y a aquella historia de “la ternura de la abuela” – creo que los autores delinearon una filosofía subyacente bastante similar. Coin deja de aferrarse a sus procesos mentales habituales y encuentra la paz, y este es un concepto clave en el budismo. En El Budismo: Introducción a su Historia y Enseñanzas, el autor Donald S. López comenta:

El sello distintivo del pensamiento budista es la doctrina de la ausencia de individualidad. (...) Dicha doctrina sostiene que una individualidad permanente, indivisible y autónoma es una ilusión, y que la creencia en esa individualidad es precisamente la causa de todos los sufrimientos. (...) El budismo sostiene que los cinco skandhas (los cinco “agregados”; los constituyentes físicos y mentales del individuo: la forma, la sensación, el discernimiento, los factores condicionantes, y la consciencia) constituyen la lista de componentes de lo que nosotros llamamos la “persona”. Es especialmente significativo el hecho que cada uno de los agregados y todas sus subcategorías sean temporales, ninguno perdura más que un instante. Así pues, no vale la pena aferrarse a nada. Uno puede buscar minuciosamente entre todos los agregados y no podrá encontrar nada que no se desintegre al instante siguiente en que aparezca. La conclusión más importante que de ello se deriva es que no existe ninguna individualidad entre los agregados. De hecho, el cuerpo y la mente funcionan perfectamente sin un actor de los actos ni un pensador de los pensamientos. Lo que llamamos la persona es solo un proceso, una cadena de causas y efectos, movido por el motor del karma. Percibir una individualidad en medio de este proceso, sostener la existencia de un poseedor cuyas posesiones se extienden al cuerpo y la mente y, luego, al exterior en el mundo, movido por el deseo y protegido por el odio, solo conlleva a forjar más eslabones en la cadena del renacimiento. Para poner fin al sufrimiento es necesario percibir una ausencia, ver que la individualidad, que parecía tan real en un primer momento, nunca ha existido.

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Al comienzo mencionamos la entrada de la semana 2, y eso me trajo a la memoria algo sobre lo cual hablábamos en dicho fragmento que tiene resonancia con el pasaje de esta semana; allí decíamos que varias de las características de los personajes van mutando a medida que la novela avanza, de la misma manera que en el I Ching un trazo yin mutable (6) o yang mutable (9) de determinado hexagrama muta para brindar un hexagrama complementario. Justamente, en la página 376 leemos:

“Oh, (Hagbard) nos mató” dijo Harry (...) “Lo que él hace es peor que la pena capital. No soy el mismo hombre que era antes. Es bastante malo, hasta que lo superas”.

“Ya lo sé” dijo George sonriendo. “Lo he vivido en carne propia”

Tal vez George y Harry son dos de los ejemplos más claros de esta mutación, transformación o evolución; George comienza su aventura como un personaje miedoso, culposo y un tanto masoquista, pero luego de una serie de iniciaciones a las que es sometido por Hagbard, supera sus inhibiciones y tiene “la Gran Duda”. Otros personajes atraviesan transformaciones similares: Harry Coin, Joe Malik, Saul Goodman, etc.; esta semejanza de las mutaciones de los personajes con las mutaciones de los hexagramas del I Ching – además de ser una característica genial y única de Illuminatus – quizá no sea casual, y más adelante se nos devela su conexión con FUCKUP.



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Un par de notas más sobre el fragmento de esta semana:

Los autores vuelven nuevamente sobre el tema de la disonancia cognitiva de la que hemos hablado en entradas anteriores (ver Semana 8, Semana 15, Semana 25) y que parece ser un recurso significante a lo largo de toda la novela: al comienzo de Illuminatus vimos más de una docena de teorías sobre el origen de los Illuminati y sobre su propósito; lo mismo pasa con los Discordianos; otro tanto con la Atlántida, etc. En el fragmento de esta semana vemos versiones enfrentadas o disonantes a las versiones previas que conocíamos sobre la historia de Hagbard y los indios, sobre los asesinatos de Harry, y sobre la violación de George. Creo que no es casual que junto a estas versiones disonantes, los autores cuenten la historia del reclutamiento de Galley y Eichmann, dado el método que Hagbard utiliza para ‘desarmarlos’: provocarles un cortocircuito en el logograma (el condicionamiento social) mediante, justamente, la disonancia cognitiva. De Wikipedia:

El concepto fue formulado por primera vez en 1957 por el psicólogo estadounidense Leon Festinger en su obra A theory of cognitive dissonance. La teoría de Festinger plantea que al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

La manera en que se produce la reducción de la disonancia puede tomar distintos caminos o formas. Una muy notable es un cambio de actitud o de ideas ante la realidad.

John Voight en El Hotel Claridge, en Midnight Cowboy


El Hotel Claridge calle 44 en New York donde Galley y Eichmann intentan arrestar a Hagbard es el mismo hotel donde se registra Joe Buck (John Voight) al comienzo de Midnight Cowboy.

Otro pasaje gracioso que nos revela el carácter bribón de Hagbard está en la página 380:

Ese otoño Hagbard se instaló en Roma. Trabajó como guía turístico, y se divertía combinando la historia romana auténtica con la de Cecil B. DeMille (los turistas jamás se dieron cuenta)

Cecil B. DeMille fue un director y productor de Hollywood famoso por realizar películas extravagantes, épicas y grandilocuentes como Los Diez Mandamientos (1956, con Charlton Heston como Moisés) y Sansón y Dalila (1949, con Hedy Lamarr y Victor Mature)

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5s y 23s: “Veintitrés años, exactamente” (pág. 375); “desde entonces realmente había asesinado a cinco hombres” (pág. 376); “Eso fue hace mucho tiempo, en los 50s, creo” (pág. 377)