jueves, 21 de abril de 2016

LECTURA DE ILLUMINATUS: SEMANA 19

Lectura de Illuminatus semana 19

Por Mazzu

Trilogía Illuminatus

(Desde la página 214 a la 224)




Finalizada la batalla de la Atlántida, Hagbard inspecciona el botín: cuatro magníficas estatuas atlantes de oro; Milo Flanagan y Otto Waterhouse captan una fuga en el esquema de los Illuminati; George Dorn se prepara para negociar con el líder del crimen organizado: Robert Putney Drake.

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En una entrevista de 1976 con Neal Wilgus, RAW contó que “las partes de la Atlántida son 99% de Shea”. La escena de la batalla de la Atlántida entre el Submarino de Hagbard y los Illuminati, tiene reminiscencias de la literatura pulp de aventuras de la década de 1930 (a la cual Robert Shea era muy afecto) y también un aire a 20.000 Leguas de Viaje Submarino, de Jules Verne. De hecho, en dicha novela el Nautilus del capitán Nemo visita también las ruinas sumergidas de la Atlántida:

Allí, bajo mis ojos, abismada y en ruinas, aparecía una ciudad destruida, con sus tejados derruidos, sus templos abatidos, sus arcos dislocados, sus columnas yacentes en tierra. En esas ruinas se adivinaban aún las sólidas proporciones de una especie de arquitectura toscana. Más lejos, se veían los restos de un gigantesco acueducto; en otro lugar, la achatada elevación de una acrópolis, con las formas flotantes de un Partenón; allá, los vestigios de un malecón que en otro tiempo debió abrigar en el puerto situado a orillas de un océano desaparecido los barcos mercantes y los trirremes de guerra; más allá, largos alineamientos de murallas derruidas, anchas calles desiertas, toda una Pompeya hundida bajo las aguas, que el capitán Nemo resucitaba a mi mirada.

¿Dónde estaba? ¿Dónde estaba? Quería saberlo a toda costa, quería hablar, quería arrancarme la esfera de cobre que aprisionaba mi cabeza.

Pero el capitán Nemo vino hacia mí y me contuvo con un gesto. Luego, recogiendo un trozo de piedra pizarrosa, se dirigió a una roca de basalto negro y en ella trazó esta única palabra:

ATLANTIDA

¡Qué relámpago atravesó mi mente! ¡La Atlántida! ¡La antigua Merópide de Teopompo, la Atlántida de Platón, ese continente negado por Orígenes, Porfirio, Jámblico, D'Anville, Malte Brun, Humboldt, para quienes su desaparición era un relato legendario, y admitido por Posidonio, Plinio, Ammien Marcellin, Tertuliano, Engel, Sherer, Tournefort, Buffon y D'Avezac, lo tenía yo ante mis ojos, con el irrecusable testimonio de la catástrofe. Ésa era, pues, la desaparecida región que existía fuera de Europa, del Asia, de Libia, más allá de las columnas de Hércules. Allí era donde vivía ese pueblo poderoso de los atlantes contra el que la antigua Grecia libró sus primeras guerras.



La historia que conocemos de la Atlántida viene de los tiempos clásicos y está contenida esencialmente en los diálogos Timeo y Critias de Platón. Allí se habla de una gran isla llamada Atlántida, “más grande que Asia y Libia juntas”, situada más allá de las Columnas de Hércules (el estrecho de Gibraltar), que estaba habitada por un pueblo poderoso y guerrero, que en cierta ocasión invadió Europa y fue rechazado por los griegos. Luego, la gran isla desapareció, tragada por el mar.

Según dice Platón en Timeo y Critias, escritos hacia el 355 a.C, la historia de la Atlántida la trajo Solón de Atenas luego de su visita a Egipto hacia el 575 a.C, a quien se la habría narrado un sacerdote egipcio del templo de Sais, de nombre Sonchis, o Sonquis. En Timeo se dice que “en aquella época, se podía atravesar aquel océano dado que había una isla delante de la desembocadura que vosotros llamáis columnas de Hércules”. La historia narrada por Platón menciona un primer contacto de Atenas con los atlantes, a partir de un intento de conquista por parte de éstos unos 9.000 años antes del tiempo de Solón. Poco después de este intento de invasión por parte de los atlantes, la Atlántida desapareció como consecuencia de un desastre natural (o causado por los dioses)

Hay muchas teorías sobre este mítico ‘continente perdido’ y no vamos a desmenuzarlas en profundidad a todas – hay algunos sitios de internet enteramente dedicados a ello –; incluso podría decirse que hay tantas teorías como hay atlantólogos, pero básicamente hay tres posturas bien definidas al respecto: 1) la que defiende que la Atlántida existió y, tal como cuenta Platón, desapareció; 2) la que defiende la existencia de la Atlántida como el recuerdo deformado de algún pueblo antiguo desaparecido; y 3) los que creen que jamás existió y que Platón creó la historia de la Atlántida con el propósito de expresar sus reflexiones políticas.

Dentro de las teorías que defienden su existencia, podemos clasificar las diferentes hipótesis en base al emplazamiento geográfico que postulan:

- La Atlántida Minoica, que la ubica en Creta, en el mar Mediterráneo, y cuyo pueblo se trataría de una cultura prehelénica que habría desaparecido tras la erupción del volcán de la isla Thera o Santorini alrededor de 1640 a. C. Algunos atlantólogos que defienden esta hipótesis son Angelos Galanopoulos, Spyridon Marinatos, y el finado explorador de los mares Jacques Cousteau.

- La Atlántida Mediterránea: diferentes autores la localizan en diferentes lugares; para Robert Sarmast, estaba cerca de Chipre; A. Giovannini, Dora Katsonopoulou, y Steven Soter defienden la teoría de que el hundimiento de la ciudad de Hélice durante la ápoca de Platón fue lo que inspiró al filósofo para el cuento de la Atlántida; para Sergio Frau, la Atlántida estaba en Cerdeña, donde un tsunami habría destruido a la civilización nurágica, cuyos sobrevivientes fundaron la civilización etrusca; los autores Anton Mifsud, Simon Mifsud, Chris Agius Sultana y Charles Savona Ventura consideran que la isla de Malta, al ser el emplazamiento de algunas de las estructuras más antiguas construidas por el hombre, es la locación de la Atlántida.

- La Atlántida Española, que tiene dos posibles ubicaciones: la hipótesis tartesia la ubicaría al sur de España, cerca del estrecho de Gibraltar, en el Coto de Doñana (tesis defendida por varios autores españoles y alemanes, entre ellos José Pellicer de Ossau I Tovar – en el siglo XVII – y en la actualidad por Rainer W. Kühne); y la hipótesis gallega, que la ubica al norte de la península ibérica, propuesta por Jorge María Ribero Meneses

- La Atlántida Africana, que tiene varias locaciones: Georgeos Díaz-Montexano la ubica frente al estrecho de Gibraltar; Robert Graves la ubica en la isla de Faro (Pharos), frente a Alejandría, en Egipto; según Michael Hübner, estaba al sudoeste de Marruecos, en el Atlántico; el geólogo francés Jacques Collina-Girard la localiza en el Banco de Majuán o de Espartel, que es una isla sumergida cercana al Estrecho de Gibraltar, al norte de Marruecos.

- La Atlántida de Oriente Medio también tiene numerosas variantes: según Peter James, estaría en una antigua ciudad costera de Anatolia, en la parte asiática de lo que hoy es Turquía; para el autor chileno Jaime Manuschevich, era una isla de la antigua Canaán que hoy corresponde a Israel y el Sinaí; los investigadores alemanes Siegfried y Christian Schoppe la colocan en el Mar Negro.

- La Atlántida Americana: algunos historiadores del siglo XVI – como Francisco López de Gómara, Agustín de Zárate, y Pedro Sarmiento de Gamboa – creyeron que lo que Cristóbal Colón había descubierto era nada más y nada menos que la famosa isla descrita por Platón; varios autores del siglo XIX (como Charles Étienne Brasseur de Bourbourg, Edward Herbert Thompson o Augustus Le Plongeon), propusieron que la Atlántida estaría relacionada con las culturas maya y azteca, y recalcan la similitud de algunos vocablos como Aztlán y Atlas; el autor Jim Allen propone que lo que describía Platón era la civilización del altiplano boliviano; por su parte, el autor Andrew Collins defiende la hipótesis cubana (en 2001 se documentaron por primera vez unas imágenes de sonar interpretadas como una compleja estructura de granito sumergida cerca de la costa cubana de Guanahacabibes)

- La Atlántida Hiperbórea: varios autores localizan a la Atlántida en los mares del norte;  el inglés William Comyns Beaumont y el escocés Lewis Spence la ubican en Gran Bretaña; el geógrafo sueco Ulf Erlingsson postula que la civilización atlante no es otra que la cultura neolítica constructora de megalitos de Irlanda; los autores alemanes Jürgen Spanuth y Gerhard Herm la colocan en Dinamarca; el mitólogo finés Ior Bock la ubicaba en el Mar Báltico; Julius Evola, Madame Blavatsky, y varios esoteristas coincidían con la creencia nazi de que la ‘raza aria’ provenía de la Atlántida, que según la Sociedad Thule, habría estado ubicada en Hiperbórea, en el extremo norte, tal vez en Groenlandia.

- Y – por último – la Atlántida Clásica, la que toma los dichos de Platón de manera más literal, que estaría situada en el océano Atlántico, a mitad de camino entre África y América, y de la cual las Islas Azores serían los últimos vestigios; varios atlantólogos defienden este emplazamiento, siendo el más notable el norteamericano Ignatius Donnelly. En Illuminatus, Shea y Wilson la localizan precisamente aquí.



En su libro Legados de la Atlántida, el atlantólogo Eduardo Miquel explica que:

En esta isla Atlántida pudo haberse desarrollado una civilización madre cuyas características las harían antecesoras de la civilización egipcia o incluso de la sumeria… entre otras, antes de su dispersión y que pudieron haber establecido colonias en otros lugares del mundo. Esta hipótesis de trabajo, entronca en mayor o menor medida con la teoría difusionista de la civilización, defendida inicialmente por Carlos de Sigüenza en el siglo XVII que también estudio la Atlántida, y después por el atlantólogo norteamericano Ignatius Donnelly. Aunque muchos otros autores hablaron de la Atlántida antes que Donnelly, entre los más importantes el monje jesuita Athanasius Kircher contemporáneo a su vez de Sigüenza, entre otros muchos, tratar de nombrarlos a todos sería una tarea ardua, aunque Donnelly fue quizás el primero de la era moderna que intentó abordar el problema desde el punto de vista científico.

En su libro de 1882 Atlántida: el Mundo Antediluviano Donnelly proponía a la Atlántida como la cuna de la civilización, el lugar donde los seres humanos habían salido de la barbarie. Creía también que los dioses y diosas de los mitos antiguos eran las versiones mitificadas de reyes y reinas de la Atlántida, y que la mitología recordaba – de manera adornada – hechos históricos. Para Donnelly, la Atlántida representaba la base del mito del Edén o del Jardín de las Hespérides.

En Illuminatus, los autores parecen usar como base para su relato el emplazamiento atlante de Donnelly, y también a su teoría difusionista que ve a la cultura atlante como la madre de de todas las culturas, tanto americanas, como africanas, asiáticas, y europeas. Donnelly sugería que ciertas similitudes entre las civilizaciones del Viejo y Nuevo Mundo podían ser evidencia de esa cultura madre, por ejemplo, el hecho de que hubiera pirámides a ambos lados del Atlántico, y fue – tal vez – uno de los primeros en teorizar que los atlantes eran constructores de pirámides; en Illuminatus leemos (pág. 217) que las obras atlantes:

“...eran distintas a las obras de cualquier otra cultura que George conociera, lo cual era de esperar, después de todo. Eran realistas y fantásticas al mismo tiempo, y abstractamente intelectuales. Tenían similitudes con el arte egipcio, maya, griego clásico, chino y gótico, combinado con un leve aspecto sorprendentemente moderno. Algunas de las características de las estatuas eran totalmente únicas, cualidades sin duda perdidas por las civilizaciones posteriores a la Atlántida, pero que podían hallarse igualmente en el mundo del arte conocido, preservadas y enfatizadas por otras culturas. George cayó en la cuenta de que ese era el arte de Ur; observar las estatuas era como escuchar una frase en el primer lenguaje hablado de la humanidad”.

Wilson y Shea señalan una transición entre dos épocas de la civilización atlante: la Alta Atlántida o Atlantida Antigua, y la Baja Atlántida o Atlántida Tardía. La civilización de la Alta Atlántida habría alcanzado un elevado nivel tecnológico, incluso superior al de hoy en día; esto, creo yo, fue tomado por los autores de Illuminatus de las famosas lecturas psíquicas de Edgar Cayce (aunque los teósofos y Madame Blavatsky postulaban algo similar); Cayce también hablaba de un primer cataclismo atlante provocado por la tecnología del hombre, igual que el desastre que en Illuminatus Hagbard llama “el Ojo del Mal” (pág. 214), y fue también él quien – en una de sus lecturas psíquicas – le dio los nombres de Poseida y Peos a la región y a la ciudad atlantes respectivamente, y ambos nombres son utilizados en Illuminatus; casi inmediatamente luego de esta catástrofe aquél alto nivel tecnológico se habría perdido; la Alta Atlántida de Illuminatus sería como la propuesta por Cayce, y la Baja Atlántida sería el pueblo que según Platón invadió la Península del Peloponeso unos 9.500 años antes de la Era Común.



Ahora, bien: planteémonos por un instante la teoría de la inexistencia virtual de la Atlántida; consideremos por un rato – más allá de nuestros sesgos personales – si, como dicen varios estudiosos del pensamiento platónico, Platón se inventó todo el relato de una civilización desaparecida para exponer de manera metafórica sus ideales políticos y sociales. En la entrada de Wikipedia dice “estudiosos, como Marinatos o J. V. Luce, reconocen que Platón crea la historia de la Atlántida, con el propósito de expresar sus reflexiones políticas, pero añaden que su relato deja entrever antiguas tradiciones sobre las civilizaciones de la cuenca del Egeo durante la Edad del Bronce”; parte ficción y parte realidad... ¿a qué les suena? La Atlántida es perfecta para Illuminatus, un Jodementes donde la ficción y la realidad están entretejidas de manera ininteligible. La Atlántida sería entonces un enorme Jodementes: miles de personas a lo largo de los siglos teorizando sobre ella u organizando expediciones en búsqueda de algo que nunca existió... ¿sería el viejo Platón una de las tantas encarnaciones del pícaro Malaclypse el Viejo?



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En varias partes de Illuminatus los autores hacen referencia a Frankenstein, la novela de Mary Wollstonecraft Shelley. Específicamente, en la página 221, leemos

La noche del 2 de Febrero de 1776 era oscura y ventosa en Ingolstadt; en efecto, el estudio de Adam Weishaupt parecía el escenario de una película de Frankenstein, con sus ventanas traqueteando, las velas parpadeando, y las sombras aterrorizantes que el viejo Adam proyectaba mientras iba y venía con su peculiar paso tambaleante.

Si bien Shea y Wilson refieren a la película y no a la novela, comparemos la ambientación de esa escena de Illuminatus con la escena del comienzo del capítulo IV de Frankenstein, cuando el Dr. Víctor finalmente logra dar vida a su criatura:

Una desapacible noche de noviembre contemplé el final de mis esfuerzos. Con una ansiedad rayana en la agonía, coloqué a mi alrededor los instrumentos que me iban a permitir infundir un hálito de vida a la cosa inerte que yacía a mis pies. Era ya la una de la madrugada; la lluvia golpeaba las ventanas sombríamente, y la vela casi se había consumido, cuando, a la mortecina luz de la llama, vi cómo la criatura abría sus ojos amarillentos y apagados. Respiró profundamente y un movimiento convulsivo sacudió su cuerpo.

Frankenstein, por Berni Wrightson


Ahora bien, las similitudes entre Weishaupt y Frankenstein no culminan ahí: el Víctor Frankenstein de la novela de Mary Shelley había estudiado (comenzando sus estudios nada más y nada menos que a la significativa edad de 17 años) en la Universidad de Ingolstadt, ¡el mismo instituto donde Adam Weishaupt había dado clases! Pero esta locación particular tal vez no fue fruto de la simple coincidencia: al parecer, Mary Shelley había utilizado esa localidad como un símbolo.

Hay muchas y muy variadas interpretaciones de Frankenstein, pero una que llamó mi atención en particular fue la ofrecida por Vic Sage, profesor de la Universidad de East Anglia, en Inglaterra:

La criatura de Frankenstein se ha interpretado como un símbolo del pensamiento revolucionario que recorría Europa en la década de 1790, pero que se había esfumado en gran medida para el tiempo en que Shelley escribió la novela.

Algunos críticos sostienen que el hecho de que la criatura no logre prosperar y el caos que desata son evidencia de que Mary Shelley estaba en contra de las revoluciones – a diferencia de sus padres radicales y de su esposo – y de que apoyaba el orden tradicional.

Sin embargo, mediante la aplicación de los valores modernos de la narrativa, es evidente que las fallas se encuentran en el hombre, el creador, y no la criatura

Al parecer, Víctor Frankenstein personificaba una caricatura de su esposo, Percy Shelley, como podemos leer en Mary Shelley: Her Life, Her Fiction, Her Monsters de Anne Kostelanetz Mellor:

Al colocar a Víctor Frankenstein en la Universidad de Ingolstadt, Mary Shelley marcó aún más su asociación con las políticas radicales defendidas por Percy Shelley en Queen Mab (1813). Ingolstadt era famosa por haber sido el hogar de los Illuminati, una sociedad secreta revolucionaria fundada en 1776 por el Profesor de Derecho Adam Weishaupt, que abogó por la perfección de la humanidad a través de la destrucción de las instituciones religiosas y políticas establecidas. Percy Shelley había apoyado con entusiasmo los objetivos de Weishaupt (...) de liberar a todos los hombres de la esclavitud impuesta por “la sociedad, los gobiernos, las ciencias y la religión falsa”. (...) Ella percibía en Percy una arrogancia intelectual o creencia en la importancia suprema de abstracciones mentales que lo llevaron a ser insensible a los sentimientos de los que no comparten sus ideas y entusiasmo.

Con esto en mente, podemos ver a Víctor Frankenstein también como una caricatura crítica de Percey Shelley y del propio Adam Weishaupt, un ‘Moderno Prometeo’ que intenta regalar la libertad a su criatura (las masas oprimidas por “las instituciones religiosas y políticas establecidas”) y que su propio engendro se rebela contra su creador, desatando el caos en una situación que se escapa de sus manos. Una crítica conservadora a las ideas revolucionarias del Iluminismo, o – podríamos decir con el lenguaje de Illuminatus – una diatriba neófoba contra la neofilia del Zeitgeist de la segunda mitad del siglo XVIII.

¿Fue Mary Shelley una de las primeras escritoras anti-Illuminati? ¿Shea y RAW eran conscientes de todo esto al identificar a Weishaupt con Frankenstein?

Berni Wrightson


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Por cierto, esa escena en el estudio de Adam Weishaupt en la página 221 rebalsa de elementos de los Mitos de Illuminatus y de la Operación Jodementes: los autores mezclan a un personaje histórico como Adam Weishaupt con un libro ficticio – el Necronomicon –, teorías conspirativas delirantes, y humor ácido.



Weishaupt está estudiando inglés, ¿por qué lo hace?; necesita aprender el idioma porque luego matará y suplantará a George Washington, claro.

Allí supuestamente Weishaupt – colocado en hachís y leyendo el Necronomicon – descubre la Ley de los Cincos y ve a Bugs Bunny (supongo que mediante una proyección al futuro del Morgensheutegesternwelt) en la figura de un Shoggoth lovecraftiano; “Du haxen Hase” es el equivalente alemán del inglés “Wascally Wabbit” (“Rascally Rabbit” – “Pícaro Conejo”) que dice Elmer Fudd. Descubre el 23 oculto en el signo V discordiano, que en su época aún no existía, pero que él puede ver gracias a su proyección al futuro, como le sucede a Joe Malik unas páginas antes – una especie de flashback de ácido pero retroactivo – algo muy de Illuminatus:

“El Signo de los Cuernos, hecho con los dos primeros dedos levantados en V sosteniendo los otros tres contra la palma: el dos, el tres y su unión en el cinco. Padre, Hijo y Diablo Santo… la Dualidad del bien y el mal, la Trinidad de la Cabeza de Dios… el biciclo y el triciclo…”

Bendición/Maldición por Eliphas Levi


También se adelanta en más de un siglo a H.P. Lovecraft, Harold T. Wilkins, y Erich von Däniken y la teoría de los ‘astronautas ancestrales’ al descubrir a los squinks gracias a un error lingüístico. “¿Y qué aspecto tendría un squink? Sin dudas, sería una mezcla entre zorrillo y calamar: tendría ocho brazos y apestaría a hoch Himmel”. En los Mitos de Illuminatus los squinks serían una especie de demiurgos extraterrestres bastante torpes (“eran dueños de Patada Veloz s.r.l., los contratistas más impresentables de la Vía Láctea”) que crearon la vida en la Tierra y los culpables de que nuestras vidas sean efímeras, dado a que nos programaron con la Idea de la Muerte para minimizar los costos de creación: “Patada Veloz s.r.l. recortó los gastos más de lo pensado, y la Tierra se transformo en el Ejemplo Horrible citado en todas las clases de diseño planetario de la galaxia” (pág. 197).

Aunque la identificación entre los Shoggoths lovecraftianos y los Squinks no es total, sí tienen algunos puntos en común; en el relato En las Montañas de la Locura, Lovecraft cuenta que los Shoggoths fueron creados genéticamente como esclavos por los Grandes Antiguos, la raza extraterrestre con cabeza en forma de estrella de 5 puntas que habría poblado la Antártida millones de años antes de la aparición del ser humano. Los Grandes Antiguos habrían creado la vida sobre la tierra, según Lovecraft en el mismo relato, y también a los Shoggoths:

En el mar, primero para alimentarse y luego con otros propósitos, crearon las formas originales de la vida terrestre a partir de sustancias que conocían desde hacía mucho tiempo. Luego de haber aniquilado a varios enemigos cósmicos se dedicaron a los experimentos más complicados. Habían hecho lo mismo en otros planetas, no contentándose solamente con elaborar alimentos, sino también ciertas masas protoplásmicas capaces de transformar sus tejidos en toda clase de órganos bajo influencias hipnóticas. Estas masas eran así perfectos esclavos, encargados de las labores más pesadas. (Se trataba sin duda de las criaturas viscosas que Abdul Alhazred llama shoggoths en su terrible. Necronomicon, aunque aquel árabe loco no insinuó jamás que habrían existido en la Tierra, excepto en los sueños de quienes masticaban cierta hierba alcaloidea.) Cuando los Grandes Antiguos de cabeza de estrella lograron sintetizar sus principales alimentos y difundieron por el mundo un buen número de shoggoths, dejaron que otros grupos celulares evolucionaran libremente, eliminando a aquellos que podían traer dificultades.

Shoggoth, de la revista Conan the Savage #4 (noviembre 1995)


(...)Estos vertebrados, lo mismo que una infinidad de otras formas de vida — animal, vegetal, marina, terrestre y aérea —, eran producto de una evolución no dirigida que actuaba sobre las células creadas por los Grandes Antiguos. Se había permitido que se desarrollaran libremente por no haberse rebelado nunca contra sus amos. Los organismos de difícil dominación, como es natural, fueron exterminados mecánicamente. Nos llamó la atención ver que en las últimas y más decadentes esculturas aparecían unos mamíferos usados a veces como alimento y otras como divertidos bufones, y cuyos rasgos simiescos y humanos eran indudables.

Los Shoggoths habían sido dotados con mucha fuerza y poca inteligencia, pero con el transcurrir de las eras su intelecto se incrementó y se sublevaron contra sus amos, cosa que precipitó la caída de los Antiguos, que estaban ya en guerra con los Primordiales. Por ende, los squinks serían más como los Grandes Antiguos – creadores de la vida – que como los shoggoths – meros esclavos de aquellos; sin embargo, en la entrada de Wikipedia sobre ellos hay una versión que propone a los shoggoths como los creadores de Ubbo-Sathla, el “amorfo y estúpido demiurgo”, responsable a su vez de la creación de la vida en este planeta; aunque Ubbo-Sathla aparece en el cuento homónimo de Clark Ashton Smith, no he encontrado ningún relato que lo relacione con los shoggoths y respalde la afirmación de la página de Wikipedia (si algún lector de este blog descubre algo, hágamelo saber – ¡Gracias!)

 “La noche del 2 de Febrero...” puede ser una referencia wilsoniana a la fecha de nacimiento de James Joyce.

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En la página 222 George observa la “tarjeta dorada con extraños jeroglíficos” que Hagbard le había dado como “talismán de protección”:



Podemos traducir esto como ‘NEVER WHISTLE WHILE YOURE PISSING’ (Nunca Chifles Mientras Estás Meando) con el alfabeto que figura en el Apéndice Beth la página 566.

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Algo de los Mitos de Illuminatus que se hace patente esta semana es la conexión que trazan los autores entre los sacrificios humanos en todas las épocas de la historia de la humanidad y ciertas fuerzas externas, ciertos entes lovecraftianos apenas insinuados en el fragmento que nos ocupa.

En la página 217 Hagbard nos cuenta que los miembros del Círculo Intacto – los ancestros atlantes de los Illuminati – además de ser los creadores de la primera religión del mundo, fueron quienes dieron inicio al sacrificio humano ritual. En la página 214 Hagbard le cuenta a George que

“Su civilización fue herida de muerte en los días del Ojo del Mal. Un tercio murió - casi la mitad de la población humana del planeta en aquellos tiempos -. Luego del Ojo algo les impidió recuperarse”.

Y en la página 215 continúa:

“Esa segunda civilización alcanzó un nivel un tanto más adelantado que el de los griegos y los romanos, pero nada como sus predecesores. Parece que una fuerza maléfica estaba empecinada en destruirla también, y fue destruida hace unos diez mil años.”

Luego, en la página 217 profundiza sobre el culto:

“La escultura es producto del culto más infecto de la Atlántida. Ellos dieron origen al sacrificio humano. Primero practicaban la castración, pero luego comenzaron a matar hombres en vez de simplemente cortarles las bolas. Después, cuando las mujeres fueron dominadas, el sacrificio era una virgen que entregaban supuestamente a Los No Amados, mientras todavía era pura”.

El nombre Los No Amados suena a los horribles y monstruosos dioses de los Mitos de Cthulhu, más si tenemos en cuenta que unas páginas más adelante el mismo Adam Weishaupt menciona al Necronomicon y a los Shoggoths. De la escena de Weishaupt saltamos a una escena en el campo de concentración en Auschwitz, y de ahí a los sacrificios rituales de los aztecas a Tlaloc, contexto en el cual los autores parecen querer insinuar que los campos de concentración eran sitios en los que los nazis realizaban enormes sacrificios humanos para los dioses oscuros, algo que una obra que influyó bastante a Illuminatus, El Retorno de los Brujos, de Pauwels y Bergier, pone de manifiesto insinuando que los nazis intentaban ponerse en contacto con fuerzas sobrehumanas denominadas ‘los Superiores Desconocidos’, como ya hemos explicado en entradas anteriores (ver SEMANA 11 y SEMANA 16). Por terrible que suena esto, tiene una plataforma muy real: Jörg Lanz, un escritor austríaco y editor de la revista racista y antisemita Ostara (que Hitler coleccionaba en su época de pintor frustrado) sentó las bases de la ariosofía que el nazismo adoptaría años más tarde. Algunas de las políticas que Lanz proponía para las “razas inferiores” eran: esterilización, esclavitud, uso como bestias de carga, deportación y hasta “incineración como sacrificio a Wotan”.



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Por el lado cabalístico, el fragmento que nos ocupa esta semana es bastante representativo de la séfira en la que nos encontramos, la quinta, Geburah: el Poder, la Severidad, es una fuerza impulsora de todo lo destructivo, del odio, y las guerras; todo lo que incluimos en el ítem anterior sobre los sacrificios humanos, la destrucción de la Atlántida, la mención a Auschwitz, y a los sacrificios rituales de los aztecas son los aspectos más macabros de esta séfira.

Además, son presentados dos personajes muy representativos de Geburah: Milo Flanagan (hermano del Padre Pederastia, y un Illuminatus del Cuarto Grado) poseedor de una mirada que echaba “llamas blanco-azuladas de locura homicida ardiente desde lo profundo de sus ojos”, y su mano derecha, Otto Waterhouse “un hombre de color, de un metro noventa y ocho de altura, que hizo su carrera en el Departamento de Policía de Chicago a base de hostigar, torturar, mutilar y matar a más miembros de su propia raza que un sheriff de Mississippi. Flanagan captó tempranamente el amorío de sangre fría y autodestructivo de Waterhouse con la muerte, y lo sumó a sus filas”.



Otro personaje muy representativo de esta séfira también aparece en este segmento, y es Robert Putney Drake, el líder del crimen organizado de los EEUU con el cual George Dorn debe negociar con las valiosísimas estatuas atlantes para que deje de perseguir a los discordianos y que “como muestra de buena fe, reviente a veinticuatro agentes Illuminati por nosotros en las próximas veinticuatro horas” y que en el proceso iba a iba a estar “desprotegido entre hombres que asesinaban seres humanos con la misma facilidad que un ama de casa mata una mosca” – más destrucción y violencia de Geburah.

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5s, 17s, y 23s: “es cinco veces más grande que la Gran Pirámide de Keops” (pág. 215); “intentaré hacerla simple. Hay cinco razones” (pág. 216); “CINCOS. SEXO. AQUÍ” (pág. 219); “Necesitamos diez sensitivos del Quinto Grado para formar el pentáculo”, y “Hay diecisiete sensitivos del Quinto Grado en Europa, ocho en África y veintitrés repartidos en el resto del mundo” (pág. 220); “cinco lados en los bordes de los dibujos de los shoggoths… siempre cinco lados, en todos los dibujos de shoggoths… y tanto ‘squid’ como ‘skunk’ tienen cinco letras”, “Levantó las manos, miró los cinco dedos en cada una y comenzó a reír. Súbitamente, todo era claro: el Signo de los Cuernos, hecho por los dos primeros dedos levantados en V sosteniendo los otros tres contra la palma: el dos, el tres y su unión en el cinco. Padre, Hijo y Diablo Santo… la Dualidad del bien y el mal, la Trinidad de la Cabeza de Dios… el biciclo y el triciclo…” (pág. 221)

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La próxima entrada será un plus de la lectura de esta semana aportado por Martín Agharta Díaz donde se explayará, precisamente, sobre la leyenda de Agharta o Agharti, que aparece en los Mitos de Illuminatus en el segmento que nos ha tocado...









lunes, 11 de abril de 2016

LECTURA DE ILLUMINATUS: SEMANA 18

Lectura de Illuminatus semana 18

Por Mazzu

Trilogía Illuminatus

(Desde la página 203 a la 213)




Se desarrolla la batalla de los delfines y el Lief Erikson contra la flota Illuminati en la perdida Atlántida; Joe sigue saltando hacia adelante y hacia atrás en el tiempo con el  ‘Morgensheutegesternwelt

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El aspecto beligerante y violento de Geburah está muy presente a todo lo largo del fragmento de esta semana, sobre todo en las escenas intercaladas de la batalla de la Atlántida y las escenas de lucha entre los manifestantes y los Relámpagos de Dios.

Estando en Geburah, no nos sorprenda que en este fragmento Howard mencione el libro del Génesis y la idea del pecado original (pág. 209):

En ese sentido, el libro del Génesis - que fue escrito por antiguos oponentes semitas de los Illuminati - es bastante acertado. Llegar al punto de cambio cultural, donde decides que toda conducta humana puede ser clasificada en una de dos categorías, bueno y malo, es lo que creó al pecado - y a la ansiedad, el odio, la culpa, la depresión y otras emociones peculiarmente humanas -. Y, por supuesto, dicha clasificación es la verdadera antítesis de la creatividad.

Este discernimiento, esta separación de ideas es precisamente el fuerte de Geburah, la división. En su libro Qabalah Qlifoth Y Magia Goetica, Thomas Karlsson lo explica de manera muy clara, incluso relacionando esta séfira también al Génesis y a la ‘caída’:

El Universo es creado cuando el principio divisor destructivo está activo. Este pensamiento es importante en la Qabalah (...). El hecho de que el principio destructivo sea la causa detrás del Universo puede, en principio, parecer paradójico, pero es la fuerza divisora la que permite la multiplicidad y la existencia individual. Sin esta fuerza todo se mezclaría y unificaría. Si tomamos al hombre por ejemplo, la vida empieza con el desdoblamiento de una célula, lo cual provoca la creación de numerosas otras células que posibilitan la creación de nueva vida. La fuerza divisora es la herramienta necesaria para crear vida a partir de otra vida, pero es la misma fuerza que también corta el hilo de la vida. (...) Geburah es vista como la raíz del mal por la mayor parte de Qabalistas, y la definición real del mal a menudo fue la 'separación', esta es la cualidad característica de Geburah.

En un cierto momento del mítico lapso de tiempo primordial, la Serpiente merodea por el Jardín del Edén y hace que el hombre rompa la unidad original al comer de los frutos del conocimiento. Cuando la unidad original se rompe, Geburah se convierte en una fuerza independiente que dominará a Malkuth y al mundo del hombre. (...)

Geburah es el principio castigador y destructivo. Pero, paradójicamente, también es el prerrequisito para la Creación. Cuando Dios crea el cielo y la tierra divide lo que previamente estaba fusionado. Dios separa la luz de la oscuridad. Originalmente todo está unido y completamente indiferenciado, y a partir de este estado primordial el mundo fue formado a través de la separación, esto es, a través de las cualidades de Geburah.

Con respecto a esto (la Creación, la Caída, la Cábala, específicamente en relación con Geburah) hay algo en el fragmento de esta semana que me llamó la atención: el número 42, presente en la página 203: “en la 42 Street”; parece algo mencionado al azar por los autores, pero en la tradición cabalística, 42 es el número de la Creación. Los rabinos dicen que la letra Beth ב fué la primera letra con la que comenzó la secuencia que originó todo el universo (en el Génesis: בְּרֵאשִׁית – BereshitEn el Comienzo...). Esta secuencia consta de 42 letras y es conocida como el Nombre de Dios de 42 Letras. Dicha secuencia se encuentra en la oración Aná Bejóaj, y letras que componen el Aná Bejóaj están codificadas dentro de las primeras 42 letras del libro del Génesis. Estando en Geburah, y justamente, siendo esta “un prerrequisito para la Creación”, la inclusión del 42 no parece tan azarosa.

Pero esto no es lo único con respecto del 42: en la aún más antigua tradición egipcia, en el Papiro de Ani (el Libro Egipcio de los Muertos o Salida del Alma Hacia la Luz del Día) eran 42 las afirmaciones de pureza que el difunto realizaba ante el juicio en el Duat. Recordemos que Geburah es una representación femenina de la Justicia y la Severidad, lo mismo que Maat, la diosa egipcia que en la escena del juicio al difunto estaba representada por la pluma que se ponía en la balanza para pesar junto al corazón del juzgado. Si las 42 afirmaciones resistían el análisis de Maat, el difunto podía alcanzar el objetivo final de convertirse en una estrella del Aaru, el reino celeste de Osiris. Si el peso del corazón superaba al de la Ley (Maat/Geburah), el procesado era devorado por Ammit, la diosa devoradora de almas.



Ahora, observemos esta singularidad del Árbol de la Vida: Geburah/Maat (la Severidad) se conecta con Tiphareth (la Belleza, pero – como vimos la semana pasada – también Jesucristo para los cabalistas cristianos, por ende Osiris, el dios que muere y renace) a través del sendero sefirótico que contiene al arcano mayor del Tarot ‘la Justicia’ y al signo astrológico Libra, la balanza. Para llegar al reino de Aanu/Tiphareth el finado debe atravesar el Duat/Séfiroth pasando primero por la severidad de Maat/Geburah que pesa su corazón en la Balanza (libra) de la Justicia (arcano 11)

Como decíamos en la entrada anterior, el Tiempo y el Movimiento son aspectos también de Geburah – la quinta séfira, por cierto –, según comenta Aleister Crowley, en ‘el Arreglo de Nápoles’ de su Libro de Thoth; y en el fragmento que nos ocupa ahora ambas cualidades también aparecen de manera patente.

Hay cinco cuerpos en el suelo, desparramados como escoria abandonada en la playa por la marea en retroceso. Cuatro de ellos se están moviendo, haciendo lentos esfuerzos para ponerse de pié. El quinto no se mueve en absoluto. (pág. 203)

Joe despertó mientras el VW navegaba en medio de una corriente rugiente de motocicletas de los Hell’s Angels. Había vuelto al tiempo “real” - pero ahora en su mente la palabra tenía comillas, y las tendrá siempre. (pág. 203)

George: “F. R. Stannard escribe sobre lo que él llama el Universo Faustiano. Revela por qué el comportamiento de los mesones-K no tiene explicación si adoptamos un sentido unidireccional del tiempo, pero sí la tiene dentro de un esquema donde nuestro universo se superpone a otro universo en el cual el tiempo corre en dirección opuesta. (...) Confórmate con lo que escribió Abdul Alhazred en el Necronomicon: ‘Pasado, presente, futuro: todos son uno en Yog-Sothoth’. (pág. 204)

(Dillinger) se concentró en su mensaje: dos universos fluyendo en direcciones opuestas. (pág. 204)

George recordó la escena de la playa. Eso había sido esta mañana, pero ¿A qué hora? y ¿Qué hora es ahora? El suceso en Florida probablemente haya sido a las dos o tres de la tarde. Que era la una PM en Mad Dog, Texas. Y posiblemente las seis en esta parte del Atlántico ¿Las zonas horarias se aplican bajo el agua? Supuso que sí. Por otra parte, si estuvieras en el Polo Norte, podrías pasearte por allí y pasar de una zona horaria a otra en segundos. Y cruzar la Línea Internacional de la fecha cada cinco minutos, si quisieras. Lo cual, recordó, no sería un viaje en el tiempo. (pág. 212)

Otra más: “El ácido disuelve las barreras” dice Simon en la página 205; y la letra hebrea Cheth, la cerca o barrera, está presente en el sendero sefirótico que une a Binah con Geburah



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Hay – al menos – un par de referencias lovecraftianas en el fragmento de esta semana; las líneas del Necronomicon ya mencionadas sobre Yog-Sothoth citadas por Simon en la página 204, son de El Horror de Dunwich, un cuento de H. P. Lovecraft de 1929, y la frase completa reza: “Yog-Sothoth conoce la puerta. Yog-Sothoth es la puerta. Yog-Sothoth es la llave y el guardián de la puerta. Pasado, presente y futuro, todo es uno en Yog-Sothoth”.

En la página 210 Hagbard revela que los Illuminati tienen una base en Valusia:

“Eso significa que están volviendo a su base principal. Entrarán por un túnel en el Golfo Pérsico que los llevará al gran mar subterráneo de Valusia, a gran profundidad debajo de los Himalayas”.

Valusia es un reino ficticio creado por el escritor Robert E. Howard (creador de Conan el Bárbaro y miembro del Círculo de Lovecraft) para las historias de Kull, el Atlante. De Wikipedia:

Según el propio Kull en el relato El Reino de las Sombras (publicado en 1929), Valusia es uno de los más antiguos reinos de Thuria, pues las montañas de Mu y Atlantis eran islas casi cubiertas por el mar cuando Valusia ya era antigua. Valusia fue fundada por una raza de hombres-serpientes que fueron derrocados por sus esclavos humanos. Decididos a retomar el poder esperaron a que los humanos olvidaran su origen y se disfrazaron de humanos mediante la magia. Crearon una religión que rinde culto a la serpiente. Kull, un bárbaro de las islas de Atlantis, se convierte en rey de Valusia y logra evitar que los hombres-serpiente tomen el poder de nuevo ayudado por el picto Brule.

Según lo que dice Howard en La Edad Hiboria, la isla de Atlantis, patria de Kull, se hundió bajo los efectos de un gran cataclismo y sólo miles de años después nacería Conan, cuando ya estaban formados los llamados «reinos hiborios». Por lo tanto en el universo de ficción de Howard quedó claro a partir de 1932 que Kull vivió miles de años antes que Conan, pero en un mismo universo compartido. La era en la que vivió Conan se conoce como «Era Hiboria» y aquella, mucho más antigua, en la que vivió Kull se conoce como «Edad Precataclísmica», aunque también se la llama «Era Thuria».



Posteriormente, Valusia pasó a formar parte de los escenarios pre-humanos de los Mitos de Cthulhu (y por propiedad transitiva, de los Mitos de Illuminatus, como vemos aquí); Lovecraft lo menciona al menos en tres relatos: Las Montañas de la Locura “La ciudad sólo podía relacionarse con horrores como Valusia, R'lyeh, Ib en la tierra de Mnar, y la ciudad anónima de la Arabia Desierta”; El Abismo en el Tiempo “Había una mente del planeta que nosotros llamamos Venus que viviría dentro de incalculables época futuras, y otra, procedente de una de las lunas de Júpiter, que existió hace seis millones de años. De entre los intelectos terrestres había unos cuantos pertenecientes a la raza Antártida palafítica, gente alada, con cabeza estrellada, semivegetal; otro individuo procedía del pueblo reptil de la fabulosa Valusia”; y El Morador de las Tinieblas “Al parecer, el Trapezoedro Resplandeciente fue colocado en aquella extraña caja por los seres crinoideos de la Antártida, quienes lo custodiaron celosamente; fue salvado de las ruinas de este imperio por los hombres-serpientes de Valusia, y millones de años más tarde, fue descubierto por los primeros seres humanos”

En alguna próxima entrada vamos a analizar con más profundidad la relación de los Mitos de Cthulhu, la Atlántida, Mu, Thule y los Mitos de Illuminatus...

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Aquí ya estamos inmersos a pleno en los Mitos de Illuminatus, y en la página 211 volvemos sobre un aspecto singular de uno de los Mitos: por un lado el mito de que Dillinger no había muerto, y por otro, la conservación en formol del descomunal miembro viril del (supuestamente) finado bandido:

Lo que más confundía a Joe, después de su iluminación, era el pene de John Dillinger. Sabía que los rumores sobre el Instituto Smithsoniano eran ciertos: a pesar de que cualquier curioso que llamase obtuviese una negativa categórica por parte de los funcionarios del instituto, algunas personas con altas posiciones gubernamentales podían, por medio de un generoso desembolso, acceder a la reliquia guardada en un legendario frasco, y a sus legendarias 23 pulgadas (58,4 cm.). Pero, si John estaba vivo, no era el suyo; y si no era el suyo: ¿De quién era?

“De Frank Sullivan” dijo Simon, cuando Joe finalmente le preguntó.

“¿Y quién carajo era Frank Sullivan para tener una herramienta como esa?”

Pero Simon solamente respondió “No lo sé. Solamente era un tipo parecido a John”.

Al parecer, el mito de las legendarias proporciones del cazzo de John Dillinger ya existía antes de Illuminatus, y los autores lo sumaron para engrosar la lista de la Operación Jodementes; aquí encontré un artículo interesante del cual traduje un segmento que reproduzco a continuación:



El Legendario Pene de John Dillinger, por Sean Braswell

No hay evidencia real para sugerir que el infame ladrón de bancos fuese en vida o bien un amante consumado o estuviese particularmente bien dotado. Pero como observa Elliott Gorn, profesor de historia de la Universidad de Loyola de Chicago y autor de Dillinger’s Wild Ride, en lo referente a la narración sobre el gángster durante la era de la Depresión, “la sexualización de Dillinger estaba allí desde el principio”. Cuando el enemigo público n.1 de los Estados Unidos fue muerto a tiros por agentes del FBI a la salida del Biograph Theater en Chicago, a donde había acompañado a dos amigas al cine el 22 de julio de 1934, la construcción del mito comenzó casi inmediatamente, con la prensa deleitando al público con historias sobre “la mujer de rojo” que lo entregó, y de cómo Dillinger “vivió como murió, con una sonrisa en su rostro y una mujer en cada brazo” como dice Gorn.

Inflamadas en parte por la muy publicitada foto de la morgue – retocada por los editores de los periódicos más mojigatos para eliminar el bulto impactante – las leyendas póstumas de la virilidad de Dillinger parecen haber comenzado, dice Gorn, en el estado natal del gángster de Indiana, donde el rumor popular era que el famoso artista del escape perdía la consciencia cada vez se excitaba debido a la afluencia masiva de sangre requerida para soportar sus encuentros amorosos. Por la década de 1960, estos y otros rumores se habían transformado en una leyenda urbana – conocida por todos los adolescentes de EEUU – que sostenía que la épica pinga del forajido había sido cortada, conservada en un frasco de formol y guardada en el Museo Nacional de Historia Natural o Smithsoniano, o sobre el escritorio de J. Edgar Hoover en el FBI.

la muy publicitada foto de la morgue 


La creencia en el mítico miembro de Dillinger era tan común entre el público estadounidense, que tanto el FBI como el Smithsoniano se han visto obligados a hacerle frente. “Es una de esas leyendas urbanas que ha existido durante mucho tiempo”, dijo John Fox, historiador oficial del FBI, una vez al Washington Post. “Pero no hay evidencia de que el cadáver fuese mutilado de manera alguna -. A excepción de las heridas de bala que le provocaron la muerte”. Por su parte, el Smithsoniano incluso desarrolló una carta modelo para responder a las preguntas sobre el asunto, declarando: “Podemos asegurar que  las piezas anatómicas de John Dillinger no son y nunca han sido parte de las colecciones de la Institución”.

¿Cómo fue que tamaña historia entró tan fácilmente en los anales de la historia estadounidense? “La historia de Dillinger,” dice Gorn, “con sexo, violencia, libertad y traición, fue uno de más grandes momentos noir de los EEUU”. Estados Unidos siempre ha amado a sus forajidos y renegados, especialmente a los que le hacían pito catalán a la autoridad e inclinaban el sombrero ante las damas, y la leyenda de Dillinger sin duda tocó todos esos puntos del pulso. O, como dice Hoosier Folk Legends de manera más directa “los héroes de la tradición oral no sólo demuestran virilidad a través de la valentía, sino también a través de la potencia sexual”.

Por supuesto, muchos héroes populares han pagado el precio más alto – la castración – por estar fuera de la ley, y la saga de Dillinger restaura de manera similar este sentido de orden social: “la hombría del forajido”, como dice Gorn “es puesta en un frasco de conserva con formol y escondida por la burocracia federal”.

Hay una cosa más. Una cosa que, según un descubrimiento realizado en 2006 por Peter Carlson del Washington Post, está escondida en las entrañas del Smithsoniano en un frasco etiquetado como “J. Dillinger. Transferencia del FBI. S.I. división mamíferos”. Se trata de “un ítem legendario que ha sido objeto de rumores febriles durante décadas”, señala Carlson, y lo describió como “un estrecho objeto pálido de un largo aproximadamente de 16 pulgadas (40 cm.)”.

Ha estado allí todo el tiempo desde que se tiene memoria, pero oficialmente nunca fue registrado en la colección. Está hecho de un material sintético como el látex y quienes trabajan en el museo presumen que es el vestigio de una antigua broma. ¿Por qué el museo más grande del mundo se aferra al seudofalo? nadie lo sabe, pero tal vez la explicación es tan simple como esta: algunas leyendas urbanas, y algunos gángsters más grandiosos que la vida misma, son duros de matar.

La leyenda parece similar al mito del considerable miembro de Rasputín, aunque en su caso, hay varios testimonios que aseguran la veracidad del tamaño del pene del místico ruso – que, según se dice, era bastante exhibicionista (no así la veracidad del objeto en exposición en un museo de arte erótico de San Petersburgo).

El supuesto miembro viril de Rasputín


Aquí vemos de nuevo a Wilson y Shea ejercitando plenamente la Operación Jodementes – quienes parecen haber inventado – al menos – la medida para que encajara con el 23 discordiano –; como decía Adam Gorightly en la entrada de la Semana 4 sobre la Sociedad John Dillinger Murió por Ti, que estaba “basada en leyendas fantasiosas mezcladas con una medida igual de hechos históricos”, donde los autores citaban “un artículo real en una revista de verdad, sobre un grupo que (...) probablemente era un invento”, un juego donde la ficción y los hechos se mezclan de manera inextricable, como aquí: un probable mito que se convirtió en leyenda urbana... aunque, a su vez, algo hay adentro de un frasco con formol guardado celosamente en el Smithsoniano (aunque sea de plástico)



Otro aspecto de la Operación Jodementes de los Mitos de Illuminatus es la inclusión de otros mitos populares como el de los continentes perdidos de la Atlántida y Mu y el juego de la duda/certeza sobre ellos, la disonancia cognitiva; aquí sucede algo extraño: a pesar de que Joe y George navegan junto a Hagbard entre las supuestas ruinas de la Atlántida, ninguno de ellos parece creer que realmente están en la Atlántida. Leemos en la página 206:

Desde allí la milenaria ciudad de Peos se veía como una maqueta. Y a pesar de aceptar intelectualmente la afirmación de Hagbard de que se hallaban sobre el continente perdido de Atlántida, en lo profundo de sí (George) no creía en la Atlántida. Como resultado, no creía en el resto de lo que acontecía.

Y luego, en la página 211, el que duda es Joe:

La Atlántida también fastidiaba a Joe, luego de verla la primera vez que Hagbard lo llevó a dar una vuelta en el Lief Erikson. Era muy precisa, muy verosímil, muy buena para ser cierta, en especial las ruinas de ciudades como Peos, con su arquitectura que obviamente combinaba elementos egipcios y mayas

(...) “Mi pensamiento es que nunca he visto la Atlántida, al igual que nunca he visto a Marilyn Monroe. Vi imágenes en movimiento que, tú me dijiste, eran la recepción televisiva de lo que captaban las cámaras en el exterior del submarino. Y vi imágenes en movimiento que, Hollywood aseguraba, eran de una mujer verdadera, a pesar de que se pareciera más a un diseño de Petty, o de Vargas. En el caso de Marilyn Monroe es razonable creer lo que decían: no creo que hayan construido un robot tan bueno todavía. Pero Atlántida… conozco expertos en efectos especiales que podrían construir maquetas de ciudades como esas y poner dinosaurios a caminar por sus calles. Y a tus cámaras enfocándola”.

“¿Me acusas de engaño?” preguntó Hagbard, arqueando las cejas.

“El engaño es tu arte” dijo Joe, sin vueltas. “Eres el Beethoven, el Rockefeller, el Miguel Ángel del ardid. El Shakespeare del truco gitano, la moneda de dos caras, y el conejo en el sombrero. Las pastillitas para el hígado son para Crater lo que las mentiras son para ti. Habitas en un mundo de puertas ocultas, paneles corredizos y sogas hindúes ¿Sospecho de ti? Desde que te conocí, sospecho de todo el mundo”.

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En la página 207 Hagbard descubre que está siendo atacado por un submarino de los Illuminati llamado Zwack; Franz Xaver von Zwack fue uno de los miembros fundadores de los Illuminati de Adam Weishaupt. De Wikipedia:

Franz Xaver von Zwack (1755 o 1756 † 1843 en Mannheim). Fue Consejero y Presidente del Gobierno de Múnich y Espira.

Perteneció desde mayo de 1776 a los Illuminati con el seudónimo de Catón o Tamerlán. Fue la mano derecha de Adam Weishaupt hasta la llegada de Adolph von Knigge. Fue miembro de la Logia Teodoro del Buen Consejo.

El 11 de Octubre de 1786 las autoridades bávaras registraron la casa de Zwack encontrando documentos que ponían a los Illuminati en una posición desfavorable ante el gobierno y la iglesia: una defensa del suicidio escrita por Zwack, documentos en donde la orden reclamaba el derecho de vida de los iniciados en caso de ser necesario, una defensa del ateísmo, la creación de una rama femenina Illuminati (algo inusual), la creación de una máquina destinada a guardar archivos o destruirlos si era necesario, recetas de tinta invisible, formulas tóxicas y un recibo de aborto del cual las autoridades no revelaron la identidad de la mujer que lo practicó. No se sabe si el recibo involucraba a Zwack, a Knigge o a Adam Weishaupt, del que se sabe que tuvo una relación prohibida con su cuñada después de la muerte de su primera esposa.



Más adelante vuelve a aparecer su nombre, pero como es habitual en la Operación Jodementes de los Mitos de Illuminatus, hay una vuelta de tuerca (atención, esto es un spoiler): los documentos aquí resultan ser falsos y habían sido plantados en la casa de Zwack por el Culto del Signo Amarillo, cuyos miembros “dieron la voz al gobierno bávaro y observaron con placer cómo el movimiento era desbandado, perseguido y desterrado de Alemania”.

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El supuesto libro de Adam Weishaupt citado por Simon en la página 204, Konigen, Kirchen und Dummheit, se traduce como Reyes, Iglesias, y Estupidez.

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5s, 23s, 17s: “Marty Krompier, quien manejaba el contrabando en Harlem, también fue baleado el 23 de Octubre de 1935. (...) Aún más interesante: sin invocar al místico 5, llegamos al 40 sumando 17 + 23”, “Hay cinco cuerpos en el suelo, (...) El quinto no se mueve en absoluto”. (pág. 203); “Dos rinocerontes grandotes, tres rinocerontes grandotes”, “Por lo tanto, dos siempre conduce a tres. Dos y Tres. Dualidad y trinidad. Cada unidad es una dualidad y una trinidad. Un pentágono (...) Del pentágono dependen cinco pentágonos más, como pétalos de una flor. Una rosa blanca. Cinco pétalos” (pág. 204); “Cinco rinocerontes grandotes” (pág. 206); “sus legendarias 23 pulgadas” (pág. 210); “a las dos o tres de la tarde”, “Y cruzar la Línea Internacional de la fecha cada cinco minutos, si quisieras” (pág. 212)

Burroughs, incidentalmente, a pesar de haber descubierto la ley de sincronicidad del 23, no era consciente de su correlación con el 17. Esto lo hace más interesante, ya que fechó la invasión de la horda de Nova a la Tierra (en Expreso Nova) el 17 de Septiembre de 1899. Cuando le pregunté por qué había escogido esa fecha, dijo que salió de la nada. (...) W, la letra 23ra, aparece por todos lados. Figúrate: Weishaupt, Washington, William S. Burroughs, Charlie Workman, Mandy Weiss, Len Weinglass en el juicio por Conspiración y otros que ya me vendrán a la mente. Algo aún más interesante: el primer físico en aplicar el concepto de la sincronicidad a la física, luego de que Jung publicase su teoría, fue Wolfgang Pauli. Otra transformación sugerente de letras a números: Adam Weishaupt, A. W., es 1- 23, y George Washington, G. W., es 7 - 23 ¿Ves el 17 oculto allí? Aunque tal vez me he puesto muy imaginativo, casi extravagante… (pág. 211/12)

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