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martes, 17 de abril de 2012

LOS OCHO CIRCUITOS DE CONCIENCIA (de Timothy Leary) Por RAW

Wilson, Leary, y amigos




LOS OCHO CIRCUITOS DE CONCIENCIA (de Timothy Leary)

Por Robert Anton Wilson

(Traducido por: Anónimo)

Para entender el espacio neurológico, el doctor Leary presupone que el sistema nervioso consta de ocho circuitos potenciales, "marchas" o minicerebros. Cuatro de estos cerebros están en el lóbulo izquierdo, normalmen­te activo, y se relacionan con nuestra supervivencia terrenal; los otros cuatro son‘extraterrenos’, residen en el lóbulo derecho, permanecen "en silencio" o inactivos, y nos han de servir en nuestra futura evolución. Esto explica por qué el lóbulo derecho está por lo general inactivo en esta fase de nuestro desarrollo, y por qué se activa cuando tomamos sustancias psicodélicas.

Vamos a explicar brevemente cada uno de los ocho cerebros.

I. El circuito de biosupervivencia. Este cerebro invertebrado ha sido el primero en la evolución (hace dos o tres mil millones de años) y también es el primero que se activa después del nacimiento. Opera según una especie de lógica bivalente que clasifica las percepciones en cosas nutritivas y útiles (a las cuales se acerca) y cosas venenosas-peligrosas (que ataca o evita). La grabación de este circuito fija las actitudes básicas de confianza y sospecha para toda la vida. También determina los estímulos externos que en adelante desencadenarán el acercamiento o el rechazo.

II. El circuito emocional. El segundo biocomputador, más avanzado, se formó cuando surgieron los invertebrados y empezaron a disputarse el territorio [entre sí] (hará unos 500 millones de años). Esta realidad-túnel se activa en el individuo cuando el ADN desencadena la metamorfosis que lleva de gatear a caminar. Como todos los padres saben, el niño que empieza a andar deja de ser pasivo (bio-supervivencia) para convertirse en mamífero político, lleno de exigencias territoriales físicas (y psíquicas), y pronto comienza a intervenir en asuntos y decisiones familiares. También aquí la primera huella es la que dura toda la vida (a menos que se consiga borrar) e identifica los estímulos que desencadenarán el comportamiento dominante y agresivo, o por el contrario, el dócil y solidario Cuando decimos que alguien tiene un carácter caprichoso y egoísta o "como el de un niño de dos años", nos referimos a que se está dejando llevar por una de las realidades-túnel grabadas en este circuito.

III. El circuito de habilidad-simbolismo. Este tercer cerebro se formó cuando los homínidos empezaron a distanciarse del resto de los primates (hace unos cuatro o cinco millones de años) y se activa cuando el niño empieza a manejar herramientas y a emitir y recibir señales laríngeas (unidades del lenguaje humano). Si el entorno resulta estimulante al tercer circuito, el niño graba una huella "positiva" y entonces coordinará y se expresará bien; si en el entorno predomina la torpeza, el niño grabará una huella de "estupidez", es decir, se estancará en la edad de los cinco años y no sabrá servirse de herramientas ni interpretar los símbolos.

El lenguaje popular suele denominar a la realidad-túnel del primer circuito "conciencia": la sensación de estar en el aquí y ahora, en el cuerpo y con vistas a la supervivencia del cuerpo. (Cuando uno se encuentra "inconsciente", el primer circuito se paraliza y los cirujanos pueden operar y los enemigos atacarle a uno, sin que trate de evitarlos o huir). El segundo circuito, en este mismo lenguaje, se llama "ego". El denominado "ego" es el sentido del estatus, la manera cómo se ve a sí mismo el mamífero del segundo circuito con relación a la manada o la tribu.El tercer circuito es lo que solemos denominar "mente"- la capacidad de recibir, asimilar y transmitir señales producidas por la mano homínida (herramientas) o por los nueve músculos laríngeos homínidos (lenguaje).

Hacia la edad de los tres años y medio, la grabación de estos tres circuitos determina respectivamente el grado y estilo de confianza-desconfianza que afectará a la "conciencia", el grado y estilo de imposición-sumisión que caracterizará al "ego", y el grado y estilo de habilidad-tor­peza con el que la "mente" manejará herramientas e ideas.

En el lenguaje de la evolución, la "conciencia" del primer cerebro es en esencia la de un invertebrado que va a la deriva atraído por lo alimenticio y repelido por los peligros. El "ego" del segundo cerebro es mamífero, y está siempre disputando su estatus dentro de la jerarquía de la tribu. La "mente" del tercer cerebro es paleolítica, se ubica en la cultura humana y se enfrenta a la vida con un complejo sistema de artilugios y simbolismos artificiales.

El cuarto cerebro es post-homínido y específico del homo sapiens, el ser humano "domesticado", es decir:

IV. El circuito socio-sexual. El cuarto cerebro surgió cuan­do las manadas de homínidos formaron sociedades con roles sexuales diferenciados para sus miembros, alrededor del 30.000 a. c. Se activa en la pubertad, cuando las señales de ADN estimulan la secreción de las hormonas sexuales que inician la metamorfosis para convertirse en adulto Los primeros orgasmos o experiencias sexuales fijan un rol sexual que se graba bioquímicamente y permanecerá inalterable de por vida, a menos que se aplique alguna forma de lavado de cerebro o regrabación química.

En el lenguaje cotidiano, las realidades-túnel y huellas del cuarto circuito se conocen como la "personalidad adulta".

Masters y Johnsons han demostrado que las diferentes "desviaciones" sexuales-"perversiones", obsesiones, disfunciones como la eyaculación precoz, la impotencia, frigidez, etc., así como las inclinaciones consideradas "pecaminosas" por la tribu del individuo- están condicionadas por experiencias muy concretas de cópulas adolescentes. Lo mismo cabe decir del comportamiento robótico de la persona "normal" o "integrada". El rol sexual del humano es tan banal y repetitivo como el de cualquier otro mamífero (o ave o pez o insecto).

Estos cuatro circuitos normalmente son las únicas redes neuronales que se llegan a activar. Ya debería ser claro por qué Leary las llama terrenales. Han evolucionado y han sido conformadas por las condiciones gravitacionales, climáticas y energéticas que rigen la supervivencia y la reproducción en esta clase de planeta que gira alrededor de una estrella de tipo G. Los organismos inteligentes nacidos en el espacio exterior, que no viven en el fondo de un pozo gravitatorio de 6.000 kilómetrosde profundidad, ni tienen que pelear por un trozo de superficie planetaria finita, ni están limitados por los parámetros de adelante-atrás, arriba-abajo y derecha-izquierda de la vida terrestre, forzosamente generarán circuitos diferentes, con grabaciones diferentes, y no serán tan rígidamente euclidianos.

Adelante-atrás son las dos opciones que tiene el bio-computador que opera en el Circuito I: o avanzar, ir hacia delante, olisquear, tocar, probar, morder; o reti­rarse, retroceder, huir, escapar.

Arriba-abajo, la opción gravitatoria, está presente en todas las descripciones etiológicas del combate animal. Erguirse, hinchar el cuerpo, rugir, aullar, chillar -o encogerse, ocultar la cola entre las piernas, gemir, escurrirse, gatear, encoger el cuerpo. Son comportamientos de dominio y sumisión que comparten la iguana, el perro, el pájaro y el director de la sucursal de banco más cercana. Estos reflejos constituyen el "ego" del Circuito II.

Derecha-izquierdaes la oposición principal del cuerpo adaptado a la vida en el planeta. El predominio de la mano derecha, y la tendencia a emplear las funciones del lóbulo izquierdo que lleva asociada, decide nues­tra forma característica de fabricar herramientas y pensar en conceptos, lo que se denomina la "mente" del tercer circuito.

Por tanto, no es casualidad que nuestra lógica (y la de los ordenadores) tenga estructura bivalente al igual que estos circuitos. Como tampoco es casualidad que hasta el siglo XIX nuestra geometría haya sido euclidiana. La geometría euclidiana, la lógica aristotélica y la física newtoniana son metaprogramas que sintetizan y gene­ralizan los programas del adelante-atrás del primer cerebro, el arriba-abajo del segundo y el derecho izquierda del tercero.

El cuarto cerebro, encargado de la transmisión de cultura tribal o étnica de generación en generación, introduce la cuarta dimensión: el tiempo.

Dado que estas realidades-túnel consisten en huellas bioquímicas en el sistema nervioso, cada una de ellas vendrá estimulada por un neurotransmisor específico así como otras sustancias.

Para activar el primer cerebro tómese un opiáceo. La Madre Opio y la Hermana Morfina lo reducen a uno al nivel de inteligencia celular, pasividad de biosupervivencia, la conciencia flotante del recién nacido. (Ésta es la razón por la que los freudianos asocian la adicción a opiáceos con el deseo de retornar a la infancia).

Para activar la segunda realidad-túnel ingiéranse grandes cantidades de alcohol. Las conductas territoriales de los vertebrados y las políticas sentimentales de los mamíferos afloran cuando fluye esta sustancia por las venas, como Thomas Nashe intuía cuando clasificaba los diferentes tipos de embriaguez mediante etiquetas animales: "borracho como un asno", "como una cabra", "como un cerdo", "como un oso", etc.

Para activar el tercer circuito pruébese con el café o el té, una dieta alta en proteínas, las anfetaminas o la cocaína.

Aún no se sintetiza el neurotransmisor del cuarto circuito, pero se sabe que empiezan a generarlo las glándulas en la pubertad y fluye caudalosamente en la sangre de los adolescentes.

Ninguna de estas drogas terrestres modifica las huellas bioquímicas. Las conductas que desencadenan son las que se grabaron en el sistema nervioso en las primeras etapas de maleabilidad. El borracho del circuito II recurre a los juegos y tretas emocionales aprendidos de sus padres en la infancia. La "mente" del circuito III no va nunca más allá de las permutaciones y conmutaciones de las reali­dades-túnel grabadas originariamente, ni de las abs­tracciones asociadas con huellas grabadas posteriormente. Y así el resto.

Pero todo este robotismo al estilo de Pavlov y Skinner cambia drásticamente cuando pasamos al lóbulo derecho, los circuitos futuros y las sustancias extraterrenas.

Los cuatro "cerebros" por desarrollar en el futuro son:

V. El circuito neurosomático. Cuando el quinto "cerebro corporal" se activa, las configuraciones básicas de figuras euclidianas planas explotan multidimencionalmente. En la terminología de McLuhan, las gestalten (configuraciones) pasan del espacio visuallineal al espacio sensitivo que todo lo abarca. Tiene lugar una ajuste hedonista, una alegría extática, un alejamiento de los anteriores mecanicismos de los primeros cuatro circuitos. Personalmente activé este circuito con marihuana y Tantra.

Este quinto cerebro empezó a aparecer hace unos 4.000 años en las primeras civilizaciones con clases ociosas y ha ido creciendo estadísticamente en los últimos siglos (desde antes incluso de la Revolución de las Drogas), como se aprecia en el arte de la India, China, Roma y otras sociedades acomodadas. Más recientemente, Ornstein y su escuela han demostrado con encefalogramas que este circuito representa el primer salto del lóbulo izquierdo lineal del cerebro al lóbulo derecho analógico.

La activación y grabación de este circuito ha sido la tarea de los "técnicos de lo oculto": los chamanes tántricos y los hatha-yoguis. La quinta realidad-túnel puede obtenerse mediante privación sensorial, aislamiento social, tensión psicológica o una sacudida (tácticas ceremoniales del terror, practicadas por gurús poco escrupulosos como don Juan Matus o Aleister Crowley), y tradicionalmente ha estado reservada a la aristocracia culta de las sociedades del ocio que tienen resueltos los cuatro anteriores problemas de la supervivencia terrestre.

Hará unos 20.000 años que los chamanes del Mar Caspio en Asia descubrieron el neurotransmisor del quinto cerebro e inmediatamente lo transmitieron a otros magos de toda Eurasia y África. Hablamos por supuesto del cannabis. La hierba. La madre María Juana.

No es casualidad que el fumador de maría suela referirse a su estado neuronal cuando está drogado, como "elevado" (En inglés high o spaced-out, literalmente "elevado" o "fuera del espacio", de donde el autor toma el término), con expresiones que sugieren que está fuera o más allá de nuestro espacio convencional. La superación de las orientaciones gravitacionales, digitales, lineales, dualistas, aristotélicas, newtonianas, euclidianas y planetarias (circuitos I a IV) forma parte, desde la pers­pectiva evolutiva, de los preparativos neuronales para la inevitable emigración de nuestro planeta, que ahora empieza. Esto explica por qué tantos fumadores son fans de Star Treky expertos en ciencia ficción. (En Berkeley, California, hay un Punto de Venta de la "Federación" en la Telegraph Avenue, donde los adi­nerados pueden gastarse 500 dólares o más en un solo día, adquiriendo novelas de Star Trek, revistas, boletines informativos, pegatinas, fotografías, pósters, cin­tas etc., y hasta los planos completos de la nave Enterprise).

El significado extraterrestre del término "high" lo confirman los mismos astronautas; el 85 por ciento de los que han experimentado la caída libre de la gravedad cero relatan "experiencias místicas" de estados extáticos típicas del circuito neurosomático. "Ninguna fotografía puede reflejar lo bella que parece la Tierra", cuenta entusiasmado el capitán Ed Mitchell al describir su Iluminación en gravedad cero. Habla como un auténtico yogui o un fumador de marihuana. Ninguna cámara puede captar esta experiencia dado que ocurre dentro del sistema nervioso.

La caída libre, en el momento evolutivo adecuado, desencadena la mutación neurosomática, opina Leary. Esta mutación se había conseguido antes "artificialmente" mediante ejercicios yóguicos o chamánicos o con el estimulante del quinto circuito, el cannabis. El surf, el esquí, el submarinismo y la nueva cultura sexual (masaje sensual, vibradores, artes tántricas importadas, etc.) han evolucionado igualmente como forma de conquista hedónica de la gravedad. Al estado de "tonificación", de hipersensibilidad, se le aplica el adjetivo de "flotante" o, metafóricamente en Zen, "a un pie por encima del suelo".

VI. El circuito neuroeléctrico. El sexto cerebro consiste en que el sistema nervioso cobra conciencia de sí mismoal margen de los mapas de realidad gravitacionales grabados (circuitos I a IV) e incluso del éxtasis corporal (circuito V). El conde Korzybski, el semantista, llamó a este estado "conciencia de abstracción". El doctor John Lilly lo llama "metaprogramación", es decir, conciencia de progra­mar la propia programación. Esta conteligencia (consciencia-inteligencia) einsteniana-relativista se da cuenta por ejemplo de que los mapas de realidad euclidianos, newtonianos y aristotélicos no son más que tres de entre miles de millones de programas o modelos de experiencia posibles. En mi caso particular activé este circuito con peyote, LSD y los metaprogramas de la magiack de Crowley.

Tenemos constancia de este nivel de funcionamiento cerebral al parecer desde el año 500 a. c. momento en que se desarrolló en el seno de varios grupos "ocultistas" relacionados con la Ruta de la Seda (de Roma al Norte de la India). Está tan alejado de las realidades túnel terrestres que aquellos que han accedido a él apenas pueden comunicarlo a la humanidad normal (circui­tos I a IV), y apenas pueden entenderlo los Ingenieros del Éxtasis del quinto circuito.

Las características del circuito neuroeléctrico son alta velocidad, opciones múltiples, relatividad y la fisión-fusión de todas las percepciones en universos paralelos de ciencia ficción con posibilidades alternativas.

Las políticas mamíferas que condicionan las luchas de poder en la humanidad terrestre son trascendidas, es decir, que se las descarta por estáticas, artificiales, farsas rebuscadas. Uno no se siente ni atraído a la fuer­za hacia la realidad territorial de otro ni obligado a luchar contra ella contraatacando con los mismos juegos emocionales (típicos de las telenovelas). Uno elige conscientemente si quiere compartir o no el modelo de realidad del otro.

Los medios para activar y grabar el sexto circuito se describen, aunque en raras ocasiones se pongan en práctica, en el rajah yoga avanzado y en los manuales herméticos (codificados) de los alquimistas e Illuminati de la Edad Media y el Renacimiento.

Aún no disponemos de la sustancia específica del sexto circuito, pero drogas psicodélicas fuertes como la mezcalina (del "cactus sagrado", peyote de mis años 1962-1963) y la psilocibina (extraída del "hongo mágico" mexicano, el teonactl) activan en el sistema nervioso una mezcla de circuitos V y VI. Esto se denomina acertadamente "viajar", por contraposición a la simple "tonificación" o "elevación" del quinto circuito.

La prohibición de investigar en este campo, ha tenido la desafortunada consecuencia de hacer retroceder a la cultura ilegal de las drogas hasta las realidades-túnel hedónicas y precientíficas del quinto circuito (el renacimiento ocultista, el solipsismo, el orientalismo light). Sin disciplina y metodología científicas pocos conseguirán descodificar las señales metaprogramadoras del sexto circuito (aterradoras pero filosóficamente cruciales). Los científicos que siguen investigando el tema no se atreven a dar a conocer sus hallazgos (por ser ilegales) y hablan de realidades-túnel cada vez más abiertas exclusivamente en conversaciones privadas, como los erudi­tos en tiempos de la Inquisición.(Voltaire anunció la Edadde la Razón con dos siglos de adelanto: nos encon­tramos aún en la Edad Media). La mayoría de los alqui­mistas clandestinos han renunciado a ese trabajo consi­go mismos, tan exigente y arriesgado, y limitan sus incursiones a los túneles eróticos del quinto circuito.

La función evolutiva del sexto circuito es permitir que nos abramos a relatividades einstenianas y acelera­ciones neuroeléctricas, utilizando no los símbolos laríngeo-manuales del tercer circuito sino directamente la retroalimentación, telepatía y conexión computacional. Las señales neuroeléctricas sustituirán progresivamente al "habla" (gruñidos homínidos) una vez consumada la emigración al espacio.

Cuando los humanos hayamos escalado la atmósfera y el pozo gravitatorio de la vida planetaria, la conteligencia acelerada del sexto circuito posibilitará la comunicación de alta energía con Inteligencias Superiores, es decir, nosotros-mismos-en-el-futuro y otras razas post-terrestres.

Todo se vuelve maravillosamente claro y sencillo en cuanto nos damos cuenta de que las experiencias neuronales de "flipe" son en el fondo extraterrenas, de que "colocarse" y "flipar" son metáforas acertadas. El éxta­sis neurosomático del circuito V nos prepara para el siguiente estadio evolutivo, la emigración del planeta. El circuito VI nos prepara para el estadio que viene des­pués, la comunicación interespecífica con entidades avanzadas en posesión de realidades-túnel electrónicas (postverbales).

El circuito VI es el "traductor universal" tantas veces imaginado por los escritores de ciencia ficción y que ya está incorporado en nuestros cerebros gracias a la hélice del ADN. Del mismo modo que la oruga contiene los cir­cuitos de la futura mariposa.

VII El circuito neurogenético. El séptimo cerebro entra en acción cuando el sistema nervioso empieza a recibir señales desde dentro de las neuronas, proce­dentes del diálogo ADN-ARN. El primero que experimentó esta mutación habló de "recuerdos de vidas anteriores", "reencarnación", "inmorta­lidad", etc. Que estos maestros hablaban de cosas reales lo demuestra el hecho de que muchos (sobre todo hindúes y sufíes) nos han legado panorámicas poéticas, sorpren­dentemente precisas, sobre la evolución 1.000 o 2.000 años antes de Darwin, y anunciaron el superhombre antes que Nietzsche.

Los "archivos akáshicos" de la teosofía, el "inconsciente colectivo" de Jung, la "conciencia filogenética" de Grof y Ring, son tres metáforas modernas de este circuito. Las visiones de la evolución pasada y futura descritas por los que han tenido experiencias "fuera del cuerpo" durante episodios cercanos a la muerte también ejemplifican la realidad-túnel transtemporal del circuito VII

En las enseñanzas yóguicas nos encontramos con ejercicios específicos para despertar el circuito VII. Suele despertarse, si es que llega a ocurrir, tras varios años de practicar el tipo de rajah yoga que desarrolla las habilidades del circuito VI.

El neurotransmisor específico del circuito VII es, por supuesto, el LSD. (También el peyote y la psilocibina tienen algún efecto en el circuito VII).

Contemplado desde el punto de vista científico en el año 1977 podríamos considerar al circuito VII como archivos genéticos que se activan mediante proteínas antihistónicas. Es la memoria del ADN que se remonta hasta el amanecer de la vida. Todos los mutantes del cir­cuito VII presienten la inevitabilidad de la inmortalidad y de la simbiosis interespecífica; sabemos hoy en día que esto también es una predicción evolutiva dado que estamos a las puertas de una mayor longevidad que nos dará acceso a la inmortalidad.

La función de los circuitos del lóbulo derecho y el moti­vo de su activación por la revolución cultural de los años sesenta empieza ahora a estar clara. Como el sociólogo F. M. Esfandiary escribe en Upwingers, "Hoy en día, cuan­do hablamos de inmortalidad y de ir a otro mundo, no lo decimos en un sentido teológico o metafísico. La gente ya está viajando a otros mundos. La gente ya está buscando la inmortalidad. La trascendencia ha dejado de ser un con­cepto metafísico. Se ha convertido en una realidad".

La función evolutiva del séptimo circuito y su realidad-túnel evolutiva de largas miras es prepararnos para la inmortalidad consciente y la simbiosis interespecífica

VIII. El circuito neuroatómico. Sujétense el sombrero y respiren hondo, porque esto es donde más lejos se ha aventurado la inteligencia humana:

La conciencia precede, probablemente, a la unidad biológica a la hélice de adn. Tenemos noticia de "experiencias fuera del cuerpo", "proyecciones astrales", contacto con "entidades" alienígenas (¿extraterrestres?) o con una Supramente galáctica, etc. -como yo mismo he experimentado- y no sólo por boca de los ignorantes, los supersticiosos y los crédulos, sino que lo han relatado a menudo las mentes más lúcidas que conocemos (Sócrates, Giordano Bruno, Edison, Buckminster Full, etc.). Los parapsicólogos se enteran de tales casos a diario, y científicos de la talla del doctor John Lilly y Carlos Castaneda las han vivido personalmente.

El doctor Kenneth Ring ha atribuido estos fenómenos a lo que el denomina, muy acertadamente, "el inconsciente extraterrestre".

El doctor Leary sugiere que el circuito VIII es literalmente neuroatómico -infra, supra y meta fisiológico- un sistema comunicativo cuántico que no necesita de un reci­piente biológico. El intento de construir un modelo cuán­tico de la conciencia y/o un modelo consciente de la mecánica cuántica por los físicos inspirados mencionados con anterioridad (el catedrático John Archibald Wheeler, Saul-Paul Sirag, el doctor Fritjof Capra, el doctor Jack Sarfatti, etc.), es un claro indicio de que la "conciencia atómica", propuesta inicialmente por Leary en The Seven Tongues of God (1962) supone un vínculo explicativo que aunará la parapsicología y la parafísica en la primera teología científico-empírico-experimental de la historia.

Cuando el sistema nervioso se eleva hasta este circuito de nivel cuántico, el espacio-tiempo queda suprimido. Se trasciende la barrera einsteniana de la velocidad de la luz; de acuerdo con la metáfora del doctor Sarfatti, superamos el "chauvinismo electromagnético". La conteligencia contenida en la cámara proyectora cuántica es todo el "cerebro" cósmico, igual que la diminuta hélice de ADN es el cerebro local que dirige la evolución planetaria. Como dijo Lao-Tse desde su propia perspectiva del Circuito VIII: "Lo más grande se encuentra en lo más pequeño".

El desencadenante del circuito VIII es la catamina, un psicofármaco investigado por el doctor John Lilly, que (según un extendido rumor aún por confirmar) también se administra a los astronautas para prepararlos para el espacio. También producen cierta conciencia del circuito VIII dosis altas de LSD.




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